Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 31 de agosto de 2009

Sagrado



Supongo que el adjetivo de marras suena rancio, insólito, de otra época. Pero me gusta pensar no ya en el adjetivo, sino en eso sagrado que trasciende a las instituciones, quizás hasta la religión.

Diría casi ese sagrado que va más allá incluso de los credos que yo conozco.
En lo sagrado hay algo profundamente humano, ni siquiera de un dios o de Dios, póngase como cada uno crea.

Sagrada es la conciencia y por eso hay que entrar descalza hasta en la propia, no digamos ya en la ajena. Hay personas que por un tema de conciencia sin volver la vista atrás y con un par se lían la manta a la cabeza o justo todo lo contrario, cuando sería mucho más cómodo en todos los sentidos hacer oídos sordos a ésta. “Entre el Papa y la conciencia, elijo la conciencia” dijo el cardinal Newman. Yo sólo sé que la conciencia es un espacio, un lugar interno, donde hay que descalzarse, ir con una delicadeza extrema para saber realmente dónde te arde la llama esa que no se consume de la que hablaba Moisés y donde lo que hay son otras cosas, conveniencia, comodidad, etc., no sé si me explico.

Sagrada es también la naturaleza. Estos días debatíamos en el blog de Cotta al respecto. Creo que la naturaleza es sagrada, otra cosa es que tengamos que alimentarnos, obtener la energía que es la clave del desarrollo, que cada vez que encendemos la luz, pescamos un pez o le abrimos un tajo a la tierra haya un impacto medioambiental, hagamos sangre de alguna manera, ya lo escribí a propósito de Palin. Cuando voy a la matanza miro con respeto no sólo a los matanceros y la gente que sabe qué hay que hacer y cómo hacerlo, miro con respeto hasta al cerdo gracias al cual me alimentaré yo y muchos más (y si es de Barcarrota, divinamente). Hay algo de sagrado en lo que nos proporciona alimento y tiene vida.

No creo en nuestra inocencia ni en la imagen idílica ni posible del buen salvaje, tampoco en la de que somos malvados per se, todos y todo el tiempo. Pero otra cosa, muy distinta, es que crea que esto está a nuestra disposición sin cortapisas, que podamos arrasar con todo. Y no solo por los recursos, que serán ilimitados pero no infinitos, es algo más: la sombra, el rastro de vida o la evidente vida, tan plural, tan impresionante siempre, la nave tierra, dicen algo de sagrado que no debemos despreciar, que tenemos que respetar de alguna manera. No sólo en sentido utilitarista (para poderla explotar a más largo plazo, qué horror), es otra cosa también: hay algo muy sagrado en la naturaleza. No somos sus dueños de ninguna manera, como no somos dueños de nada, realmente de nada. Si uno sale al campo sabe que aquello no le pertenece ni aunque sea su propia finca.

No voy a insistir en otra cosa sagrada como es la vida humana, hoy despreciada. Bueno, siempre lo ha sido de alguna manera. He escrito lo suficiente, creo, sobre el aborto. Pero desde luego una vida humana es sagrada siempre. Y yo, que no he estado embarazada en mi vida, siento una verdadera reverencia (me da igual si suena cursi) ante las personas que son madres (y padres). No envidia, tampoco me considero peor, pero no es lo mismo. No por llevar a un niño 9 meses dentro –hay madres no biológicas tan madres como las biológicas-, sino porque acunar, custodiar, educar, alimentar, animar, perdonar y aguantar y muchos más “ar”, “er” o “ir” es algo que no tiene comparación con absolutamente nada. Nada es comparable a la maternidad ni a la paternidad. No solo la vida es sagrada, también lo es la paternidad y la maternidad entendidas como donación para toda la vida, eso sí que es eterno. Insisto: no me considero menos, pero no es lo mismo. Cada uno tendremos aquello con lo que daremos más fruto, santa paz.

Hay más territorios sagrados, espacios, tiempos. La siesta es un tiempo sagrado y no de va coña esto, lo saben bien mis sobrinos que como me armen jaleo después de comer en casa los cuelgo de los pulgares.

Por cierto, otro ámbito sagrado: la infancia. Los niños son sagrados, no en el sentido de ineducables o intocables, sino en el sentido de que hay que respetar sus tiempos y protegerles con la propia vida –aunque no sean tuyos- de esa mierda tan variada que nos rodea y que les amenaza en convertirles antes del tiempo debido en Britney Spears o cosas peores. “Cambio un polvo por un hada” titulaba la situación actual no sé qué bloguero, razón tenía. Hay muchos intereses, muchos -de sinvergüenzas, empresas, individuos, lo que sea- en quemar la infancia, en robarle ese sentido sagrado que tiene, la edad no sé si de la inocencia, pero de otros tiempos, ritmos, temas, de una mirada propia, la suya, que hay que preservar. Hay que protegerles también de nosotros mismos, de nuestras miserias, siempre que sea posible, desde luego si de mi depende no ven determinadas cosas ni oyen determinadas conversaciones, tampoco les expongo a otras cosas, no. Conmigo, no.

Del mismo modo la ancianidad tiene algo de sagrado, de honorable, también lo hemos olvidado y hemos hecho de ella algo innombrable o ridículo en vez de sagrado. Como la muerte, era y es sagrada, no un tema del que no hablar, es eso, sagrado, pero no un tabú, son dos cosas distintas y las equivocamos.

Hay un último terreno que creo que es sagrado, aunque ya sé que no se lleva y que esto puede mover a la sonrisa o hasta la risa, cosa buenísima por otra parte.

El matrimonio, las parejas –a estos efectos es lo mismo- pueden ser todavía un terreno sagrado para algunas personas, no digo ya si hay niños de por medio: doblemente sagrado. Líbreme Dios de, habiendo dicho lo que he dicho más arriba –la sacralidad de la conciencia, de todas las conciencias- vaya a valorar comportamientos de terceros, de ninguna manera. Pero sí voy a decir, al hilo de cierta discusión en otro blog, que precisamente porque es un terreno sagrado el matrimonio, "la castidad" tiene un sentido de virtud.

Sí, he escrito "castidad", aunque suene raro, antiguo, incomprensible: me es igual.

Para una persona casada será un tema de fidelidad primero quizás, pero para el que vuela libre como un pájaro no es cuestión de fidelidad –no se tiene otro compromiso-, sino de castidad. Una virtud que lleva a moderar el propio goce, en este caso a abstenerse totalmente, y no por un tema de áscesis, porque se sea mojigato o insensible o no se tenga valor, o porque a los curas o a la iglesia, que ya se sabe que tienen todos muy mala idea y, como ellos no, pues los demás tampoco o muy reglamentado todo, se les haya ocurrido reunidos todos en cónclave antisexo.

Para áscesis se puede hacer yoga o cosas bastante mejores, la sensibilidad y el goce suelen estar en perfecto estado, el valor a algunas personas les puede hasta sobrar en todos los sentidos, y los curas o la iglesia, de verdad, vamos a dejarles de lado. Créanme si digo que a la hora de la verdad se puede no pensar en absoluto en el Santo Padre echándote al fuego de los infiernos, sino en otra cosa más cercana y hasta más honda, más cierta.

Es algo todavía más profundo, más de dentro, más ¿humano? La castidad es algo humano, espero las risas o las sonrisas de condescendencia, toda virtud tiene algo de sentido del humor, sin él estamos perdidos, y esta virtud no es una excepción, provoca sonrisas y risas, es bueno que lo haga.

Se deriva esa castidad de la justicia, del respeto, de la prudencia, de la fortaleza: todo ello hace que a alguien se le ocurra que tiene un sentido respetar ese suelo sagrado de otros, aunque ni siquiera sea el propio, el que uno ha labrado. ¿Que otros entran o se pasean, hasta en el propio, con botas Doctor Martens? Ellos sabrán qué hacen, otros siempre descalzos al bordear suelo sagrado, ni siquiera al entrar: al aproximarte.

Incluso sucede que se puede pensar que ese sagrado y esa castidad convergen además, curiosamente, mira que son ya ganas de fastidiar, en la denominada regla de oro del "no hagas a los (las) demás lo que a ti no te gustaría que te hiciesen", lo cual puede ayudar un poco para mirarse por las mañanas en el espejo y seguir encontrando siempre al miserable que la condición humana impone, pero no a un o una canalla. Y facilitar en su caso el maquillaje y el arreglo personal después, bastante más que el mejor cosmético, aunque de esto no hablen las revistas femeninas, una pena. Al final es una cuestión hasta estética, no solo moral: porque es feo, poco delicado entrar en suelos sagrados sin descalzarse, como elefantes en una cacharreria, envejece además un montón.

Por supuesto que porque todos somos humanos se puede tropezar no una sino doscientas veces en una piedra hasta ya conocida. Pero, por Dios, al menos con conciencia -y consciencia- anterior, durante o posterior de que aquello que se está haciendo no está bien, es feíto: no vamos a negar la mayor por nuestras debilidades personales que pueden tener hasta su encanto. La verdad puede ser la verdad la diga Agamenon o hasta el porquero de la propia conciencia. O incluso esa institución tan denostada, risible, antigua y ya superadísima: la iglesia. Joé, la iglesia puede tener hasta razón y decir simplemente la verdad, una verdad realmente incómoda, porque fastidia un poco que te digan que no está bien tener relaciones con un señor casado. Pero vamos, lo dicho, sobra la iglesia, con ver el suelo sagrado basta, no hace falta más, de verdad, nada más.

Uf, he mezclado primero la conciencia con la naturaleza, luego con la vida, los niños, la siesta, la ancianidad y la muerte, la paternidad y la maternidad y, pa'rematar, con el matrimonio, todo sagrado. Lo peor es que me tomé un Ribera de Duero al empezar a escribir esta entrada y luego un Rueda frío porque hacía calor, y claro, conviene no mezclar, es malo para la escritura y para todo.

Parece que no hay hilo, pero lo hay: pisamos o bordeamos suelo sagrado todos los santos días y a veces podemos no daranos ni cuenta de que ahí está la zarza esa que no se consume, es impresionante, no se consume.

El fuego que arde ahí está, constante, guardando algo importante que sobrepasa a algunos: sagrado.

Luego hay más terrenos sagrados pero totalmente secundarios, por ejemplo, el dinero del contribuyente que debería ser sagrado también, ay. O hasta el de la empresa, que porque pague ella no te vas a llevar los folios a casa.
Pero ya ahí ni entro porque no acabaría. Creo que por hoy ya he escrito bastante ¿no?

31 comentarios:

Sunsi dijo...

Bueno, bueno... Aurora. Sí hay hilo, pero este hilo es tela de araña, tiene ramificaciones, hilos más finos que se apoyan en el hilo fundamental de tu extensa entrada.

No me queda otra que elegir de todo lo que has expuesto. Me quedo con la conciencia, que es un hilo grueso, en el que pueden sostenerse otros hilos que configuran nuestra tela de araña personal.
La conciencia...sagrada. Allí, en ese espacio suficiente para que podamos entrar, se almacena el porqué más íntimo de nuestros pensamientos, de nuestro actos, de nuestras decisiones.
En ese espacio hay silencio.
Este espacio tiene muro de hormigón por si acaso quien no debe pretende colarse.
Este espacio es privado y yo he colgado un letrero que reza: "No entrar sin llamar a la puerta..."
Y lo que no quiero para mí no lo deseo para nadie. Espacio sagrado para todas las personas que habitan en el mundo racional.

Te puedes quedar desnudo, saqueado, privado de libertad... Puedes tener hambre y sed ... de alimento, de agua, de justicia, de amor... Te pueden arrojar y abandonarte...y dejarte tendido, a la intemperie... Todo lo pensable e impensable. Sin embargo, ese epacio se queda intacto. Y de ahí resurges, como el Ave Fénix. Siempre y cuando sople también la brisa de Dios.

Magnífica entrada, Máster.

Un beso desde el Mediterráneo

Antonio Rivero dijo...

Mis aplausos... :)

JSM dijo...

Pues yo creo que no, que no has escrito bastante.

Te felicito, ya que me ha gustado mucho.

Un abrazo.

Rumbo fijo dijo...

impecable. Me da mucho que pensar y... me voy a poner a ello.

A parte, no me parece un tema (el último) que sea precisamente de risa, ni antiguo ni una tontería rancia. Insisto, impecable.

No miento si digo que hacia tiempo que no leía algo que necesitara leer.

Un beso, "tía".

Rumbo fijo dijo...

Ni el último ni ninguno, ahora que caigo.

Máster en Nubes dijo...

Sunsi, soy pelma, lo sé, pero a los pelmas también se les quiere, menos mal ;-)

Razón tienes, por eso quizás y como dices sea tan bueno pensar antes de concluir con un tachón personal a alguien, de borrarle de tu mapa, que al menos su conciencia queda libre y que tu juicio -que puede ser hasta muy certero- al menos quede en suspenso, ¿no?, cuando no se conocen todas las circustancias, por ejemplo.

A veces se leen cosas que te entra temblequera, dichas no ya en general, que ahí todo el mundo queda como más a salvo: las dichas personalmente, en directo y privado, sin derecho a réplica. Crucificados, crucificadas ;-) sin más, joé, pues a lo mejor hay mezcla de cosas ¿no? siempre hay mezcla de muchas cosas, creo yo.

Máster en Nubes dijo...

Antonio, gracias, un abrazo.

Máster en Nubes dijo...

Javier:
El que has bebido ahora has debido de ser tú ;-), home, por Dios, cachondeito ni a los de Cai, bueno sí, hala, te dijo, como el de la Caleta (qué gracia por Dios el tipo ese). Y la luna en Siltolá preciosa-preciosa-preciosa. Me alegro mucho, muchísmo, de que vaya tan bien ;-)

Máster en Nubes dijo...

Un beso, sobrina, y en noviembre ya sabes: jamón y literatura. No me falles ¿eh?

Sois sagrados ¿lo sabéis? , y no es por daros ni ejemplo ni ná, que no podemos, ni sabemos siquiera, es que alguien que está creciendo, que aunque guapísimos y listísimos y todo lo que tú quieras está todavía en ello -auqnue todos los estamos siempre-... merece nuestro respeto, siempre, y por entero.

Suso dijo...

Antes,de niños, cuando ibas a tirar un trozo de pan,nos enseñaban a besarlo. ¡Era un algo sagrado que tirabas!
Y es cierto.
¿Quién besa hoy la comida que se tira?
Se ha perdido el sentimiento de lo sagrado.

Hablar de esto hoy,y que te entiendan, es de marcianos

sarracena infiel dijo...

Pues que no se diga que los sarracenos no respetan lo sagrado,
estratégico mutis.

Con la coplilla me quedo, que me tiembles los pulsos si fallo alguna vez, compañero....

Voy a ver si pillo algún gato incauto.....

José Miguel Ridao dijo...

Magnífica entrada, Aurora. Abordas con brillantez un asunto que hoy día -parece mentira- hay que tener valor para hacerlo. En el terreno de lo sagrado es difícil establecer una norma universal, los límites son borrosos, y lo que para unos es sagrado para otros puede no serlo. En mi opinión, siempre que no se haga daño no pasa nada. Por ejemplo, esa autopista por enmedio de la selva para explotar madera (y de paso corrromper sin remedio a una tribu amazónica) lo veo malo, pero la falta de castidad entre dos personas solteras y sin compromiso que se unen sin sentir amor una por otra no veo que sea malo (distinto es que otras personas consideren que el cuerpo es sagrado y no lo hagan).

Un abrazo desde los estertores del pinganillo alajeño.

Rocío dijo...

Estoy con Sunsi en que hay una tela de araña, de hilos finos y entretejidos en esta entrada... Compleja y sagrada.

Lo sagrado es algo muy personal. Cada uno tiene sus propias cosas sagradas...

Máster en Nubes dijo...

Hablar de lo sagrado hoy desde luego que es de marcianos, vamos, selenitas, raros. Ya lo dijiste tú hace unas entradas, creo ¿no, Suso?

Pero nuestros abuelos hablaban de ello, lo sentían, y no porque fueran menos miserable, que lo eran igual que nosotros, en unas cosas más y en otras menos, vaya Vd, a saber, es que tenían un sentido de lo sagrado, no sé, creo que es importante.

Almendrado dijo...

Sí, Máster, estoy de acuerdo, y, además de escribir bien, eres valiente, hablas clarito, poca gente aborda ahora y en público lo positivo de la fidelidad y la castidad.

Y otro sagrado, fundamental para la convivencia humana: el respeto.

Saludos

Máster en Nubes dijo...

joé, Pepa, que la copla tiene tela marinera, y si se cae se levanta uno y ya, todo el mundo tropieza ¿no?. Otra cosa, me parece, es empeñarse en que sea un gran paso propio o de la humanidad, como el de la luna, no sé, creo que hay pasos en falso, me parece, y más vale levantarse que empeñarse en decir "oye, que el Titi no se cae, se tira", como en el chiste del chulo de Madrid ¿no? no sé, chica, aunque uno haga cosas esas cosas no tienen por qué estar bien ¿no? el hacerlas no implica que estén bien...

Máster en Nubes dijo...

Totalmente de acuerdo Ridao, los límites son borrosos, pero precisamente porque lo que se custodia entre un hombre y una mujer -joé, esto tú lo sabes 100 veces mejor que yo- es sagrado, hay personas que respetan ese suelo sagrado. No estoy valorando a personas que no vean ese suelo, creo no haber dicho nada de eso. Estoy diciendo que hay personas que ven ese suelo y porque lo ven -y no porque les guste macharcarse, o no echar ... perdona, es que me embalo, o lo que sea- coño, se cortan. Tampoco se me ocurriría, Dios me libre, decir que son mejores que los demás, de ninguna manera. Sólo he dicho que la castidad que es un término que hoy genera risa, extrañeza, hilaridad y sorpresa tiene un sentido, uno al menos, que no tiene nada que ver ni con la cobardía, ni con la falta de sensibilidad, ni con la mojigatería. Y que al menos el mismo respeto que los demás merecen, no más quizás, pero no menos.

Respecto al amazonas e interesándome mucho el medio ambiente y su preservación, tengo la sensación de que en nada me compromete personalmente, en cambio, oh, cielos, sí me compromete la preservación de mi entorno natural, social, familiar, de amigos el respeto a su suelo sagrado. No sé si me explico. A veces es más fácil ser ético y soldario con el mundo sin desarrollar o lejano que con el cercano. En todo caso, estoy de acuerdo contigo.

Y respecto a lo que dices de dos solteros, no voy a entrar ahora en ello. Me parece no respetable, respetabilisimo, comprensible, hasta practicable, y ciertamente próximo, no voy a entrar ni en detalles. Ahora bien al menos, al menos, insisto, pido el mismo respeto, no más, no menos, para los que creen que esto no es juego, y le piden al tipo o la tipa algo más allá que que no la pegue y le haga pasar una buena noche. No pido algo distinto, pido el mismo respeto, que no lo hay, Ridao, no lo hay.

Y sólo una pequeña cosa final: el acuerdo de voluntades no me dice siempre la moralidad de un acto, no me revela siempre el tejido moral de él, su bondad o maldad. Sólo me dice que hay dos personas que se ponen de acuerdo. Pero es que la ética no es cuestión de acuerdos, si no, si fuera así, si democrácticamente acordásemos cargarnos a los pigmeos, eso sería ético, y no lo es. Ni de dos voluntades ni de 300.

También había acuerdo de voluntades en el duelo y no permitimos el duelo.

Insisto, todo respetable, todo, pero no unas cosas menos que otras y qué risa nos entra hablar de castidad. Y luego, a nivel de argumentación de ética, el acuerdo -la ética que se llama dialógica- es una ética débil que nos lleva a sitios muy feos.

El diáologo sirve si creemos que una verdad sobre las cosas, sobre nosostros, si creemos que existe el bien, auqnue éste tenga muchas caras.

Coño, menudo rollo, un filósofo en mi ayuda, por Dios, que seguro que he metido la pata cien veces...

Máster en Nubes dijo...

Lo dicho, Almendrado, me parece todo respetable, pero no menos la castidad, que no es una chorrada inventada ayer por 4 curas que no sabían muy bien a qué dedicarse.

Máster en Nubes dijo...

Rocío,guapa, de acuerdo, lo sagrado es también personal... pero a la vez, no sé... ¿No te parece que las sociedades que han perdido, vía el vaciamiento personal y luego social o viceversa o en paralelo, ese sentido de lo sagrado son sociedades más complicadas donde, por ejemplo, la vejez, la infancia, o no sé, la familia, están más expuestas? Donde al final todo acaba siendo una transacción y donde los débiles, que no pueden "transaccionar" ya o mucho menos quedan mucho más debilitados: es lo que parece estar pasando hoy ¿no? Perviven los fuertes, y el resto ahí te quedas...

Yo no estoy hablandod de leyes -sería otro debate- estoy hablando que culturalmente hace falta vivir con lo sagrado no ya sólo a nivel personal, sino social, dando valor y honrando con la actuación determinadas cosas.

Sin imposiciones, por supuesto, es más hondo, es por educación: y hoy no se educa en un sentido de lo sagrado, en ninguno. O yo no lo veo.

Y coño, no es la norma, que es lo de menos y no sirve de nada, es ese sentido del fuego, de que un señor y una señora y un bebé que llora son intocables, como un viejo que no se vale por si mismo.

Y que auqnue la vida es como es -200 veces se cae todos los días- aquello merece un respeto. Como el trabajo de otros, porque al final es cuestión de mucho trabajo, de esfuerzo.

José Miguel Ridao dijo...

Ojalá todo el mundo tuviera tu clarividencia, independientemente de su punto de vista sobre el asunto. Yo te puedo decir que comparto plenamente tus reflexiones, te comentaba lo de los límites porque es así, las virtudes no son inmutables, no son tablas de la ley, y en ese sentido hice mi entrada de los aforismos. Violviendo a la castidad, a pesar de lo que he dicho yo sí pienso que es una virtud, lo que ocurre es que no veo que la falta de castidad sea siempre un comportamiento poco ético (por lo que dices tú piensas igual). En cuanto al acuerdo de voluntades, da para una entrada: pones el dedo en la llaga, no es condición suficiente para la moralidad de un acto, aunque sí necesaria. Una última cosa: se me olvidó comentarte lo acertado de la virtud del respeto a los mayores. Es algo que se ha perdido y me da muchísima pena, alguna vez lo he comentado ya.

Fíjate que el blog es un buen medio para DIALOGAR, con mayúsculas. Tengo prevista una entrada al respecto.

Un fuerte abrazo.

Máster en Nubes dijo...

Perdona, Ridao, soy un coñazo, y todos sois muy buenos y muy pacientes. Me encanta el diálogo, siempre, y por supuesto: existen la virtudes que son el modo personal, e intransferible, de poner en práctica el bien.

Nada más pragmático que la virtud, los códigos -las normas, incluso las declaraciones de valores en abstracto- no dicen nada, o mejor dicho, no sostienen nada per se.

Sólo la práctica sostiene ciertas cosas a la hora de la verdad, de eso iba la entrada mía ;-), y por eso es tan importante la virtud, porque es algo personal.

Sin ella, sin vivirlas de modo personal, nos queda sólo la norma que es habitalmente un rollazo y que no dice nada, porque todos somos diferentes. Y lo que se me pide a mi no se te pide a ti, o mejor, dicho, cada uno modula según sus circustancias, ser, etc.

En otro caso caemos en lo protestante, en lo formal. En el a 200 metros del colegio no se puede hacer botellón, pongo por caso. ¿No sería mejor hablar de beber sin caer beodos siempre, de sobriedad? Pues eso es la virtud, si no jugamos siempre a policias.... o a suizos, al final no sirve de nada...

Lola dijo...

Me ha encantado la entrada, y creo que aunque pueda haber algunos límites difusos, lo sagrado es o debería ser sagrado universalmente, todas los ejemplos que mencionas los ancianos, la infancia, el matrimonio, la naturaleza, la castidad... son valores objetivamente buenos que la sociedad debería esforzarse por defender y no siempre es así.

Por mis circunstancias personales sobre todo me preocupa el tema de la infancia, esa obsesión por comprar a los niños a base de regalos, el bombardeo de consumismo y el desprecio al esfuerzo personal... hay que luchar contracorriente para que no se pierdan los valores que los harán crecer como personas, sin que se conviertan en "raros".

Magnífica entrada.

Un saludo

Anónimo dijo...

Toda persona que ama con amor de pareja ( en sus diferentes versiones)desea que el ser amado sea fiel, con los hechos y con los pensamientos (castidad). Si no son todos, -para mi sí lo son-, son la inmensa mayoría. Incluso quienes dicen que ellos no piensan así, si "amaran" desearían que fuese así. Luego,¿cómo se puede decir que la castidad es algo rancio, antiguo, o cualquiera de los adjetivos que se mencionan? Si hay algo común, generalizado, intensamente deseado, es que tu amado sea casto. Y tu amado, desea lo mismo. Aunque él no sea casto.
Lo que absurdamente no se lleva es hablar de ello, como acertadamente refleja el post.

ReyVindiko dijo...

Si algo caracteriza a la modernidad es pensar que lo que era sagrado ayer hoy no puede serlo. El respeto, tan pegadito a lo sagrado, también desaparece. Eso sí que me hace sentir mayor, lejos de la adolescencia. Ese no querer entrar descalzo o calzado en ningún sitio en el que esa sea la norma que sienten algunos, me hace sentir mayor. ¡Ay, qué pegadito está el respeto a lo sagrado!
Decía mi amantísima esposa algo así que cuando "uno no hace lo que cree es bueno, termina dando por bueno todo lo que hace"
Un abrazo

sarracena infiel dijo...

Halaaaaaaaaaaaaa, cómo estás hoy, hedbanna, de intensa, de profunda, de desabrochada......

La copla es lo más: eres mi vida y muerte, telo juro compañero, no debía d equererte, no debía de quererte y sin embargo te quiero..........

Anda que para una vez que me pongo folclórica, vienes y me aguas la fiesta.

Gatos!!!!!!!!!!!!!!!!!! Que voy!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Capitán dijo...

La entrada es clarísima. Hay un concepto, el de Derecho Natural, que en el fondo lo que representa es la existencia de valores que están impresos en la conciencia humana, son Sagrados, y la pena es que hoy en día se desprecian absolutamente.

Un abrazo

Máster en Nubes dijo...

Lola, qué nombre tan bonito, gracias por venir y comentar.

Desde luego es admirable que con la que está cayendo haya gente que todavía puede y quiere decir no a los niños, realmente hay que tener mucho valor y mucho temple.

Un abrazo y me alegro que te guste. Todo siempre con matices y dejando a salvo eso, la conciencia personal.

Aurora

Máster en Nubes dijo...

Anónimo:

Por supuesto, uno desea la fidelidad de otro, asumo que es así, yo nunca he deseado que "el otro" estuviera por ahí de picos pardos ;-), vamos, si me importaba el sujeto en cuestión.

En cualquier caso, dejando eso, la conciencia personal de cada uno a salvo, la entrada iba no del "no tocar" lo que es sagrado, sino de considerar que hay espacios importantes que necesitan su silencio, su hacerse, su... todo. Que no todo el monte es orégano, vamos. Otra cosa es si esos espacios se rompen solitos, ellos, pero desde luego que no porque alguien se cruce hasta con buenas intenciones, o sin importarle un pimiento. No sé si me explico. Otra cosa son las debilidades, siempre humanas y habituales de todos.

Máster en Nubes dijo...

Equiliqua, Reyvindiko, no, dos pasos atrás, pero no por nada, es que es eso como un "silencio, se rueda"... (silencio, se cria, silencio, se está intentando querer-se, silencio, se está haciendo lo que sea...)

Un abrazo, carpintero y maestro ;-)

Máster en Nubes dijo...

Sarracena, nada impide enamorarse de nadie, el enamoramiento es libre, otra cosa es qué haces tú con eso, son dos cosas distintas. Algunas personas dan dos o tres pasos pa'trás, otras pa¡lante...

Máster en Nubes dijo...

Capitán, me recuerdas a mis clases de derecho natural allá por el paleolítico, yo más que por derecho -que también- es por poesía, me gusta más ;-) O sea, creo que al final si culturalmente hay como una idea de que hay suelos sagrados... lo de menos es la cosa jurídica ;-) (es broma, sé lo que es el d. natural, es un juego de palabras---)