Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

jueves, 21 de mayo de 2009

Mundo, mundos



Creo que todos necesitamos un mundo pequeño, familiar, donde el camarero del bar, es un poner, sepa cómo tomamos el café o qué nos gusta a la hora del aperitivo sin preguntarnos siquiera.

"Lo de siempre, ¿no?".

"Lo de siempre, Pepe".

Es cómodo, es bonito, nos da cierta seguridad y alegría sentirnos parte de ese mundo chico donde saben quiénes somos, donde tenemos un nombre propio. La serie Cheers, que me encantaba, iba de eso.

A la vez algunos mundos familiares se pueden estrechar hasta hacerse irrespirables, por momentos, por temporadas, dependiendo también del aire, de las personas que lo hacen, de si no se abren ventanas o puertas y aquello se hace más y más endogámico y acaba pareciéndose a un mal patio de vecindad o de colegio, nimiedades y tonterías por doquier.

Creo que junto a ese deseable calor que nos proporciona un mundo pequeño, familiar, algunos aspiramos a un mundo grande, a veces hasta anónimo, abierto a posibilidades y también a desconciertos y riesgos.

Viajar y vivir en otros países puede facilitar esa apertura, aunque depende de cómo viajes y vivas . Una puede llevar su propio gueto, exterior, o mucho peor, interior, a todas partes, ir por la vida como si ésta fuera Disneylandia, un simple lugar para hacer fotos o compararlo con nuestro lugar de origen.

Tener amigos de otras nacionalidades, profesiones, educación, creencias y edades puede ayudar algo a ampliar mundo, creo.

Dejarse abrir el corazón y hasta la cabeza, en todos los sentidos, también.

Y leer, por supuesto, todavía más pensar.

Creo que internet en cierta medida y, en concreto, las bitácoras pueden ser una excelente manera de asomarse a través de otras claraboyas y ojos de buey al mundo, a otros mundos. Pasas por algunas ventanas iluminadas o en penumbra tras las que se desarrolla vida, literatura y/o conversaciones en las que, aunque no participes, puedes aprender a mirar, a escuchar, a leer. Quizás a comprender, no sé. A interpretar y a cambiar prejuicios quizás a veces, unos por otros. Es fascinante.

Cierta tendencia a lo endogámico es humana, es lógico desear sentirse querido o, al menos, conocido o reconocido, valorado, a veces simplemente parte de un círculo de cierta confianza cuyos contornos están ahí definidos por afinidades o coincidencias vitales. Pero también es peligrosa esta tendencia, creo.

Me decía un familiar que trabajaba en cine que él no quería ir a fiestas de su trabajo porque sólo había gente de cine. Hasta esos mundos, supuestamente abiertos, acaban siendo cerrados. Hay dimes y diretes, quién dijo qué, cuándo lo dijo, el último chascarrillo, maledicencias, cotilleos, correveydiles, rivalidades y enfrentamientos tontos, los míos o los tuyos, un aire pueblerino en el peor sentido de la palabra que puede hacerse cada vez más denso. Agotador en mi opinión.

En algunos mundos chicos acaba por haber un ambiente de viejo casino, si das dos pasos atrás lo puedes percibir con mayor nitidez y a veces hasta con espanto, repele.

Pero la caspa puede proliferar tanto en la sala VIP del aeropuerto JFK como en un autobús de línea regular entre dos localidades cercanas, se da con tres idiomas distintos de fondo y un botellín de Moet Chandon enfriándose, o con el deje o la jerga local y el vino del lugar.

La mezquindad no es cuestión de geografías y ni siquiera de mundo aparente.

Este ambiente de viejo casino prende con facilidad en ambientes literarios, no literarios, civiles, militares, religiosos o laicos, en departamentos de facultad, en colegios, en medios de comunicación, en asociaciones de mujeres o de amantes de los pájaros, entre quienes paseamos perros, en los hospitales, en la justicia, en las comunidades de vecinos, en las asociaciones no lucrativas, en las grandes ciudades también, en las pequeñas y en las mediadas empresas y hasta en las grandes.

Nadie estamos a salvo, creo. Puede pasar en todas partes. Y se puede pegar.

Es quizás una servidumbre que los humanos tenemos: podemos hacer mezquino lo que originalmente era encantadora pequeñez o hasta atractiva amplitud.

Me gusta tener un pequeño pueblo, muchos pequeños pueblos, familiares, conocidos o también por descubrir, sea en lo profesional como en lo personal, en los que vivir o recalar. Un lugar donde saben mi nombre o la gente se llama de tú. Aprecio su comodidad y amabilidad inicial, pero intento poner distancia mental, espacio, en cuanto noto que no corre el aire o percibo el rumor del más mínimo chascarrillo, aunque sea inocente.

Me gusta moverme en un mundo grande, desconocido, aterrador a veces, donde intento explorar, tantear, donde me arriesgo, no acierto, dudo y cuyo mapa no llego a trazar. Donde no sé qué idioma hablan o el diccionario se me queda obsoleto. Me gusta cierta incomodidad, me hace crecer, pero a veces ese mundo puede resultar agotador en su inseguridad, ríos y mares nunca están donde una piensa.

Necesito de ambos en la misma medida, creo.

14 comentarios:

Montse Viver dijo...

Me ha gustado la forma que tienes de exponer asuntos tan interesantes como el que expones. Nuestra pequeña lucha diaria por llegar a ser quien somos, en contraste con lo más íntimo y endogámico y a la vez con los distintos "mundos circundantes" que a veces resultan fascinantes, pero en los que a menudo nos perdemos un poco.
Esta apertura de la que hablas es fundamental, ese ir y venir desde lo seguro y familiar a lo desconocido es a mi entender un ejercicio excelente.

Un poco, estos blogs que vamos siguiendo con más o menos asiduidad y a veces con períodos de inactividad, son un fiel reflejo de muchas formas de ver la vida y por ende, muy enriquecedores.

Gracias por estar ahí asiduamente, hasta pronto.

Un abrazo

ana dijo...

Supongo que es como tú dices, que el mundo de verdad se halla en el equilibrio entre esos diferentes mundos; el más grande y el más chico.

Qué bien lo has descrito!

Y me quedo pensando que el equilibrio o no entre ambos es el que nos dará cierta medida de la persona que somos.

Yo confieso que tiendo al chico, al mundo de la cercanía; a ese mundo de tertulias, en los que escuchar al otro se torna verdadero placer. Me confieso demasiado perezosa para habitar el gran mundo, o quizá no, no sea pereza. Quizá sólo sea presentimiento de lo poco que nos puede ofrecer. Siento algo de desconfianza ante los mundos grandes... como si me parecieran de mentira. Como si en ellos todo fuera escenario.

Así que supongo que detrás de mí esta todo eso del aire pueblerino.

ay
ay
ay

... lo que va descubriendo uno de sí mismo!!!!

Toi dijo...

Como en casa, en ningún sitio

Javier Sánchez Menéndez dijo...

No podemos quedarnos anclados, aunque eso nos guste, y sea cómodo, y sea reconocido.

Debemos abrirnos como dices.

Buena entrada Aurora, muy bella.

Un abrazo.

Mirna dijo...

Todo va en las necesidades de la persona. Hay quien se asfixia en un mundo pequeño, familiar, cerrado; y quien no puede sobrevivir a mar abierto. Yo, por si acaso, me quedo donde y como estoy. No por miedo, ni comodidad, más bien por responsabilidad, que también eso cuenta.
Por otro lado, agradezco enormemente tener acceso a toda esta realidad paralela, la de Internet. Esta es mi apertura, mi ventana a lo remoto y lejano; aunque a veces no sea real.
Un abrazo Aurora, y compañía.

Modestino dijo...

Muy interesante, mucho esta entrada. A mí también me gusta eso de entrar en el bar y que el camarero ya sepa que quieras .... y también me agobia la endogamia. Existe y en muchos lugares y ambientes ... estar cerrado, pensar que lo único bueno es lo propio, derivar continuamente la conversación a la misma cantinela ... madre mía¡¡¡¡¡

Ha habido dos momentos en mi vida que me ayudaron a dar un salto al exterior: el servicio militar, donde comprendí que había vida y buena más allá de la del joven universitario estudioso y con exceso de protección y cuando empecé a trabajar tras aprobar la oposición ... poco a poco aprendí a convivir con quienes pensaban, vivían y funcionaban de manera muy distinta a la mía.

Lane dijo...

Aurora que bonito ir y venir entre esos dos mundos, tener la elección de escoger, de aprender de ambos y de llenarnos de todo.
Bs

Sunsi dijo...

Pensaba qué iba a comentar. No hace falta. Creo que diría lo mismo que Mirna. Es que depende tanto de la persona, de tus obligaciones libremente contraídas... de muchas cosas. Creo que quien tiene la mente abierta, aunque la encerrasen por un tiempo, seguiría abierta. Tantas veces no podemos entrar y salir... viajar... Entonces te las apañas con otros métodos. Internet es uno de ellos, con bitácoras muy ricas y variadas.

A veces hay que inventar, esforzarse y rebuscar para poder seguir abierto...

Besiños, Aurora

Máster en Nubes dijo...

Buenas tardes a todos, y perdón por la respuesta múltiple, estoy un poco cargada de trabajos varios.

Montse: mil gracias por venir, leer y comentar. Es una lucha, sí, como sugieres, quizás a veces una cuestión de equilibrio, como dice Ana, más que de tensión de ambos polos. Bienvenida.

Ana: cuando hablo de "otros mundos", pueden ser igualmente pequeños, pero distintos al propio.

El mundo grande es la apertura a otros mundos, no tanto "la vida a todo plan" o la sofisticación. Quizás no lo expliqué bien.

Y no creo que seas pueblerina, la verdad, sólo pienso que nos gusta tener raíces y lugares donde nos sentimos cómodos ¿no? Un abrazo y gracias por tu comentario, hace pensar.

Toi, sí, desde luego, y a la vez no. Me horroriza acomodarme, no me gusta. Es bueno estar en casa, volver a ella, -y echar la siesta, ay- pero también moverse de la zona de confort. Lo sé, es algo más mental a veces que geográfico. Me horroriza el pensar, por ejemplo, que Madrid es la leche y no hay nada en el mundo como Madrid... o las lentejas de mi madre... mientras estás, pongamos por ejemplo, a la orilla del Ganges (que ya me gustaría) O sea, me horroriza pensar que el centro del mundo es mi mundo, sea éste Europa, España, Madrid, mi trabajo o una misma, que puede pasar. Ese es mi miedo. Gracias y a ver si nos vemos la semana que viene.

Máster en Nubes dijo...

Javier: en ello estamos. Y a la vez creo que se necesitan referencias vitales, a veces más internas que externas, geográficas o del tipo que sean. No tanto cobijo -emocional, intelectual, hasta físico-, que también, como brújula.

Mirna, efectivamente, no todos somos iguales. Echo de menos en mi país un aire (¿un espíritu?) más aventurero, más emprendedor, menos pueblerino, más abierto, menos conformista, menos conservador (en el peor sentido de la palabra, hay uno excelente. Nos creemos que somos el centro del mundo. Y no lo somos. Y parte de nuestros males, no todos, radican en esa falta de apertura mental. ¿Sómo nosotros herederos de los grandes navegantes, de gente con un par que cruzaba mares sin saber lo que se iba a encontrar?
No queda ni rastro de eso.
Somos unos pequeño burgueses que pensamos que lo que vale no cuesta y aspiramos a la comodidad, Mirna.Dedicados a luchas intestinas -no quiero hablar de los nacionalismos, pero ahí está-, pequeños, sin grandeza de alma.

En ese sentido me preocupa "la deriva" del mundo pequeño que en su origen es encantador y necesario.

El mundo pequeño no es la familia en sí, aunque puede serlo en el mejor y en el peor sentido.

Y aunque como a ti internet nos abre algunas ventanas... no todas las ventanas están en internet. Quiero decir, hay mundos totalmente opacos y desconocidos. Internet, con todo, y mucho más las bitácoras que creo tú y yo frecuentamos (perdona si me equivoco, lo digo por las que tienes a tu derecha), no dejan de ser un mundo todavía pequeño, limitado. De gente bastante afín por poco afín que se sea. Me lo ha dicho esta mañana una amiga y tiene toda la razón: algo abre, pero no abre tanto.

Perdona por el rollo, colega cocinera y gracias por venir.

Modestino: efectivamente, has puesto un ejemplo políticamente incorrecto pero estupendo. En la mili de antes, la que hicieron mis hermanos (no la universitaria, la de a pie) la gente se daba cuenta del país en que vivía que no era el de los universitarios, sino otro. El de gente que no había salido en su vida de su pueblo y llegaba a una ciudad y se perdía.

Y como apuntas: me da miedo la autocomplacencia, caigo mucho en ella, demasiado. Esa es la mezquindad a la que me refiero, es la interior que puede ser individual ... o grupal.

Lane: ojalá fuera así, pero a veces es puro viaje turístico que se aprovecha poco por dentro. Un abrazo ...y ¿tu tesina, cómo va? ¿Hablaste con John?

Sunsi, como dices creo también que se pueden tener obligaciones, responsabilidades, una familia, y tener un mundo que no se limite a ello en el peor sentido de la palabra. O sea, que por dentro se puede estar abierto, claro que sí.Hay mucha gente así.

Vuelvo a lo que le he dicho a Mirna. No es la familia, por Dios, es que nos hacemos pequeños en cuanto nos descuidamos.

LA vida doméstica, las hipotecas, las obligaciones... pero también el propio desarrollo del trabajo cuando no tienes no anterior siquiera, el día a día, aunque seas un tío que viaja en avión y ve mundo, te puede hacer chiquito, romo, sin horizontes. A lo tuyo. Es, como apuntas, una cosa interior.

Y siento decir esto, pero lo voy a decir. Las mujeres, quizás porque estamos hechas para conservar, podemos ser unas mezquinas de la leche. Supongo que necesitamos mantener en vez de empujar o "avanzar" en el sentido de arriesgar, pero a veces tiramos de tal manera de lo conocido que ya ya. Ya sé que algunos tíos son iguales, pero el confort a veces, solo a veces (y no hablo del material) es más femenino. Con lo bueno... y lo malo.

Un beso, guapa

lolo dijo...

Cualquier mundo puede parecerme grande, si corre el aire.

Algunos mundos los hago yo pequeños con mi pequeña mezquindad.

Cuando conozco, me cuesta poner distancia, lo veo muy cerca todo.
Y acoto mi territorio, para sufrir menos.

Si huele a cerrado, me marcho...pero corriendo. Da igual el tamaño.

Anónimo dijo...

Qué bonita música. Gracias.
Que cambiazo de la presentación visual de tu página. No había entrado en meses, y es otra cosa totalmente distinta.

Be happy.

Máster en Nubes dijo...

Anónimo o anónima, gracias por volver y comentar. No sé quien eres, pero te doy mi bienvenida.
Respecto a la presentación visual de la página el único cambio que he hecho en meses es poner mi foto en vez de la de Olimpia, mi perra ;-), y somos muy distintas, claro...

Be happy you too.

Máster en Nubes dijo...

Lolo, perdona, jo, es que ya ni veo. Qué razón lo de la distancia. Y qué importante jugar con ella. Al final te das cuenta que casi todo es cuestión de jugar con ritmos, distancias, tiempos. En fin.

Buen finde a todos, me voy a la inauguración de mi sobrino pintor -Moby Dick- y luego a Córdoba ¡yuju!