Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 2 de diciembre de 2008

Señorío y elegancia


Cada vez que veo la lista de las más elegantes en el Hola me echo a temblar. Soy de ideas fijas y pienso que quien sale en el Hola o en televisión tira a cursi casi seguro. Un prejuicio como otro cualquiera.

El otro día escribía Suso del Barullo sobre los pijos. Y derivó al comentar en el señorío. Interesante conexión.

Este país es del antiguo régimen. No del de Franco, que también. Sino del de antes de la Revolución Francesa, que no se hizo en nuestro país, ni para mal -a Dios gracias- ni para bien.

Confundimos todavía clasismo con señorío. Y en este país hay mucho clasista.

Hay clasismo mezclado con otra cosa: reverencia al dinero, también al de nuevo cuño, al poder económico o político.

La gente se cree que tener determinados apellidos significa algo importante, pero también se arrodilla ante el que tiene un Lexus - es un poner- o un puesto "de relevancia", privado o público.

Esto convive, curiosamente, con el ácrata que llevamos dentro muchos españoles.

Resumen: nos falta tradición y espíritu democrático, ese que es capaz de ver a todos los individuos iguales en derechos y, a la vez, atribuir al mérito lo que es del mérito.

Y no es mérito dónde nacistes, jamás, ni por la tierra ni por la familia. Por eso me parece a mí que ser nacionalista es tan tonto como ser clasista.

Elegancia.

Elegancia pienso yo que es, entre otras cosas, reconocer todo lo bueno y bonito que hay en esta vida y agradecerlo sin intentar poseerlo. O sea, ver que hay cuadros maravillosos, casas que ni te cuento, personas con habilidades o competencias que desearías o simples dones porque sí: medir 1.75, tener los ojos azules, debe de molar un montón.

Otro suponer: Sean Connery. Tío guapo, interesante, pero lo siento, está casado. No hace falta decir "no es tan guapo, seguro que es un rollo" como para consolarse.

Y esto es lo que ocurre a veces. Que se necesita minimizar los logros, éxitos o dones de los demás porque no son "nuestros", vaya por Dios.

Dios mío, gracias porque existe Sean, pero no será mío, ni intentaré ligármelo. Perdón, es un farol, como es evidente. Gracias, Señor, por todo lo bueno y bonito que no tengo ni tendré.

Otras veces podemos pretender que Dios o la naturaleza trabajen bajo el espíritu ese de justicia distributiva del Ministerio de Hacienda socialista. "Ah, no, a esa le ha tocado ser guapa, pues seguro que lista no es". Y no, que Dios da a lo bestia a quien quiere, y no pasa nada. No se trata de buscar algo que haga a las guapas un poco "des-graciadas".

Señorío.

No tiene nada que ver con los apellidos. Es algo de dentro hacia fuera que no da la cuna.

Había, hace no tanto tiempo, mucho señorío en nuestro país. Estaba ligado quizás a quienes no tenían mucho, pero tenían honor. Suena antiguo, pero era así: los tratos se cerraban con un apretón de manos, era tu palabra de peluquero, herrero, pastor o militar, pongo por caso, e iba a Misa esa palabra. Sin idealizar, porque había burros también, pero sólo leer a Delibes y a otros -un mundo que agoniza, que ha muerto- te das cuenta del señorío que se respiraba, y no en la nobleza -Dios me perdone- sino precisamente en el pueblo llano que es donde en España ha habido más señorío, de verdad.

Tengo la teoría de que la televisión ha contribuido notablemente a su extinción. El señorío tiene que ver con la autenticidad, con ser lo que se es, sin aspavientos, sin aparentar, sin ir de nada.

No es señorío estar o ir por encima de los demás en la práctica. Por eso no es señorío la mala educación para "ir de natural o auténtico": eso es ser un borde. O el decir tacos para "hacerse" el tremendo, por ejemplo. Tampoco el "hacerte el simpático" compartiendo con "el pueblo llano" algunas de sus cosillas.

Porque si luego piensas que tienes derechos que a los demás niegas en la práctica, como es el caso de alguna nobleza, la idea en el fondo de la monarquía, pero también de otros individuos, me da igual que digas tacos, bailes flamenco o seas amiga de gitanos y me cuentes la milonga de que eres un tío o una tía muy auténtica. Lo que eres es un cara dura habitualmente.

Señorío es lo que tienen muchos emigrantes, por ejemplo. Sólo hace falta mirarles y hablar con ellos. Nos ganan por goleada.

Señorío es también no ser esclavo. El señor, por poner un ejemplo, no veranea donde le dicen los cánones de clase o posición que "tiene" que veranear: porque entonces es un esclavo. Ni necesita un puesto determinado, una tarjeta o un salario para ser un señor, porque entonces es de nuevo un esclavo. Por eso hay señores en toda la escala social: señores electricistas, profesores, carniceros, peluqueros, fresadores, abogados, jueces y parados.

Ser señor es saber decir que no a veces. Por eso hay tan pocos en las empresas. Porque hay gente que se crece con el "de abajo" y se deshace con el de arriba y jamás le dirá lo que piensa -si es que piensa- sino lo que el otro quiere oir: le baila el agua. De ahí el mundo viejuno de nuestras empresas, reflejo del temor reverencial ante el poder, cuanto más arriba peor, más miedo a perder lo que se tiene.

Más sobre elegancia de esa "oficial".

La elegancia no es cuestión del vestido, es algo interior que a veces las fotos reflejan y a veces no. Lo que ocurre es que confundimos el ir bien vestida, a la moda, a lo que nos dicen que es la moda. Algo que también tiene que ver con cierto dinero y con el tiempo, mucho -que nadie se engañe- que dedican esas mujeres a la apariencia: viven de ello total o parcialmente.

La lista de las más elegantes es un apaño de las revistas con quienes viven de ellas y, a la vez, de quienes compramos lo que venden, directa o indirectamente.

Pero la elegancia real es de alma, no de ropa ni afeites. No hay nadie más elegante que una sudanesa con el niño a cuestas: tiene un empaque y una presencia que las europeas hemos perdido y las americanas del norte ni te cuento.

Ni el señorío ni la elegancia tienen que ver ni con los apellidos ni con el dinero ni con lo que haces. No confundamos el culo con las temporas.

8 comentarios:

suso dijo...

Gracias por citarme.

Creo que parte del "señorío" está en denuciar a los que de "señorío" tienen la patina;Nada.

Y descubrir a esa gente que de verdad, fueraparte de la posición, de la pìnta, y de su historia personal, son " señor@s " de su vida.

Todavía estoy en ello,en descubrirlos, Cuando los encuentro...cuando los encuentro me callo y los admiro

pepa dijo...

Los del Hola, jetas en su mayoría.

Los españolitos, horteras y nuevos ricos, cada vez más.

Más que los del Lexus, se llevan la palma los del Cayenne, además de horteras, cursis y gazmoños.

Gente normal, con dignidad, señorío y saber estar, haberla, hayla, como las meigas.

De hecho, conozco unas cuantas personas que son eso, personas.

Repito, más que clasistas, horteras, nuevos ricos, cursis y gazmoños; de una vulgaridad que abruma, vaya.

Hala, buenas noches.

Maripaz Brugos dijo...

Jo, Master que buena entrada ...

Tia,(como dice la gente joven) escribes como los propios angeles ...

Me tienes enganchadita ...

Describes con gran claridad el arte del señorio y la elegancia ...

Cuanta tonteria se ve a veces, con lo atractivo que es en la persona humana, la sencillez

Como dice el maestro Suso son señores de su vida ...

Un saludo guapa

Driver dijo...

Me pasa mucho.
Llamada urgente.
Obra parada.
Problemazo.
...
Llego, miro y evalúo.
Lluvia, barro, estructura con problemas, viga torcida, fachada desplomada, humedad hasta los tuétanos.
"¿Y qué tal Driver, qué hacemos?"

Ni me lo pienso.
Llamo a Manolo.
Siempre me responde.

"¿Manolo, qué hago"?

Se agacha, mira el problema por abajo y por arriba, por un lado y por otro.

Habla Manolo.

Primera fase: "Driver vamos al bar".
Segunda fase: "Niño, pídeme un cortao".
Tercera fase: Se coge una servilleta y un lápiz de obra, me mira con cara de descojone, y me comunica su situación en el mundo:

"Mira chaval, esto se soluciona asín".

Y me pinta en la servilleta la solución más simple, más barata y más fácil de hacer, que los siglos venideros hayan de ver.

Manolo se marcha, con su chupa llena de yeso y sus botas rasgadas por el roce de la vida.

Y me preguntan los demás...
"¿Y ése viejo quién era?"

Y siempre respondo lo mismo.
"Es el sentido común montado en un ferrari"
Y añado: "El Señor Manolo;y no es un viejo, es un venerable anciano".

Una vez cometí el error de intentar pagar sus servicios, y me respondió como sólo los Dioses del Olimpo pueden responder la pregunta de un humano.
"Chaval, la pasta te la guardas para tus hijas; esto lo hago por placer".
Y añadió..
"Por simple y puro placer".
...
Manolo.
No le paso su número de móvil a nadie.
Ni al Rey ni al Presidente del Gobierno.

Ésos que se busquen la vida.

Máster en Nubes dijo...

Gracias a todos.

Suso, yo también debería de callarme y admirar, pero soy una charlatana incorregile. Te mando un abrazo.

Pepa, que conste que el Lexus mola, no es el coche -que da igual ese o el que s4ea- es cuando tratas a alguien diferente porque tenga algo... o que alguien se comporte diferente por tener algo.

Maripaz, guapa, tú tienes clase, a distancia se ve.

Driver, hay Manolos como hay Peretes, los describes a la perfección. Y a mí me vendría muy bien uno ahora que la instalación electrica de mi casa es un desastre, o mi conexión a internet desde casa de mi madre: vete a decirle a Telefónica que no funciona... ¿y si te soborno?

José María dijo...

Aurora, mi padre dice que irá encantado a echar una mano para intentar arreglar los enchufes y demás de la casa...

Elegancia, señorío.... Algo de eso tiene el George de "Ocean's Eleven". Monta un plan para ganar quince millones de dólares, pero lo que más le interesa es recuperar a su esposa.

Como decías ayer, antes podías dejar a tus hijos con el portero del bloque o con quien fuera, porque el común de la gente tenía más valores y señorío, más hondura humana.
Esto del señorío tiene que ver mucho con el respeto y admiración hacia los demás. En el fondo, con admitir un modo de vida basado en el trabajo honrado y en la capacidad para aprender y mejorar.
Antes, lo importante era tener una familia (o sea, cuatro hijos de media) y mantenerla. Horas extraordinarias, sacrificio para dar a los hijos lo que uno no había tenido.

También he de decir que antes había mucho cafre suelto, con dinero y sin dinero. Había personas con diez doncellas en casa, y las trataban con completo respeto y consideración. Pero había otra gente con servicio doméstico interno al que trataba fatal. Y viceversa; doncellas y chóferes tela de honrados o tela de mezquinos.

Es un tema complicado, pero coincido con la idea de que, en general, hemos perdido calado humano, honor. Sólo tienes que echar un vistazo a la jeta y descaro, a la desfachatez de los políticos corruptos. Es una especie nueva que antes no existía. Sería interesante comparar aquello del "estraperlo" (una chuchería) en comparación con toda la corrupción de todos los partidos en todos los ámbitos.

Máster en Nubes dijo...

Jose M: te quiero. Dile a tu padre que como poco Protos. Me decís cuándo os viene bien. Y se sube tu madre si quiere también y comemos juntos: perdón por el cocido del domingo, sé que estaba fatal. No debí congelarlo. Eso que he aprendido. Lo siento mucho. Sois unos caballeros Ignacio, tú y el novio de Raquel, y Raquel una señora.

Y sí, "antes" había mucho cafre también. Pero insisto que el dios mamón no había corrompido todo tanto, había quizás más estupidez o brutalidad pero no por la pela, quizás más por el nombre o el poder, o por ignorancia. Claro que ahora también somos ignorante. Ahora ya no sé qué pensar, así que me voy a poner a trabajar que no tengo que pensar mucho. Ja ja...

Sunsi dijo...

Menudo repaso, Máster. ¿Hago fotocopias y lo reparto en el cole de las nenas? Sé por qué dice Pepa lo del Cayenne. Yo hago equilibrios para aparcar en la escuela todos los días y lo consigo porque llevo un panda de lo más práctico.

Pero por lo visto hay criaturas de 7 y 8 años que piden a sus padres que no entren en el cole con "ese" coche...¡qué vergüenza! o riñen a la mamá porque "hay que ver lo que te has puesto hoy... qué dirán mis amigas..." Los temas de conversación es dónde viven , cuál es su segunda residencia, cuántos baños tienen en su casa... No es broma. ¿Dónde lo han oído? Evidentemente, en su casa.

Perdona que descienda a estas simplezas, pero es que me temo que con el tiempo estas criaturas no sabrán dónde agarrarse para vivir. No creo que puedan soportar el silencio ni el minimalismo de lo que se nos viene encima. Si les quitas lo que tienen ¿De qué hablarán? ¿En qué pensarán? ¿De dónde sacarán la sustancia para ser felices?

Perdón. Me he alargado demasiado. Besos