Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 13 de diciembre de 2008

La muerte de los animales

Hace tiempo que vengo pensando no sólo en la muerte de los animales, sino en qué pasa con ellos después de muertos.


Tener un perro, un animal que llamamos "doméstico", me hace pensar este tipo de cosas porque les coges mucho cariño. Creo que soy bichera en general. Me encantan los pájaros, los caballos, los gatos también, y me puedo quedar horas mirando animales varios, también un árbol. Pero, además, con los perros que viven contigo, que te acompañan tanto, se desarrolla una relación, no humana, pero relación.

Vaya por delante, y en cualquier caso, que siempre he dicho que un perro no es una persona. Esto, tan elemental, no se vaya a creer la gente que es de cajón. Muchos propietarios de perro te dicen tan campantes que prefieren su perro a una persona. Yo no. Me encanta Olimpia, y antes Pepa, pero prefiero la compañía de personas. Siempre. Por supuesto que si la persona es mala, no la quiero, pero es que estamos hablando de cosas distintas. Para mí un perro no es un "sustituto", o "sustituta", de la compañía humana, ni buena ni mala. Jamás. Un perro es otra categoría, juega en otra liga, por explicarlo de algún modo.

Cuando murió Pepa, recogida de una protectora como Olimpia, lo pasé fatal porque no tenía esperanza. La puse yo la inyección. Lo hice para que no sufriera de un cáncer que le comía la cabeza tras cinco años conmigo. Otros cinco había vivido en la protectora de Segovia, la dejaron abandonada con 5 meses y ahí se pasó media vida. Pedí llevarme a la perra que menos oportunidad de salir tuviera, y me dieron a Pepa. Con Olimpia hice igual, me llevé a la que no quería nadie, una perra ya muy adulta, abandonada al quedarse preñada, otros cinco años de protectora. Soy una mujer con mucha suerte, en los dos casos he tenido las 2 perras mejores que podía tener. Cada una en su estilo.

Pepa era más mía, no veía nada más que mi persona, algo agobiante, pero obedecía más y fue mi primera perra, nunca la olvidaré. Olimpia es mucho más sociable, más cómoda a la hora de estar con personas, pero no me obedece casi, sé que es culpa mía. Eso sí, cae genial, y le encantan los tíos: es algo divertidísimo. En cuanto entra un hombre en casa, allá que va. Debe de ser la voz, el olor, no sé bien. Alberto, Diego, no sois vosotros, de modo individual, es el género masculino lo que le gusta a mi perra.

Pepa se me murió apoyando su cabeza en mí y mirándome mientras se dormía, las dos en la terraza de casa, con Carlos, el veterinario, y mi hermano Paco. Luego no pude dejar que se la llevaran como una basura. La di tierra en un cementerio de perros. Supongo que a mucha gente le parecerá una chorrada, pero es que no podía resistir hacer otra cosa. Mi perra en un basurero ni de broma. Mi trocito de tierra a la tierra de nuevo, lo sé, pero no todo junto y sin diferenciar, ella no.

Este verano en Carnota le pedí a Elisa que me dejara ver cómo mataba a un gallo. Necesitaba verlo. Soy carnivora, necesito comer carne 2 o 3 veces a la semana. Tenía el gallinero cerca de casa y Elisa me enseñó cómo se mata a un gallo que luego nos comimos y estaba estupendo, por cierto. Mentimos a las niñas como bellacas.

Metió al gallo en una especie de embudo metálico boca abajo, saliendo la cabeza, y con un cuchillo lo fue dando tajadas al cuello, no era una de golpe: totalmente en contra de los "modernos" sistemas para matar pollos. El gallo sufrió mucho, lo sé.

Elisa me miraba y me decía "¿Seguro que lo quieres ver?". Hasta el final, Elisa, necesito ver que para que yo me alimente hace falta matar un animal, algo que tiene vida. Este enero me iré a la matanza con Raquel a Badajoz. Hay que vivir con los ojos abiertos.

"Unos cielos nuevos, una tierra nueva".

Que animal viene de anima es que lo da hasta la palabra.

Pienso muchas veces que en el Edén no fuimos carnivoros.

Vuelvo a leer el Génesis, pero también Historia de Adán y Eva de Mark Twain, nada ortodoxo, lo sé, pero siempre me emociona leerlo.

Pecado original, se rompen muchas cosas. Con Dios desde luego, entre nosotros, personas, hermanos, hombres y mujeres también. Con otros seres vivos que no somos "nosotros" creo que también. Puede estar ahí, no sé. El orden original se rompe.

Quizás las consecuencias del pecado fueran también esa quiebra bestial de "tener" que matar a otro ser vivo con un sistema nervioso sensible, que siente, que padece, para comérnoslo. Lo necesitamos. Yo sé que no puedo ser vegetariana, lo sé. Lo tengo muy claro.

Mi perra no tiene libertad ni responsabilidad, no es ni buena ni mala, no es "más" que un animal a la que le hemos puesto un nombre y nos reconoce, un descendiente de lobos. Olimpia no me quiere, no en el sentido en que me quiere un amigo, mi madre. Es otra cosa. Pero es estupenda. No sustitutiva de nada, pero estupenda.

Elisa en Galicia no sabía los nombres de sus perros: todo el día encerrados en 8 metros cuadrados con el fin de que cuando los soltaran, sólo 4 o 5 días al año, se comieran el monte, perros cazadores, ladrando todo el santo día, desesperados. Una faena la costumbre del lugar.

Unos cielos nuevos, una tierra nueva. ¿Viviremos en algo parecido a la tierra?

Porque si es así, no concibo la vida sin animales, sin plantas, sin ríos, sin mar, sin ballenas, sin leones, tampoco sin libélulas, me encantan. Si es tierra tendrá que ser con animales. Y entonces será sin esa quiebra que ahora nos es en gran medida necesaria.

No concibo la vida eterna sin mucha vida, otras vidas, no sólo nuestras vidas.

La vida eterna. Cielos nuevos, tierra nueva, vida nueva. Algo de esperanza tengo. Bueno, mucha, nunca tengo esperanza a medias.

Agus, va por ti, te entiendo perfectamente. Se llora mucho la muerte de un perro y se les echa de menos. Tienes a Olimpia para cuando quieras.

17 comentarios:

Asier dijo...

Hola, Master. Solo para decirte que me he llevado una alegria al ver que tenia tres regalos en la pantalla del cabezon esta mañana.
Un abrazote

Máster en Nubes dijo...

Muchas gracias, hace mucha ilusión que te lean.

Pensaba que no, que escribía más para mí que para otros, pero me he dado cuenta de que no es así.

Escribiría igual, eso sí, pero sería menos feliz sin lectores. Esta es la verdad. Me dais alegría. Mucha.

Sunsi dijo...

Y he llegado hasta aquí. Me tengo que ir... pero sólo un minuto para agradecerte que escribas.

Luego me leo tu post. A ver si de una vez consigo meterme en la piel de los que adoráis a los animales.

Besos

Cordobés dijo...

Me uno a la alegría de Asier por encontrar tus escritos-regalo de nuevo.

Menos mal que investigando en otros blogs, además de ir ampliando horizontes, he ido sabiendo qué te pasaba.

Acertada visión de los animales, por supuesto que no "sustituyen", y te comprendo en la muerte de Pepa, a mí me pasó igual aunque fui incapaz de ponerle la inyección a Baldo, lo hizo el veterinario.

Sigue escribiendo porque seguimos esperando. Un beso

guillermo núñexz dijo...

Como verás si visitas mi blog, hay una total coincidencia en nuestra manera de entender el amor a los animales y al significado de los mismos en el proceso de la vida. Me ha gustado mucho lo que dices. Saludos.

Máster en Nubes dijo...

Gracias a todos, mucho frío en Madrid, conseguí bajar ayer en mitad del temporal porque mañana curro aquí y por si acaso. Todo se irá arreglando, me refiero a la logística doméstica: santa paz. Ojalá los problemas fueran esos siempre, bendito sea Dios.

Adorar, adorar, lo que se dice adorar, sólo a Dios, Sunsi. Pero querer a un perro, sí se le quiere. Distinto, como digo, es otra liga, pero es una liga.

Miras a tu perra a los ojos, te mira ella. Y te quedas pensando en ese halo de tristezala de la mirada perruna. Una mirada la suya de incomprensión y a la vez de devoción. Las dos cosas. Son un misterio los animales.

Asier dijo...

Hola, Master.
He leido tu comentario sobre el amor platonico en casa de tu amiga Sunsi.
EXCELENTE, señorita. Pensamos exactamente lo mismo. pero lo expresas muy bien. Sera que las tragedias del menaje te agudizan la inspiracion.
Si es asi, me presento candidato para meterle una patada a tu microondas.
te dejo. Voy a currar, después de comerme un gratin dauphinois con patatas dulces y pato que me ha hecho la doña y que me va a costar varios dias de remordimientos.
PD: Hasta ahora la tia odiaba hacer la cocina y la hacia yo en defensa propia. Sera que San retorio ha escuchado mis plegarias? Que sorpreson me he llevado!!!

ana dijo...

Hola Máster... qué bien que ya puedes estar con tu prado en ebullición.

Yo, confieso que soy muy cobarde. Jamás he podido ver cómo matan a los animales. He visto realizar la matanza, hace muchos años... y el sonido del cochinillo aún no se me ha olvidado. Y también alguna vez vi darle el estacazo a los pobres conejos... (soy una chica de pueblo), ese golpe seco tampoco lo he olvidado... creo que por eso el conejo no lo como ni a tiros... no lo he probado nunca. No puedo.

Incluso hoy, no puedo comer los animales que he conocido vivos... es superior a mí. No digo animales cercanos... sino simplemente que los haya visto vivos. Yo tengo que verlo todo YA en la cazuela... y aún así, si distingo... no puedo comerlo.

En Navidades si puedo no piso por la cocina... mi familia ya me avisa... "no vayas a la cocina"... por si me encuentro al pobre lechazo así... tan desnudo ya ...
Soy una auténtica tiquismikis. Vamos... no vuelvo yo a ver una matanza en mi vida... allá me den el oro y el moro.

Uff... actualmente, la única carne que me "pasa" es un filete, los trozos de carne... y las costillas.

... y no es que me guste o no me guste. Es que no puedo. Que no me pasa, por muy rica que esté la carne.

Cosas de la vida.

Jose María dijo...

Mi abuela mataba a las gallinas y conejos de otro modo. Varias veces vi cómo lo hacía: sin que el animal se enterase. Mi abuela mataba a los animales con una maestría que todavía me asombra. No sólo no sufrían. Es ni se enteraban. Recuerdo el último pollo que mató. Lo colocó en su regazo, lo acarició tranquilamente hasta que el pollo se quedó medio adormecido y completamente relajado. Entonces, mi abuela, en medio segundo, le estiró el cuello y se lo rompió. Fin del pollo.
Después, lo apioló para que se fuera desangrando, le quitó las plumas, lo fue limpiando...
Al día siguiente nos comimos ese fantástico pollo tomatero.

Máster en Nubes dijo...

Gracias, Asier. Asumo que quien ha estado enamorado y ha querido -en pasado o en presente, da igual- pues eso, que llegamos a conclusiones parecidas.
Oye, dile a Emile que yo quiero pato también y las patatas esas que me encantan, a ver si hay suerte. Yo estoy haciendo ahora alubias para mañana.

Ana, eres más sensible que yo, he visto matar al pavo en casa de mi abuela, perseguirlo borracho, descabezado y todos corriendo. En cambio odio muchas fiestas con toros haciéndoles barrabasadas, no me gustan nada. No hablo de la Fiesta, sino de otras cosas...

Hombre, si he acunado al corderito en mi regazo pues creo que me costaría comérmelo, pero si no es así me lo como. Y al ciervo, el cerdo, el pollo, el pato. Necesito carne, qué le voy a hacer.

Jose María, bienvenido. Jo tu abuela es que los hiptnotizaba, mesmerizing que dicen los british...

Margalida dijo...

Máster, he vivido en la época de que se mataba una gallina o pato el sábado y era la carne de la semana además de la del cerdo de la matanza que se solía hacer una vez al año.
Nunca soporté quitarles las plumas ni a los pajaritos ni a los de pluma grande.

Ultimamente creo que incluso voy a aborrecer comer caracoles.

Máster en Nubes dijo...

Margalida ¡qué ilusión tú aquí! Estuve con el pc fastidiado unos días y hoy intenté entrar en tu bitácora y no estaba. ¿Qué pasó? Con lo que me gustaba leerte. Por favor, vuelve. Esas fotos, esas entradas cortas pero tan sustanciosas. Ya se lo he dicho a Outsider Friar, ayudabas a rezar, fíjate tú qué cosas.

Gracias por venir.

Sunsi dijo...

Máster. Concluyo de tu post y de los comentarios. Me he saltado un tramo de la cadena de los seres vivos: la vida de los animales no racionales. Salto de la vida vegetativa a la humana. Necesito el mar, la vegetación , el viento, el sol, la lluvia, las personas...

Me gustaría llegar al final de mis días sabiendo apreciar esa vida instintiva de los animales. Es mi asignatura pendiente.

En casa se mueren por tener perro. El obstáculo es mamá.
Tal ve algún día te pueda contar que adoptamos uno y que el ciclo de la vida es completo.

Besos

Máster en Nubes dijo...

Sunsi, te aprecio mucho. Y como te aprecio te lo digo: ni se te ocurra tener un perro. Conozco CIENES de casos como el tuyo. Luego quien cuida del perro es la "mamá", la "mamma", "mother", "mére", o sea, la de siempre.

Ni hablar del peluquín que nos conocemos todos. Salvo que tú quieras el perro para ti, no TENGAS UN PERRO que acabas tú con más curro y los demás diciendo que qué mono pero sin dar un palo al agua.

Siento ser tan pragmática. Me odiarán Jesús y tus hijos, pero es que lo veo venir.

Sunsi dijo...

Gracias, guapa. Justo ése es mi argumento. Yo les digo..."si no estáis en el cole, estudiáis... y si no, tenéis planes...¿quién se ocuparía del perro?" Como no hat respuesta, es obvio que sería yo.

Casi cada semana tenemos la oportunidad de adoptar uno. Vivimos en una zona que todo el mundo tiene perro. Calcula la de veces que egrimoe argumento.

Besos

Jose A. dijo...

Mi abuela también era una artista matando pollos, pavos y conejos. En Orihuela (tu pueblo y el mío) se compraban vivos en el mercado de los martes y se solían tener en casa (en el patio) hasta el día de la ejecución. Con mi abuela aprendí a matar conejos. Ella les daba un certero golpe en la nuca con el mazo del mortero y, tengo que decir que sufrir no sufrían porque se iban en un plis plás derechitos para el otro barrio. A porpósito, C.S. Lewis tenía una teoría sobre el carácter sempiterno de la vida de los bichos. Creía que las mascotas se reunirían con su amo en el más allá. La verdad, no lo podía fundamentar teológicamente pero calmaba las preocupaciones de sus ancianas lectoras.

Máster en Nubes dijo...

Buenas, Jose A, leeré a Lewis y consideraré que yo también soy una anciana lectora con preocupaciones al respecto. Preocupaciones menores, pero preocupaciones al fin y al cabo. Ja ja...

No, si acabaré como una excéntrica inglesa, lo veo venir...