Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 12 de julio de 2011

Caipirinha (De flores y gallos) (1 de 5)



Los sábados por la tarde se acicalan muchas flores. Es el día que libran y por eso están una o dos horas, las que hagan falta, frente al espejo adornándose con otras flores amigas. A ellas les divierte más hacerlo así, en comanda.




–¿Me pongo esto o lo otro?




–Déjame que te pinte yo los ojos, que te quiero hacer bien la raya…




–Pues yo, la verdad, te veo más bonita con los pantalones ajustados estos que con la minifalda…




Risas y muchos nervios, a las flores les encanta desplegar sus encantos, salir juntas y mostrar que son eso, flores, y que tienen todo lo que ellas tienen: pétalos en su sitio, más o menos apretados, tallos bien perfilados, estambres y pistilos largos, y corolas entreabiertas como corresponde, ni de par en par, ni tampoco del todo cerradas. Exhiben sobre todo sus colores tan variados, cada una su tono y matiz: cien rosas distintos, doscientas clases de naranja, muchos rojos, violetas, amarillos, azules y hasta malvas. Y ese olor, el suyo, ninguno igual a otro, fragancia de flores y de cada flor, aroma de canela en rama, de azahar o de limón, de ámbar, alhelí o nardo, de vainilla o musgo, hasta de lluvia y tierra mojada. ¡Ay, cómo me gustan todos esos colores y perfumes, mi Dios bendito, cómo me encantan!



También el sábado se pasean por la calle los gallos. Estiran el cuello algunos porque quisieran parecer más altos, y todos, sin excepción, para otear el horizonte y ver mejor a las flores o a una flor en concreto si se llega a dar el caso. Luego, en cambio, bajan los gallos la cabeza y picotean a menudo en la tierra escarbando, buscando algo que pueden encontrar si se afanan un poco, si ponen verdadero interés, vamos. Cantan a veces esos machos y cacarean a su tiempo, o incluso a destiempo, no siempre van acompasados. En fin, también se entretienen algunos gallos mostrando su plumaje, para acabar por acercarse a las flores cuando les dejan y pueden. También cuando ellos saben hacerlo o les han enseñado.



(¿Te ha gustado? El cuento completo está en Trabalibros)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Realmente hablan así los peruanos, en esa prosa que parece verso?

Aurora Pimentel Igea dijo...

Algunos peruanos hablan poético, pero el modo de escribir esto es simplemente eso, un modo. Gracias por la lectura, anónimo, y por el comentario.