Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

jueves, 14 de julio de 2011

Caipirinha (De flores y gallos) ( 4 de 5)





Fue hace dos sábados.
Tuve que entrar en la discoteca y dejar la puerta sola porque llamaron los de seguridad de la sala, “Manuel Alejandro, te necesitamos…”, me dijeron.


Algunos clientes se ponen nerviosos: que si has mirado o no has mirado, que a mí mi flor no me la roba nadie, a ver si te parto la cara, que si te he dicho, mujer, que así no bailes... El alcohol o el cansancio de la semana hacen a veces más que los celos y estas peleas ocurren con frecuencia para terror de las flores, aunque la indiferencia puede ser lo más doloroso para algunas de ellas, o la falta de nervio real de un gallo, según he comprobado. Pero claro, ésta es la opinión de un gallo, aunque está fundamentada en lo que
a veces veo : mujeres tristes, apagadas, porque no les hacen caso, porque no se muestra el interés que ellas merecen.

Pasé dentro a ver si hacía falta sacar a alguien, pero todo ya se había calmado. Algunos al final son más fáciles de apaciguar de lo que parece. Se quedan dormidos, agotados en un rincón, y se les pasa. Me quedé en la barra un rato, eran las dos y media de la mañana. No había gente fuera esperando para entrar, pedí una copa con calma. Sé que no debo beber mientras estoy de servicio, pero por un día no me van a llamar la atención ni pasa nada. A mi lado un gallo de los que no saben y escarban y escarban buscando lo que no encuentran, se quejaba a otro, también, al parecer, de los expertos en cacareadas. Furiosos los dos estaban.


Me ha dicho que no la de la minifalda y las botas altas esa, la muy…” decía el primer gallo.


¿Cómo que no?, ¿qué no te daba el teléfono te ha dicho?, pero, ¿por qué?...” le preguntaba el otro intrigado.


Que está muy ocupada, y que si no he demostrado interés real con algo más que miradas de lejos en cuatro horas en las que ella ha estado bailando, pues que ya cabe esperar de mí poco o nada… Que sólo he hablado con ella al final para pedirle el teléfono como gran hazaña, y que no me lo iba a dar para tener que esperar cuatro o siete días a que le llamara y otro fin de semana perdido… que ella no está para retrasos. En resumen, que no, gracias” contó el pavo apesadumbrado

“Será puta la tía esa, será guarra…” dijo el otro como para consolarle.

(¿Te ha gustado? El cuento completo está en Trabalibros)

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