Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Tolerancia a la frustración


Jo, qué titulo. En román paladín: aguantar que las cosas no salgan como uno espera. Y seguir adelante. Sin traumas y sin ingenuidades. Aceptando el fracaso, reconociéndolo. Si fuera posible, con sentido del humor.

Me dio Pepa el tema. Sí. Los finales felices son estupendos, pero la vida es más complicada que un "boy meets girl, kills the bad and gets the girl".

Hace años hice la crítica de "Inteligencia Emocional" de Daniel Goleman. Me pareció interesante, pero muy simplista. Es cierto que hay que aprender a canalizar las emociones y que gente "muy lista" fracasa en la vida por un tema emocional.

Pero los consejos de Goleman servían lo mismo para un manipulador que para un santo, la verdad. Puro utilitarismo, interesante sí, pero se le escapan tantas cosas. No es todo cuestión de voluntad, por Dios bendito. Ni olvidar la voluntad ni sacralizarla.

Los yankees están muy proecoupados por el fracaso. Les descoloca. Lo he discutido hasta la saciedad con amigos al otro lado del Atlántico. "Haz el bien, se bueno, y entonces Dios te premiará." Joer tíos, que no. Leed a Santa Teresa "Dios mío, no me extraña que tengas tantos enemigos si a los amigos los tratas tan mal".

Hombre, tampoco hay que ser tan irónica, aunque en el fondo sí, pero la vida nos demuestra que hay gente que hace todo el bien que puede y todo lo bien que puede y las cosas le salen fatal. Y que los lerdos como los globos suben y suben, como los malos. ¿Y qué?

No hace falta ser católico, ni cristiano, para ver esto, sólo abrir los ojos. Hace falta ser poeta o católico para sobrellevarlo con elegancia y sin que se te lleven los demonios de cada vez.

A ver si vamos a ser idiotas y pensar que el que vale y se esfuerza es recompensado en esta tierra: hace falta ser simple. Para no estar todo el santo día cabreao con este tema sí conviene cierta dosis de poesía o fe. O sentido del humor, ambas lo dan.

Admiro a los yankees en un montón de cosas, me encanta su modo de trabajar sin jerarquias, ese "we can make it" sin tanta ceremonia, su movilidad social que en comparación con el clasismo español es una delicia. Para trabajar en empresa prefiero a los yankees por goleada. Siempre.

Pero me fallan en cuanto hablamos del éxito. Lo tienen grabado a fuego. Y eso que para ellos el fracaso es una escuela de aprendizaje y pueden montar 3 empresas y que las 3 se hundan y aquí no ha pasado nada, algo que en España es impensable, desde los 17 tenemos que tener claro ya todo: un horror.

Pero claro, en EEUU no pasa nada si al final "triunfas". Su mundo se divide a veces entre "populares" y "exitosos" y "fracasados" o "perdedores" (loosers), el peor adjetivo que pueden utilizar. Y lo manejan de continuo: en la escuela, en el mundo laboral, es el gran estigma ser un "looser". Es una sociedad que no tiene lugar para lo que ellos consideran "perdedores", y elabora miles de teorías para explicar por qué existen.

Tolerancia a la frustración. Puse todo de mi parte para algo y salió mal. Fracasé. Reconozco que fracasé. No pasa nada. Santa paz.

No hay un error, el fracaso a veces ocurre: nos morimos no porque hayamos fumado o comido cerdo, un novio nos deja en la estacada y no sólo porque hayamos hecho algo mal, hijos de padres amantísmos caen en la droga.

Perdón, la libertad existe. El mal no es cuestión simepre de algo que hicimos "mal".

No hace falta ser popular, tampoco es importante si los demás ven o no tu fracaso, ni siquiera tu éxito, sea lo que sea éste. Las cruces se llevan en silencio muchas veces, están tan ocultas que ni se lo imaginan. Y los éxitos también, ni importan, no los tomas como tales.

Mala cosa que las jóvenes generaciones no puedan tener un suspenso no vaya a ser que se traumen. Que no puedan tener un no de lo que sea, que echen balones fuera todo el santo día ante un fracaso: el profe me tiene manía, tengo problemas y no pude estudiar, lo que nos enseñan no sirven. Demasiada autoestima a veces: nos hemos pasado.

A los adultos nos suspenden muchos días, sabemos que no damos el 2, y aquí seguimos. Erre que erre. Reconociendo nuestro fracaso y volviendo a intentarlo. Nos dicen no muchas personas. Y seguimos.

Aceptar un no como respuesta ayuda a madurar. No pasa nada.

No es el otro un tonto o no nos entiende: simplemente nos dijo que no. La gente es libre. Y puede decir que no. Decirnos que no.

Más sobre mujeres ratón II) Carta de una desconocida


Con este frío que hace hay que buscar cobijo cerca de una mujer ratón. O en la literatura. O en la chimenea. O en las tres, si se puede.

Las mujeres ratón, decía, son aquellas que sin ruido construyen hogar. No en el sentido real, que también, en torno a ellas, en su propio corazón, allí donde otros nos podemos sentar cómodamente.

Dan calorcito, reúnen a veces restos que nadie quiere, y de repente te encuentras ahí prendida de ellas y con las pantuflas en el sillón que te han puesto. Tan ricamente.

Dan paz las mujeres ratón, aunque a veces, porque no son tontas, plantéen alguna batalla que otra. No se van a dejar ganar el terreno que con tanta paciencia han roído: años trabajando a la sombra y tras la despensa. Hacen bien.

Hay muchos tipos de mujeres ratón en cualquier caso.

Las hay risueñas y cantarinas, las hay más serenas y tranquilas, incluso coquetas, pero no frívolas. Y a veces pasan rachas: más alegría, menos, necesitan respirar y no pueden hacer ni croquetas. No pasa nada. Sabemos bien que las mujeres ratón son eso, y no nos sorprende su debilidad, nos acoge también. La debilidad acoge si se muestra con naturalidad.

Hay algunas historias muy tristes sobre mujeres ratón, conmovedoras, que no siempre acaban bien.

Jane Eyre, prototipo de mujer ratón sobre la que escribí, termina bien, pero hay otras que no.

La vida no siempre acaba bien. O lo que a nosotros nos parece bien. Y no pasa nada.

Bueno, sí, pasa, pero gracias a eso, leemos cosas magistrales o vivimos en carne propia algunos momentos que no pedían un final feliz, sino triste, con una tristeza suave y hasta cálida que nos conforta.

"Carta de una desconocida," la novela de Zweig, es un caso de mujer ratón tan bonito, de tanta delicadeza, que como Jane Eyre vuelvo a leer una y otra vez. Me encanta.

La película de Max Olphus sobre la novela es otra joya. De nuevo esa actriz de "Rebeca", Joan Fontaine.

Delicada, suave, etérea, enamorada hasta los tuétanos desde que era una niña de un músico mujeriego y, peor, frívolo. (Perdón, pero es que además Louis Jourdan era un cursi, y da el tipo cursi fenomenal).

Ni a los pies le llega él a ella, ni puede sospechar, ni imaginar, ese amor fiel y constante de ella, tan secreto. Ese es el milagro de algunas mujeres ratón que aman a quien no les merece.

Bien pensado ¿alguien merece a alguien? No sé, pienso que nada es merecimiento, todo es don y gracia. En el amor de las mujeres ratón también. En el amor en general también.

No, no voy a destripar ni la novela ni la película. Día hoy estupendo para leer y ver buen cine.

Stephen Zweig es un autor genial, y antes de que El Acantilado volviera a publicar (casi) todos sus libros, mi tío Paco y mi padre me descubrieron al autor. Y con él a esa mujer ratón de mirada tan tímida y corazón tan fuerte que es Lisa, finura de alma en esa Europa que no volveremos a ver hecha de música, caballeros y damas refinadas. También de dolor e injusticias, lo sé.

Cuando una mujer ratón se toma unos días para ella, o la vida se los da, disfruta del gran regalo de la literatura que nos hace estar menos solos, pese al acto tan solitario que es leer.

Hermana ratona, tu casa ya está puesta hace mucho tiempo, el fuego no se apagará porque te eches la siesta una temporada. Tienes bien hechos los túneles y el nido.

viernes, 28 de noviembre de 2008

You can't scare me, I have children. 1) JP, el ideólogo


Bordada estaba esta advertencia en un almohadon que he visto en una almoneda. He dicho que me lo reserven, lo voy a poner en casa.

"No puedes asustarme, tengo niños". Qué gran verdad.

El domingo pasado tuve en casa a 15 personas. Nueve adultos, seis niños.

Venía mi prima Asun con su hijo Serguei, ruso de nacimiento, seis años. Rubio y peligroso. Nunca des la espalda a Serguei.

Venía tambien Candela, maternal, 11 años, siempre cuidando a los más pequeños, es igual que su abuela Modesta. Lo siento, Concha, ha salido a la familia de su padre: son pacíficos y no discuten.

Sabiendo que los niños como se lo pasan mejor es con más niños, invité a Eva y a Carlos y a sus cuatro hijos: Regina (9), Miguel (7), Pilu (4) y Juan Pablo (10 meses).

El día fue memorable.

Tenía cocido preparado, pero como yo una vez que me sacan de cocinar para 6 ya no calculo -no tengo sentido de la medida ni sé trabajar a escala- hice para 32. Y encima me trajeron postres y aperitivos varios: he tenido para toda la semana.

Mi prima Concha y Asun estuvieron al quite, fregando, recogiendo, limpiando. Tinchu, Miriam y Ana vinieron también, botellas de vino a discreción (gracias, Tinchu) y un cuadro pintado por Ana que he colocado en lugar preferente. Guitar o la Navy controlaba todo, capitan Hadock a quien tanto quiero.

Niños. Joer con los niños. Qué alegría que meten.

Nosotros estábamos en casa, ellos en el jardín, comieron antes. Era el trato, así luego nosotros tranquilitos.

Yo creo que Juan Pablo, JP en adelante, fue el ideólogo de todo. Estoy segura.

Así desde la sillita iba dirigiendo la operación "casita de madera - be destroyed".

Suele pasar. Los que parecen más inofensivos son los peores, son los capos, el hombre en la sombra. Y ellos se van de rositas. JP, no te hagas el tonto, sé que fuiste tú.

Tengo una casa de madera con camitas, cocinita y más cosas en el jardín. Era de las 3 niñas que vivían antes. La dueña me la dejó. Y es, con Olimpia, la gran atracción de mi casa.

Por cierto, los niños de Eva y Carlos tenían pavor de la perra. La saqué poco a poco y en una hora Miguel la paseaba orgulloso. Regina ya podía con ella. Y la única que necesita un poco más de tiempo es Pilu. Con JP no problem: a Oli le gustan los potitos y JP le cedía su parte encantado.

Salimos a dar una vuelta después de comer, volvimos a casa, les había dicho a todos que las 6 los echaba. Soy así de borde, pero sobre todo es que tenía que trabajar (por vaga no había hecho antes lo que tenía que hacer).

A las 6.30 me quedé sola en casa. La casita de muñecas con 3 tablones despegados, un banquito de la puerta también roto. Miriam me ayudará a arreglarlo. Para eso están las cosas, para que se rompan y se vuelvan a arreglar.

A las 6.30 estaba yo diciéndome "qué a gusto estoy sola", la verdad. Es la verdad.

"Yo, mi casa, mi perra, mi blog, mi trabajo, mis libros, mi, mi, mi, mi"...

Uf.

A las 8.30 ya les estaba echando de menos: quien me entienda que me compre.

Estoy deseando que vengan otra vez. De verdad.

Pero por favor, Eva, Carlos, JP controlado, que luego organiza este tipo de cosas: es como el Padrino.

Y traeros a Maru, que me río mucho con las embarazadas. Y encima tiene niños.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Arreglarse y la comunión de los santos


Uno de los problemas de venirse a vivir al campo y no tener que bajar a Madrid a trabajar es que una puede dejarse de la mano de Dios. En todos los sentidos.

Dejarse de la mano de Dios puede ser muchas cosas, ninguna buena.

La primera que viene a la mente es no arreglarse nada, todavía menos. Tentación para algunas mujeres muy fuerte. Te vistes, claro, ni se te ocurre lo del chandal, pero si ya pasabas antes del tacón ni te cuento aquí entre vacas y con frío.

Puedes acabar siendo como esas inglesas que no van a la peluquería jamás, llevan botas de Paddington todo el tiempo y se acaban pareciendo más a un caballo que a una mujer. Tipo Camila.

La segunda es que puedes construirte un castillito: "tus" libros, "tu" casa, "tu" trabajo, "tu" música, "tu" perra, incluso "tus" amigos. Pero todo en su huequito bien delimitado y tú en el centro. Mala cosa los huecos, lo sé, peor ser el centro.

Se corre el peligro de tener o mantener las relaciones por teléfono o por internet, acabar por no quedar con la gente ni mirarse a los ojos y escucharse con un vino delante. También, aunque te veas, tenerlo todo "organizado", controlado, en su sitio. Y no.

Yo creo que las personas nos hacemos en cierta soledad, pero también en comunidad. Primero en comunidad. Sin ella no somos nada. O somos muy poco.

Suena como raro lo de comunidad, pero a mí me encanta la palabra.

Comunidad que no es uniformidad, es algo común, pero luego roce, caos, chispas. No es uno la comunidad, no es Uno. No pasa nada.

Comunidad, común, comunión.

La fe tiene una parte de soledad, de creer de modo individual, pero desde luego tiene una parte fundamental de comunidad, de comunidad de creyentes. De personas que rezan unidas, a distancia a veces unas de otras, pero también que se ocupan por otras, con acciones limitadas siempre. A veces sólo podemos estar, presentes o en la distancia. Dar calor, ánimo, poco más.

Me ha gustado mucho siempre saber, como dice Salinas, que otras personas piensan en tí, que tú piensas en otras personas. "¡Que alegría, vivir sintiéndose vivido! Rendirse a la gran certidumbre, oscuramente, de que otro ser, fuera de mí, muy lejos, me está viviendo".

Esto es la amistad, sentir que otras personas te viven y tú las vives: ves una vaca y te acuerdas de una amiga.

Lo siento, ha quedado fatal, muy escasamente poético.

Quería decir que te acuerdas de personas concretas viendo cosas que piensas que les haría gracia.

Y estás deseando que llamen, o les llamas tú, para contarles cosas, también para verte con ellos este fin de semana o entre semana, cuando sea.

Comunión. Comunión de los santos.

Santos se llamaban antes los cristianos unos a otros. "Os saludan los santos de tal sitio y os mandan tal encargo". ¿Por qué sería? Me encanta la expresión, porque se ve que no es que fueran de perfectos, era como otra cosa, tendré que averiguar por qué se llamaban así.

Comunión de los santos.

Comunidad de bienes, los que recibimos cada uno, muchos son. Pero no es eso, es más. Es comunicar, pero en el sentido más profundo.

Los profesionales de esto de la comunicación sabemos lo pobres que son nuestras herramientas. Son una caca, la verdad. Decimos poco. Comunicamos menos.

Lo importante no se puede comunicar como lo hacemos.

Lo importante se comunica sin palabras, de persona a persona, no con los "medios de comunicación de masas", todo un contrasentido: si es comunicación, no puede haber masa, elemental mi querido Watson.

Estar en comunión con personas determinadas, concretas. De verdad. Quererlo de verdad.

Rezar por ellas ¿qué narices es rezar por alguien, se preguntaba un día Suso Ares?

Yo me lo pregunto hoy.

¿Qué narices hago cuando rezo, y qué hago en concreto cuando intento rezar con alguien, por alguien?

No tengo la respuesta, la verdad. No la tengo. Sólo tengo la intención. En el corazón.

Estoy en el Boalo, pero no estoy sola. Saludo a muchos santos, muy variados.

Y a la vez, tengo la intención de pintarme todos los días, porque no quiero dar miedo ni convertirme en un caballo.

Empiezo por lo que es más fácil, lo sé.

Y en lo demás seguiré, con paz, sin castillo ni interior ni exterior. En comunión desde el corazón.

Gracias por estar ahí, santos.

PD: Dudaba en la música. Tenía que ser The Boss, es el Jefe. Otra cosa era elegir entre "Jacob's ladder", que me encanta -la historia y la canción-, "When the saints go marching in" que tiene tela... y la que al final he puesto "This little light of mine" porque es en Dublín... ¿se puede pedir más a la vida que The Boss en Dublín con una banda de músicos propios e invitados alucinantes y cantando este clásico de gospel? Creo que no.

Vagos

Las personas muy activas tienen a menudo la reputación de gente diligente y trabajadora. Pero a veces no es verdad.

En algunos casos, bajo la actividad y la atención a tanto frente, se esconde un vago de tomo y lomo que lo que no quiere es concentrarse en nada.

Lo realmente cansado es aplicarse en cuerpo y alma en una sola cosa varias horas, días, meses, años. Es cierto que se tiene menos estrés, pero también que al final cuesta más.

El vago calcula bien: mejor saltar de acá para allá, aunque implique cierta trepidación, y, en cambio, no sacar a pulso unas pocas tareas, esas que requieren tiempo, paciencia y dedicación de artesano.

A veces además el vago nació con suerte, le puede costar la mayoría de las cosas que emprende relativamente poco. Lo que supone que al final hará casi todo rápido para hacer así lo menos posible. Y rara vez se dedicará a una tarea que le parezca más complicada o pesada si puede evitarlo, salvo que suponga un reto o le divierta la novedad. Ahí sí: hay algunos vagos amantes del riesgo y curiosos.

Lo que realmente le gusta al vago es no hacer nada o, lo que es lo mismo, hacer varias cosas a la vez, tener todo empantanado con tareas empezadas y sin terminar. A menudo dice que se entiende en su propio desorden: hace falta valor, especialmente cuando pierde todo el tiempo que gana por otro lado buscando x o y. Sin mencionar el tiempo que hacen perder a otros, todavía peor.

Algunos vagos posponen continuamente las cosas que les parecen aburridas o complejas. Pero lo malo es cuando se dan cuenta -ya es faena- que incluso algunas de esas se pueden hacer rápido y hasta pasablemente bien cuando ya se ven abocados a hacerlas. Como apuren hasta el final la fecha límite de entrega, y puedan sobrevivir a ella a pesar de la presión, seguirán posponiendo todo no ya hasta el último día, hasta el último minuto y sin perder los papeles.

Y si el cliente o su jefe está contento ¿quién es el vago para sacarles de su error? Nadie.

Ser vago y además desordenado, inquieto e indisciplinado, se puede disimular bajo la idea, más falsa que Judas, de que uno es creativo, que necesita el cambio constante y ese tipo de ritmo y caos para hacer las cosas a su modo. Vaya cara dura que tienen algunos: de cemento armado.

Me llamo Aurora P. I. y soy vaga, muy vaga. Lo confieso como si fuera una reunión de alcohólicos anónimos. Hay que reconocerlo. Y pedir perdón a quienes nos han sufrido o sufren y se dan cuenta. Otros viven en la inopia tan contentos pensando que somos unos currantes natos. Felices ellos.

PD: Pongo el vídeo que me manda Cordobés, una aportación de la psicología para que los vagos nos llamemos otras cosas
video

martes, 25 de noviembre de 2008

Slow Food y el pan de cada día


Slow Food. Hay un movimiento, nacido en Italia, y al que se han adherido franceses y algún que otro español, para promover una vuelta a la lentitud de las comidas y, más allá, a una cierta recuperación de los ritmos de antaño: más lento, menos precipitado, saboreando todo más, y no sólo la comida.

Está bien, pero no es tan fácil.

La verdad es que hacemos hoy muchas cosas, muy variadas, quizás demasiadas.

No es sólo trabajar, que hay horarios y dedicaciones infernales, es además todo lo que hay que hacer. Porque no somos máquinas, sino personas que comemos, dormimos y vivimos en una casa que hay que mantener. Y a veces se tienen hijos, padres, otras personas de las que uno se ocupa.

La logística material y humana lleva tiempo, y eso que hemos reducido esfuerzo y tiempos.

Pero todavía hay que comprar para tener que comer -aunque lo hagas por internet a veces- hay que cocinar, limpiar, lavar, planchar: las tareas domésticas llevan su tiempo, aunque las reduzcas y simplifiques.

Hace unos años una amiga mía me decía de un profesor "jo, cuánto escribe, como le cunde". No me gusta quitar mérito, pero se lo dije con toda sinceridad: "Lo siento, pero esta persona no dedica 2 o 3 horas a su casa todos los días, 2 o 3 horas que son para escribir, por ejemplo, o leer, todos los santos días. ¿Te imaginas que de repente tú tuvieras todos los días 3 horas para escribir o leer? Tres tesis doctorales te hubieran salido ya".

Llamar cuando se estropean las cosas, estar cuando vienen a arreglarlas, llevar el coche a la revisión, ir al médico -o acompañar a otros- porque hay que verse eso o lo otro, hacer y pagar los impuestos, abrir los extractos del banco y estar un poco al tanto, la lista es innumerable. Todo eso también lleva tiempo.

Añade ese tiempo al laboral y se explica nuestra cara de velocidad, nuestras prisas muchas veces. El tiempo no es elástico, es limitado.

Y no menciono lo que lleva en términos de tiempo atender niños o personas mayores. No son 2 o 3 horas diarias, es mucho más. Decía un amigo mío que los niños son cronófagos. Más cuando son más pequeños, pero me dicen mis amigas que también luego: ir y llevar en coche al colegio, ir a ver al profesor, escuchar, estar, etc. Es todo el día.

Por eso, y con todos mis respetos, cuando se critica que hoy vamos con muchas prisas, especialmente las mujeres, creo que habría que recordar que se va con muchas prisas porque se tienen que hacer muchas cosas, más que antes. Aunque en casa se hayan simplificado las cosas, hacemos más, se atienden más frentes que se han hecho más complejos, pienso a veces.

El movimiento ese del slow food o las loas generales a la lentitud, que no son malas en sí, revelan a veces que quien las escribe o proclama está poco en el mundo real. Es un poco teórico de la cosa del tiempo, no un práctico, casi seguro que no tiene que llevar una casa. Porque la mayoría de las personas se pueden permitir cierta lentitud el fin de semana, pero entre semana ¡vuelan!

En el mundo real hay que trabajar para ganar un sueldo y ocuparse para que las casas no se caigan y las personas, que son los más importantes, sigan adelante alimentadas, cuidadas, vestidas, atendidas, etc.

También pienso muchas veces que todo esto, que es motivo a veces de prisas, agobios y algo de cansancio, te da un sentido más exacto de las cosas.

No envidio a quien no las tiene que hacer, la verdad, creo que es mejor estar en la logística de cada día.

Nuestro pan de cada día, dánosle hoy. Y dinos cómo se gana, que no es sólo en la oficina.

domingo, 23 de noviembre de 2008

"La mujer", ese tema. 3) No es sólo machismo


Manipuladoras, manipuladores. No es cuestión de sexo, sino de personas que hacen palanca por donde pueden, que les gusta que el mundo gire a su alrededor y se aprovechan de las fortalezas o debilidades propias o las de los demás. De ambas.

Creo por eso que más que "violencia machista" hay que diferenciar entre un tío que es machista de cabeza y/o acción, de un hombre que es un maltratador, sea machista o no. Puede ser que detrás de un maltratador no haya un machista siempre.

No es lo mismo ser machista que ser un maltratador. No todo hombre es machista. No todo machista es un maltratador. No todo maltratador lo es por ser machista. Recordar estas simples ecuaciones no está de más: hay tal psicosis con el tema que acabamos confundiendo las churras con las merinas.

Pienso que no se atina con la prevención ni con la solución al grave problema de los malos tratos entre otras razones por un tema de enfoque y del discurso que subyace en muchos casos a todo esto.

El machista por convicción suele ser un hombre limitado en inteligencia: inteligencia práctica, emocional, social, las importantes. Hace falta ser muy tonto para pensar que los hombres son mejores (también para pensar que las mujeres lo son, otra estupidez más).

Creo sin embargo que habitualmente por convicción hay menos hombres machistas de lo que parece. No es machismo, es otra cosa.

A nivel doméstico lo que pasa es que es más cómodo en la vida diaria dejar que otros hagan determinados trabajos: o sea, hay mucho supuesto machista que simplemente es un vago y tiene morro, prefiere no saber ni aprender de logística doméstica, o le ha pillado mayor, también pasa.

Creo que en el ámbito público mucho falso machista es un trepa y quiere subir en la empresa y si puedes pisar a una tía la pisa, pero también pisaría un tío, no es cuestión de sexo. O un cara: si puede no subirte el sueldo, no lo hará.

O sea, creo que más que machistas fetén, lo que hay es listillos, caraduras.

Y luego creo que hay otro tipo, que puede o no creer en la inferioridad de la mujer, pero en lo que sí cree en su superioridad como individuo.

Como mujeres: en lo que creen es en su superioridad como personas.

Estos individuos (ellos y ellas) se suelen cebar en quienes pueden. Fuera o dentro de su casa. Y como ocurre que fuera a veces es más complicado, pues es dentro de casa, donde por razones diversas tenemos otros pactos, costumbres, otra manera de relacionarnos: estamos menos protegidos todos, mas desvalidos.

Estos individuos -hombres y mujeres- buscan a personas que, por lo que sea, tienen un perfil determinado, el adecuado para que ellos puedan ejercer su poder, su manipulación.

Un maltratador hombre así busca a una mujer que no tenga autoestima (o sea fácil de minar), a veces que le vea a él como un salvador (es posible que económico, pero sobre todo emocional), un rescatador, que le sea dependiente de algún modo.

Algunas mujeres son el caldo ideal de este tipo de hombres por razones diversas: por educación o trayectoria creen que sin un hombre no eres nadie; es posible que quieran salir de casa de sus padres o de una relación anterior o de la soledad; y hasta puede ser que, siendo una tía supuestamente independiente, que se gana la vida, tiene amigos y tal, se quede fascinada con el tipo, se enganche. Pasa. Los canallas tienen buena prensa, parecen más divertidos, etc.

El tipo la puede zurrar, pero antes ha desarrollado todo un maltrato psicológico para dejarla sin agarraderas. A veces sólo se queda en eso: una mujer atemorizada de algún modo, sometida, no la han pegado pero le aguanta al sujeto carros y carretas.

En el caso de las mujeres manipuladoras, no maltratadoras físicas, porque nos es difícil darle a un tío una bofetada -en general, habrá excepciones-, la cosa corre por otro lado.

Hay mujeres que han sido educadas en que la manipulación es "el modo" de relacionarse con los tíos. Otras lo han aprendido: con leer el "Hola" basta, las revistas femeninas también aleccionan al respecto.

Algunos hombres a veces son más inocentes que un cubo. No tontos, inocentes. No hay nada como una dama en apuros, hacerse la víctima. Porque quedan caballeros que van, tachan tachán, donde piensa que se les necesita: es humano, pero es un truco elemental. O caen en la trampa de la adulación "Qué listo, qué guapo, qué divertido, qué simpatíco eres", otra cosa de libro, de manual de infantil. Hay otras manipulaciones tan básicas y antiguas que no hace falta ni mencionarlas.

Hay mujeres que despluman a un tipo por etapas o de una vez, económicamente pero también emocionalmente, se quedan con la casa y los niños, y encima van de pobres. Hay tipas de 4 horas de gimnasio y estética diarias que se permiten criticar en público a quien las mantiene en ese tren de vida. Hay mujeres eternamente quejosas, nunca están contentas, dan mandobles a diestro y siniestro: señal de su profunda insatisfacción interior vital. Hacen la vida imposible a quien tienen más cerca, practican la ley del embudo y alegan ser víctimas para salirse con la suya siempre.

En fin, hay muchas manipuladoras, muchos manipuladores, cada uno hace palanca por dónde puede.

Pero detrás de ellos algunas veces no hay machismo, hay un simple ególatra, a veces con algunas patologías o problemas adicionales (alcholismo, que hay mucho).

Y detrás de las manipuladoras hay también mucha pobre de verdad: no tienen ni idea de lo que es querer y que te quieran con y en libertad, posiblemente no han conocido otra cosa que la manipulación.
Mientras tanto las víctimas de malos tratos, las reales, están desprotegidas en muchos casos.

sábado, 22 de noviembre de 2008

"La mujer", ese tema. 2) Mínima inteligencia y mujeres normales


Lo cierto es que hay mucho machismo todavía. Lo hay. ¿Y cuál puede ser el mejor antídoto para esto? Una parte, no toda, es cuestión de dos condiciones: mínima inteligencia por parte del hombre y haberse rodeado de mujeres normales.
No suelen ser machistas los hombres que tienen dos dedos de frente y que han contado con: a)una madre, b)hermanas, c) amigas, o, todavía mucho mejor, c)una mujer a su lado, que simplemente sean mujeres normales, ni impresionantes ni malonas 100%.

Con ser una mujer normal, y que el tipo sea un poquito listo, tampoco un lumbreras, ya se dará cuenta él de que ser machista es una estupidez. Lo podrá ser por comodidad, pero no por convicción, y ese es otro tema.

Sabrá que la mujer que tuvo o tiene al lado es una persona. En general como él: grande y pequeña según le dé, limitada, de vez en cuando con aciertos, otras con fallos.

Como además, da la casualidad de que es persona-mujer, verá ese hombre que la tía en cuestión tiene algunas capacidades y limitaciones propias de su sexo, pocas en ambos casos.
Y será consciente también de otras capacidades y limitaciones de esa mujer que le vienen no por el hecho de ser mujer, sino por el tipo educación que tuvo, qué le pasó en la vida, lo que ha aprendido u olvidado, dónde se ha movido, en fin, un largo etcétera debido a la trayectoria vital. Es decir, como él, exactamente igual, aunque sean distintas esas capacidades y limitaciones.

Verá ese hombre que sea capaz de pensar un poquito, la igualdad esa radical entre hombre y mujer. Notará -esto sin pensar- también la diferencia. No solo de sexos, porque cada uno viene de su padre y de su madre. A nivel privado le hará una gracia enorme esa diferencia a veces, otras le desesperará, como a ella.
Y resolverán ambos esto de modo doméstico como mejor puedan. De modo público, habitualmente con chistes, conversación, algo de literatura y cine -porque se presta - y cachondeo, bastante más sano que un ministerio, de verdad. Sin dejar que nadie nos mangonée: ni los poderes públicos, ni tampoco un jefe o un colega, sea hombre o mujer.
Ahora bien, como el tipo sea tonto de remate y/o haya tenido la desgracia de no haber caído con una mujer a) b) c) o d) del tipo normal -que ya es mala suerte-, y haya dado siempre con tontas, regañonas, materialistas, frescas, canallas, Antoñita la Fantástica, insoportables, princesitas, o machistas ellas mismas -que las hay- eso desemboca fijo en un machista.

Tenemos unas expectativas y valores asentados en lo que hemos vivido, fundamentalmente en nuestra familia. También, y especialmente, por dónde pusimos el corazón tempranito. Cuesta desmontar a un machista si no tuvo alguna mujer normal en su vida. Y si la tuvo, pero el tipo es un idiota integral, entonces es un machista irrecuperable y un ministerio no hará nada por él.

Se puede decir: oye, pues con todos los machistas que hay, o hay pocas mujeres normales, o hay tipos que no dan el dos, o han tenido muy mala suerte. Pues sí, un poco de las tres cosas puede haber a veces, aunque creo también que comportamientos que identificamos como machistas no son cuestión de machismo, sino de otra cosa.
Precisamente porque las mujeres no somos mejores en sí, podemos ser malas todo el tiempo, ya es mala suerte para el que le toque, lo sé. Como los hombres.
El poder que ejercen esas malas o malos permanentes es fascinante. Y más el que ejercen a veces especialmente en el sexo contrario.

Hay mucha manipuladora, tantas como manipuladores. Y de esto va la siguiente y última entrada: de manipuladores y manipuladoras y otro par de cosas que me he dejado en el tintero. Y dije que "la mujer" no era un tema (¿?!!), joer si lo llega a ser.

"La mujer", ese tema. 1) Casi mejor que no


Hace 13 años estuve en una conferencia de Pekín convocada por Naciones Unidas. Sobre "la mujer" era. Así, en general y sin aditivos: "la mujer", un tema por sí mismo, a lo bestia. El cachondeo de mi familia fue monumental, lo sé.

Aprendí que las conferencias internacionales no sirven para casi nada y que las entidades no gubernamentales y sus foros paralelos en su mayoría son unos guirigays impresionantes. Todo una pérdida de tiempo en el mejor de los casos, la verdad.

Pero además, desde entonces recelo de todo lo que tenga que ver con estudios de género, con "la mujer", o "las mujeres", venga de donde venga.

Al final tanto desde el punto de vista llamémosle "progre", como desde la reacción conservadora o no conservadora, me suele espantar cualquier tipo de "posición". No creo que haga falta una "posición" sobre este "tema", que tampoco es un tema, creo que con sentido común basta.

Y sé que por h o por b, al final se ha hecho un discurso cursi en el que converge gente diversa por cuestión de corrección política. Un discurso que sirve para perder tiempo y habitualmente dinero del contribuyente, de las empresas también.

Para mí la mujer o las mujeres no somos un tema de conversación internacional, ni nacional. Prefiero mil veces ser un tema de conversación en el bar: creo que nos sale más barato, pero creo sobre todo que es más sano y desde luego más honrado.

No somos "alguien" para que nos hagan un ministerio. Ni cuotas. No creo en nada de esto. Y lo peor es que tampoco creo en lo contrario: en la defensa o reacción por algunas personas muy bien intencionadas que tachan a todo el feminismo de perverso y buscan esencialismos que no me acaban de convencer.

No creo en que en esencia seamos mejores ni peores. Sé que tenemos cierto cableado distinto, físico y de cabeza. Esto, que es de 1º de básica, se olvida o niega hoy con resultados sorprendentes: a la igualdad por la tontería. Si ellos van a un streptease, vayamos nosotras a un boys. Eso entre otras estupideces a las que me niego por simple sentido común y del ridículo también.

A la vez sé que hay personas, mujeres y hombres, que pueden o no ser sensibles, listos, capaces o no de poner un enchufe, hacerte una marmitako, estar con niños o entretenerlos, resolver una ecuación o lidiar con el fontanero, dirigir una empresa o acoger a los demás. No va por sexos esto.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Sin prisas, un lento


Las prisas no son buenas. Hay que tomarse tiempo. Quiero aprender, nunca es tarde.

La olla express es estupenda, pero a veces el cocido debe hacerse en barro toda la mañana. Sabe luego mejor.

Cocinar como nuestras abuelas cuando hay tiempo. No hace falta el pitido de la olla que te avisa que hay que bajar el fuego. Lo dejas haciéndose durante horas a fuego lento y en cazuela de barro.

Hacer menos cosas, quizás mejor. Ir a lo esencial, apartar hojarasca. No entrar en el ritmo ni en la dinámica que te impone nadie, porque nadie puede hacerlo.

Comí ayer con Natalia. Nos reímos por lo rápido que ando. Transmite paz. La niña en su interior flotando como un astronauta, nueve meses creciendo, lento, poco a poco.

Que pongan un lento, por favor, que es tiempo de un baile lento. Un clásico de la Motown.

Tranquilidad y buenos alimentos, decimos en mi casa. Las dos cosas. Con buena compañía, que nunca falte.

Y nunca falta.

Día soleado precioso, un poco de viento frío sí sopla.

El pelo de Olimpia por toda la casa, hay casi remolinos. Tendré que pasar el aspirador esta tarde, esto sí que es importante: limpiar.

Me llama una amiga y se lo agradezco: tranquila, todo va bien.

He acabado algo que me ha costado más tiempo del que pensé en principio.

Calculo a veces mal, soy demasiado optimista en la dedicación de horas. Pero ya he podido dar carpetazo, gracias a Dios.

Tiempo, también espacio, y sabes ya qué hacer.

Contemplar desde la distancia hace ver más claro. Tan encima estoy a veces, tan rápido voy, que me falta perspectiva. Incluso para escuchar mi intuición, al corazón, tengo que ir más lento.

Y ahora a pasear con Olimpia y con el vecino.

Hemos quedado con nuestros respectivos perros, ambos grandes y negros, inspiran miedo salvo a sus amos.

Da gusto tener a personas que te echan un ojo, saber que alguien está al otro lado de la verja trabajando como tú. Cada uno en lo suyo.

Y el colirrojo tizón que me visita todos los días, también pendiente de todo. Curioso.

jueves, 20 de noviembre de 2008

20 N, Hoy cumple ...(pausa publicitaria fraternal)




Hoy es el cumpleaños de mi hermano Juan. Y aunque sé que no lee mi blog porque tiene cosas más importantes que hacer, me voy a despachar a gusto. Es lo que el cuerpo me pide hoy.

Mi hermano Juan es todo lo contrario que yo en muchas cosas: perfeccionista, metódico, escribe como los ángeles. También porque es parte de su trabajo, todo hay que decirlo.

Cada frase están pensada, mimada, mecida como si fuera un bebé. Documentada si hay que documentarse además.

Horas y horas que dedica el tío, porque mi hermano todo lo hace con mucho amor.

Es un artesano y, como artesano, sabe que las cosas llevan mucho tiempo y amor. O sea, lo contrario que yo, que hago todo en diez minutos y si puedo en dos, pues mejor.

Es historiador de profesión, pero además escritor de vocación, de oficio.

Cuando escribe de historia de la ciencia lo hace de una manera, (con perdón por los demás), que no es un rollo: es como literatura, trabado, saliéndose de lo sabido, se pasea, vuelve, te envuelve, una gozada.

No frecuenta lugares comunes, se atreve, se lo curra. Es un currante nato mi hermano, otra diferencia fundamental. ¿Estás segura, mamá, que somos hermanos?

Cuando escribe literatura ahí ya es la repera. Además, para el común de los mortales -o sea, yo- es más asequible. "Corazones sagrados" es su libro de cuentos, si a alguien le interesa, está en varias librerías. Su autor, Juan Pimentel Igea.

Que conste que no leo todo lo que escribe, porque aunque no tengo cosas más importantes que hacer, sí tengo otras cosas que hacer, él lo sabe y lleva con mucha paciencia mi espíritu disperso y divagante.

También escribe de fútbol, o escribía en ADN, porque es un aficionado bestial y del Real Madrid además. Pero sus críticas no eran unas críticas cualquiera: se puede comprobar.

Estoy tan orgullosa de él que me da vergüenza decirlo y lo estoy pasando fatal en este momento.

Pasa a veces que cuando alabas a tu hermano es como si algo te tocara. Por eso, en general, soy discreta en decir lo mucho que le admiro y lo mucho que le quiero en público. No en privado que continuamente se lo digo.

Pero hoy, porque me ha dado por ahí, paso de pudores y con la canción de Crosby, Still, Nash & Young que acompañó nuestra adolescencia me deslizo con esta entrada que produce sonrojo, lo sé.

Sin embargo, lo mejor de mi hermano no es que escriba bien. Es totalmente anecdótico lo de la escritura, aunque hago patria de sus cuentos porque para eso tengo un blog y escribo de lo que quiero.

Lo mejor de mi hermano Juan es su corazón, sin ninguna duda, no su cabeza.

Viajo a Irlanda o a la conchinchina, sola, me da por ahí, le tengo llamándome o enviándome sms a ver cómo estoy durante varios días: se preocupa por mí.

Es un preocupón nato y estupendo. Me viene muy bien tener a alguien que se preocupa de mí, la verdad. Me encanta que los hombres me protejan y, a pesar de que soy la mayor, tanto Juan como Paco lo hacen. Sin paternalismos, pero con mucha eficacia, una cálida sombra protectora de hermanos.

La de Paco es como más tranquila, la de Juan más intensa, pero genial.

Juan ha heredado de mi padre lo mejor: el saber desdramatizar. Lidiar con sentido del humor cuando el ambiente está cargado. Tragarse muchas cosas, porque aunque es pasional, se las traga y se las ha tragado, muchas.

De mi madre ha heredado el sentido de la justicia y de la verdad. No le hace falta hacer amigos, los tiene de sobra. Por eso no necesita quedar bien, tampoco comulga con ruedas de molino. Le ha salido caro, lo sé y por eso le admiro más.

Hoy cumple años mi hermano y porque me da la gana escribo sobre él. Porque le quiero mucho. Perdón. No lo he podido evitar.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La mesa de Vermeer


Pesa un quintal. La llamo así porque es holandesa y me recuerda a esos cuadros de Vermeer, con esas superficies limpias de casas, sol tímido que entra y reposa sobre la madera.
El sábado pasado la cargaron André, angoleño, como el personaje de "Diamantes de Sangre", casi dos metros de fuerza, y Rodolfo, paraguayo, silencioso. Se quedaron a comer los dos, fuimos once a la mesa y cinco nacionalidades distintas, buen modo de estrenarla para su función original: mesa de comedor. Antes la tenía en mi despacho.

André y Rodolfo sudaron tinta china con ella, qué menos que compartir con nosotros lo que había, además del lógico pago por el porte. Se fueron con un apretón de manos y el corazón un poco más caliente. Las lentejas, la carne con champignon y el el vino ayudaron, la compañía también, espero.

Es una suerte poder tener una mesa en la que caben tantas personas, lo sé.

Es bonito que la gente te sonría con cariño, ese mismo que pones en abrir tus puertas, delicadeza y alegría al aceptar la invitación.

Lo de menos es lo que se va a comer, aunque siempre es divertido pensar qué vas a poner, qué le gusta a cada uno, siempre se quiere agradar.

Espero a Ana y Anina, a Manolo, a muchos más.

El sábado sube Claudina a cocinar mano a mano, alguien más caerá. El domingo seremos doce, algunos repiten. Bienvenidos siempre.

Marta, estás en tu casa y no tienes ni que avisar. Además, me vas a ayudar a restaurar varios muebles.

La mesa de Vermeer me gusta sin mantel, así es como luce mejor, el sol dándole en los brillos y en las heridas, en ellas también.

Madera fantástica parece, tengo que enterarme cuál es.

martes, 18 de noviembre de 2008

Vida Perra IV) Esto es vida, señores


Es que no me ha dejado escribir antes, está el ama venga a teclear, blog a veces, trabajo en general, que si no, no va a poder pagar la puesta en marcha de una casa nueva. Qué cosa los humanos, cómo les preocupa el dinero, los perros vivimos sin él.

Sin embargo, y por si acaso, cada trozo de pan que me encuentro, lo escondo bajo tierra: no vaya a ser que ésta no me pueda dar de comer algún día. Perdona, guapa, pero prefiero ahorrar a mi manera, no me fío de ti nada de nada en el área financiera.

Les cuento mi día.

Nos despertamos pronto, nos gusta desayunar tranquilas, té y radio para mi ama, yo salgo un momentito al jardín, hago una ronda de reconocimiento, ladro para que se enteren que aquí hay una perra y que se anden con cuidado. Luego rasco la puerta para que me vuelva a abrir. Hace frío por aquí, pero se está bien fuera, a veces tardo en arañar la puerta.

A eso de las 8 mi ama ya está frente al ordenador y de allí no hay quien la saque salvo para hablar por teléfono. También se levanta para comprobar la caldera que no acaba de entender bien: "1.5 bares, no menos, más puede, pero hay que regularlo ¿dónde era la llavecita esa?" Es torpe, pero maja esta chica, la quiero a pesar de todo.

Mientras tanto ¿yo que hago? Duermo con ronquidos incluidos sobre la cama de mi ama porque entra el sol a raudales allí y se está mejor que en su despacho. Ahí me pilla, me bajo para darle un gusto, pero a los 10 minutos estoy encima otra vez: esto es vida, señores.

A eso del mediodía damos un paseo. Comemos pronto. Volvemos a trabajar. Salgo al jardín otra vez, es divertido, hay muchas piñas y me encanta jugar con ellas. Ladro otro poco, todo en orden, vuelvo a casa, misión cumplida. Algún día bajamos a Madrid, a trabajar y comer en casa de la madre de mi ama.

Me gusta esto del campo, se vive bien, mucho perro simpático, aunque me da igual, yo soy de la manada de mi ama. Ella no es el líder ni por asomo, que quede esto claro. Cuando viene su hermano Paco me pongo a sus órdenes.

La noche es guay, sonidos y olores interesantes, salimos a veces antes de cenar, vamos al pueblo a por algo, a misa, me deja en el coche mientras tanto. Mi ama se ha presentado ya a las fuerzas vivas: párroco, farmacia, tiendas varias, incluso a la guardia civil. Cenamos temprano.

Los fines de semana prometen. Sin nevera y recién llegadas, el pasado sábado vinieron 9 personas y otras 11 el domingo. Es entretenido, gente a la que olerle la entrepierna, no dejo mis buenas costumbres aunque avergüence a mi ama. Y luego siempre se cocina más, guiso al canto, como siempre sobra, ahí estoy.

Me encanta la gente, siempre hay alguien que te acaricia. Si no es así, ya me encargo de quedarme quieta a su lado, rozándole con mi oreja hasta que esbozan una caricia. Palabra de perra: caen todos. Pongo cara de pobre abandonada y recogida en un refugio, triste vida, alma solitaria e incomprendida. No hay como echar teatro a las cosas. Lo dicho: esto es vida.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Sufrimientos 2) El arte de amargarse la vida.

Creo que leí un libro hace unos años sobre el arte de fastidiarse la vida. Sí, parte de los sufrimientos evitables son aquellos que nos montamos solitos.

No hablo de los sufrimientos por causas "objetivas" duras: enfermedad propia o ajena, violencia, injusticias graves, dificultades económicas, mucho menos el estado en que está parte de la humanidad, sin libertad, con hambre, sin educación, etc.

Aquí me refiero al arte que podemos practicar hasta el virtuosismo de amargarnos la vida. Y, de paso, amargársela al personal.

La primera manera de amargarse la vida es tener todo muy claro.

Las personas que tienen todo muy claro sufren mucho viendo lo "imperfecto" que es el mundo y no entendiendo cómo el resto de la humanidad -sea Zapatero, tu madre o un vecino- no ven las cosas como tú las ves, los problemas como tú los enfocas o las soluciones como tú las propondrías y llevarías a cabo sin duda alguna: sin temblarte el pulso, con determinación, sabiduría y buen hacer.

Se sufre un montón cuando se tiene una visión que abarca todo, con respuestas para cualquier tipo de preguntas y problemas. Porque habitualmente se te acaban llevando los demonios, y no sólo por lo "mal" o equivocados que están los demás, sino sufriendo ante la lógica borrosa (fuzzy logic) de la vida que, como es rica, sale por peteneras en cuanto te descuidas. Tu propia vida, para empezar.

La segunda manera de amargarse la vida, parecida a la anterior, es pensar que todos somos iguales.

Las personas no somos iguales, salvo en derechos y el común denominador de que queremos que nos quieran y querer. En lo demás somos distintas.

Hay variaciones infinitas: qué te gusta para desayunar, hacer el domingo a las 12 o qué tipo de películas, paisajes o música te van. Sin mencionar que cada uno hacemos las cosas de una manera. Es increíble, hay 20 maneras de hacer la paella y todas bien. Hay carácteres para todos los gustos: no le pidas a un colérico que se tome la vida como un flemático ni viceversa.

Esto, a la hora de la convivencia temporal (irse de copas) o menos temporal (irse de vacaciones juntos), se nota. Hay gente buena que entiende y respeta las diferencias. Otros no: en la práctica son de pensamiento y acción únicos. Porque tras un español hay un acrata o un dictador, ambos a veces. Y el dictador puede asomar en la convivencia en una forma muy habitual: los mandones.

Tercera manera de amargarse la vida: ser mandona.

Las mujeres podemos ser muy mandonas. Los hombres también, pero como soy de las primeras voy a hablar de lo que conozco bien, soy una mujer y tiendo a mandona.

El ser mandona tiene algunas cosas buenas, facilita a veces algo la vida a los demás. Hay mandonas organizadores que solucionan, por ejemplo, la logística doméstica, se echan sobre sus hombros la responsabilidad o iniciativa laboral a menudo, en fin, quitan trabajo a los demás o lo hacen más fácil.

Pero hay un peligro en ser mandón: puedes imponerte, pretender no hacer las cosas tú u organizar y facilitar, sino que se hagan exactamente como tú dices, un horror. Puedes ser una pelmaza.

Más: puedes acabar pensando que, si no las haces tú personalmente, no se harán o se harán peor. Y la mandona se hace víctima, presa en su trampa.

La mandona puede así quejarse de que todo cae sobre ella y, a la vez, poner todo tipo de pegas a cómo hacen los demás las cosas: el caso de la regañona. El arte de amargarse la vida y amargarla a los demás está servido. En jefes también se da esto.

También es cierto que la figura del mandón-víctima se facilita cuando los demás lo permiten, por comodidad o aburrimiento, cuando hay un círculo vicioso. Hay mandonas o víctimas porque hay gente que se "deja" mandar: les es más cómodo o están hartos de ser regañados. "Que lo haga ella que lo hace mejor" o "aunque lo haga yo siempre le parecerá que lo hago mal", etc.

¿Qué ocurre si una no está ni al mando ni en la ejecución? Nada: las cosas siguen saliendo, incluso mejor a veces.

Y esto es lo que un mandón que se precie no puede resistir: la idea de que el mundo -"nuestro" pequeño mundo, la familia, la empresa- funcione bien sin él, sin ella. Ahí sí que no: hay que mantener el status quo de mandón/ víctima poniendo pegas a los demás. No vaya a ser que comiencen a no "necesitarnos" y nos quedemos sin parte del papel que nos encanta: organizar, mandar, salvar a la humanidad, a la empresa, nuestros amigos, al marido o a nuestra familia del caos y el desastre. Es increíble, pero esto es lo que está inconscientemente detrás de algunos mandos.

En mi familia hemos llegado al acuerdo de que sólo las mujeres propias regañan a los maridos propios. Las demás -vista la intensa actividad de mando femenina- debemos permanecer mudas a la hora de decirle a ningún tío qué tiene que hacer o cómo lo tiene que hacer: ya tiene a su mujer, ya tiene bastante.

Hombre, un paso de gigante hubiera sido que ni siquiera las mujeres riñeran o criticaran a sus maridos. Pero somos muy imperfectos todavía, vamos paso a paso.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Sufrimientos 1)


Sé que el sufrimiento forma parte de nuestra vida, para aceptarlo no hace falta ser cristiano, sólo hay que abrir los ojos y no ser un ingenuo que se cree ese mundo de felicidad perpetua, sea el de Zapatero o de otros muchos adalides de la cosa "light", incolora e indolora.

Son innumerables los sufrimientos del ser humano: la enfermedad, la muerte, que no te quieran o sentirlo así, pasar apuros económicos o, peor, hambre, sed, verdadera necesidad, sufrir la injusticia, la violencia, la guerra, tener que salir de tu país, en fin, una lista interminable.

Porque no somos animales nuestros sufrimientos adquieren una gran diversidad y plasticidad. No es sólo que nos nos hagan daño en lo físico, es que nuestra alma es más compleja y se la puede herir también de muchas formas.

Es cierto que hoy hay un evidente escapismo ante el sufrimiento. Para no sufrir se elimina la causa, se la quiere quitar de nuestra vista, a veces incluso con explicaciones de compasión. Sería tema de otra entrada.

Minimizar el sufrimiento, eliminar algunos, creo que es bueno: ahí está desde la aspirina hasta el ser buen vecino y enterarte de si puedes echar una mano a alguien, y esos son dos ejemplos tontos.

Pero también creo que hay que aceptar que antes o después nos llevamos nuestra ración de sufrimientos: nos vamos a morir y lo van a hacer las personas que queremos, vamos a sufrir reveses económicos, somos libres y los demás también, vamos a causarnos aún sin querer dolor alguna vez. Y eso, de los sufrimientos simples y sencillos que nos tocan seguro.

Hay mucho de objetivo en algunos sufrimientos -se sufre por la muerte de una persona querida, también por la falta de trabajo, un amor no correspondido, etc.- pero también hay un componente subjetivo que en algún caso borra, por así decirlo, la causa original -la materia real- del sufrimiento.

Creo que hoy en día, junto al afán por eliminar el sufrimiento que conlleva muchs injusticias, hay otro fenómeno que merece atención y es lo "sofísticados" y tontos que pueden ser los sufrimientos en el mundo occidental, desarrollado.

El afán por la apariencia física, por la imagen, produce mucho sufrimiento, más que nada porque pese a todos los avances de la cosmética, siempre habrá una mujer más guapa y más joven que una.

Las mujeres hoy no es que tengan que estar agradables, de acuerdo a su edad, es que tienen que arrasar . El cúmulo de normas sobre cuerpo, cara y apariencia es tal que ríete tú de la ley mosaica: fuente increible de sufrimiento para muchas jóvenes -muchas con unos complejos de horror- y para algunas mujeres más mayores que entran en una carrera que nunca van a ganar.

El sufrimiento no es porque adelgazar o someterse a una operación de estética "duela": es por ese comezón interior para ser otra, por no ser de una determinada manera que, además, es imposible.

Más sufrimientos tontos: eres lo que tienes. Hay que tener más para ser alguien o alguien más importante. Y esto se mete en cuanto te descuides. Con otra fuente de sufrimiento bestial que es la envidia: el pecado más improductivo que hay, consume al que la padece.

Creo que parte del capitalismo -y eso que soy partidaria del libre mercado- se basa en que la gente quiera tener más cosas, y fundamentalmente las del vecino o las que le dice la televisión.

Es una fuente de sufrimiento permanente porque siempre hay alguien que tiene algo que tú no tienes. Pero además se entra una dinámica donde la compra no produce satisfacción ni placer ya, se necesita luego otra cosa y luego otra, es agotador.

¿Se sufre? Por supuesto, lo que se quiere tapar con compras o posesiones es el sentimiento de soledad y de falta de amor. Suena raro, pero es así. Yo lo he visto en algunas personas.

Y luego hay muchos más sufrimientos tontos.

Hacerse mala sangre por constatar una vez más que uno es limitado y ha metido la pata, también que no hace todo lo que podría hacer o que hace las cosas regular. Esto a veces destroza a muchas personas. El perfeccionismo es fuente de sufrimiento, suele producir personas muy nerviosas aunque tengan apariencia de calma. Puede ser un perfeccionismo laboral, familiar y hasta espiritual, los hay de muchos tipos.

O más: estar todo el día tomándoselo todo a la tremenda, viendo todos los defectos de los demás, sus fallos, y no sus cosas buenas, estar a la que salta, corrigiendo al personal de modo permanente. O, más allá, señalando todo lo malo que hay en el mundo, que es cierto, pero también hay mucho bien y de vez en cuando conviene recordarlo.

Estos dos últimos tipos de sufrimiento -el perfeccionismo o el tipo exacerbado de conciencia crítica de la humanidad o de tu familia- pienso yo que son muy inútiles y que, además, quitan la paz propia y ajena.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Frío 2)


Ha sido escribir sobre el frío y que la luz se fuera en toda la casa, luego la caldera no funcionaba, luego sí, pero los radiadores no, pero luego era la caldera la que no, las bombonas se agotaron-creo que son ellas y no que el sistema se haya estropeado entero, espero-. Repsol no sé cuando vendrá, do re mí, do re fa, no sé cuándo vendrá.

No importa.

Hay radiadores eléctricos, chimenea, sol que entra a raudales, Olimpia que tiene mucho pelo y lo más importante: amigos y familia. Recuerdos y proyectos. Dan todos calor de sobra.

Frío.

En Canadá aprendí la importancia del wind chill factor, la sensación térmica real cuando hay viento. Podíamos estar teóricamente a menos cinco -nada para Montreal- pero la sensación térmica era menos quince. El viento es terrible, se te mete entre las rendijas de la ropa y te enfría.

Eso sí, todo el país preparado para el frío, pasé menos frío que en España, la verdad. Ningún autobús podía retrasarse, medio Montreal tiene vida subterránea, ni estás en contacto con el aire a veces: metro, tiendas, viviendas y hasta oficinas con acceso para topos, no hace falta salir a la calle.

Y luego era muy divertido: siempre te encontrabas a alguien que venía de un lugar más frío, todavía. Si estabas en Toronto, era de Montreal, si en Montreal, de Quebec, si en Quebec ... el tipo había estado en los territorios del Noroeste donde la gente trabaja 2 años, hace fortuna y se va. Salarios altos para compensar que no puedes salir durante casi nueve meses.

Frío.

Edredones nórdicos, los de pluma buenos, frente a mantas. Me acuerdo de mis hermanos con las camisetas aquellas de Thermolactyl para hacer las guardias heladoras en la mili. Anoraks de Goretex, corta el viento que es una maravilla. Y desde luego que la piel de animal, el pelito, uno entiende que los abrigos de piel -tan poco ecologistas- quitan frío, es la verdad. Aunque lo que quita el frío es el pelo corto ese, como plumon, y puesto hacia dentro, el pelo largo, el que tiene brillo, que es el bonito, no es el más aislante, le sirve al animal para que resbale la lluvia pero no para darle calor.

Me enseñaron el otro día que el cuerpo más caliente pierde temperatura, la cede, al más frío.

Así se regula la temperatura, cediendo calor. Interesante.

Pienso siempre que la tierra se enfría, como nos enfriamos con la edad, tenemos más frío. Sé también por experiencia que un cuerpo muerto empieza a quedarse frío, rígido.

Pies fríos. Terrible sensación, que además no quieres compartir, te da vergüenza. No me toques los pies, que los tengo helados. En cambio ¿por qué algunas personas tienen siempre calentitas las manos? Es tan agradable.

Narices frías de niños que van al colegio, bufanda, gorros, y esas narices rojas y heladas.

Frío 1)


"Pero ¿esto qué es, papá?".

Mes de enero helador, esas nieblas que se instalan en Castilla, Boecillo como un témpano, teníamos que entrar en nuestra casa sin calefacción a por algo. Mis hermanos y yo no reconocíamos que era aquello: el frío ese de las casas que no se habitan. Se estaba mejor fuera que dentro.

"Esto es frío, es que no sabéis lo que es pasar frío". Tenía razón mi padre, no lo sabíamos. Ya no lo sabemos.

Las casas han mejorado mucho desde los años 60. La calefacción es un invento impresionante que no apreciamos en lo que vale.

No trabajamos en el campo donde el frío te hiela los huesos, no me extraña que bebieran tanto alcohol, que comieran tanto, era la única manera.

Trabajamos mayoritariamente en ciudades y, dentro de ellas, en oficinas, poco frío. Ninguno casi en comparación con el que pasaron nuestros antepasados y no tan lejanos. No hace tanto tiempo.

Esa galería de mi abuelo en Valladolid, casa de médico. No recuerdo un frío más horroroso que el de mi primera infancia en esa casa, alguna Navidad o Semana Santa, casi en Semana Santa peor. Ni brasero ni nada, no había allí quien parara.

Frío, hielo, escarcha, casi cuando nieva templa más.

Prefiero la nieve a las heladas.

Sentir el frío, otro frío, dentro, muy dentro.

Esas miradas heladoras de alguien, de desprecio, o de ninguneo.

Hay gente muy educada que jamás dirá una palabra más alta que otra ni perderá nunca los papeles, pero que con una simple mirada baja la temperatura del alma que la recibe. A veces hasta de toda una habitación.

Es un tipo de educación formal y fría que se puede dar. Mucha corrección en las formas, en lo externo, pero luego el cuchillo que corta, helador. No me importas, me eres indiferente, te ignoro, paso de ti, pero no me voy a despeinar, ni lo mereces. En ciertos ambientes empresariales ocurre, pero también se puede deslizar esa frialdad en otros lugares.

Subir la temperatura, siempre, cuando está baja, hasta hacer las casas habitables, acogedoras, que dé gusto estar, no hace falta que sea en camiseta, pero calentito.

Un termostato, por Dios, que hay veces que no te das cuenta si estás trajinando en la cocina que los que están en el cuarto de estar y sentados tienen un poco de frío. Tú trabajando estás a 18º bien, pero el que está mano sobre mano puede sentir frío.

Frío.

Fría.

De los peores calificativos que se pueden emplear para una persona, en mi opinión.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Excéntrica solterona inglesa, Speedy González, la legión y un toque (ya me gustaría) de Cyd Charisse


Siguiendo lo del tag de Patricia (arenas movedizas), explico 7 rasgos propios que no hace ninguna falta, porque es todo muy evidente ya, y además da igual, pero en fin:

1. Eccentric english spinster and nature lover: adopto todo tipo de perros abandonados o necesitados, es algo que me puede. Bichera en general y pajarera en particular. Cada salida al campo descubres algo nuevo. La naturaleza y las personas son buenos libros sobre Dios. Algunos están escritos en lenguas indescifrables, simplemente más lejanas a la mía, otros son más cercanos, algún dialecto o expresiones propias, pero todos interesantes. De vez en cuando un pájaro como de otro mundo. Un diccionario, otra guía de aves, por favor, a veces lo necesito, quiero entender.

2. Speedy González: llorando el primer día de cole, no había aprendido a leer, ni a escribir, ni cuentas, era un tongo todo. No se cambia: impaciente, demasiado rápida, ingenua, crédula, un punto frágil. No dedicar tiempo a lo que se hace mal y centrarse en lo que se hace bien. Pragmática y hasta realista: estar sólo en batallas que voy a ganar; nada de comeduras de tarro propias o ajenas; ir al grano laboralmente hablando y, en cambio, más despacio para amigos y familia (lo intento).

3. "Romero, siempre romero, que no hagan callo...": sentimental, alegre y vitalista por naturaleza, también porque la vida me ha sido muy leve. Dios sabrá para qué me quiere tan ligera. Algún dolor sí, pero nada para lo mal que lo pasan muchos, los ojos y el corazón siempre abiertos. Cocinar, comer y beber, descubrir y hacer cosas nuevas, disfrutar, reír y, también, tumbarse. Como dijo Escarlata O´Hara cuando algo le preocupaba: "Ya lo pensaré mañana".

4. Amigos y familia que abrazar fuerte y largo. Abierta y sociable, pero selectiva. No todos valemos para todos, ni todo el rato, yo tampoco, santa paz. Poder echar una mano produce placer. Pedir y aceptar ayuda frecuentemente: sola se puede hacer poco. Confiar. Horror por el escepticismo o el cinismo. Dar más calor, acoger mejor, la luz me importa menos. Cierta soledad y el silencio -incluso compartido- como tesoros. No necesitar gente en general, sólo a personas concretas, nunca sustituibles por otras. Agradecer todo y a cada uno lo que es y cómo es porque el ser de cada uno ya es mucho, mucho. Intentar ver a las personas detrás de sus palabras y el vestido.

5. Escribir y leer. Lo primero, para pensar. Lo segundo, para aprender, saber y también pensar. Volver a leer lo que nos gustó en su día, habitualmente de gente muerta. Como en el cine, los clásicos. Musicales: qué gozada cantar y bailar tan bien. Y las piernas de Cyd Charisse, mataría por ellas. Un toque de frivolidad, por Dios, que como me descuide me sale la vena grave de la estepa castellana.

6. Nieta de legionario: genio fuerte que se apaga pronto. Pedir perdón es ya un hábito. Independiente, exploradora, amante del riesgo: sale caro y da mareo. Un desastre con el dinero, muy desordenada, dispersa, impulsiva: caos. La libertad es el don más precioso. Cierta soledad es el precio también de la independencia. A veces un punto de partida para estar mejor con los demás: verles como regalo, no atosigar jamás.

7. Creo en Dios. En el pecado original: oscurecida la inteligencia, debilitada la voluntad. Creo en la Redención, la oración y los sacramentos. En la resurección. Me siento siempre querida, acogida y perdonada por Dios Padre, también hija de la Iglesia Católica, miembro del pueblo de Dios, hermana por lo tanto en Cristo. Sé que amar y ser amado es lo único verdaderamente importante. Admiro a la gente que sabe querer sin miedo, sin medida, e incluso con equivocaciones: mi madre, maridos fieles, mujeres ratón, adolescentes totalmente enamorados y a por todas, viejecitos que se mueren si ella se muere, misioneros, sacerdotes, monjas, hijas que cuidan de su madre como un bebé, tantos padres y madres tempranos y tardíos, muchos maestros, compañeras de trabajo, poetas varios. Son muchos y diversos, doy gracias a Dios y a ellos.

Hacer la vida agradable / El buchito de agua


Hace un mes cené en casa de José María con mi sobrino Alberto y varios amigos que se habían pasado por Carnota este verano. Hablamos de todo y de nada. Y entre otros temas, de hacer la vida agradable a los demás en general, a quien tenemos más cerca en particular.

Creo que fue a raíz de que alguien habló del novio perfecto o la mujer ideal, ya ni me acuerdo. Pero la conclusión era clara.

Sólo se trata de hacer la vida agradable a los demás. Fundamentalmente de eso. No fastidiar, no dar la tabarra, no ser pejiguero, regañona, pelmazo, triste. Tampoco hace falta ser un lince, un tío listísimo, una mujer que siempre sabe por dónde hay que salir y hace todo perfecto. Y honradamente tampoco hay que sacar del otro su mejor yo. Salinas es un poeta impresionante pero cada vez que leo "quiero sacar de ti tu mejor tú" me echo a temblar.

Es todo mucho más fácil: hacer la vida agradable al otro.

Miré a mi sobrino Alberto que tiene, entre otras muchas, una cualidad que admiro: sentido del humor. Lo aplica a si mismo para empezar. Y luego te toma el pelo con delicadeza, gracia y mucha sutileza. A ti y al que se ponga delante.

Nada es un problema, todo es fácil. Y no porque sea superman, que no lo es, es porque tiene esa mirada amable sobre los demás. Qué importante ese mirar con amabilidad, que no es condescendencia, sino cariño de verdad. Te sientes mejor tras esas miradas, más buena. Y es el otro el que es bueno.

También miré a Nacho. Le ocurre lo mismo con otro estilo. Es capaz de tirarle los tejos a una señora gallega de setenta años delante de su santo y que todo el mundo se ría y no salgamos por pies. Por Dios, qué gusto y qué relajo respiramos esos días que compartimos casa. Gracias por venir.

Desdramatizar. Quitar hierro. Restar importancia a las cosas. Lo mejor de la familia es el poco caso que nos hacen en algunas ocasiones, con perdón. Nos hacen un inmenso favor.

Como decía Chesterton "es precisamente el hecho de que nuestro hermano Jorge no esté interesado en nuestras dificultades religiosas, sino en el restaurante Trocadero, lo que da a la familia algunas de las cualidades tonificantes de la República".

Por supuesto que en otras ocasiones es mejor que nos hagan caso. Y que parte de ese hacer agradable la vida es que nos escuchen, nos pregunten, nos hablen, nos alienten o nos consuelen. Especialmente lo último, porque la tristeza es muy mala. La tristeza es de los peores males que existen con la soledad. No digo la puntual, que es normal. Digo esa que se mete dentro del alma y no te deja.

Pero a veces también viene bien que no nos hagan mucho caso, es saludable. Forma parte de hacer la vida agradable a los demás saber no entrar a trapo. Pasar por encima, de puntillas. No es indiferencia o incomprensión, es al revés: porque nos conocen saben bien que con un poco de silencio o soledad, unas horas que durmamos o un amigo que nos llame, se nos pasará. Y te dan ese tiempo, ese espacio. Muchas gracias.

Hay gente muy sabia, quizás simplemente buena, que sabe distinguir bien cuándo una persona necesita hablar, cuándo simplemente necesita un abrazo o un beso y todo pasa, y cuándo lo que hay que hacer es poner otra cosa delante para que se olvide de un problema. Como a los niños pequeños: llora porque le quitaron el chupete, ni se lo menciones, ponle delante al teletubby, y ni se acordará del chupete. Somos iguales.

Hacer la vida agradable. No hay más. Bueno sí, pero poco más. Y si te pones a pensar puede entrar casi todo en ese hacer la vida agradable al otro, a los demás.

Hacer la vida agradable: el buchito de agua del que habla la canción del Arrebato y Antonio Vega. Muchos buchitos, diferentes buchitos de agua. Es todo. Es mucho. Me parece a mí.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Proyectos 2)


He leído de un tirón el último libro de Felix Pérez Orive. Comprendo que el título echará para atrás a mucha gente: "Proyecto yo. Cómo ser director general de su propia vida". De verdad que es bueno, tanto como los anteriores "Un adios a la empresa" o "La lección imprescindible".

Bajo ese título de espanto, (con taparlo con un post it basta), Pérez Orive, que es interesante, divertido y abierto, anima a tomar las riendas, a ilusionarse y a trabajar por un proyecto propio que puede estar formado por proyectos variados: afectivos, profesionales, de ayuda a los demás, de mejora intelectual, lo que sea. Cada uno el suyo, los suyos.

Lo que Orive alienta a hacer primero es pararse a pensar qué quieres hacer con tu vida, algo que siempre es posible, y no sólo cuando tienes veinte o treinta años -que está tirado-, sino también cuando tienes cuarenta, cincuenta o setenta.

No se trata de meterte sólo en la rutina de hale, venga, pues ahora a trabajar, ahora a descansar, pues ya que estamos... Ya que estamos ¿qué? No. Hay que pararse. Siempre es posible parar y pensar. Ser un poco más consciente. Hacer las mismas cosas, quizás otras distintas, con una mayor consciencia y propósito.

Eso es tener proyectos: consciencia, conocimiento propio, libertad, vida vivida, no que nos pase por encima, horizontes, sentido común y trabajo. No es pura imaginación, sueños para pasar el rato, evasión.

Un proyecto impresionante lo tienen las personas cuando tienen hijos pequeños: sacarlos adelante, educarlos. Más adelante, es ir dejándoles volar solos, proyecto complejo donde los haya. Otro fundamental es el amor por antonomasia, hombre - mujer. Hay un proyecto común, pero hay otros individuales que la otra persona puede respetar, compartir o alentar en su caso, explica Orive. Me parece todo de mucho sentido común.

Tener proyectos no está reñido con el sentido común y saber quiénes somos cada uno. Para que un proyecto sea factible -no pura imaginación-, uno tiene que saber quién es, cuáles son su valores -de verdad, no los "oficiales"- y sus circustancias, todas. No hay que tener miedo, prudencia sí. Y hay mucho miedo.

Pienso a veces que más que la censura social -el qué dirán-, tenemos una censura interior previa, peor, que opera como un eficaz saboteador: "no puedes", "qué tonterías se te ocurren", "a estas alturas de la vida un cambio de ese calibre", etc. Lo sé porque ante un cambio mínimo como irme a vivir sola y al campo he tenido que lidiar mucho internamente hasta que me he atrevido a dar el paso. No son los demás: es uno mismo la mayoría de las veces.

A veces resulta cómodo echar balones fuera y pensar que es por los otros, muy queridos a veces, por lo que no seguimos un proyecto, una ilusíón, la que sea: suele ser una mentira, una coartada perfecta para nuestra falta de agallas y nuestros propios demonios interiores. Es humano, pero conviene darse cuenta. A veces imaginamos un proyecto imposible precisamente para no llevar a cabo los que sí son posibles pero cuestan. Y seguimos con la queja, con la insatisfacción velada o abierta. O como Antoñita la Fantástica, otra confortable opción.

Leí ayer en algún lugar que mejor no tener expectativas muy altas, no ilusionarse demasiado, no vaya a ser que luego no salgan las cosas. Creo que esto se logra más que "frenándose" para no poner demasiada carne en el asador (no vaya a ser que se queme), diversificando nuestros proyectos. Repartiendo los huevos en varios cestos. Eso ya permite a veces modular las expectativas, que quizás no son altas, sino equivocadas.

Tengo la sensación de que a veces le pedimos a la persona que tenemos más cerca lo que ella no nos puede dar, al trabajo una satisfacción que no siempre es posible, a nuestra familia lo que tampoco está en sus manos.

Creo en general que lo que queremos las personas es que nos quieran y querer. Se pueden hacer las cosas más peregrinas y raras para lograrlo. Por eso sé que los proyectos más importantes son los afectivos: amistad, amor, familia. Sin ser totalizadores son básicos, es mi opinión.

Tener proyectos no significa no vivir con lo que cada día te trae: mucho, poco, malo, bueno, regular. Es intentar elegir y dirigir qué tipo de vida queremos y podemos llevar, sabiendo que hay libertad y muchos elementos que no podemos ni debemos controlar, por supuesto. Y que Dios existe y junto con su amor, permanente, nos da la inteligencia y la libertad, ambas.

Proyectos 1)


Hace unos años oí decir a un profesor que había que tener proyectos y recuerdos. Que la clave de una vida mejor, a medida que se cumplen años, estaba en poder echar mano de momentos buenos, a veces no tan buenos, que nos enseñaron algo y, también, en nuestra capacidad de definir proyectos que nos mantengan ilusionados.

Proyectos, planes, ilusiones: sé que no es lo mismo, pero significa siempre una apuesta a un futuro más o menos próximo que nos mantiene vivos, activos, entretenidos también, lo cual no está mal.

Miro al blog y me horrorizo por el peso que los recuerdos tienen, así que me pongo manos a la obra con mis ilusiones, planes y proyectos vitales que reoriento a medida que pasa el tiempo, me hago mayor, aprendo y, también, meto la pata y me equivoco.

Me doy cuenta de lo importante que es que las personas ya muy mayores, jubiladas, cuenten con proyectos. Muchas veces sus proyectos no son propios, sino fundamentalmente ajenos, y no está mal, pero no es suficiente.

Los proyectos de mi madre, 84 años, por ejemplo, están básicamente vinculados a sus hijos, si vendrán o no el domingo a comer, pongo por ejemplo. Es un buen proyecto, piensa qué va a poner para comer. Pero por si solo no mantiene una vida, o la mantiene mal a riesgo de poder resultar un poco agobiante la eterna pregunta que se hace 7 días antes: "¿Y sabéis ya si vendréis el próximo domingo a comer?".

Es fundamental que las personas mayores tengan cosas propias: sus amigas, unas clases, lo que sea. Todo menos esperar a morirse, salvo que ya estén fatal. Aún así, ya conozco a varias que se han resistido por las ganas de ir a la boda de una bisnieta: un proyecto apasionante que implica cómo vas a ir vestida, que ese día tienes que ir a la peluquería, etc. etc. ¿Tonto? No, humano.

Josianne, que trabaja en casa de mi madre, tiene un proyecto, muchos: y los tiene clarísimos. Todos los emigrantes tienen proyectos: por eso están aquí. En este caso es comprarse un terreno, construirse una casa, irse a Brasil, traerse a su hermana, casarse si encuentra un novio y puede en España, aprender a conducir, aprender inglés. Y más, tiene bastantes más proyectos por los que trabaja y se ilusiona, ambas cosas.

Josianne es una de las personas que yo conozco que tiene más claro lo que quiere en la vida. Y tiene 43 años, pero no ha renunciado a salir con 40 de su país por un sueño, por ilusiones, por proyectos, con mucho sentido común y nada de pájaros en la cabeza.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Fernanda, las magnolias y el Rey


"¿Pero estáis mirando bien? ¡Como venga el guarda nos detienen!" gritaba Fernanda mientras arrancaba una o dos flores de esos magnolios impresionante del Retiro.

"¡Que no!, ¡que no viene!, ¡date prisa, Fernanda!" Le decía yo nerviosa dando la mano a mi hermano Juan. Estábamos los dos fascinados y vigilando a la vez.

El delito lo repetía Fernanda con una facilidad pasmosa e idéntico ceremonial muchas tardes. Teníamos pocos años, yo quizás no llegaba a 6, Juan 4, Paco estaría por los 2. Era como atraco a las 3 versión infantil.

Fernanda llevaba las magnolias a casa y ahí dejaban un olor estupendo. También sabía hacer flores con las cáscaras de naranja y una vela.

Tenía la tez cetrina, un poco de mujer de Romero de Torres, debía de estar en torno a los 45, el cuerpo ya un poco desencajado y tirando a gordita. Peinada con moño, todo el pelo tirante hacia atrás y muchas horquillas, pendientes de oro gitanones, delantal blanco inmaculado, olía a colonia, a limpio. Entró a casa para cuidarnos al poco de nacer mi hermano Paco. Volvió luego cuando mi madre más la necesitaba.

"Todo lo que se pierde está en el bolsillo de la Nana". Y así era. Los zapatitos de la muñeca. Un soldado de mi hermano. Una horquilla mía. Contaba unas historias para no dormir, de miedo terribles, de amores impresionantes, nunca habíamos oído cuentos así.

Pasados algunos años de la llegada de Fernanda a casa un día volví llorando del colegio. "Los Reyes son los padres". Unas bien intencionadas niñas quisieron contarme la verdad.

Pero "eso" no podía ser. Simplemente porque a nuestra casa había venido en persona -¡en persona!- el Rey Baltasar, negro y exótico. Se sentó en el cuarto de estar, vestido de rojo y dorado, babuchas con muchos adornos. Una cosa, una majestad que tenía el tío, era la repera: todo un Rey Mago. Un Rey como Dios manda.

Para él bailé flamenco con el traje y los zapatitos rojos de lunares blancos que me habían puesto precisamente SSMM, muchas gracias. Y Baltasar, mientras se tomaba un anís, decía algo así como "que siga, que siga la niña" en una lengua incomprensible. Mi madre hacía la traducción muy seria. Vaya día de Reyes que tuvimos: emocionante, inolvidable.

"Me han dicho las niñas que los Reyes sois vosotros y yo les he dicho que no puede ser, porque Baltasar estuvo aquí el día de Reyes y bailé para él, ¿verdad, mamá?, ¿verdad, mamá?, ¿a que es verdad?" Son esos momentos de la vida en los que una quisiera una mentira. Los hay.

Pero mi madre me dijo la verdad. "Pues verás, era Fernanda, le hacía tanta ilusión que a ti te hiciera ilusión, que se disfrazó de Rey negro.Y las niñas tienen razón, los Reyes son los padres, pero no llores..."

No pasó nada, escuché el resto de la explicación sobre lo importante que era no decir nada, que mi hermano Juan siguiera con ilusión por los Reyes, dar siempre las gracias porque teníamos juguetes, acordarse de quién no los tenían, etc. En diez minutos la llorera desapareció con la serenidad de mi madre y sus razonamientos tan convincentes.

Fernanda era mucha Fernanda.

Una vecina bien intencionada (estilo las niñas del colegio), pensando que hacía un favor a alguien, al poco de llegar Fernanda le dijo a mi madre que había un rumor muy fuerte en el barrio. Que alguien la había visto en Sevilla hacía algunos años. En fin, que había vivido en una casa muy conocida de mala nota. Que había sido prostituta. Por lo visto era verdad.

De esto me enteré mucho más tarde, mayor, un día mi madre me lo contó sin darle importancia. "¿Y qué hicistéis? ¿le dijisteis algo?" "Pues qué íbamos a hacer o decir, nada. Os tenía hipnotizados, os lo pasabais bomba y era buenísima."

Con toda sinceridad, creo que nadie tendrá jamás un Rey Baltasar como el que tuvimos en mi casa. Miro cada Reyes y, pese a los avances de cosmética y vestuario, siempre parecen de pacotilla. Y si el rey negro es un concejal, como suele pasar, peor. Son unos Baltasares de espanto.

Para Rey Baltasar, Fernanda. Ni Morgan Freeman que le ofrecieran el papel, estoy segura. Ni él.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Casas y personas 2)



Yo en obras no me meto. Y si veo que una casa las necesita, no la alquilo.

Nunca pienso en el "potencial" que tiene una casa. No imagino "mira, por aquí le pones una escalera, o le abres este pasillo". Ni en la propia ni en la ajena. Jamás.

Me gustan las casas como están, no me voy a poner a llamar a albañiles a estas alturas de la vida.
Ni quiero que me los pongan en la mía.

Pensé el otro día, un segundo nada más, que la casa del Boalo, donde me voy a vivir, estaría mejor con una mano de pintura. Posiblemente estaría mejor, sí, queda algún garabato infantil en la pared, un pequeño golpe aquí y allá. Pero la casa es tan...

luminosa
solitaria
y acogedora a la vez

que he decidido dejarla como está, con algún desconchón que otro y el rastro de las niñas (7, 3 y 1 año) que la habitaron.

Ya sé que una mano de pintura pintura no son obras mayores, pero de momento, voy a mirarla y disfrutarla como se encuentra, en su desnudez y con todas sus carencias y defectos.

Me gusta pensar que esa casa ha hecho feliz a una familia. Que una mujer antes que yo la planeó, pensó, disfrutó y comenzó a criar a tres niñas junto con su marido en ella.

Eso, no sólo los árboles, el lugar, el espacio o saber que podré traer a gente, es lo que me ha hecho alquilarla.

Dejaré que la casa hable cada mañana, aunque sea yo tan habladora. Porque tras las palabras se produce a veces ese silencio de cuando estás muy a gusto en un sitio. Por eso a veces ni hablo en algunas casas, observas y piensas "qué gente tan lista (o tan lo que sea) hay en esta casa". Y te sirves tú misma un gin tonic, te sientas en el brazo de un sillón, como si estuvieras en casa propia, y sigues escuchando lo que la casa dice o sus habitantes cuentan. Y piensas.

Mi nueva casa dará sus horas, cuándo entra y no entra la luz, contará sus costumbres, abrirá sus rincones y huecos. Dirá qué necesita a medida que la vivamos Olimpia y yo, seguro.

Ahora esta vacía, tan bonita en su desnudez, con nada. Da sensación de provisionalidad, me gusta así. No me da miedo el vacío. En cambio me aterra llenar el espacio o lo que sea como una obligación, porque hay que llenarlo. Un espacio vacío es igual al silencio, no hay que sentirse incómodo. Sólo hay que dejar pasar el tiempo. Y hasta disfrutarlo.

Mi casa también la harán mis amigos y mi familia, cuando vengan a comer o a cenar, se dejen caer sin avisar (para eso quiero un congelador grande), se queden toda la tarde o hagan una visita relámpago.

En ellos confío para llenar ese espacio y tiempo domésticos como solo las personas lo pueden hacer. Es una casa para no sentirme sola cuando lo esté, y para tener siempre sitio para los que vengan como amigos, como familia.

Casas y personas 1)



Para mí la casa es un espacio fundamental. Me encanta estar en la que hasta ahora era mi casa, la de mi madre. Me encanta ir a las casas de mis amigos, de mi familia, y que vengan a la mía. Más que salir: es más barato, es más tranquilo, menos ruidoso, nadie te mete prisa para que te vayas, y tienes la cena y la copa seguidas sin pasar frío y esa eterna pregunta de "ahora ¿dónde vamos?".

Me encuentro cómoda en la mía, en las de los demás también. Sean como sean. Si no lo estoy, no voy, o no vuelvo. Como sé que quien viene a la mía lo hace porque le gusta. Si no, no vendrían.

A diferencia de algunos británicos, por no mencionar los alemanes que yo he conocido, no hace falta tener la casa perfecta, ni la comida perfecta, ni ser "el" anfitrión por antonomasia para que la gente venga a tu casa: por Dios, qué pereza.

Pienso que sólo hace falta que te guste la gente, querer compartir un espacio que es tuyo (aunque sea alquilado) y luego, porque comemos y bebemos, poder dar de comer y beber algo bueno. Pero igual que una no va a casa de su prima porque le salgan las lentejas como a nadie, sabe bien que lo de menos casi es lo que se pone en la mesa, aunque uno se haya esmerado y esté incluso bueno. Esto da mucha tranquilidad.

Es una gozada poder tener las puertas abiertas a la gente y saber también que por compromiso, en ciertos círculos, no se hace nada. Así que no hay visitas de esas "sociales", o laborales, gente a la que "tienes" que invitar porque ellos te invitaron o porque son tus jefes, o porque necesitas que te hagan un favor o devolvérselo, por quedar bien, en definitiva.

Es una cosa estupenda no tener que quedar bien con nadie. Mi casa no es un castillo, pero es sagrada, como las de mi familia y amigos.

Cada vez que entro en una casa me dice algo la casa. Es como si me hablara.

Cuando he buscado casas para vacaciones, para vivir también hace ya muchos años, el criterio no era sólo cuánto podía pagar -que lo es, el primero- o dónde me venía bien vivir por el trabajo o en vacaciones.

Por lo que me dejo llevar es sobre todo por el instinto, en esto del inmobiliario también.

¿Me dice algo esta casa? Si me dice algo, entro. Si no, me quedo fuera. Con santa paz.