Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Fernanda, las magnolias y el Rey


"¿Pero estáis mirando bien? ¡Como venga el guarda nos detienen!" gritaba Fernanda mientras arrancaba una o dos flores de esos magnolios impresionante del Retiro.

"¡Que no!, ¡que no viene!, ¡date prisa, Fernanda!" Le decía yo nerviosa dando la mano a mi hermano Juan. Estábamos los dos fascinados y vigilando a la vez.

El delito lo repetía Fernanda con una facilidad pasmosa e idéntico ceremonial muchas tardes. Teníamos pocos años, yo quizás no llegaba a 6, Juan 4, Paco estaría por los 2. Era como atraco a las 3 versión infantil.

Fernanda llevaba las magnolias a casa y ahí dejaban un olor estupendo. También sabía hacer flores con las cáscaras de naranja y una vela.

Tenía la tez cetrina, un poco de mujer de Romero de Torres, debía de estar en torno a los 45, el cuerpo ya un poco desencajado y tirando a gordita. Peinada con moño, todo el pelo tirante hacia atrás y muchas horquillas, pendientes de oro gitanones, delantal blanco inmaculado, olía a colonia, a limpio. Entró a casa para cuidarnos al poco de nacer mi hermano Paco. Volvió luego cuando mi madre más la necesitaba.

"Todo lo que se pierde está en el bolsillo de la Nana". Y así era. Los zapatitos de la muñeca. Un soldado de mi hermano. Una horquilla mía. Contaba unas historias para no dormir, de miedo terribles, de amores impresionantes, nunca habíamos oído cuentos así.

Pasados algunos años de la llegada de Fernanda a casa un día volví llorando del colegio. "Los Reyes son los padres". Unas bien intencionadas niñas quisieron contarme la verdad.

Pero "eso" no podía ser. Simplemente porque a nuestra casa había venido en persona -¡en persona!- el Rey Baltasar, negro y exótico. Se sentó en el cuarto de estar, vestido de rojo y dorado, babuchas con muchos adornos. Una cosa, una majestad que tenía el tío, era la repera: todo un Rey Mago. Un Rey como Dios manda.

Para él bailé flamenco con el traje y los zapatitos rojos de lunares blancos que me habían puesto precisamente SSMM, muchas gracias. Y Baltasar, mientras se tomaba un anís, decía algo así como "que siga, que siga la niña" en una lengua incomprensible. Mi madre hacía la traducción muy seria. Vaya día de Reyes que tuvimos: emocionante, inolvidable.

"Me han dicho las niñas que los Reyes sois vosotros y yo les he dicho que no puede ser, porque Baltasar estuvo aquí el día de Reyes y bailé para él, ¿verdad, mamá?, ¿verdad, mamá?, ¿a que es verdad?" Son esos momentos de la vida en los que una quisiera una mentira. Los hay.

Pero mi madre me dijo la verdad. "Pues verás, era Fernanda, le hacía tanta ilusión que a ti te hiciera ilusión, que se disfrazó de Rey negro.Y las niñas tienen razón, los Reyes son los padres, pero no llores..."

No pasó nada, escuché el resto de la explicación sobre lo importante que era no decir nada, que mi hermano Juan siguiera con ilusión por los Reyes, dar siempre las gracias porque teníamos juguetes, acordarse de quién no los tenían, etc. En diez minutos la llorera desapareció con la serenidad de mi madre y sus razonamientos tan convincentes.

Fernanda era mucha Fernanda.

Una vecina bien intencionada (estilo las niñas del colegio), pensando que hacía un favor a alguien, al poco de llegar Fernanda le dijo a mi madre que había un rumor muy fuerte en el barrio. Que alguien la había visto en Sevilla hacía algunos años. En fin, que había vivido en una casa muy conocida de mala nota. Que había sido prostituta. Por lo visto era verdad.

De esto me enteré mucho más tarde, mayor, un día mi madre me lo contó sin darle importancia. "¿Y qué hicistéis? ¿le dijisteis algo?" "Pues qué íbamos a hacer o decir, nada. Os tenía hipnotizados, os lo pasabais bomba y era buenísima."

Con toda sinceridad, creo que nadie tendrá jamás un Rey Baltasar como el que tuvimos en mi casa. Miro cada Reyes y, pese a los avances de cosmética y vestuario, siempre parecen de pacotilla. Y si el rey negro es un concejal, como suele pasar, peor. Son unos Baltasares de espanto.

Para Rey Baltasar, Fernanda. Ni Morgan Freeman que le ofrecieran el papel, estoy segura. Ni él.

12 comentarios:

¿Mañana más? dijo...

¡Qué recuerdo tan entrañable!. A mí nunca me han gustado los Reyes; bueno, porque yo siempre he sido muy curiosa y abrí un armario en casa de mi abuela y ¡oh!, allí estaban los juguetes.

Por miedo a la bronca de la sra. Teodora, que era mucha señora, me callé durante muchos años y tuve que aguantar las payasadas de los Reyes unos cuantos más.

No sé. Nunca me han gustado ni los Reyes ni los payasos ni el circo... Prefería a los hermanos Grimm.

Máster en Nubes dijo...

Hola, Patricia. Qué cosas ¿no? Pensaba yo que a todos los niños les encantaban los Reyes. ¿Te sentó tan mal que no fueran reales? A mí no, no me sentí engañada, no sé por qué, debo de ser muy ingenua.
Me encantan todavía, me pongo muy nerviosa la noche de Reyes. Me gusta "coronarme" e ir a por los Reyes de la gente...

¿Mañana más? dijo...

Todo lo contrario, fue un alivio. ¡Menudo rollo lo de la carta y el chantaje ese de si no te portas bien los Reyes te van a traer carbón. ¡Qué bien el día que abrí ese armario!. Por supuesto no dije nada de nada, ni siquiera a mi hermano, al que (mira que soy manipuladora) seguí extorsionando con el "si te portas mal los Reyes te van a traer carbón". Espero que no se pase por aquí porque es un secreto que sólo conoce mi marido y, ahora, los que pasáis por aquí.

Nota: no sé cómo podéis madrugar tanto los domingos.

Máster en Nubes dijo...

Madrugo porque me gustan las mañanas... ja ja...
(y las tardes, las noches, las madrugadas, el medio día).

Qué curioso, qué distintas podemos ser las personas: me va el rollo carta, y en general el teatro que te mueres.

Creo que sigo creyendo en los Reyes: sabia institución, es al final de las Navidades (para el final casi lo mejor), tú les pides lo que quieres... y ellos te traen lo que les parece mejor. Y acabas jugando con lo que te traen siempre.

Sabia institución los Reyes.

sunsi dijo...

Qué pena el primer año que ya los cuatro sabían que los Reyes eran los padres. Ahora piden de otra manera,pero nos las ingeniamos para que todos tengamos algo , un detalle "sorpresa". Sin esa especie de intriga parece que no es Reyes.

Una fiesta en la que aún creo. Fijaos que espero ser abuela algún día y que devuelva la magia al hogar...el día de Reyes.

Un beso

¿Mañana más? dijo...

Aurora, lo siento, chata, pero te he tagueado en mi blog. Es una chorrada pero puedes asomarte por si acaso.

Saludos a todos.

Máster en Nubes dijo...

Vas a ser una abuela que te mueres, Sunsi. Y encima ¡no tendrás que educar! ¡un chollo!

Pues sí, da pena cuando se pierde la ilusión, pero yo creo que puedes saber que SSMM son los padres y que te haga ilusión la sorpresa ¿no? y escribir la carta también ... Luego cae lo que cae -a niños y mayores- pero un rato bien ya te lo has pasado escribiendo, no sé.

Jose A. dijo...

Así saben los recuerdos de nuestra niñez cuando los rumiamos otra vez de mayores. Yo me pongo nostálgico cuando me dejo llevar por los recuerdos y... no puedo.. no puedo.. no puedo ni siquiera mirar las fotos de mi familia (mis padres tuvieron siete hijos) cuando éramos pequeños. Pero aún falta mucho para Navidad y los Reyes.

Máster en Nubes dijo...

hola, José A., bienvenido.

Sí, queda aún para Reyes, era más el recuerdo de Fernanda que los Reyes en sí.

mmmh,.... 6 hermanos y 4 hijos, aburrirte tú nunca ¿eh? animación asegurada siempre ¿no?

Jose A. dijo...

Master, sí, mis padres tuvieron siete hijos (sin contar dos que murieron al nacer). Mi hermano Javier, el pequeño nunca salió del hospital, y se fue con apenas tres meses. Pero tristezas aparte, sí, tengo CINCO hermanas, CINCO!!!... menos mal que yo era el mayor de la tropa!!!!!

Máster en Nubes dijo...

Jose A: ¿ser el mayor... de 5 hermanas? Dios mío, sabes ya lo mucho que podemos hablar, ¡has sobrevivido!... y asumo además que habrás vivido como un rey... porque desde luego las madres con los hijos (que no hijas) y si encima eras el único chico... ni te cuento ¿o no?

lolo dijo...

Yo sigo creyendo en los Reyes. Son Magos, pero sobre todo son Sabios. Y te han traído un libro, mira tú. Sin pedirlo.
No me extraña que te guste esta entrada.

No me funciona el correo ( se me ha olvidado la contraseña... tonta que soy ) y tengo ganas de felicitarte más veces. Ahora harás presentaciones y todo eso? Vente pacá, pero paella no comemos, eh? Otras cosas mejores...