Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Esperando a nuestro Papá (o Mamá)



Vivo en una calle de Madrid donde hay cuatro colegios. Muchos días coincido a la entrada o salida del cole, un verdadero follón de autobuses y, especialmente, coches de papás y mamás. Hay también muchos niños que se suben al 150 con su cuidadora para volver a casa, adolescentes a su bola en manadas o en solitario absortos con su musiquita, lío general, diario y doble, que los vecinos nos tomamos con bastante filosofía y humor. Los niños dan mucha alegría al barrio.

Cuando bajo o subo mi calle a eso de las cinco de la tarde observo que en medio de ese follón monumental hay siempre varios niños o niñas esperando solos a su mamá, a su papá. Muchos de ellos, pequeñitos, están dentro del recinto escolar. Con fe inquebrantable saben que su mamá, su papá, aunque sean unos pelmazos, aparecerán de un momento a otro, vendrán a por ellos.

Como en la película "Los niños del Coro", aunque ahí era más triste. El pobre Pepinot salía a la verja del orfanato a ver si de una vez su papá venía a buscarle. Oye tú, pues que al final viene su papá, es su papá al fin y al cabo el maestro que se lo lleva. Y lloras a moco tendido.

Yo creo que cambiamos muy poco del niño o la niña que fuimos en el colegio. Veo a antiguas compañeras y la verdad creo que en lo básico somos las mismas, exactamente iguales. Por eso es tan difícil mantener una identidad forjada a posteriori tanto con los hermanos como con los amigos de infancia. Jolín, Fulanita, que ahora irás de super mega guay y darás conferencias mundiales sobre el agotamiento del petróleo, pero yo te he visto copiando. Es un decir, pero creo que ilustra.

Hay muchas películas que van de esto. "El chico" con Bruce Willis es una: uno no puede traicionar, engañar, a quién uno fue. Se puede ser aparentemente un triunfador pero en tu fondo queda el gordito que fuiste, el niño solo al que le caneaban y a quien tu vida actual le parece -esa sí, no la otra- una mierda. "No te has casado, no tienes hijos, no tienes perro: eres un fracasado" sentencia el niño que fue Bruce. "Claro que entiendo lo que haces para ganarte la vida: mientes a la gente". Y da igual que Bruce le diga que trabaja como asesor de imagen, el niño sabe de qué va su trabajo realmente. Los niños saben siempre de qué va la vida, de verdad.

Hay otra, que me encanta, porque retrata un tipo de perfil que se da con cierta frecuencia en nuestro competitivo mundo, "El Club del Emperador". Sí, a veces se puede necesitar ganar por goleada en la vida, y más que ganar: que los demás nos vean como ganadores, serlo públicamente y por aclamación popular. Y si hay que hacer trampas, se hacen, pero luego vamos de guay. Hay gente educada para ese tipo de éxito social donde las trampas son celosamente ocultadas. Pero en el fondo somos niños, todos. Hay algo muy infantil en las trampas.

Volviendo al tema de la entrada, que me voy por las ramas.

Esperando a nuestro papá, a mamá. Día duro en el cole. Es posible que estemos solos, que hayamos sufrido, como dicen ahora, acoso escolar. No es posible muchas veces: es seguro. También que la maestra haya sido dura con nosotros. Y que la comida fuera un asco. También que lo hayamos pasado medianamente bien o incluso muy bien. Hay días estupendos en el cole. Hay de todo.

La vida es como un colegio, pero de verdad, es el colegio de verdad, el otro es una imitación. No somos muy distintos a lo que fuimos de niños y el caneo varía, la soledad varía en matices, y la compañía también, pero en lo esencial es igual. Clases, cuatro cosas que hay que aprender -no son nunca muchas- y que a veces nos cuestan, no somos el centro de la atención, porque en nuestra casa podemos serlo pero en el cole somos demasiados para serlo. Siempre hay un caradura, un matón, una cursi, se pasa bien y se pasa mal. Pues eso.

"¿Llevabas mucho tiempo esperando?" "Eres una pelmaza, mamá, siempre haces igual..." La mamá pide mil disculpas, siempre se lían las mamás, más ahora que hay poco tiempo. Se enfurruña el niño. "Venga, que ya verás qué merienda te tengo preparada" Y se nos pasa.

Tenemos mucha suerte los que sabemos que nuestro Papá, nuestra Mamá, siempre vendrán a por nosotros tras ese día duro o menos duro de cole. Da mucho calorcito por dentro tener esa seguridad. Aunque algunos nos digan como a Pepinot que somos huérfanos: no es verdad. ¿Veis como aparece su Papá?



PS: Publicado en 2008, lo vuelvo a hacer hoy día de todos los Santos cuando la orfandad se siente mucho más profunda. Con paz y esperanza, pero orfandad al fin y al cabo.

15 comentarios:

Javier Molina Palomino dijo...

Interesante entrada por todo lo que abarcas, Aurora. Yo vivo entre de dos colegios y el atasco de tráfico es monumental: padres que llevan a sus hijos y aparcan en doble fila, autobuses, pasos de cebra regulados por semáforos... Sin embargo yo tuve otras experiencias en mis años de escuela. Me crié en un pequeño pueblo de Albacete (Villamalea), a finales de los 70, y allí los niños íbamos andando al colegio y por supuesto solos. A nadie se le ocurría ir con sus papás si luego no querían ser el hazmerreír de la chavalería. Porque eso sí que no ha cambiado: la ley del más fuerte, la voluntad del líder, que suele ser el más "descarado", el de más edad o el más trasgresor, aquel que más temen (o respetan aunque sólo sea para evitar su acoso) sigue imponiéndose en las relaciones de grupo en esas edades. Otra cosa sería la percepción que desde fuera se tiene del problema de la violencia escolar en estos tiempos. Yo no tengo experiencia docente como sí tienen otros seguidores de tu blog, Aurora, pero tengo la sensación de que este problema se ha agravado mucho en los últimos años.
Intentaré buscar las películas que apuntas.
Un abrazo.

Miguel Baquero dijo...

Qué buena era aquella escena de Los chicos del coro, imposible no sentirse conmovido por el pobre biño que luego no sabñia hacer nada, y le utilizaban como atril para las partituras, pero su fe era inquebrantable...

Montserrat dijo...

"La vida es como un colegio, pero de verdad." me quedo con esta frase para meditarla de vez en cuando.
Una entrada estupenda como todas las tuyas llena de ternura, de detalles, de matices.
Eres una psicóloga nata, no se te escapa nada y encima lo sabes narrar con gracia y con donaire... el colmo, vamos!

Un abrazo.

Irene dijo...

Aurora, me encanta estas entradas llenas de añoranzas y realismo, porque nos llegan a todos de distinta manera, nos hacen recordar y emocionarnos con nuestras propias experiencias.

Dicen que lo del acoso escolar y la violencia y demás se está agravando. Yo muchas veces me pregunto si simplemente se estará haciendo más mediático todo. Si hoy en día dejas que tu hijo vaya sólo al cole, eres un mal padre, cuando tú de pequeño ibas tan tranquilamente de la mano de tu hermano a clase, con tu bocata en la mochila para el almuerzo. Y hoy hay "bulling". Fíjate. Hasta tiene un nombre que suena "cool" y todo. Yo creo que ha habido bulling desde que ha habido niños. Así que imaginate cuanto tiempo hace...

Ayer estuve viendo "cadena de favores", otra que te deja con la lágrima del muchachito con buena voluntad que por bueno, le salen las cosas mal. ¿A quien no le hace llorar Oliver Twist, El club de los poetas muertos o Mentes peligrosas? La infancia está tan llena de inocencia, tan repleta de recuerdos buenos que se nos parte el corazón cuando vemos que eso no es así. Me parece genial que nos hagas recordar que no todos los niños pueden tener la suerte de vivir como niños.

Un beso enorme,

Irene

Ps: Yo lloré a moco tendido con los chicos del coro, ea.

Sombras Chinescas dijo...

Mi favorita sobre este tema es "El imperio del sol", el mayor fracaso comercial de Spielberg yque, sin embargo, reponen cada cierto tiempo en la tele (siempre que puedo la veo).

Saludos.

annemarie dijo...

Siempre vendrán por nosotros, querida Aurora, o siempre están con nosotros, pero es super difícil, sí. Un abrazo muy fuerte!

Olga Bernad dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Olga Bernad dijo...

Muchas cosas tocas en la entrada (como siempre, te dispersas y bifurcas en varios hilos, y el pensamiento del lector se va contigo).
Muchas veces he pensado que, si hemos tenido madurez suficiente como para mantener algunos amigos del cole, sabemos mejor quiénes somos. Quizá ahora ni eso se lleva, que cuesta esfuerzo, hasta hay una empresa que alquila amigos para actos sociales (sí, hija, sí).
La orfandad es desoladora para un niño (creo que con pocas pelis he llorado como con los chicos del coro). Es ley de vida que todos acabemos siendo húérfanos, pero es un consuelo pensar que no lo fuimos cuando no teníamos recursos afectivos ni un montón de recuerdos que atesorar. Sé que nada consuela de las pérdidas, pero tuvimos suerte; ahora, como Pepinot, tenemos, a veces, a días (o siempre), parte de su fe.
Un fuerte abrazo

ReyVindiko dijo...

Últimamente le doy vueltas a lo que es la mentira y a lo que no lo es. Un padre intenta ocultarle la vida a su hijo, o al menos, la vida sin él, sin ser el escudo que le evite los golpes. ¿Engañamos a nuestros hijos protegiéndolos, dándoles esperanza donde no la hay o nosotros ya la hemos perdido? Un cura dijo un día que los Reyes Magos son los padres, somos los regentes, tenemos el encargo de sus majestades de regalarles la vida a nuestros hijos.
En fin, habrá que protegerlos y enseñarles a protegerse y a que, incluso sin nosotros, la vida merece la pena.
Puestos a elegir película, me quedo con la de Kurosawa, Madadayo, en la que el respeto y la admiración filial por el maestro aparece continuamente como aquí anda desaparecida.

Edesa dijo...

Hola Aurora, me ha encantado tu descripción de las verjas del colegio y varios niños esperando inquebrantables.

Hay una gran pregunta que se me ocurría lanzar en el post: "¿A quién estás esperando tú?" creo que después de leerlo sería una pregunta exploratoria. Ya sabes, deformación profesional :)

Un besazo, Juan

impresiones de una tortuga dijo...

Aurora, a mí, me dejaron en un colegio de monjas y no fueron a recogerme. Ní era un internado, ni me dejaron abandonada, pero antes, en "aquellos tiempos", a los niños no se les explicaban las cosas, no tenía sentido, se suponía que los niños no entendían nada ¡cómo han cambiado las cosas!. Es largo de contar, las circunstancias mandaron, como siempre.
En mi blog está la primera parte, "Sola en el Paraiso", la segunda está por llegar, pero lo haré en breve.
Saludos.

Anónimo dijo...

Aurora me parece un relato delicioso. He contactado con mis compañeros de Insitutto (de 11 a 16 años imagínate) que han creado en Facbook un grupo y no sabes la ilusión que me ha hecho (bendito facebook en este caso).Bueno te cuento todo este rollo porque he recomendado tu relato a todos mis compañeros del Insti. Parece una historia hecha para nosotros.

un beso muy muy grande lleno de cariño!
Rosa Prádanos

Sue dijo...

No he visto Los chicos del coro y a penas recuerdo la época del colegio. Sí recuerdo cuando mi madre me llevaba y cuando aparecía en la hora de recreo con el termo de colacao caliente, pero no cuando me iba a buscar.
Creo que iba con mis hermanos, los tres juntos, pero no lo recuerdo bien.

Ternura de post.

Un saludo.

Jesús Dorda dijo...

Es muy curioso como evoluciona el carácter de nuestros hijos. Cuando mi hija era pequeña se agustiaba mucho (demasiado) si yo no estaba en la puerta cuando ella salía de su clase. Más tarde tenía que esperarla en la "puerta de los mayores" y ahora me dice que no salga del coche, que ella viene hacia mi. Dentro de nada no me deja ni ir a buscarla.

Aurora Pimentel dijo...

Estimados amigos:

Muchas gracias, he estado con poco ánimo, mucho trabajo, viajes y corrigiendo cosas escritas, limándolas, siento no haber podido atender al blog al que vuelvo hoy con ánimos renovados y la intención de mantenerlo muy vivo porque me encanta.A veces el sol sale cuando no se le espera casi.

Javier, yo apuntaba menos a la violencia y más a la espera esa de un niño a la puerta del colegio, que es algo que me enternece. Un abrazo y hablamos. El tema que tú apuntas es muy grave.

Miguel, el niño como tú y como yo con fe inquebrantable en... ¿qué? En que escribir todos los días (o casi), leer con pasión y todo lo que tenga que ver con esto vale la pena siempre, se pasa fenomenal aunque nada salga. Un abrazo fuerte.

Montserrat, no te conozco, pero te doy las gracias, vamos a ver si textos más largos que las entradas de blog funcionan, si gustan, en eso estamos con muchas ganas. Pero el blog sigue con folletones por entregas, o con estas cosas cortas, creo que es un buen lugar de escritura, contacto y de disciplina escritora a otro ritmo y profundidad, me encanta.

Irene, gracias por estar ahí, tenemos que vernos sin falta. LAs películas de colegio pueden ser de horror, tiernas, de una dureza espantosa, como todas... Vi el fin de semana el Club del Emperador que me gusta muchísimo, un retrato muy bueno ...

Sombras, coincido contigo, me gusta mucho ese fracaso. Saludos.

Annemarie, cuesta tanto que un día de difuntos se hizo un mes casi, y sin casi.

Olga, los amigos son fundamentales y lo son cuando una les ha decepcionado varias veces y siguen y siguen. Alguien lo dijo: no eres amigo de nadie mientras no le hayas decepcionado de algún modo y él siga adelante. Así que yo siempre muchas gracias porque asumo que meter la pata es de continuo por mi parte.

David, es que una de las cosas más tristes hoy es la falta de esperanza, en mi opinión, no de fe, de esperanza. No creo que tú transmitas eso para nada. Y la película ni la conozco. Un abrazo, os echo de menos, perdí el móvil, a ver si os llamo como pueda...

Juan: eres un coach de campeonato. Has hecho la pregunta exacta. ¿A qué espero? Anda que no tengo compañeros de certificación geniales, mira, es que te daba un abrazo... (y te lo daré)

Impresiones de una tortuga, me ha impresionado tu relato. Ya te escribiré con calma, un abrazo muy grande.

Rosa, guapa, nos vemos mañana y pasado. Amigas como tú hacen mucha falta.

Tierna tú, Sue, el termo, qué recuerdos tan buenos...

Jesús, dentro de poco te la lleva un sujeto en moto o coche, avisado quedas, un abrazo.