Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 7 de octubre de 2008

Impostora y, encima, pirata

A veces tengo un sueño recurrente que tienen también mi madre y otros miembros de la familia: no hemos acabado la carrera y estamos engañando a la gente. Tenemos una o dos asignaturas pendientes, no tenemos el título, estamos ejerciendo de extranjis.

Diré más, en algunos casos no es un simple sueño, es que piensas realmente que no tienes ni idea de lo que estás haciendo, con título o sin él.

Un tío mío médico cordobés caía en las más oscuras depresiones pensando que era un impostor, que había engañado a pacientes y que no sabía nada de medicina.

Afortunadamente yo no tengo depresiones, una patología familiar de la que me he librado por ahora. Sin embargo, de vez en cuando, devuelvo hasta la primera papilla cuando tengo que enfrentarme a una tarea nueva para la que sé que no estoy preparada.

A veces ni siquiera es nueva, es algo que llevo haciendo ocho años y donde precisamente hay que mostrar una seguridad aplastante, poner cara de que tú sabes perfectamente dónde estamos, dónde hay que ir y cómo hay que hacerlo. Me gano la vida entre otros menesteres con la consultoría. Si no quieres arroz, taza y media.

Viajé ayer a las 6 de la mañana a Barcelona, gran cosa el Ave, lo malo es el cuerpo que te pone levantarte a las 4.30. Presentación en solitario ante un cliente del que sólo sé que no sé nada tras 4 meses trabajando para él.

He nacido de pie y un angel de la guarda me protege no sólo cuando me atracan, digo que no, y el tipo ve cómo me alejo pistola en mano y ni dispara, sino en todas las pequeñas cosas de cada día como la de ayer.

El cliente quedó contento pero les dije la verdad: "no sé, perdonadme pero sé que no sé. Y que lo que os muestro es algo que posiblemente ya sabéis. Simplemente pongo un poco de orden para que se entienda mejor" . Les debo de hacer gracia porque quieren continuar. Yo a veces alucino.

Como cuando empecé a dar clases en la universidad y vomité toda la noche anterior de un ataque de responsabilidad o de sinceridad, éste fue uno de esos días que se saldan felizmente pero que mi cuerpo se rebela a fondo: eché hasta bilis.

No pude ni ponerme con este blog que revisé en el tren. Han desparecido todas las canciones que coloqué en cada entrada ¿alguien sabe qué ha pasado con Goear y cómo solucionarlo?

Además de impostora soy una pirata. "Ron, ron, ron, la botella de ron, pasad a cuchillo la tripulación" que cantaba John Silver.

5 comentarios:

Modestino dijo...

Hoy en día hay demasiado filibustero, gente que vende humo, aparenta lo que no es o disimula engañosamente sus carencias. Por eso es bueno andar con humildad por la vida, aunque de vez en cuando haya que disimular un poco;).

A mí tampoco me funciona el goear ... la duda es si estamos ante un fallo temporal odefinitivo. Qué crisis para los retrorománticos como yo¡¡¡¡

Master en Nubes dijo...

Salud, cónsul, creo que han debido de denunciar al sitio o similar, en otros blogs tampoco funciona... Voy a pagar mis impuestos -estoy con todos los papeles extendidos- y en cuanto sepa algo te digo cómo podemos bajar música.
Yo si hay que pagar, pago, que conste que no fue por no pagar, sino porque era fácil fácil cortar y pegar y aprendí yo solita...

José María dijo...

Ayer estuvimos en un funeral (buen comienzo para un comentario) y un amigo dijo que a lo mejor le daba por mudarse al campo y plantar patatas. Yo las planto a veces en el arriate de mi casa y me salen muy buenas.
Resulta que mi amigo trabaja en bolsa (opera desde Madrid para Wall Street) y no está para muchas alegrías.

Me parece que la new-economy se ha basado en la filosofía bucanera de la que todos hemos participado: forrarse de la noche a la mañana sin pegar un palo al agua, vendiendo humo.

Pues eso, al menos nos damos cuenta de lo importante que es tomar un buen vino con chorizo en las comidas, plantar patatas en nuestro jardín y reírnos con lo tontos que somos. Lo de reírnos y beber, mucho mejor en compañía.

Master en Nubes dijo...

Welcome a mi blog, gracias por participar, me aburre el monólogo, la verdad.

En fin, tienes razón, aunque yo no esté forrada ni por el forro.

Pero sí, la sensación de vender humo la tengo a menudo porque creo que la consultoría puede ser simple sentido común pero también simple y llano humo.

Por eso me gusta tanto cocinar: ahí no hay engaño, hay lo que hay. Me lo dijo mi amigo Ignacio y tiene razón.

¿Mañana más? dijo...

Como todavía tengo la "L" en blogs no sé si se ha publicado mi comentario. Así que lo vuelvo a escribir, que creo que no. Si lo duplico, perdón.

Lo que venía a decir es que esto más que un Master en Nubes es un Master en Sé lo que Pensáis.

Yo también tengo la pesadilla de que no me he licenciado y me quedan asignaturas que aprobar, aunque estoy mejorando porque en el mismo sueño me doy cuenta.

A lo que íbamos, lo de los títulos. Yo tener, los tengo; pero no sé si me los merezco puesto que tengo la impresión de que no tengo ni idea de nada de lo que se supone que debería ser una experta. Hombre, en mi caso que soy profe, qué queréis que os diga, para dar clase a los chavales de secundaria y bachillerato no hace falta ir a estudiar a Salamanca (ya sabemos cómo está el tema) pero si tuviera que dar una conferencia sobre literatura o lengua ante un auditorio cualificado me entrarían los sudores y las vomitonas de la muerte.

En otras ocasiones, no sé si os ocurre a vosotros, me sorprendo con saber más de lo que creo. Es lo típico de que vas a un examen y dices que no sabes a qué has ido porque no tienes ni zorra y te pones y tu boli arde de lo rápido y bien que está funcionando tu cerebrito. Te das cuenta que tienes en el cabezón unos conocimientos que no sabes cómo demonios han llegado ahí (y no me digáis que es ciencia infusa, que eso no existe). Es como cuando te encuentras un billete de 50 euros en una camisa y dices ¿qué hace esto aquí?.

P. D. Gracias por tu visita, Master; a mí tampoco me gusta hablar sola. Y, sí, has inaugurado los comentarios.