Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Argentinízame, por favor / Chuletón y compañía


Más allá de Viggo Mortensen, que realmente no es argentino, pero a efectos como si lo fuera, tengo querencia por los argentinos. No lo puedo evitar: ese acento embaucador, ellas con esa feminidad a prueba de bomba. No sé, yo creo que me lo debo mirar, a lo mejor es una enfermedad tipificada.

El caso es que hace como un mes me escribe Rosario diciéndome que el 1 de marzo inauguramos temporada de barbacoa en mi casa. Acepté encantada. El hombre o la mujer proponen, pero Dios siempre dispone: tuvimos que comer dentro, otro día será.

Yo esperaba que Adrián, su marido, me mirase con cariño y compasión la pierna derecha que la tengo maltrecha desde la caída en el paso canadiense. Pero ya se sabe lo que es el médico como familiar o amigo: no te hacen jamás caso. "A ti no te pasa nada, te mueves perfectamente, no hace falta ni que te la vea". Le perdono porque voy a subir la Maliciosa con él, me lo ha prometido.

Claudina y Mike, otros dos argentinos, iban a venir pero se rajaron. Una pena porque, a pesar de que son vegetarianos (una contradicción ser argentino y vegetariano, lo sé), estaba esperando sus nuevas orientaciones sobre si tengo la casa suficientemente feng shui o no. La primera vez me cambiaron cama, despacho y otro par de cosas. La última vez se relajaron demasiado, han empezado a coger mucha confianza. Mike se echó una siesta casi de pijama y orinal, y así ni chi ni nada.

Subió Álvaro que merecería un tratado aparte. Se presentó con botas, bombachas de gaucho y un CD de tangos, él es así. Amistad de veinte años ya. No sé si es mejor padre, amigo o hijo, porque es las tres cosas. Vino con su madre, excepcional señora de más de 80 años, huída tras la guerra civil española a Argentina donde se casó con un judío de ascendencia rusa. Un personaje es Eloisa, vaya que sí lo es, imparable e inagotable. Hubo que explicarle que no podíamos irnos de marcha como ella pretendía, estoy rodeada de campo y esa "marcha" en sentido nocturno y urbano aquí no se da. No se quedó nada convencida.

La comida se completó con Josianne y mi madre. Me encanta que vengan y se queden conmigo unos días, me gusta la compañía, la verdad. Pero mi madre no resiste esto más de día y medio, una pena, las personas mayores donde mejor están a veces es en su casa. Salvo Eloisa, que donde mejor está es de acá para allá.

Chuletón a discreción, buey esta vez. Crema de cocido, sobraba del sábado como para enterrarnos, le puse el toque de Josianne, un poquitín de canela. Una pizca, con cuidado, levanta y potencia todos los demás sabores, funciona también en las bechameles, en la moussaka y algún que otro guiso. Ya de cosecha propia, comino, pimentón y un chorro de aceite de oliva virgen extra, del mejor. Los purés de restos de cocido o los de verduras "piden" que se las ligue, que se las emulsione un poco con aceite crudo, saben mejor.

Salida luego al campo, rompió a llover uno de esos chaparrones como de primavera, lo suficiente para mojarnos considerablemente y tener que recular a casa. Luego café o chocolate en el pub del Artesanado de Cerceda, otra argentina de camarera. Ya digo, me los encuentro en todas partes, nos atraemos mutuamente.

Espero nuevas argentinizaciones de mi casa. Teniendo en cuenta cómo pinta la crisis, este país se empieza a parecer a Argentina en algunas cosas malas, no en las buenas, lo sabe Dios. Así que mantendré las buenas con mis amigos argentinos. Y con la foto de Viggo, faltaría más.


Nota: Jorge Drexler NO es argentino, sino uruguayo. Y no tiene una mala canción, todas son de buenas a excelentes...

10 comentarios:

Modestino dijo...

Para empezar: me ha encantado Drexler, otra ayuda tuya a limar mi ignorancia musical.

A mí también me gustan los argentinos, futbolistas de ese origen incluídos. Eso sí, ya sabes el dicho: el mejor negocio es comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que se cree que vale.

Un saludo¡¡¡¡

Suso Ares Fondevila dijo...

Pasé hace años un mes en Buenos Aires ¡y qué mes! También soy argentinofílico, por muchas razones. Y Jorge Drexler es grande.

Sunsi dijo...

Los argentinos hablan que parece que canten. Me llama la atención su léxico, tan rico.

Finalmente,¿alguien le ha echado un vistazo a tu pierna?

Un beso

Sinestesia Gastronómica dijo...

Ay ay, qué tendrán estos argentinos... Don de gentes y perfectos anfitriones son: Gustavo, argentino, compañero y amigo de Mario "mi novio" cuando empieza el buen tiempo, barbacoas van y vienen, y qué decir, hace unos "asados,como ellos dicen", muy ricos. Estoy deseando que el sol asome para volver a disfrutar del carisma argentino en casa de Gustavo.
Ah, si de chuletones va la cosa, mirar a ver si queréis participar.

http://sinestesiagastronomica.blogspot.com/2009/02/chuleton-blogs.html

Anónimo dijo...

Querida Aurora: te prometo que la próxima vez te miro "las piernas"
Besos.
Adrián.

Máster en Nubes dijo...

Modestino, lo tuyo no es ignorancia musical, por Dios, a cada uno le gusta una música, pero me alegro de que Drexler te agrade. Ya digo: ni una mala canción, te gustarán más o menos, pero mala, a mi corto entender, ni uno.

Máster en Nubes dijo...

Suso, me ha alegrado mucho lo que dice de ti hoy Enrique García Maiquez, ya te dije que me encantó tu libro Olvido y Duelo, aunque el diccionario para los momentos bajos es más alegre ;-) Escribes no sé si como los ángeles... pero desde luego que como un hombre.

Ir a Argentina ¡qué suerte! y un mes, nada menos... envidia me das..

Máster en Nubes dijo...

Ay, Sunsi, gracias por preocuparte ;-)...nadie le ha echado un vistazo, lo de la insensibilidad me dijo Adrián que era normal.
Un beso, guapa

Máster en Nubes dijo...

gracias, Raquel, por venir, ya vi lo del chuletón, un abrazo

Máster en Nubes dijo...

Adrián:

Será entonces demasiado tarde, la gangrena habrá subido y entonces apretando con los dientes un palo y tras haberme bebido media botella de güisqui me la tendrán que cortar entre tremendos dolores.

Y entonces te sentirás fatal... por no haberme mirado la pierna.

Bueno, ¿ha quedado lo suficientemente dramático?

En serio, estoy bien, se pasará, y en cuanto me ponga falda ¡seguro que me las miran! ´;-)

Un abrazo, doctor
Aurora