Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 29 de marzo de 2011

"Niña mimada" (5. Maldita consciencia)

Pronto acabé por descubrir que Juan era también otro tipo de caprichoso y que, a pesar de su fachada, compartía con los tontos globales algunos modos y maneras. Por aquel tiempo no tenía todavía dinero porque estaba devolviendo el préstamo del máster. Tampoco contaba con un padre bien situado al que acudir. Ambas circunstancias parecían hacerle diferente y mejor, un hombre de verdad frente a tanto niñato, pero también más ambicioso por conseguir lo que otros teníamos por nacimiento. Era así un caprichoso en cierto sentido maduro, adulto, acostumbrado a hacer su santa voluntad porque la había entrenado a conciencia. Sin embargo, la seguridad que esgrimía hacía aguas como la de un niño pequeño si no conseguía lo que quería o se le llevaba la contraria por poco que fuera. Ese tomarse como una traición personal o deslealtad el más mínimo disenso le hacía inestable en sus afectos y difícil de tratar. Él mismo terminaba así por distanciarse bruscamente o acababa por alejar de su lado a los que le apreciaban de veras, incapaz de aceptar que se le podía querer sin intereses, acostumbrado como estaba a que todo tenía un precio y a pagarlo él de su bolsillo habitualmente.

Supe todo esto relativamente rápido, al poco de vivir juntos me di cuenta. De mi abuela Marta heredé esa rara consciencia de ver pronto a un hombre aún estando enamorada de él hasta los huesos. Es una bendición que me evita en el largo plazo males mayores, también una maldición que impide el ciego amor y la felicidad que proporciona la falta de conocimiento.

"Juan, no te puedes poner así conmigo", "Juan, creo que no tienes razón en eso", "La vida no es justa, Juan, no es cuestión sólo de esfuerzo o mérito, simplemente las cosas no siempre son como queremos que sean”, “Que no te siga a tu ritmo, el que tú tienes, no significa que no te quiera”…

Desde que empecé a ver cómo era, apagada la fascinación inicial que sentí por él, hasta que rompimos, pasaron varios meses, un año aproximadamente. Fue algo lento y sin grandes roces, una deriva indolora y suave. Las discusiones iniciales dejaron paso a los silencios. Durante ese tiempo él también descubrió aspectos en mí que no me gustaban nada. Algunos quedan, otros han sido amortiguados por el tiempo.

"No es timidez lo tuyo, es que eres demasiado orgullosa para fracasar, Laura...", "Te faltan ganas o verdadera necesidad, por eso no tienes ambición y no te empeñas lo suficiente”, “Has nacido con muchas cosas y gratis...".

Tú te bastas a ti sola, ¿sabes?, serás siempre una niña rica, por eso desprecias tanto a los que se afanan y te consideras mejor que ellos …"

"La vida está para mancharse, y tú no puedes salir limpia, Laura..."

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Fragmento de "Niña mimada", el pdf completo está en Trabalibros.

4 comentarios:

irene dijo...

Aurora, ¡me tiene enganchada esta niña mimada!

Un besazo

Irene

Sombras Chinescas dijo...

Yo ya me lo leí entero el otro día en trotalibros, por lo que ya no me queda intriga, pero es cierto que la vida está hecha para mancharse. Si uno sale incólume, es porque pasó por ella de puntillas.

Un abrazo.

Miguel Baquero dijo...

Dificil herencia la de tu abuela Marta: esa seguridad contra los desengaños al final no creo que sea muy buena

Aurora Pimentel Igea dijo...

Pues me alegro, Irene, estoy con lo de la Paz, a ver si lo hago y te llamo. Gracias por leer.

JC, gracias por leer. Lo de mancharse lo oí a alguien y se lo he colgado a Juan.

Miguel, gracias por leer, y sí, la consciencia es un arma de doble filo, cualquiera sabe. En cualquier caso, Miguel, todo es ficción: ni abuela Marta ni ninguna de las mías se le parecía, ni mucho menos finca, ni tampoco padre viudo, ni 4 hermanas, etc. Eso sí, en la vida pasan personas a tu lado 5 años o 5 minutos de las que me "alimento" para sacar rasgos, tics, dichos, aspectos físicos o psicológicos que colocas a los personajes, es inevitable. Yo estoy todo el día con los ojos abiertos buscando detalles, y con la libreta abierta para apuntarlos. Pero nadie en la ficción es alguien en la realidad, no podría hacerlo de ese modo.