Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 27 de marzo de 2011

"Niña mimada" (3. Shopping )

Recién acabada la carrera me mandaron a Estados Unidos. “Hay que quitarle el pelo de la dehesa” sentenció tío Joaquín, “esta niña tiene que salir de España, ver mundo y trabajar". Mi padre dejaba que su familia, tan variada, interviniera en nuestra educación, él al margen desde la muerte de mamá, vencido e inapetente a su manera. Viví en Nueva York tres años, un descubrimiento y una gran pasión desde entonces. Salí del pequeño mundo en que tantos ambientes en nuestro país, provincianos o no, acababan por convertirse. El mío no era una excepción.

“I'm still paying the loan for the university...” Los estadounidenses ponen a sus hijos a trabajar temprano. Es un modo de educar distinto al español, da igual de quién seas hijo ni el dinero que tengan tus padres. Todos mis compañeros americanos del banco se ganaban la vida de un modo u otro desde los dieciséis años. Acabado el instituto, a veces antes, tenían un empleo los fines de semana, los veranos. Sin excepción todos habían contribuido a pagarse la universidad. También vivían desde la mayoría de edad por su cuenta. Pero eso no impedía que hubiera caprichos y caprichosos, lo eran de manera diferente.

Habíamos estrenado los 80 y yo había sido educada en la contención en el gasto y en la posesión, algo debido más al contexto de España, aún sobrio, que a los medios de tu familia, todos gastábamos menos. Llegué a Estados Unidos y me quedé impresionada: el armario de una americana media era inabarcable, repleto de ropa, tres veces más que el mío. Yo no sabía que se pudiera tener tanto ni que cupiese. Eran ellos mismos, mis compañeros, no sus padres, los que se concedían mil y un caprichos alentados por ese ambiente general de consumo sin parar, inédito entonces para una española nacida en los 60. Siempre había algo que comprar en alguna parte, el shopping formaba parte del ocio, de la vida entera. Todo era grande además: platos de comida a rebosar que no había quien acabase, cocacolas de dos litros que se tomaban una tras otra como si fuera agua corriente. Y todo también demasiado, porque en general era más barato o se ganaba más que en Europa en aquel tiempo: cinco barras de labios en vez de dos, aparatitos para cualquier tarea en la cocina, en el baño, en el garaje, cachivaches por doquier, a reventar a menudo estantes y cajoneras, a veces casas enteras en un desorden permanente por saturación.

“Me llamo Juan Rodríguez Alcázar, trabajo en la planta cuarta, nos hemos visto ya, ¿no?” En una fiesta del trabajo se presentó. Yo, tímida, observaba como era lo habitual un paso atrás, de lejos. Claro que ya me había fijado, él siempre riéndose y rodeado de gente. Lo que no sé todavía es qué encontró en mí. Nunca fui guapa y allí sólo era una niña bien de las muchas que las familias españolas con posibles empezaban a enviar a Norteamérica, habitualmente callada y, desde luego, nadie especial en esa ciudad con chicas y mujeres de todo el mundo interesantes y distintas, muy para gustar, atrayentes.

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Extracto de "Niña mimada", relato completo en pdf en Trabalibros.

5 comentarios:

Las hojas del roble dijo...

El tal Juan promete...

Un beso, Aurora

Aurora Pimentel Igea dijo...

Julio, no se te escapa ni media... Gracias por leer. Sentí no estar el viernes, en mayo espero ir, tengo muchas ganas de veros a todos.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Coincido con Julio.
Un abrazo.

Sombras Chinescas dijo...

No sé si cuento o estudio sociológico, tal vez novela hiperbreve, pero tiene el sello de la casa.

Muchas gracias por acudir el viernes y lamento que apenas pudiéramos cruzar un par de docenas de palabras. A ver si tenemos alguna otra ocasión con más sosiego.

Un abrazo.

Aurora Pimentel Igea dijo...

JM, qué bien lo pasasteis, me alegro. Gracias por leer, y no me pierdo la mercurialada en Cádiz cuando sea...(tengo casa ¿no?, pues eso ;-)

JC, gracias, tengo que limarlo más, joé, si parece un estudio sociológico me ha salido de pena. Vuestra presentación fue muy agradable, lamenté no quedarme, necesitaba dormir. Lo mejor (con perdón, espero que lo entiendas): vuestro libro, el de cuentos, es muy bueno, lo digo con el corazón. ¡Cómo estoy aprendiendo! Hablaremos con más calma... Un abrazo