Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 12 de julio de 2009

La inocencia de la impala

Jesús Dorda es un biólogo que vive por aquí con su mujer y su hija y que tiene un blog estupendo.

Me ocurre con dicha bitácora como con las recetas de cocina o las revistas de decoración (Jesús, ya me perdonarás esta comparación): son lectura o visión preferente antes de dormir por eso de que creo que conviene tener en la cabeza cosas agradables antes de conciliar el sueño.

Las fotos de Jesús, sus dibujos y los textos se han sumado así a la receta del cus-cus o la imagen de una estupenda casa de campo en Uruguay, pongo por caso, como últimos recuerdos del día.

Luego duermo como un tronco tras decir mis oraciones, que también creo que sirven.

Empiezo ahora a soñar con África, además de con una thermomix (Babette, tú tienes la culpa) o con azulejos de esos bonitos, con sus verdes, azules y amarillos, de Pedro de la Cal de Puente del Arzobispo.

El caso es que su última entrada sobre el parque kruger me ha tenido pensando un par de días, la verdad. Tiene, como es habitual en Jesús, unas fotos que te dejan prendada y, en concreto, hay una de una impala mostrando los cuartos traseros y el signo del McDonald como con gracia explica él, que me ha atrapado.

¿Qué es lo que tienen los animales que a mí, por lo menos, me atraen tanto?

Soy bichera. Me hacen gracia los animales, creo que tienen algo fascinante que no sé muy bien qué es. No tengo formación ni conocimientos en el área, soy sólo aficionada y disfruto leyendo sobre ellos, viendo documentales, observándolos cuando se dejan, algunos. Y también cuando tengo la paciencia o el ojo de saber ver y mirar, estoy siempre aprendiendo a esto con amigos variados también. Los animales enseñan paciencia.

Esa impala de Jesús, tan coquetuela, que mira casi como si fuera una corista sorprendida hacia el público, tiene eso que creo que tanto me atrae: la inocencia.

Eso es.

Es la inocencia de los animales quizás lo que me engancha. Eso que nosotros ya no tenemos, que perdimos, ganando otras cosas quizás, seguro.

Los animales son como son y no hay más -ni malos, ni buenos, ni mejores, ni peores-.

Su inocencia está unida a su falta de fibra moral, es lo mismo. Lo que hay es lo que hay.

Escribí el jueves que las personas son como libros, y la naturaleza -ya lo han dicho muchos, no es nada original - es otro libro impresionante y apasionante que admite muchas lecturas, que pide muchas lecturas. Nunca te cansas, nunca te la sabes, cada paseo en el campo es nuevo.

Nuestra atracción atávica por los animales, más allá de nuestra necesidad de algunos de ellos para alimentarnos (soy carnivora, pero creo que hay algo ahí que yo no acabo de resolver, por eso fui a la matanza), nos conecta quizás con un estado perdido, más bien un estadio perdido, algo que nos recuerda a nosotros y mucho.

Animal viene de ánima, el soplo de vida. Nunca he dudado que tengan alma, un tipo de alma, los animales, sé que esto hará sonreír a más de uno y de procedencias distintas, pero me es igual. Digo siempre lo que pienso y lo que siento, no me importa quedar mal.

Alma sin palanca moral, otro tipo de alma, pero espíritu.

Con los animales que haces contacto visual, con mi perra, con un caballo, te da como vértigo.

Miro y me miro en los ojos de Olimpia y veo como un fondo de tristeza, además del de fidelidad propia de un perro, una extraña y atrayente profundidad, de superficial nada.

Es impresionante el contacto visual con un animal. Sus ojos contra los nuestros, en los nuestros, los nuestros en los suyos. Te ves en ellos de un modo que no te ves del todo. Les ves a ellos, ves de un modo distinto.

El experimento no lo he hecho ni con pájaros ni con leones por el momento (!!), con insectos sería imposible. Asumo que con un primate el vértigo debe de ser mayor.

Dios mío, prometo que todo esto lo hago y lo digo sin el influjo del alcohol o de las las drogas, algunos no necesitamos sustancias psicotrópicas para alucinar, nos sale barato.

Miré a la joven impala de Jesús, al antílope del agua, al nú y revisé sus leopardos, también las aves, las libélulas de su estanque y más. Volví a andar de nuevo por su blog, texto, fotos y dibujos, todo tan cuidado, y entendí un poco mejor por qué entro en su bitácora antes de dormir, también por qué soy una bichera aficionada.

Es la inocencia, definitivamente.

Con su hondura.

Con sus limitaciones.

También con la extensión inagotable del gran libro, ese otro gran libro.

Estarías horas.

11 comentarios:

Suso dijo...

A uno le impresionan mucho las lombrices esas que las partes por la mitad y las tías siguen viviendo cada una por su lado...¡quién fuera así!

O las lagartijas, que les cortas la cola y no pasa nada.

De verdad que la teoría esa de que "Dios hizo el Mundo en 7 días, y se nota",tiene algo...

Máster en Nubes dijo...

La teoría esa es

¿que lo hizo bien,
que lo hizo mal,
que se tomo mucho tiempo,
poco,
que la perfección está en el hombre,
en la mujer...?

necesito una explicación Suso..

(y como alcalde que soy, tienes que decir tú ahora, os la voy a dar que diría el alcalde de Bienvenido Mr Mashall)

´Mira que eres, Suso... ;-)

Jesús Dorda dijo...

Muchas gracias Aurora por tus amables palabras. La verdad es que no sé muy bien qué decir o quizás, escribiría un larguísimo comentario. Pero no viene al caso. Intentaré centrarme en "los bichos" y no en la casualidad de mi blog.

La experiencia de mirar, de mirarse, en los ojos de un gran simio, impresiona hasta o más profundo. La mirada de hastío de un orangután, chimpancé o gorila cautivo, totalmente ausente a las estupideces que hace el público de los zoos, da mucho que pensar. He tenido muchas ocasiones de fijarme en varios zoos, tanto en la parte abierta al público como en la trasera, donde existe otro tipo de relación con los cuidadores.
También he tenido oportunidad de verlos cuando me miraban dibujar o cuando observaban por encima de mi hombro para intentar ver una guía de campo que yo ojeaba y, aún siendo los mismos ejemplares cautivos su mirada es otra cosa.
Espero poder verlos en su medio algún día. Lo más cercano a eso he sido en algún documental y de verdad que impresiona su "humanidad". No me sorprende que los que han trabajado con ellos se hayan embarcado en el Proyecto Gran Simio.
Tocas muchos temas en muy pocas palabras, hoy dejo aquí la respuesta.
Un abrazo.

Máster en Nubes dijo...

Gracias a ti, Jesús, se aprende mucho con tu blog. Tu comentario me daría pie ;-) a otro más largo que el tuyo y que la propia entrada mía... con muchos interrogantes, algunas preguntas y un par de afirmaciones, muy pocas.

Por piedad por un lado con los lectores... y porque también creo que ya nos conoceremos personalmente (espero), lo dejo para entonces.

Y te agradezco tu visita, conozco el proyecto Gran Simio, y como creo que es casi evidente ;-) no estoy en esa línea, aunque a mí como el National Geographic me interesa todo "the world and all that is in it", empezando por las personas, para ser sincera. Pero soy más que antropocéntrica -que también, pero poco-, teocéntrica (que es todavía mucho más antiguo y raro y suena hasta mal), o sea en fin que daría para hablar algo y sobre todo escucharte más, que seguro que es un placer.

O sea, por el momento un abrazo y mi agradecimiento

aurora

Máster en Nubes dijo...

Y que conste que no soporto a la gente que machaca por diversión a los animales en el zoo (o en cualquier parte) y que esto me costó una discusión de órdago a la grande con una persona en un tiempo -y todavía de otra forma- muy querida para mí, no podía entender cómo un biólogo puede ser tan ¡bruto!

Maripaz Brugos dijo...

Aurora, muy bueno tu escrito, tus argumentos ...

He visitado el blog de tu amigo Jesús y me ha pasdo como a tí ...me he encandilado rapidamente.

Me encantán los "bichos" no soporto por ejemplo, ver a un perro encadenado en su caseta todo el dia con una gruesa cadena. Sin apenas poder moverse, con frio , con sol...

Un beso para tí y lametones para Olimpia

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Qué buena eres Aurora, eres un sol de Andalucía embotellado.

Gracias por la referencia y mil gracias por Bob.

Un abrazo.

Mirna dijo...

Espero que me creas si te digo que para mí, una de las cosas que más me gusta hacer en las noches de verano es quedarme observando a las salamanquesas. Pienso igual que tú con respecto a los animales, a excepción de las cucarachas. Me cuesta pensar y aceptar que tengan alma, lo siento. Los demás, todos, sí.
El blog de Jesús, todo un descubrimiento. Gracias y un abrazo.
P.D. ¿En serio te estás planteando lo de la Thermomix?

Máster en Nubes dijo...

Maripaz, qué alegría haber hablado contigo, a ver si repetimos ¿eh?, tenemos el mismo horror ante los perros esos dejados de la mano de Dios (de esa no realmente, de la de sus dueños ;-), todo el santo día atados y/o abandonados... No sabes lo mal que lo pasé el verano pasado en Carnota viendo a los perros en 12 metros cuadrados metidos ... para que luego cuando salieran se comieran al monte y a todo...

JSM, tengo una reputación de borde y arrea mandobles que mantener e incluso impulsar, por Dios, así que de buena nada, de optimista todo, ahí sí que te doy la razón. Y siempre Dylan (eres definitivamente un clásico ;-)Un abrazo.

Mirna, mi Babette, lo de las salmanquesas mira que lo entiendo, son fascinantes, ahí paradas (y útiles, se comen los mosquitos y moscas)... Y comparto tu horror por las cucarachas al que añado mi repugnancia por las ratas esas horrorosas, gorrinas de basurero... (no los ratones de campo que me hacen gracia).
En cuanto a la Thermomix es como Viggo Mortensen y yo, somos un sueño imposible cruzando la noche que diría la canción (pero es que además son 1000 euros de vellón que no tengo, y para una casa de 1 por mucha gente que tenga a menudo no vale la pena)

Fcº Javier Barbadillo Salgado dijo...

Lo de mirar-se en los ojos de los animales, de los más cercanos (de los mamíferos, vamos), es realmente un ejercicio fascinante e inquietante.

En cierta ocasión, junto a mi amigo Jesús Dorda, tuve la suerte de tener frente a frente a los monos verdes en Kenia y en libertad. Puedo asegurar que en sus ojos vi reflejada el alma humana con su misma curiosidad, su atucia y audacia, su lucha interna entre el miedo y la necesidad...de todo, incluso diría que me resultaron tan humanos que ni siquiera percibí en los adultos la inocencia de sus crías.

Pero no hace falta irse lejos, ni siquiera tener un animal al lado. Lo llevamos dentro. ¿Habéis probado a miraros a los ojos, fijamente, frente al espejo?

Quizá sea un modo de encontrar en nosotros lo que ya no veíamos. Nuestra mirada animal.

(Aurora, la entrada: estupenda)

Máster en Nubes dijo...

Javier:
Hay que ver lo que me he reído con tus video "veníos toos" ;-), el sentido del humor es fundamental, que no nos falte, por Dios (y mira tú, es humano, no animal... creo, pero ya me corregirán los expertos)

Respecto a lo de mirarse uno a los ojos en el espejo tal como dices no lo había hecho, la verdad. ¿Y si me quedo enganchada de la mirada animal esa del basilisco que llevo dentro a veces, eh?

Un abrazo

Me alegro que te guste esta entrada,