Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

jueves, 1 de enero de 2009

Oído


Creemos por el oído, oí ayer precisamente. La fe viene por el oído.

Interesante sentido, hoy machacado por el volumen de todo. Mueren sepultados muchos sonidos, no percibimos matices o tonos de otros, ni siquiera ritmos distintos bajo semejante peso.

Se habla demasiado alto. Vas al cine y es atronador el sonido. Las pausas publicitarias de la televisión se ponen más altas a intención. ¿Cómo hemos podido pasar de la levedad del sonajero, nuestro primer instrumento musical, al estruendo con el que vivimos?

Oigo a la Orquesta de Madrid dirigida por esa estupenda directora que, además, es guapa, Inma Shara. Luego vendrá la maravilla del Concierto de Viena, archiconocido, sí, pero son los sonidos de un mundo que desaparece, una gracia musical que ya no existe. Barenboim dirige a unos músicos con facha de caballeros, creo ver a un par de mujeres en la orquesta, damas.

Tras el estruendo de petardos de ayer, en esta mañana soleada donde las nubes y niebla quieren levantar, la combinación de esta música navideña y elegante y las urracas, que ya están haciendo de las suyas en el jardín, me dan paz.

Muchas mujeres se enamoran por el oído, sentido olvidado en los poemas y novelas de amor. Debe de ser difícil llevar a un texto el tono de voz de alguien, su ritmo, no sólo lo que te dijo y cuándo, sino cómo te lo dijo. Algunas películas sí pueden, el teatro también, juegan no sólo con las palabras.

Algunas mujeres cerramos los ojos para ver mejor y oir de verdad.

No oyes violines cuando besas por primera vez, como decía José Luis Garci, pero sí oyes el latido del corazón a menudo. También la respiración. Tantas veces es tranquilizador entrar en el cuarto de alguien y oir que sigue respirando.

Silencio roto por los pájaros. Carboneros que se pelean en el abeto. El aleteo de los colirrojos, siempre más discretos. Rabilargos que aparecen y no sé si se van a quedar por aquí. Lavanderas que vienen a lo suyo: andar por los charcos.

La voz humana, el mejor sonido a veces, puede ser también poco agradable. Voz en sursurros de Diane Krall, me encanta. No me gustan las voces perfectas y muy potentes como Celine Dion, frías de tan sin mancha. Y en hombres, igual. La voz de Paco Rabal, la de Juan Luis Galiardo, tabaco sí, pero también vida.

Como el silencio, tener toda la casa en silencio a veces: sin cd, sin radio, sin televisión, sin móvil, desconectas el teléfono fijo.

Necesitas silencio para apreciar mejor los sonidos, que el oído ayune unas horas, a veces días enteros. Ni música siquiera. Nada.

Un paseo por el campo, hoy, a primera hora. El mundo recién hecho. Sólo los perros que ladran a Olimpia cuando pasea a mi lado.

Creemos por el oído.

Amar por el oído.

Amar de oidas a veces.

2 comentarios:

Sunsi dijo...

Mi querida amiga Máster... la que combina palabras con todas las cadencias... pero necesita silencios largos y cerrados. Hubo un año mágico que se leía lo mismo por arriba y por abajo... 1961... por arriba la palabra rotunda , atenuada cuando hace falta, susurrada cuando alivia, al oído cuando ama... por abajo es silencio para volver a escuchar la resonancia interna de la palabra o la nuevo que nos trae todos los días la naturaleza limpia, sin contaminar. ¿Tú naciste en 1961? Me lo parecía...

Feliz año , guapa... Estamos escuchando lo mismo. El concierto de año nuevo...

Máster en Nubes dijo...

Somos de la misma quinta, Sunsi, buena salida y entrada de año por aquí.

¿Acompañaste la marcha Radetzky?