Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Lo que es (Ulises y las sirenas)



Leí esta semana “Ulises y las sirenas. El dilema de la infidelidad” de Jesús Cotta Lobato. Vaya por delante que mi idea sobre la infidelidad estaba más próxima al adulterio, todo muy dramático y serio, como de Valladolid o Rusia. Algo así como Ana Karenina, mal final y mucho sufrimiento en todo el proceso y encima un lío habitualmente horroroso. Podría haber tenido otro enfoque del cuerno (así lo llama Jesús, cuerno), más festivo o ligero, algo parecido a “La venganza de don Mendo”, pongo por caso, o a los vodeviles de antes, donde siempre había un hombre en el armario al que cantaba la Carrá y el marido era el último que se enteraba para regocijo general.

Pero no, qué se le va a hacer, era el primero. Así que empecé a leer no muy convencida, la verdad sea dicha, “Ulises…” que me regaló el propio autor. Claro está que, por otro lado, estaba convencida de antemano de que Jesús, que pone todas las mañanas en su blog una sonrisa y un pensamiento, ambos, no podía haber escrito algo que no tuviera peso y a la vez humor, también porque Topicario me encantó. Y soy fan de Cotta, sí, lo soy ¿qué pasa?

Lo primero que me gusta del libro es que queda claro que un cuerno es lo que es: tonterías, las justas; rodeos, los menos. Hay en general diversas servidumbres que nos hacen llamar por otro nombre o explicar de otro modo (justificar, autojustificarse también) lo que algo es, también lo que somos: humanos, ergo débiles, así que ángeles sólo en el cielo. Cotta, que es filósofo, parte de lo que es un cuerno para mostrar que ese ser puede ser a la vez visto desde múltiples posiciones, situaciones y hasta opciones. Sin perder la referencia continua a ese ser, deja claro que conviene no equivocarse con lo que “debería ser” algo, (o alguien), ni tampoco con lo que a nosotros nos gustaría que fueran las cosas o las personas, uno mismo también, porque quedaríamos mejor o sería todo  más fácil o menos doloroso. Teorías pocas, vamos, vayamos a lo práctico pues.

El dilema de Roque y Cabo de Gata ya te deja ko con 8 alternativas, 8, que tiene el sujeto en cuestión, desde poner el cuerno con todas las de la ley (es un decir) hasta quedarse tranquilamente (es otro decir) en su casa y no irse con Auxi a ninguna parte. Realmente sorprende esa amplitud y hasta toda esa reflexión que puede llevar cualquier tema en cuanto uno se pone a pensar, hasta la posibilidad de un cuerno, qué barbaridad. El segundo capítulo centra un poco más el campo de juego, Ulises y Penélope, los tipos de fidelidad y los grados de infidelidad. En fin, Roque lo tiene todavía más complicado, o no. Qué lío es esto del lío. El tercer capítulo es ya tronchante con los once tipos de amantes que Cotta define como socrático, aristotélico, sofista, platónico, epicúreo, cristiano, cartesiano, kantiano, schopenhaueriano, nietzscheano y el posmoderno. Reto a quien lo lea a no sentir esa punzada de aviso al leer algunos rasgos en los que no querrías caer de ninguna manera. “Mira que si al final soy nietzscheano para ti …”.

El capítulo cuarto y el quinto entran ya en la materia del qué pasa después del cuerno y es donde Cotta no es que recoja velas, es que sigue con lo que es el cuerno, pero no ya desde la posibilidad y la consumación, sino en los efectos posteriores en las partes implicadas, bueno, no en todas, sólo en la pareja (al amante ocasional lo deja fuera, interesante). Y en los afectos, en el amor de la pareja (no confundir con amorrrr, que es otra cosa, lo explica muy bien en el prólogo). Si los anteriores te divierten, estos dos últimos capítulos y el epílogo emocionan.

Jesús Cotta tiene una mirada propia, original, divertida, honda y a la vez muy fiestera: tiene gracia en todos los sentidos del término. Pasa de correcciones políticas o de ortodoxias conservadoras o progres, algo que se agradece mucho. Lo que dice además lo dice siempre de modo amable, una suerte y una envidia. Así que se aproxima a la infidelidad muy libre y muy ligero con el resultado de un ensayo donde se oye la flauta y las pisadas del fauno, pero también la del filósofo que va poniendo orden y concierto con humor y sin dar nunca La vara. Y sobre todo, la del convencido de que el amor es entrega siempre imperfecta y con caídas diversas, porque así somos los humanos, o sea, la voz y la mirada del cristiano. A eso llamaría yo ser cottiano o cottesco, a ser libre, fauno, alegre,  divertido, filósofo o explicador de cosas y a la vez tener una mirada cristiana por dentro y por fuera, o sea, amable. 

Sólo una advertencia: conviene no leer “Ulises y la sirenas” en el metro, el autobús o en la espera del médico, se llama la atención mucho riéndote, mejor leerlo en casa tranquilamente, pero hagan lo que quieran.

PS: Si yo estuviera en Sevilla hoy iría a la presentación del libro, no me lo perdería, es a las 7.30. Un abrazo al autor y en fin, nos hemos ganado hoy la mano de la susodicha, Cotta, espero.

10 comentarios:

Capitán dijo...

Interesante crítica literaria, es un género que me apetece abordar, pero aún no me he atrevido.

Habrá que leer el libro sin duda.

Tu crítica no esconde cierta capacidad organizativa, es ordenada, con introducción, análisis por capítulos y conclusiones, está claro que al final los de ciencias o números no podemos esconderlo, ni debemos.

Un abrazo

sarracena infiel dijo...

Ya sabes: me muero de ganas de leerlo (me quedé sin Topicario, agotado)

Tráetelo cuando vengas ¿el penúltimo de diciembre?

PS: no me ha llegado tu correo

lolo dijo...

Sí, qué bonito lo has dicho.
Ya puede estar contento Cotta.

Yo, que no soy de Valladolid, enfoco también a lo Karenina. Tendré que cambiarme los ojos para poder leer Ulises y las sirenas con un poco de mirada Cottiana.

Miguel Ángel Y. dijo...

Bonito blog,Aurora. Es un placer pasear por él.Espero que hayas dormido bien cuando leas este saludo desde Zaragoza...

Olga B. dijo...

Me resulta muy raro dejarte un comentario cuando estás durmiendo a muy pocos metros, en mi casa. Espero que sea una sorpresa al despertar.
Bonita crítica, tuya, mucho;-)))
Leeremos esas sirenas, y ojalá esté Jesús tan satisfecho con su presentación como nosotras. Qué gran idea lo del "calentario"... pero te dejo que lo cuentes tú cuando tú quieras (aunque me temo que no lo verán nuestros ojos;-)
Hasta mañana, bella durmiente.

Las hojas del roble dijo...

Eres una artista, Aurora

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Si ya tenía ganas de leerlo, ahora tengo más. Que toda una domadora de serpeintes diga estas cosas, uf. Y adelante con el calentario...
Un beso, Aurora. Qué buena noche, anoche.

Fernando dijo...

abrazos maños..

Máster en Nubes dijo...

Capitán, aborde Vd., aborde, que lo bordará, seguro. Que Vd, encuentre orden en lo que escribo me soprende y se lo agradezco, de letras a pesar de los esfuerzos de mi pobre madre -química- para hacerme entender tablas de elementos, fórmulas, ecuaciones de segundo grado, etc. Sin éxito, lo siento. Los números como Drácula me dan miedo, pero tenemos a gente como Ridao para la economía sin esfuerzo o como Vd. para aproximarnos a otros temas. Y ya que estamos ¿por qué no se caen los aviones que yo todavía no lo entiendo? ¿la electricidad no se "almacena"? A ver explíqueme eso y lo de la bioenergía, por dios, que me pierdo...

Pepa, ya lo hablamos por teléfono. Fue leer el libro de Cotta y acordarme de aquella conversación entre tú, tu santo, Paloma y yo sobre la infidelidad en el Camino de Santiago hace unas semanas. No entendí lo que decía Paloma hasta que leí a Cotta, es muy lista tu amiga. Y muy buena. Y voy, ya lo sabes que voy. Está hecho.

Lolo, te va a gustar, estoy segura, Cotta es eso, cottiano, cottesco, tiene esa cosa de bondad de su blog y de sano cachondeo, en fin, tú eres mediterránea, así que lo vas a disfrutar mucho.

Miguel Ángel, muchas gracias, qué barbaridad, qué rapidez la tuya, siento que casi estuviera dormida al final, paso de la alegría al que me duermo y no se puede hacer nada, que me duermo. Un abrazo fuerte.

Olga, ayer descansé, ya sabes -Pepa sabe de esto muucho, no se creerá que estaba por ahí a las 12 y tan campante- que estaba agotada. Gracias por tu casa, por las joyas de tus niños que van regalando cuadros y joyas a señoras totalmente desconocidas, a tu santo que es eso, santo. Y el calentario os lo mando hoy a los interfectos, espero tus comentarios y lo lanzamos, me tomé ayer el día libre de blog, un abrazo, guapa.

Caballo rojo a pato azul, cuando hay cariño por una persona, y admiración, pues salen así las cosas. Pero si no me gustase no lo hubiera hecho por mucho cariño que hubiera. Luego además es que quiero a su hija A o I como consorte de mi ahijado, hago méritos, adorar al santo por la peana dicen que es esto que hago. Creo que los tenemos ya en el bote, pero mi ahijado tiene que aprender artes marciales primero me ha dicho Jesús, quiere a su hija, la que sea bien protegida, veremos porque mi ahijado pega pero sin técnica, ay.

Juan Antonio, mil perdones por no ir a despediros, no estaba de baja, necesitaba dormir, me levanté a las 5 el viernes. El calentario está ya casi -el proyecto, todo muy serio-, os lo envío esta tarde. Lo pasamos muy bien, la verdad, y tu presentación de Olga, ya te lo dije, fue preciosa, con temple y generosa a la vez, en fin, un caballero. Beso de vuelta.

Fernando, abrazos de vuelta, Zaragoza está a un paso, así que nos veremos seguro.

Capitán dijo...

Caray Aurora, y yo haciéndote de ciencias, pues como si lo fueras, a ní los escritos me gustan con orden, y si hay desorden, que sea ordenado, debe ser deformación profesional.

Y mi Reina Mora me pregunta lo mismo de los aviones, tendré que preparar una entrada al respecto.

Un abrazo