Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Cuidadoras, cuidadores. 3)


Hace años leí sobre la ética del cuidado. Me gustó mucho, y pensé, también, que era algo que las mujeres practicábamos desde tiempo inmemorial, aunque no es privativo nuestro y ojala estuviese más extendido.

Sé, no obstante, y de modo casi intuitivo, que la ética del cuidado de Virginia Held y Carol Gilligan hace algunas aguas en su fundamentación, no puede sustituir por si sola una ética de la justicia, creo. Sería tema de otra entrada, no de ésta. No me importa tanto la filosofía como la práctica del cuidado a nivel personal, también social. Creo que nos iría mejor si todos fuéramos más cuidadores, mujeres y hombres.

La palabra inglesa "care" sirve tanto para cuidar como para hacer referencia a si algo, alguien, te importa. Curiosa coincidencia. Do you care? Si te importa alguien, le cuidas, la cuidas, les cuidas.

Pienso que el cuidado tiene que ver, para empezar, con tener tiempo o, al menos, un ritmo interior pausado. "Para la ternura siempre hay tiempo" cantaban Ana Belén y Victor Manuel, pero el problema es que solemos tener poco, corremos mucho, mal podemos ver las necesidades ajenas y hasta las propias, menos cuidar. Con todo, la falta de tiempo de hoy algunas personas que son cuidadoras la suplen con un ritmo interior lento y eso compensa. Creo que a veces es casi más importante tu pausa interior a la hora de cuidar que el tiempo en si.

Contra lo que pueda parecer, esa ética del cuidado tiene difícil arraigo si la sustentamos sólo en los sentimientos, por buenos que sean. Especialmente en algo tan resbaloso como es la compasión. La compasión puede llevarnos a cuidar a alguien, pero también a eliminarle. Lo discutimos ya en entradas pasadas. O sea, una ética del cuidado o tiene detrás una idea de la persona o se queda cojita, porque la compasión es estupenda pero hoy es peligrosa, en muchos sentidos. Más que eliminar por compasión, que hoy se da, podemos llegar a hacer muy flacos favores a quien tanta pena nos da. La compasión tiene que estar sujeta por la cabeza.

¿A quién cuidar? Primero a nosotros mismos. Cuidar el cuerpo es importante, como el alma, los dos. Todo deja huella, no sólo en el alma, en tu cuerpo. O mejor dicho, las huellas del cuerpo se hacen también en el alma, y viceversa. Es imposible que no se resientan la una con el otro, no va el alma por un lado y el cuerpo por otro. Ni el corazón. Ni la cabeza. Creo que quien no sabe cuidarse bien -alma, cuerpo, corazón, cabeza- mal cuidará a otros.

Pienso que hay que ver nuestra propia fragilidad, aceptarla, sin sentimentalismo, pero con comprensión, para poder acoger luego a otros, cuidarles. Verse las heridas, reconocerlas como tales y vendarlas, pero no regodearse en ellas. Se acaba una por cerrarse a los demás y ellas tampoco curan.

Hay fríos internos que acaban congelándonos, alma, cuerpo y corazón, haciéndonos ciegos y un poco sordos también. Así es difícil cuidarse y mal puedes cuidar a otros, estás demasiado ocupada tiritando, metida en ti misma. Pero hay veces que no queremos salir del frío. Se está bien así, con frío y diciendo que el mundo es terrible. Esto hoy se lleva mucho. Por eso hay pocos cuidadores. Hay falta de calor interno, no sólo externo.

18 comentarios:

Driver dijo...

Ayer estuve en una residencia de "discapacitados mentales" en Carabanchel, Madrid, por temas de obras.
Los cuidadores a plena máquina.
Algunos "enfermos" en una sala, fumando como condenados.
Me siento en la sala con mi carpeta y comienzo a dibujar las ventanas que había que cambiar.
Cuarenta y siete ventanas, cada una de su padre y de su madre. Distintas medidas, diferentes sistemas de apertura.
Se me acerca un "enfermo",mira mis croquis y me señala un fallo en una ventana de la planta tercera en la fachada posterior, situada exactamente donde San Pedro dio las tres voces.
"Es diez centímetros más ancha".
Compruebo y rectifico.
Me dice la cuidadora que es lo primero que ha dicho el "enfermo" en dos meses.
Tiene una memoria y una visión espacial que paquélasprisas.
...
Me marcho. Me lo encuentro en un banco, junto al aparcamiento.
Saco mi lápiz de grafito, tres hojas en blanco, se las doy y le digo. "Dentro de una semana vuelvo;dibuja el edificio".
...
Me mira desde tres mil millas de distancia y me hace un gesto afirmativo.
Ya se oía el sonido de su cerebro trabajando.
...
Arranco el coche y me quedo pensando.
Tal vez un lápiz y una hoja en blanco resuelven más problemas de los que nos pensamos.
Quiero pensar que es así.

ana dijo...

“La enfermería, ciencia del cuidado, es un arte, y si se pretende que sea arte, requiere una devoción tan exclusiva, una preparación tan dura, como el trabajo de un pintor o escultor, pero… ¿cómo puede compararse la tela muerta o el frío mármol con el tener que trabajar con el cuerpo vivo, el templo del Espíritu de Dios?(...)
La enfermería es una de las Bellas Artes, casi diría, la más bella de las Artes”
Florence Nigthingale



No pude por menos, aquí lo coloco, en la casa de Máster. La enfermería es la Ciencia del Cuidado. Y de cuidados estábamos hablando...

Hoy que es el día mundial del enfermo, no he podido evitar hacer un homenaje a todas aquellas personas que participan del arte de cuidar, profesionales o no. Esas personas que permanecen al pie del cañón, esos cuidadores principales ante los que la propia ciencia se quita el sombrero, que son incombustibles. Y a todas aquellas enfermeras que trabajan con tesón, conocimiento y que tienen en su bagaje profesional la maleta de la compasión.

Sí, Máster, yo apelo a la compasión por el otro, que sea la compasión por el otro la que nos mueva a ser los mejores en el arte de cuidar, pues ese otro que me conmueve no es yo, y sin embargo, sí es una parte de esencial de lo que yo soy.

Cuidar conlleva siempre la compasión, pero no es una compasión noña, sino esa otra que sabe que nada de lo que le suceda a la humanidad le puede ser ajeno.

Cuidar es poner en juego conocimientos, corazón, fortaleza, humanidad, exige una importante implicación de lo que cada cuidador sabe, siente, percibe, comprende y ama. Cuidar es "ponerse a ser" todo lo que somos para que alguien pueda agarrarse a la esperanza. Ante el cuidado nada de lo que somos queda ajeno. En el cuidado que ponemos va siempre implícito quienes somos. Y siempre, desde la compasión... desde ese sentimiento de tristeza que nos asola cuando vemos la mirada doliente del otro.


Sin los cuidadores la palabra enfermo sería totalmente aterradora. Gracias a ellos la palabra enfermo cuelga íntimamente de la palabra esperanza. Y en ese cuidar que muchas veces parte de la compasión, nos quedamos colgados hasta encontrar la sonrisa de la esperanza.

Es sencillo.

ana dijo...

Driver... yo he visto el pequeño museo que hay en el Hospital Psiquiátrico de Ciempozuelos.

Mucha sombra de oro se siente en la espalda cuando observas aquel mundo escondido.

Sombra de oro que salió a nuestros ojos cuando alguien nos enseña lo que esas manos son capaces de hacer con un papel y un lápiz...

... aún recuerdo un cuadro titulado "El paso del tiempo". Realizado por un huérfano, dibujó las etapas de la vida, y cada etapa siempre protegida por la mirada de una madre.

Nunca se me olvidó aquella sombra de oro.

Máster en Nubes dijo...

Gracias, Driver, eres un cuidador nato, por eso quiero que estés cerca ;-). Te retrata tu relato.

Un abrazo, campeón

Máster en Nubes dijo...

Ana, vergüenza debía de darme escribir de esto teniéndote aquí. Te agradezco tu aportación que deberías ser entrada, la verdad.
Creo que coincidimos en lo de la compasión, yo me refería -cuando digo que hay que tener cuidado con ella- a otros peligros: no hacer lo que tienes que hacer porque te da pena. Te da tanta cosa que le das todo, pobrecito. Y no puede ser.

Queda otra entrada donde he puesto algunas cosas más de las que dices... y sobre todo, sabes tan bien.

Un abrazo
aurora

ana dijo...

ehhhhhhhhhhhh...

NO, NADA DE VERGüENZA...
... ya que gracias al hilo de tus cosas, salen las mías...

Y CUIDANDO, tenemos la misma perspectiva. LO INTUYO, LO SÉ.

José María dijo...

Hace unos meses jubilamos una sandwichera (o como se diga) que teníamos en casa desde hace más de 30 años.
Hoy todos los cachivaches nos duran bastante menos. El móvil no dura más de dos años.
Me la impresión de que vivimos con la mentalidad de "o funciona 100% y es lo último, o lo tiro". "O tiene arreglo, o a medio gas no lo quiero".
Quizá por eso nos repatea tanto "cuidar". Nos gustaría "arreglar" el problema del otro, pero no podemos. Tenemos que aceptar al otro "que no se puede arreglar" (vejez, autismo, retraso mental, etc). Así que sólo podemos "cuidarlo".


Os dejo un enlace que poco o nada tiene que ver con el tema, pero que quizá os interese a algunos:
http://www.nuevodigital.com/2009/02/06/crisis_economica_animales_mascotas_aband
"Miles de animales de compañía, abandonados por sus dueños ante la imposibilidad de afrontar su mantenimiento"

Sunsi dijo...

Máster, Driver, Ana, José María... El de los cuidadores, el de los enfermos... un horizonte que no se acaba y casi nadie se detiene a mirar. Menos aún el de los enfermos mentales.

La verdad es que hoy, quien lo necesite, ha recibido desde este blog una inyección de esperanza, un soplo de aliento cálido... para seguir cuidando.

Muchísimas gracias. Conozco poca gente con esta capacidad de transmitir lo que es el amor verdadero por el enfermo.

Máster en Nubes dijo...

José María: lo has clavado.

Preferimos arreglar o "cambiar" ... a cuidar.

Tío, me vas a hacer "cambiar" (ja ja) la última entrada ... que la tenía para el viernes. Joé, qué tío más fino eres, ¡y qué gusto tener amigos MUCHO MÁS LISTOS Y MÁS BUENOS QUE UNA! (Va por todos, que conste)

Y lo mejor: me has hecho pensar... que debo de cambiar yo.

Gracias, amigo. A ver si lo sé hacer...
Un abrazo
aurora

Máster en Nubes dijo...

Sunsi, lo dicho y hablado. Cuídate. Por Dios te lo pido. Y voy a llamarte otra vez, cada día, para comprobar el plan. Y como no, ya sabes.

La enfermedad mental es la gran desconocida, todavía. Quienes la hemos vivido cerca con un familiar, con un amigo, sabemos lo dura que puede ser. Y la ignorancia de desear a alguien con una depresión "ponte bien" o "reacciona".

En fin, un beso. Y en mayo dogs on the beach. Autoinvitación tramitada ya ;-)

Aurora

Sunsi dijo...

Máster... una proposición deshonesta con la venia de Ana. ¿Puedo llevarme el comentario de Ana... (el de Driver ya lo tengo y también el permiso desde hace tiempo) para mi post de mañana? Es que quería explicar una enfermedad mental en concreto y ambos comentarios superan con mucho lo que yo podría decir antes de colgar un vídeo. ¿Te importa, Anita?.
Ya me diréis.
Besos desde Tarraco beach

Olga B. dijo...

Yo, como sabes, soy muy partidaria de la compasión. No me parece algo ñoño, sino algo necesario. Indispensable para sentirnos predispuestos a cuidar, que no siempre es solucionar. Como se ha dicho, es ayudar a que funcione a medio gas algo que no tiene arreglo. La vejez no tiene arreglo, muchos problemas no tienen solución. Las convalecencias de enfermedades solucionables son muy distintas, es una alegría constante ir a mejor y acabar olvidándote de ellas. Es un gusto recuperarse. Pero estar ahí, al lado del que no va a mejorar y sabiendo que en ocasiones ni siquiera comprende lo que haces por él, y seguir... para mí eso es lo que tiene mérito.
Un saludo.

Máster en Nubes dijo...

Sunsi, sin problema, toma lo que quieras y un abrazo, guapa.

Máster en Nubes dijo...

Olga, quizás no me he explicado bien.

A ver. La compasión es un sentimiento estupendo, yo no he dicho que sea ñoño y Ana, que es enfermera y tiene como profesión cuidar, creo que tampoco lo tenga como tal.

Lo que yo quería decir y seguramente no he llegado a explicar -y mira que utilizo palabras, pero soy torpe- es que la compasión es "peligrosa" como guía sólo de la acción. Hace falta cabeza.

Lo voy a explicar con varios ejemplos.

Cuidé durante 33 años a mi hermana síndrome de Down, era mi hermana pequeña. Mi madre la cuidaba, mis hermanos también, mi padre hasta que vivió. Pero no bastaba con la compasión, había que hacer cosas. Y a veces gente estupenda que compadece mucho y le da mucha penita, no saca lo que tiene que sacar adelante para cuidar bien a esos que tanto compadece. Buscar un colegio, un sitio, ocuparse de cortarle las uñas, lavarla o ducharla, etc. Si hubiera sido por compasión -se ponía echa una furia cuando le cortaban las uñas, un ejemplo, lloraba muchísimo- no le hubiera cortado las uñas, pongo por caso.

Otro ejemplo.Mi madre me inspira compasión, pero no la ayudo nada si por esa compasión que me inspira no la corto en sus quejas retóricas, con cariño pero con firmeza, cuando se quejsa. Porque es una mujer que viven en 220 metros cuadrados, con una pensión suya -trabajó- y otra de su marido, justitas pero le llegan, una chica interna y 3 hijos que se ocupan de ella. Me da pena que sea mayor y se encuentre desgraciada a veces, pero la haría un flaco favor si la compadeciera en ese plan de "si, pobre, pobre" y no me ocupara de lo que me tengo que ocupar, si no la animara.

Otro tercer ejemplo, cuando trabajas en ayuda al desarrollo puede ser una trampa terrible lo que llamamos compasión. De hecho en el sector lo llamamos "la fatiga de la compasión". Hay campañas de captación de fondos, de ayuda, que se basan en la compasión, sentimiento estupendo. Pero sabemos que esas campañas funcionan a corto, para un desastre humanitario que requiere pelas y ya... pero, en cambio, no sirve cuando necesitamos todos los mesess 30 euros de membership de alguien. Para eso hay que apelar a la cabeza: con su dinero, con esos 30 euros cada mes, vamos a hacer este hospital, y vamos a atender a estos niños, y vamos a conseguir escolarizar a estos otros.

No me parece mala la compasión. Es fundamental. Es un sentmiento estuepndo pero por experiencia sé que sólo por compasión llegamos a poco. Hace falta otro nervio: ver a una persona en toda su debilidad y en toda su "potencialidad" (esto especialmente en ayuda al desarrollo), no dejar que la pena te coma, pasar a la acción -de cuidar o de ayudar, la que sea- y, en algún caso -que no son los narrados-no permitir que porque alguien te de pena (serían otros casos, insisto) te manipule.

Sería un caso de un drogradicto, pero no voy a hablar más. Por compasión no le das lo que pide, le exiges que si vive en tu casa acepte unas normas. Y si no, sin compasión, fuera. Limpio, lo que quieras de ayuda. Pero sin querer, no. Ni compasión de hermana. Y no es mala la gente que llega a pensar así. Saben que les harían un flaco favor seguir con la compasión sin exigirles nada.

No sé si me he explicado bien esta vez.

Sunsi dijo...

Fantástico, Aurora. Muy gráfico, muy claro. A la palabra "compasión",en este caso, le ha venido muy bien los ejemplos que has explicado. Y el último, ni que pintado.

Besos.

ana dijo...

Sunsi, sí, por supuesto. Lo que te guste para tí. ;))

Olga B. dijo...

Sí, pienso lo mismo, compadecer no es consentir, compadecer es sentir el dolor de los demás y ayudarlos. No es ninguna ayuda dar a los demás lo que no necesitan, al contrario, a veces se hace por dejar de oírlos, por comodidad.
No era una matización a tu texto, sino una glosa. Creo que entendemos la compasión igual, aunque es una palabra muy confusa.
Un saludo a todos y un beso a Aurora.

Asier dijo...

Compartimos totalmente la valoracion de la compasion. He visto cometer muchos errores por ayudar "incondicionalmente".Y es una lastima.
Ana: aun no he podido ver el correo! Me estan arreglando el cabezon y no puedo acceder a mensajes anteriores a ayer en el buzon del outlook!
Grrr! Espero que no caduque;)
Muchas gracias por anticipado.
Master: ya he encargado las ostras. Luego eligiras entre un restaurante "fisno" en el paladar (que no en lasformas)o la tasca que prefieras. Aviso:en elrestaurante fisno,el dueño podria dejarnos entrar en la cocina
Aviso II: preparate parahacer ramadan antes de venir. Esa semana hay partidode rugby (te apeteceria verlo?) y aqui en Bayona lo de los bares es religion y si hay partido, mas!
Con sed no te vas a ir, no...
Emilie estara encantada de poder hablar contigo de coaching, seguramente. Y los dos de conocerte en persona (joé, que lujo, igual hasta te pido un autografo;)!!!