Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 24 de febrero de 2009

Ama-bilidad, ama-bles

Hubo un tiempo que trabajé para moda y luego en televisión. En ambos mundillos aprendí que hay mucho borde, mucho tipo que va de supuesto genio o artista (increíble, pero cierto) al que "había" que perdonar, no sabes muy bien por qué, no un desplante, sino cien, el gesto hosco, la mirada de perdona vidas o el capricho tantas veces.

Superado el tiempo de la farándula, tras pasar por empresas más "normales" o la vida misma, te das cuenta que hoy no sólo estamos todos peor educados, es que parece estar de moda ser un borde, todo lo contrario que la amabilidad.

Bordes en todas partes, gente que debe de quererse muy poco -siento caer en el diagnóstico de autoayuda, pero así lo pienso- que incluso a las buenas formas y ganas de agradar responden con un ladrido. Los hay en todas partes.

Asumo que no hay que ir con sonrisa zapateril o de idiota, tampoco cantar con Michael Jackson "We're the world, we're the chidren" o con mirada bobalicona pensar en andaluz "too er mundo e güeno".

Pero digo yo que hay una distancia considerable entre el complaciente (o autocomplaciente) así lo maten y la persona que, simplemente, quiere agradar e intenta tener una mirada amable sobre los demás, al menos mientras no le demuestren aversión, mala leche o ganas de fastidiar.

Honradamente creo que es un tema quizás de ritmo exterior o incluso interior. Si vas deprisa es más difícil sonreír o ser simplemente amable, pedir por favor las cosas, dar las gracias o pedir perdón si metiste la pata.

A veces no es cuestión del rapidez, es que por dentro se puede estar tan enfadada con la vida, con una misma o con quién sabe quién, que acaban pagando no sé si justos por pecadores, pero desde luego gente que no se merece un corte o simplemente un mal gesto.

Asumo que la falta de dinero, las facturas que uno no cobra o que tiene que pagar, dificultan mucho hoy la amabilidad, desde luego que personalmente me afecta: si veo que no llego a fin de mes estoy bastante más nerviosa, cuesta más ser amable. Pero creo que no lo puedo pagar con el tipo del banco que me niega el crédito: él no tiene la culpa. Es un mero funcionario.

No son buenos tiempos para la lírica, pero la simple amabilidad parece cosa hoy de idiotas, de gente que no se entera de qué va la vida y lo mal que está el mundo, de ingenuos. Como los optimistas, los amables tienen muy mala prensa, y pasan por tontos o frívolos cuando no superficiales o blanditos.

La amabilidad atrae, creo yo, los amables son eso, "ama-bles". La mala contestación, el enfado o la simple y llana mala leche, una sí y otra también, sea de artista, diseñador, intelectual, adolescente, funcionario, señora de Serrano o de Móstoles o cura de barrio, repele, echa para atrás, por lo menos a mí. Y desde luego que, si uno se lo puede permitir (que habitualmente podemos), no hay por qué aguantarlo. Sea quien sea.

Creo que no se hace un favor a nadie dejando pasar una y otra mala constestación: al revés, se alimenta que cada vez se crezcan más los bordes. Lo he visto en determinados ámbitos laborales, pero ocurre ya casi en cualquiera, hay gente cada vez más antipática, con peores formas porque no sé por qué extraña razón se les tolera.

Unas veces es porque tienen quince años, pobrecitos; otras porque tienen tanto dinero o poder que no hay valor de enfrentarse a ellos;, e, incluso, hay quien alega que fulanito es tan listo, tan genio o lo que sea que es como una gracia ese bufido que sueltan, y se lo ríen.

Así, honradamente, se explica una que haya tanto insoportable y tanta soledad de verdad, por dentro: no hay gitano que aguante a algunos, a algunas, no se aguantan ni ellos. Hay personas que parecen hacer oposiciones para que nos les quieran, para acabar alejando de ellos el cariño o la ternura, es como si les fastidiara.

Bordes, ni uno, cerca al menos. Que solucionen sus problemas de frente o no lo hagan, me es igual, ellos sabrán o no por qué esa mala follá, esa amargura o mal genio interior permanente, ese contestar con tan poca calidez y dando un mandoble a veces a quien con mas tacto les trata. Porque esa es otra: ni con guantes de seda, se crecen más si encima pones más tiento en cómo les tratas.

La vida es corta y yo desde luego estoy aquí para disfrutarla entre otras muchas cosas. Y con bordes es imposible: me ponen borde a mí también.

Es muy fácil ser borde, la verdad. Cuesta quizás un poco más ser amable y no debe de estar al alcance de cualquiera al parecer.

21 comentarios:

Modestino dijo...

Con la amabilidad uno consigue muchas a veces hacer el bien sin darse cuenta, que posiblemente sea el bien que tiene más mérito.

¿No he sacado ya aquí la historia de la chica de la farmacia?: era la amabilidad personificada, pero acabó marchándose a una tienda de moda femenina: yo me quedé sin su amabilidad y cada vez que entro en la farmacia la echo de menos.

Es verdad que hay personas que parece que disfrutan siendo avinagradas.

pepa dijo...

Tendemos a confundir la sinceridad, la secillez y la llaneza en el trato, con la antipatía, la descortesía y la desconsideración.

Creo que la cortesía y la educación en el trato y en las maneras, se identifica con una cierta estupidez personal, se percibe como inútil y carente de sentido.

En absoluto con una valor social sino que, en cierto modo, nos quita brillo, éxito....

Cuando mi mal carácter no me supera (y dejo escapar a la persona extremadamente borde y poco amable que llevo dentro) he aprendido a utilizar la cortesía extrema como arma.

Es sorprendente el resultado.

Sinestesia Gastronómica dijo...

Sí sí, la amabilidad es un AS en todos los aspectos de la vida "en un restaurante, en la peluquería, en el mercado, en el trabajo..." Todo es más fácil s la amabilidad está presente. Pero, será tan difícil ser amable, claro que no, y sin embargo, hay están los amargos para romper las reglas y hablarte con desaires. ¡Amargos no, amables sí!

Sunsi dijo...

De entrada, muchas gracias por Rosana. Me encanta y le va como anillo al dedo a tu post de hoy.

Andaba yo con este tema en el post de ayer...Y no es casualidad. Estamos llegando a unos extremos de descortesía, de falta de tacto, de soltar por la boca lo primero que me pide el cuerpo... que un simple gracias o perdón deja a la gente atónita.

Hay como una corriente de desconfianza, que todo el mundo es sospechoso y no se merece nuestra sonrisa y nuestra amabilidad hasta que no se demuestre lo contrario.

Sí explicaste lo de la chica de la farmacia, Modestino. Fue en tu blog. Lo recuerdo porque a mí me sucede idéntico en según qué súper. Comprar en la Guisona es una delicia, por el precio y por las cajeras ... que son la alegría de la huerta.

¡Ah!, Máster... para bordes esos que saben tanto tanto que te miran desde las alturas .

Besos al Boalo

ana dijo...

Es cierto... para recolocar a esas personas tan "bordes" no hay más que enfrentarse a ellos con otro ritmo, hacerles perder el compás de la música que empezaron a bailar...

...Al fin y al cabo no son más que un ombligo con patas... con patas torpes.

Máster en Nubes dijo...

Modestino, sí lo contaste, yo como tú y Sunsi tengo mis particulares "amables":en la librería, en la tienda de cosméticos ;-), en el banco. Y como dices, es posible que no sea falta de autocontrol, sino que hay gente que difruta, que les da sensación de poder o lo que sea ser un borde.

Un abrazo
Aurora

Máster en Nubes dijo...

Pepa, tú no eres borde, es que lo que no eres es pastoril, es distinto. Si te hubiera visto borde no te hubiera dicho lo de Dublín, como es lógico. Hay gente más suave y otra más contundente, un borde es otra cosa, de verdad.

Un abrazo, picapleitos.

Máster en Nubes dijo...

Diana, Raquel: amargura. Es lo que ocurre. Pero bien dentro. Y da pena, la verdad. Pero por pena no hay que dejar que te digan "borderías", de verdad. Una vale, dos es posible, a la tercera: adios muy buenas.

Máster en Nubes dijo...

Me diste entrada... con tu entrada ayer ;-). Y desde luego que hay que decir "pa ti no estoy", por un simple tema de tiempo -es limitado, hay que dedicarse a los amables- y por justicia -no se puede tratar bien a quien te trata mal,no bien ni mal, no hay que tratarlo si lo puedes evitar.

Máster en Nubes dijo...

Ni ritmo ni baile ni nada. Que no. Es inútil, no hay manera de acertar a veces, es como si molestaras profundamente.

Y si uno deja de ganar mucho dinero por no tener que tratar con un borde en el ámbito laboral,-pa chulas yo y pa pegarse mi padre- pongo por caso, imaginate tú si encima te sale grátis dejar de tratar a otro o a otra que no te reporta nada, por Dios. Ni dudarlo.

pepa dijo...

Ay, máster, corazónnnnnnnnnn, hedabanna casi-nunca-pastoril,
que el pelo de la dehesa nos sale cuando menos te los esperas.

No te quepa la menor............

Verás que risa.

Que alborozo.

Eso sí, sin abrazos ni "patos"

José Ramón dijo...

Doña Aurora: con la amabilidad y agudeza que se respira en este blog, da gusto darse una vueltecita por él.

Si me lo permite usted, señora de los cirros, los estratos, los cúmulos y los nimbos: un beso.

Máster en Nubes dijo...

D. José Ramón, gracias por su comentario, beso por supuesto aceptado, aunque yo de señora de nubes poco, son libres y muy suyas. Un beso
Aurora

Toi dijo...

la amabilidad, la educación, el escuchar y mirar a los ojos cuando te hablan, el ser correctos y además agradables... eso es el verdadero foco que ilumina la convivencia

esa sonrisa sin cursilería que te dirije un funcionario (o funcionaria) cuando le imploras que te soluciones tu marrón.... ese buenos días en la tienda, como si de verdad le alegrara que has entrado...

luces y más luces, que tanta falta hacen en medio de tanta penumbra

Olga B. dijo...

Yo me empacho enseguida con los empalagosos que luego sueltan mala leche a la mínima, pero creo de verdad en la amabilidad como forma de relacionarse con otros. La entiendo como buena disposición hacia el otro, la mayor sinceridad posible; juicios, los menos, a no ser que no nos quede más remedio.
Pero creo que hay que plantar cara a los que se pasan de la raya. Puestos a disgustarse, mejor disgustarse todos. Lo considero un deber moral y, cuando no me atrevo, en mi trabajo o en la vida "civil", me siento cobarde y mal. No se trata de ir a muerte, pero sí de decirle a esa gente a la que nunca se le queja nadie que pare, que a ti no te gusta y que te parecen unos bordes. Salvo casos muy sin remedio, la próxima vez se lo piensan. Suelen machacar más a quienes se dejan.

José Ramón dijo...

Apreciado Toi:

Coincido contigo plenamente. Y voy más allá, si me permites. Es perfecta -pero perfectamente- compatible la funcionalidad, la eficacia y el finalismo con la amabilidad. Ítem más: estoy convencido de que van de la mano.

Creo que una de las personas intervinientes, Pepa, es letrada. Pues bien: todo el mundo que trabaja en el foro judicial (donde se sustancia un enfrentamiento reglado, pero a la postre, un enfrentamiento) está al cabo de la calle de que los abogados más eficaces, más certeros y con mejores resultados, raramente pierden la amabilidad y la sonrisa.

Y ello porque, como tú dices, es perfectamente compaginable casi todo lo que podemos hacer (o incluso todo) con sentirse bien y hacer sentir bien a quien te acompaña.

Al final -me parece a mí- casi todos los "bordes" de que bien habla Aurora son mujeres y hombres que no han aprendido a vivir fuera del plano agresivo e inhumano. En su frustración, revierten hacia el exterior justo lo que tienen: dolor. Cuestión de aprendizaje en buena medida, aunque ellos no lo sepan.

Un saludo a todos y feliz, muy feliz tarde de miércoles (en Madrid el cielo está azul acerado, pero réquete precioso). Ganas dan de enfundarse los pantalones cortos y las zapatilas, y salir a correr un rato, antes de la puesta de sol.

PS.- No vuelvo a mencionarte las nubes, Aurora. A mí me gustan mucho, y dado el título de tu blog, pensaba que igual te sucedía a ti. A mí me pasa como a una novia que tuve en la adolescencia, que le gustaban tanto que decía que si no existieran, habría que construir una maquinita que las fabricara.

Máster en Nubes dijo...

Jose Ramón ¡por Dios! A ver si vo a caer yo en lo que critico: mencioname todo lo que quieras las nubes, lo único es que yo de dueña, nada, ni siquiera soy dueña de mis perras ... que campan a sus aires.

Un beso y mil perdones si sonó raro, sólo quería decir que "no tengo nada en propiedad" ;-)... y menos las nubes que son de todos :-)

Máster en Nubes dijo...

Uf, Toi, tengo que decirte que casi veo más funcionarios amables ¡que otra cosa! Es que en Madrid podemos ser muy antipáticos...

Un abrazo
Aurora

Máster en Nubes dijo...

Olga, el otro día presencié una salida de tono como la que haces referencia... y alguien paró los pies al susodicho con buenas formas y voz muy tranquila "Por favor, si no le importa, no alce la voz que aquí nadie se la ha alzado a Vd." Mano de santo, el otro reculó, le entró vergüenza, pero si no se lo dice el otro con calma, hubiera seguido cada vez más enfadado...

Máster en Nubes dijo...

José Ramón, si te pasas por aquí, te pido que por favor me mandes a mi gmail tu correo si puede ser, tengo que decirte una cosa y prefiero en privado, si no te molesta, claro.

José Ramón dijo...

Está hecho, intrépida montañera (puede que varias veces: lo he intentado antes -dos- desde tu blog, pero han aparecido sendos mensajes de error).

Bona nit.