Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 13 de febrero de 2018

El peso de la nieve

Pasadas dos semanas de la gran nevada de Reyes, salí de nuevo a dar una vuelta por la mancha de dehesa que tenemos detrás de la urbanización. Al construir nuestras casas, dejaron en pie esas encinas que debieron de pertenecer en su día a esa finca tan bien cuidada, Zurra, que ahora queda al otro lado de la carretera y rodea el camino hasta Vicolozano.

Ya había visto el desastre de tanta nieve en nuestro jardín con el endrino, los evónimos y el membrillero. No con el árbol del paraíso, que resistió el peso de la nieve, así como aguantaron bien el manzano, el cerezo y el ciruelo (de ciruelas "cojón de fraile", hay que ver qué nombres se gastan en Castilla).


Mira que parece fuerte una encina y que lleva tiempo que crezca, pero tanta nieve en las ramas, tan sólidas que parecían, hizo que se rompieran. Estaba todo ese campo como si hubiera pasado Atila, una pena. Tantos años en pie para acabar vencidas por una nevada.

Al llegar a casa, me acerqué donde crece la hierbabuena y no creía ese milagrito de la naturaleza. Soportó la pobre en esa parte del jardín un metro de nieve de peso y seguía ahí, verde y pequeña.

No he podido ver todavía en esta segunda nevada qué ha pasado con ella, sigue cubierta.

En la foto un herrerillo tan contento en la nieve.

2 comentarios:

La verdad está ahí fuera dijo...

Mirlos, gorriones y tórtolas.

Creí haber escrito este texto o uno muy parecido como respuesta a este post, pero veo que o no se llegó a publicar o hice algo mal a última hora, así que ahí va.

Aquí parece que nunca nieva. A dieciséis kilómetros sí lo hace, pero no aquí en este llano. Podría salir a pasear por el campo los días que no llueve, pero desgraciadamente solo es campo y no bosque. La mayoría de los días libres me quedo en el sillón observando a los mirlos en primer lugar, después vienen los gorriones cuando se han ido los mirlos, y más tarde viene alguna tórtola solitaria a buscar algo entre las malas hierbas de mi patio. Nunca se acercan al olivo, al laurel o a la adelfa. Creo que el leve movimiento que hace de estos el aire les espanta un poco. No es mi pasatiempo favorito, pero tampoco me cuesta practicarlo y casi puedo asegurar que me relaja un poco. El resto son podcast de política y geopolítica, pero acabo cansándome pronto por filosofía. En ese aspecto es (y lo pintan además) todo tan negativo que se está mejor practicando cualquier otra cosa o casi.

Alguna noche vuela una lechuza blanca justo por encima del patio, y aunque busqué el significado y encontré varios posibles... preferí no quedarme con ninguno de ellos.

Gracias por escribir así.

Aurora Pimentel dijo...

Qué bien tener compañía aquí ;-), gracias por comentar. Lo de las lechuzas me encanta, recuerdo haber visto alguna en Boecillo en la casa de mi madre, pero por aquí no las veo. Las adelfas son venenosas, quizás por eso no se acercan los pájaros.
Vuelve siempre que quieras. Y gracias por leer y comentar.