Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 13 de febrero de 2012

4. Pablo, te necesito tanto...(Mandy, Bienestar y Belleza, 6)

Era mucho mejor dejar que pensara que, si yo lograba poner en marcha algo, iba a ser por él, porque él sabía y estaba detrás, y porque yo le quería como él quiere que le quieran. He aprendido todos estos años que la mayoría de los hombres que trato tienen una vanidad elemental: cuanto más les halagues, mejor; cuanto más necesitada de su protección te muestres, más obtendrás de ellos. Y desde luego que, cuanto más poder tengan, más fácil acaba siendo todo siempre. Los que triunfan, los de dinero, son a menudo los más cortos de entendederas y les acabas teniendo comiendo en tu mano con el halago más simple, con el que menos colaría con un hombre normal, de los corrientes, que se daría cuenta de que le estás tomando el pelo. Así que tuve reflejos, reculé rápidamente y le contesté a su objeción como hay que hacerlo. 


- … solo sé, mi amor, que a las mujeres les gusta cuidarse,  y yo intento estar guapa para ti siempre… Y tienes razón que de las cuentas ni me entero, me pierdo...


Lo dejé caer y cambié de conversación, como si no me interesase el tema, como si dudase de mis capacidades y no tuviera nada en la cabeza. Mejor siempre necesitada de su ayuda, débil, como él me quiere. Seguimos así como cualquier jueves.

-¿Cenamos antes, cielo…?

Cenamos primero. Se quedó dormido en el sofá como tantos días hace: antes o después, o antes y después a veces. Tiene su edad ya. Él dice que cuarenta y pocos, pero sé que pasa los cincuenta. Y suele estar agotado cuando viene. En lo suyo se hacen muchas horas, venga a entrar y salir y estar con unos y otros, un trajín continuo de comidas y cenas. Aunque sea fijo en lo de la política esa, lleva ya casi treinta años en ello, no deja de tener que echarle horas, tiene su mérito. Así que luego le desperté como sé hacerlo, suavemente, despacito, y con el ritual habitual que no es nada del otro jueves precisamente. Pablo es un hombre muy cómodo para mí. Y nunca se queda a dormir en mi casa, otra ventaja a tener muy en cuenta porque soy muy independiente. Él dice a su mujer que es su día de amigos y ella acepta que vuelva a las dos o tres de la madrugada sin pedir explicaciones. Para mí que prefiere tenerlo media noche fuera. Se lo mando relajadito, más descansado y siempre sobrio porque él conmigo no bebe.

Así que el día que empecé a contarle lo del centro de estética no le volví a sacar el tema, lo cerré en seco. Ni al siguiente jueves, ni tampoco al otro,  ni al otro. Esperé tranquila unos cuantos  meses, le eché paciencia. Pero, en cambio, le dije que no a un viaje de fin de semana que él había planeado con muchas ganas. 


-Al final tengo que trabajar, ¿sabes, cariño? No puedo ir esta vez, tengo muchos gastos y trabajo pendiente. Pero el jueves que viene nos vemos, ¿vale?


Una de cal y otra de arena. Luego, de nuevo, volví a decirle que no a otro viaje, al siguiente, y se tuvo que ir solo por segunda vez ya bastante molesto. Eso acabo por ponerle alerta. Así que él mismo terminó por recordármelo un jueves.

-Mandy…  ¿y aquel centro de estética que querías montar, del que me hablaste hace un tiempo…? He pesnado que podría ser una buena idea... 

-Pero Pablo, mi amor, ¡cómo eres! Si fuiste tú el que me lo sugeriste, ¿no te acuerdas?... Pero es que no lo veo claro, ¿sabes?, tengo miedo... No sé nada de llevar una empresa, un negocio me supera… Claro está que, si tú me ayudases, a lo mejor me atrevería... 

Así pude reconducir el tema a pesar de mi metedura de pata inicial, a base de no estar disponible siempre cuando él quiere. Cuando me lo mencionó tanteándome varios meses después de mi imprudencia, yo ya tenía todo buscado y apalabrado. Fue coser y cantar hacerle creer que había sido idea suya, que me ayudase a pagarlo, y, especialmente, con los líos de los permisos y las licencias, que mira que  son pesadas las cosas de los ayuntamientos. Ha sido una suerte tenerle echándome una mano, pensando en el fondo que es gracias a él que cambiaré de vida, tan contento creyendo que con el centro de estética le debo algo y le voy a poder dedicar tiempo.  

2 comentarios:

lolo dijo...

Un pajarito, Mandy. Hay que ver.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Gracias, Lolo. Un abrazo.