Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

viernes, 4 de mayo de 2012

El establo (Los tres Eladios) (1)

Eladio Rabanal fue mi abuelo, ¿sabes?... Y ésta es su foto de pastor en el pueblo. Te la enseño, pero la vuelves a dejar donde estaba.

Mírala bien, Karen. Es él, un hombre pasando frío en Castilla como se pasaba antes, sin nada. Sin impermeable, sin botas, sin guantes, solo cubierto por una manta a rayas. Lo que había entonces, con lo que se abrigaban. Ni zamarra tenía, solo una manta.

Eladio fue el nombre de mi padre, como yo también me llamo Eladio. Cuando seas mayor te reirás por el nombre, y te sonará muy raro, y te dará vergüenza, y creerás siempre que me llamo Eli, como me llama tu madre, que me dice Eli o darling. Y cuando quiere algo Elidarling, todo seguido, sin pausa. "Elidarling, would you mind if I...." "Wouldn't be nice if you..." Todo siempre muy educado, pero yo sé bien cuándo quiere algo...

Me bautizaron como Eladio, que  era difícil de decir y por eso lo cambié por Eli, que suena hasta americano. Pero soy Eladio Rabanal, como lo era mi abuelo y como lo es mi padre. Y tú, tan rubia y tan delicada, eres una Rabanal, y luego Walters si acaso... Por eso te estoy contando esto. Porque lo olvidarás rápido. Y yo te lo volveré a recordar, a contártelo una y otra vez, las que haga falta.

Bueno, venga, te dejo que la cojas, pero la vuelves a dejar donde está, en la mesilla, ¿ves?, venga, vale. Esa foto tiene que estar aquí siempre, esperándome. Buena chica, Karen, muy bien, así se hace, eres muy buena y obedeces a papá siempre, así da gusto, no como tu hermano...

Somos tres Eladios en la familia desde los años veinte, cuando nació mi abuelo, hasta los sesenta, que nací yo. Conmigo se acabó la saga. Con tres Eladios pensé que bastaba, que no hacía falta que nadie más se llamara Eladio... Mejor, tu hermano es un innombrable, ¿sabes? Claro que tú ni le conoces... Ni yo, bien pensado. Tampoco yo conozco a tu hermano. Es mi hijo y ni sé cómo és, o lo sé demasiado...

No vuelvas a coger la foto, Karen, que la vas a romper, pesada. Te digo que no la cojas. Venga, brazos, no llores, que van a pensar que ni cinco minutos puedo estar contigo, que me canso.

Mi abuelo, ¿sabes?, el primer Eladio, apenas aprendió las cuatro reglas, que se decía antes. De escribir poco, y de leer casi nada. A los nueve años le mandaron a guardar el ganado. “Ya puedes tener cuidado” le dijo su padre. Y lo tuvo, vaya si lo tuvo.

A ver, sigo... Muy bien, te seco las lágrimas. Ya está... ea, se ha pasado. A tu bisabuelo, el primer Eladio, le iba la vida que el amo estuviera contento para no ser más una carga para sus padres. Hijo que se iba a servir, hijo que no había que alimentarle. Por eso había que ponerlos a trabajar rápido, para que comieran y dejaran paso a otros hermanos, para dejar libre a los padres de tenerlos a su cuidado. Sí hija, sí. No era entre algodones como se criaron. El primer Eladio dormía encima del establo, y no precisamente como el que tiene tu abuelo en Massachussets, ese establo donde tu madre se pasa la vida. Caballos, caballos, hay que ver qué entretenimiento de mujer rica que no tiene que hacer nada, solo quejarse, gastar y montar a caballo.

No me pongas esa cara tan rara, era la costumbre en algunos lugares, el modo de calentarse, ¿sabes? El calor de los animales subía hasta el piso de arriba. Piso por llamarle algo, unas tablas mal colocadas. No había chimeneas en los chozos de antes. Chimeneas, chozos, chamizos, chuzos.....ch, ch, ch,...

PS: La foto es de Ramón Massat. Sobre ella he escrito este cuento en 3 partes. No es de la época del primer Eladio, sino más tarde, pero bueno.

4 comentarios:

RETABLO dijo...

La manta, la eterna manta de los españoles antiguos.De los pastores y de los soldados. En las fotos de la Guerra Civil aparecen los combatientes envueltos en mantas. Por ejemplo en Teruel. Y el capote-manta que fue prenda generalizada en los dos bandos.

Saludos doña Aurora.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Sí, ahora he recordado las mantas al hacer mudanza, las teníamos en altillos sustituidas por los edredones, que son el ejemplo del confort de los 90... Quizás volvamos a las mantas, nunca se sabe. Gracias, D. Retablo por su lectura.

Suso Ares Fondevila dijo...

Muy bueno, muy bueno. Insisto, Aurora: eres una cuentista estupenda. Sigue así, o mejor.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Gracias, Suso, por los ánimos. Tengo que leer más en todo caso.