Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 9 de abril de 2011

Kolya (El amor como invasor)

En el curso de guión que estoy haciendo, más allá de las clases de martes y miércoles, cada viernes vemos una película diferente. Este último vimos "Kolya", una producción checoslovaca de 1996 estupenda.

El argumento es el siguiente. Un músico de 40 o 50 años, Louka Franta, que toca en funerales (cremaciones más bien) -fue expulsado de una orquesta-, mujeriego, y solitario porque él quiere, dorador de letras en cementerios, y con problemas económicos serios, acepta un matrimonio de conveniencia con una joven rusa. Son los años de la perestroika, los rusos siguen por el momento en Checoslovaquia. El caso es que la rusa desaparece y a Franka le cae el niño de 5 años de ésta sin comerlo ni beberlo. Kolia, el pequeño ruso, es así invasor en la torre -literal- donde vive el músico checo.


Esta película tiene muchas vetas y profundidad, y un ritmo sereno, sonrisas y alguna lágrima. La emoción en algunos países del este se muestra de forma elegante, suave y discreta y, por eso, más efectiva que si fuera con aspavientos. El amor es a veces una invasión armada o pacífica que ocurre en la juventud o en la madurez, cuando sea, porque alguien se instala poco a poco o de repente haciéndose un hueco. En este caso es un niño que solo habla ruso y no hay quien le entienda. De nuevo, a menudo el invasor no habla nuestra propia lengua, se trata de otra diferente, pero acabas chapurréandola de alguna manera.

Miran los ojos de Kolia a Louka que no es un héroe ni pretende serlo, como un cachorro que levanta la cabecita por debajo de la mesa y saca el morro pidiendo cariño, alimento. Hay más, una fiebre de 42 grados, perderse en el metro y la inoportunidad de todo infante que se precie.

El final lo es con la primavera real que llega cuando el muro acaba cayendo. Louka Franta vuelve a tocar en una gran orquesta y ya no para los muertos. Y la invasión, las dos invasiones, dejan de serlo, pero ya han dejado su huella. La vida se abre paso siempre, y la soledad como defensa bien argumentada se quiebra cuando quien invade vale la pena, venga armado o desnudo, tenga 5 años o esté en la treintena, o incluso navegue en el vientre de una mujer con unas piernas muy bonitas y una voz que no está hecha para cantar a la muerte.

Kolya es, en definitiva, una película tierna, muy divertida y cuidada al detalle, una joya que vale la pena.

7 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Hermosas palabras, Aurora. Los muros interiores se derrumban ante el amor.
Un abrazo.

Aurora Pimentel Igea dijo...

La película es muy buena, tiene muchos detalles, JM, no sé si esto de la invasión es un modo de verla o entenderla. Un abrazo.

lolo dijo...

Fueraparte la película que no sé si tendré tiempo de ver, has escrito dos frases que me han tocado: la vida se abre paso siempre y una voz que no está hecha para cantar a la muerte. Por eso gracias, Aurora.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Lolo, gracias a ti. La película empieza con el músico dándole a la chica que canta en el funeral un pellizco en el culo, en mitad de una cantata muy trascendente, tienes que verla.

Miguel Baquero dijo...

Siempre da un gran placer encontrar esas joyas olvidadas, perdidas, que parece que se hicieron sólo para uno

El alegre "opinador" dijo...

Tomo nota ahora mismo de la recomendación. Siempre gusta ver buen cine no tan conocido.
Besos.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Miguel, te gustará y te reirás. Un abrazo. Gracias por la lectura y el comentario.

Alegre Opinador, qué alegría tu visita, de cine hay tanto que ver bueno que por eso da rabia cuando lo que ves es malo.