Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

jueves, 16 de abril de 2009

Envidias tontas



Siempre prefiero pensar que detrás de todos los pecados capitales lo que hay es una falta de sentirse querido, real o falsa, una necesidad de cariño muy humana que de alguna manera sale por peteneras.

Casi todo pecado tiene su forma de ternura, creo yo.

Por eso pienso que en la envidia a menudo hay una persona que quiere que la quieran a ella, que la presten atención, y que siente que ese cariño o atención que se presta a otro, a otra, es como si se lo robaran a él o a ella de alguna forma.

Como si la luz que arrojan o atraen algunas personas hiciera sombra a la que cada uno tiene o atrae.

Creo que nadie estamos a salvo. Yo desde luego no. Y se pueden tener las envidias más estúpidas y peregrinas.

De pequeña envidiaba a las niñas que se rompían una pierna, un brazo, por eso de que la escayola molaba un montón. Venían al colegio recién puesta la escayola y hala, todas te firmaban y te ponian tonterías. Pero yo no me rompía nada ni esquiando. Y eso que siempre lo hice fatal, pero, mierda, si me caía, que era continuamente, aquello no acababa con un hueso roto. Había que saber esquiar realmente bien para romperse algo de verdad y que te pusieran la envidiada escayola para que ésta se llenara de firmas, dibujitos y cosas cariñosas.

Hay que tener cuidado con la envidia, especialmente con la que deriva no en sentirte mal sino en querer el mal. Y puede pasar.

España no funciona bien por muchas razones, entre otras porque en vez de una "sana envidia" que nos lleve a reconocer primero lo bueno que tienen los demás y, en segundo lugar, a emularlos, a intentar hacer nosotros algo bueno, empezamos por negar la mayor, el simple reconocimiento. En algún caso se puede reconocer por fuera, pero por dentro se minimiza, se niega, se desprecia.

Se dedica mucho tiempo a mirar el cesped del vecino y no a pensar en la estupenda hierba que una tiene a poco que la riegue. Porque todos tenemos una hierba muy buena, y si no es hierba, son árboles, o flores, o un jardin zen o mediterraneo, lo que sea. Todo el mundo tiene su jardín que es estupendo. Y más: "hierba que está para ti no hay vaca que se la coma", que dice el refrán indio. Pues eso, tranquilos. Hay hierba, cariño, para todos, y si hay una hierba específica para ti, ninguna vaca (o toro) se la va a llevar... a no ser que estés pendiente de otros prados, de otros cercados.

Si es un rico habrá robado, si es una guapa será tonta, si es un buen escritor, tirará a cursi, atormentado o se mirará el ombligo, si tiene una bitácora con éxito, ay, y encima está contento con el invento, entonces ¿qué se piensa del autor o de la autora? No tengo la menor idea pero seguro que cosas curiosas y un tanto peregrinas.

En el fondo todo es muy humano: porque la riqueza es estupenda, la belleza también, escribir bien una gozada y tener un blog con lo que cada uno, o los demás, consideran éxito, otro placer inmenso, como tener amigos es la mayor de las alegrías.

Y estamos hechos todos nosotros para los placeres, para lo bueno. Que yo sepa ni la pobreza, ni la fealdad, ni lo mal hecho o la soledad atraen, sino que repelen. Y en esa atracción que se siente por lo bueno uno puede pasarlo muy bien y alegrarse, reconociendo lo bueno y deseando aquello para nosotros ¿qué hay de malo en ello? O, por el contrario, mal y negando la mayor -no es tan rico, no es tan guapo, no escribe tan bien, no tiene tantos amigos...- a menudo de modo interno, ni siquiera externo, cantaría mucho y la gente no es tonta, nos llamarían envidiosos...

A mí, que he envidiado hasta escayolas y piernas rotas, tiene delito, todo me parece muy bien y muy humano. Todo menos la mala leche y las ganas de fastidiar que no suelen ir de frente, sino de lado. Entiendo muy bien hasta ese sentido del ridículo tan español como la envidia, esa cosa que nos impide atrevernos a hacer las cosas por temor a si nos salen mal o simplemente regular, por lo que pensarán otros, por si se reirán de nosotros: desde abrir un blog hasta llamar a una chica. De todo hay.

De frente solo van los hombres y las mujeres buenas.

Honradamente creo que ese es el problema de la envidia, no tanto el no reconocer lo bueno como bueno, minimizarlo, o, en su caso, pensar que lo que le dan a otro te lo quitan a ti. En todo ello veo a un hombre o a una mujer que pide ternura. El problema de la envidia no es el movimiento interno, tan humano, que dice, aunque no lo diga abiertamente, "queredme un poco, eh", "que estoy aquí", "que yo también".

Todo eso se quita con un achuchón: hoy en día nos achuchamos poco y se nota. Hay mucha hambre de achuchón y en algunos casos de achuchón del sexo contrario, más claro, agua.

Lo terrible de la envidia es la puñalada trapera de, por poner un ejemplo, un anónimo con simple y llana mala leche, que tira a dar a quien puede dar porque es más sensible.

Esto se da mucho más, con otras variaciones, en ambientes ilustrados, supuestamente ilustrados, que en otros. En la universidad, en la cultura. Ríete tú de la empresa, joé con la intelectualidad y la envidia.


La foto es de Sangre de Oda y está colgada en http://www.flickr.com/photos/sangre_de_oda/91616602/

22 comentarios:

Sunsi dijo...

Buenos días, Aurora. Eres muy buena gente. Desde luego, yo, ni a la altura de tu zapato. Porque ves la cara oculta de la envidia y resulta que es falta de cariño.

En algunos casos te doy la razón; pero en otros ... no, Aurora. Nadie está eximido de ello. Pero la realidad, tal y como yo la veo, es otra.

La persona que tiene carencias no es envidiosa... es recelosa, es insegura, se agazapa tras algo grande que la cubra para no exponerse a que la juzquen mal. Y , por supuesto, querría ser aquél o aquélla que -aparentemente-todo le va de cine. La persona que tiene carencias y lo sabe tiene corazón... a veces herido y abierto en canal. A ese corazón lo puedes achuchar, acariciar hasta que sale el pus y la brecha cicatriza.

Pero hay gente que cerró su corazón. Y llamas a su puerta y no te abre. Y a fuerza de estar cerrado, el agua se pudre. Y como más se pudre más candados coloca. Porque es terrible que se pueda descubrir la miseria. Y no son capaces de ver que todos las tienen. La diferencia estriba en esto, en el corazón. Si el corazón se abre, lo pudes limpiar, se airea, se sanea... y puedes volver a mirar con los ojos nuevos.
Porque a la envidia se le puede pegar el orgullo y el empecinamiento. Y entonces todo es más complejo.

No sé si estarás de acuerdo...
princesa del Boalo.

Besos

Isabel dijo...

¡Qué buen post, Aurora! Estoy de acuerdo en lo que respecta a la envidia y he comprobado que hay falta de afecto.
El problema es cuando la envidia se mezcla con los celos y ya no digamos con el miedo.
Es terrible, no quiero ni pensarlo. Es entonces cuando hay que salir corriendo y no mirar atrás, porque si te quedas, seguro, te hacen daño.

Besos

Olga B. dijo...

De acuerdo con Sunsi, es que a todo le encuentras parte buena... incluso a la envidia. A mí me parece un sentimiento muy humano y comprensible, sólo hasta cierto punto. Todos somos una mezcla, pero yo creo que a veces se es envidioso por pura maldad. Existe la maldad, no es una abstracción, y se disfraza de muchas cosas, incluso de la bondad más de libro que puede haber. Y es muy, muy traicionera y ponzoñosa.
Una cosa es sentir una envidieta, que nadie estamos libres, y otra hacer realmente bajezas por fastidiar a quien no te ha hecho nada más que ser lo que es (que a lo mejor ni siquiera se conoce bien).
Pero bueno, a cambio también hay bondad y generosidad.
Y Dios, repartiendo dones.
Él sabrá por qué. El que no pueda aceptarlo tiene una verdadera condena. Generalmente, en cada pecado se lleva la penitencia. Ésa es la única justicia que puede consolarnos (y también prevenirnos).

Besazos, Aurora.
Y gracias por todo.

Modestino dijo...

¿Puedo hacer la rosca? .... de todo corazón y contoda sinceridad: me han gustado tantas cosas de este hilo¡¡¡¡. Empezando por el precioso tema de Elvis, que me ayuda en mi reciclaje musical.

Me ha encantado eso de que en todos los pecados hay algo de ternura ... y me ha gustado porque me he sentido comprendido.

Yo también envidiaba a los que llevaban escayola .... hasta que en COU me tocó llevarla a mí y acabó sioendo una lata;).

Y magistral tu disquisición de la envidia nacional: real como la vida misma.

Y eso de los achuchones ... es cierto, parece que si le agarraás el brazo al otro, o le tocas la espalda un par de veces, o al dar la mano pornes las dos o el abrazo es mastodóntico ... es como si le quisieras más, como s8 rubricaras el cariño .... pero me parece que hoy en día hay que tener cuidado con la efusividad, hay quienes se espantan...

Abrazos efusivos¡¡¡

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Eres genial, Aurora, genial, estoy con tus aloguistas Sunsi y Olga. Creo que con todos.

Por cierto, Olga, me alegra mucho poder saludarte aquí.

Me gusta mucho, como ya te he indicado en otra ocasión, que nos enlaces con entradas antiguas, es una forma de ir conociendo tu Cuaderno.

Y te digo, por lo que visto, es un Blog "redondo".

Un abrazo.

Pd. Un pequeño detalle, no creo en la "sana envidia", a eso lo llamo "actuación infantil o inmadura", el término envidia, es envidia siempre.

Y algo que odio, es la envidia, que no las endibias.

Máster en Nubes dijo...

Sunsi, gracias, pero altura (y anchura ;-) me falta siempre ;-)

Claro que hay mala idea, seguro, en algunas envidias, ya lo digo al final.

Pero en muchas envidias, en las chiquitas, en los que van de frente, lo que hay es ternura, un callado "me gustaría que me quisieran como a ti por favor..." de alguien que a veces tiene, además, sentido del ridículo y teme exponerse a lo que sea, habitualmente al fracaso o al no salir en hombros.

Totalmente de acuerdo contigo, cerrar el corazón produce podedumbre o telarañas al menos.

Pero, ay, amiga, tenerlo abierto es tomar riesgos y eso puede costar, como dice Isabel da miedo...

Un abrazo
Aurora

Máster en Nubes dijo...

Isabel:
El miedo es lo más libre que hay en el sentido de que cada uno tiene miedo a una cosa, muchas veces a cosas tontas. Yo tengo miedo a Drácula, por ejemplo, y no puedo ver una película de vampiros que me pongo enferma, ni de momias, ni de hombres lobo... Y el diablo ni en pintura ;-)

Todos tememos la falta de cariño o que se nos retire, todos, no creo que nadie tenga tanta seguridad como para no temer eso. Pero hay que vivir con miedo, eso es ser valiente, no es no sentir miedo.

Los celos... pueden ser de muchos tipos: silenciosos, tranquilos, de puñetazo en la cara del otro, de arrimarse a otro diciendo "estoy aquí, estoy aquí". No me parecen mal los celos mientras sean una petición sonora o silenciosa de "hazme caso", me parecen terribles si implican violencia o acaban haciendo daño a la persona que se quiere o a otras...

Hablo de esos celos, no de otros que simplemente son intolerables: los celos no de "quiéreme por favor" sino esos otros verdes feísimos de la que sufre ante el don ajeno, ante el regalo que otras personas reciben, y derivan en un querer hacer daño y destruir aquello que aman o admiran en teoría...

De esos últimos, tan horrorosos, tan feos, tan malos, como dices, más vale huir...

Máster en Nubes dijo...

Querida Olga:

Ya lo hemos hablado, qué te voy a decir que tú no sepas ... ;-). Pues nada, todo se pasa. Aunque hay personas con una diría que "sublime obsesión" si no fuera porque de sublime no tiene nada.

En cualquier caso yo hay amigos a los que recomiendo vivamente que nos utilicen a otros amigos para extender algún rumor que les haga menos "agraciados".

Así que quien me quiera oir: Olga escribe como los ángeles, es guapa además -y se maquilla de muerte ;-)- tiene dos hijos, un marido y vive en Zaragoza, y trabaja y prepara oposiciones y todo esto. Y encima cada entrada pues la hace genial y a los que saben y a los que no sabemos nos encanta y comentamos y tal...

Pero oh, Olga tiene una tristeza oculta y terrible que la hace menos a-graciada ;-) A ver Olga, por Dios si así...

Máster en Nubes dijo...

Modestino:

Lo que escribiste el otro día me dio entrada hoy... con otro par de cositas también de otros blogs y vidas.

En fin, eso, el prado propio, que si lo riegas pues sale hierba o un matojo, y no pasa nada, que el matojo tiene su belleza (lo digo por la cantidad de tierra mala que tengo en mi jardín).

Tú y yo lo hemos visto: casi lo que da más envidia es que a la gente se la quiera, que tengan amigos. Es como que no se perdona...

En fin, guapo, jurisconsulto. Eso, que hay que abrazar a la gente aunque algunos hagan como que nos les gusta. Aunque sea con la palabra, por Dios.

Un abrazo,

Aurora

Máster en Nubes dijo...

Javier:
Siempre una alegría tu visita. Te recuerdo que soy un desastre, de redonda nada, flecos todos, y ni siquiera de mantón, es de deshilachado ;-)

Y como me pasó con Modestino, con Olga... tu entrada de hoy, ay, madre. Dile a tu amigo que se atreva. Ya sé que si es poeta pone mucho más en riesgo que los lerdos que abrimos un blog para pasárnoslo bomba escribiendo como fin principal. Ya sé que él no puede exponerse como otros, se juega más. Pero se le nota un poco necesitado de cariño, más que de reconocimiento. Dile que no se ande con tonterías y que abra el blog no en plan literario, sino directamente para ligar: anímale, hombre.

El que quiera peces que se moje... ejem. Eso.

Un abrazo, guapetón

Aurora

Lane dijo...

Evidentemente en esas emociones subyacen carencias. Se alimentan de todo y a veces se auto-sustentan.
Reconocerlo nos hace compasivos (y eso es BASTANTE).
Como dirían los budistas algunas "emociones perturbadoras" pueden emerger en sabiduría (como transformar la basura en abono).

Jesús Cotta Lobato dijo...

Me consuela eso de que para cada uno hay una hierba y que uno se la pierde si se va a otros cercados. Dale forma de aforismo y te queda redondo.
Me asombra tu capacidad para darle la vuelta a la tortilla y sentir ternura por el envidioso. A mí la envidia, que también he sentido, me parece un pecado tan feo, que con él se afea el pecador. Intentaré verlo como tú dices, a ver si me sale. Un achuchón.

ana dijo...

A saber... a saber qué luchas imaginarias habrá enfrentado esa persona envidiosa en su pobre y dolorido corazón!!!

Probablemente se sientan no queridos, sí...
...a pesar de lo queridos que son!!!... No es fácil hacerles ver la realidad. Hacerles ver que su mundo sentido nada tiene que ver con la sensación real que habrían de sentir.

Su actitud, las más de las veces, es plenamente inconsciente.
Qué traición a sus propios afectos cuando la envidia les gana la partida!!

Y cuánto dolor alrededor y en sus adentros!!

Cierto, Olga, en el pecado está la penitencia. No por envidiosos carecen de corazón, incluso lo tienen grande, diría yo que reñido no está.

Silencio por cada una de las personas envidiosas que hundieron en algún momento nuestra presencia.




El mundo de los sentimientos.

(...)

"Si se trata de un sentimiento ocasional cmabiará con las circunstancias, pero si llega a formar parte de nuestra memorio personal, si se convierte en un hábito del corazón, PUDRIRÁ TODA LA VIDA AFECTIVA DEL SUJERO".


"El ser humano necesita vivir sentimentalmente, pero necesita vivir por encima de los sentimientos.
Aspira a vivir de acuerdo a unos valores pensados, pero la tensión entre valores pensados y valores sentidos le va a producir quebraderos de cabeza y de corazón."

El laberinto sentimental.
Jose Antonia Marina.

Máster en Nubes dijo...

Lane, yo tengo envidia de esa piel tan bonita que tienes ¡guapa!
Y el acento dulce de Venezuela, por Dios, es que así pides cualquier cosa y te la dan seguro...

Y sí, todo residuo, toda basura, puede abonar, buena idea ;-)

Un abrazo, guapa
Aurora

Máster en Nubes dijo...

Cotta, tú lo dirías todo mejor y más corto, por favor haz el aforismo.
Y a veces cuando no comento nada es cuando más me gustan las cosas: el otro día con lo de Dios estuviste sembrado y me dejaste ¡muda! Yo muda de lo que me gustó...

Hombre, lo de envidia de pasarlo mal o desear (y hacer!) el mal al otro, al envidiado, es horroroso...

Pero la cosita esa de "mira éste que caso le hacen" y tal y cual y esto de los blogs o el libro de la otra o lo que fuere... tiene en el fondo su ternura: es un "por favor queredme a mi"...

Otra cosa es que ha bailado con la de 40, con la de 30 y con la de 20 y no resiste que un joven baile ahora con la adolescente rubita e ideal de la muerte: se la quiere llevar él también al huerto, no resiste que haya otro tipo de éxito que ni siquiera le hace sombra. Como bien sabrás Jesús esa envidia que se da tanto entre intelectuales (con libros publicados, con obra, con éxito y aclamación popular o de crítica excelsa) es la del que no le basta por arriba o por abajo, lo quiere todo: hasta lo que no quiere o parece despreciar...

Se dan casos de cátedros ya reconocidísimos ¡que no resisten a un doctorando!

No sé si me explico...

Máster en Nubes dijo...

Jesus:
Y dile a tu amiga MIRNA que no tiene abierta la opción de comentarios en La Casa de Campo y que lo abra, por Dios...

Máster en Nubes dijo...

Ana:
El prado, acuérdate, lo hablamos. Mira tu prado, tu hierba, déjate de observar la cerca del otro ;-) ... y ya verás que hierba tan estupenda te pone Dios delante.

Y tengo que decir que entre mujeres a veces es peor. La envidia entre hombres suele ser otra cosa, suele ser más tierna, más de "mimosín" que diría Javier Sánchez Menéndez. La desarmas con un achuchón dado a tiempo.

Pero entre algunas mujeres puede ser de horror porque es sibilina, disfrazada y muy hiriente. Y entre algunos "intelectuales" también: se parecen en lo peor a las peores mujeres. Ni comen ni dejan comer.

pepa dijo...

Siempre hay alguien que nos quiere tanto, pero tanto, tanto, que quiere todo lo que tienes.

¡Ay, mo me queráis tanto!

Tal vez de todos los pecados, el peor sea el de la envidia: codiciar lo ajeno hasta tal punto que lleva a desear el mal.

Nada que ver con esas otras mezquindades, pequeñas y vergonzosas, pero humana; o con las boberías de la inmadurez, como esa escayola que todos quisimos.

El envidioso es un individuo infeliz: codicia lo ajeno y no puede disfrutar de lo propio. Es más, ni siquiera ve lo propio, sólo lo del otro.

Así que, hedbanna, encomiendate, cuídate y huye como de la quema.

Y estoy con la hedbanna rana y no-tan-pastoril: hay envidias que nada tienen de tierno, por más carencias ocultas que soporten.

Sinestesia Gastronómica dijo...

La verdad es que miras con muy buenos ojos Aurora; es verdad que la envidia puede ser derivada de la falta de cariño, de atención (lo he pensado y más de un ejemplo me vino a la cabeza). Como bien me dijiste una vez, la envidia es el pecado nacional-jejeje- y ésa es otra gran verdad; en ocasiones, en vez de alagar y seguir el ejemplo de una persona trabajadora y eficaz, la gente critica sin más, sin ningún fundamento "bueno sí, su frustración personal".

Ah, que te salgan muy bien los mojitos; cuando haga buen tiempo ya probarás uno de los míos.BS

Máster en Nubes dijo...

Pepa, sí ... pero no. Insisto, detrás de algunas pequeñas envidias hay alguien que no se siente amado.

Raquel: mojito, mojito... seguiré tu receta. Un abrazo, guapa, cada día mejor tu blog, mira el de Mirna, el de la Casa de Campo... te gustará.

Antonio Azuaga dijo...

Eres una bella persona, Aurora, porque sólo una persona así es capaz de encontrar vulnerabilidad afectiva detrás de la envidia y demás humanos pecados. Yo creo que es el peor, el más sucio, el que actúa de modo más cobarde, el más miserable, el más rastrero, el más indecente, el más inicuo, el más alevoso… La envidia es el fruto de una voluntad podrida. Y la voluntad es la “capacidad de querer”; así que, al envidioso, lo que le ocurre es que no quiere nada ni a nadie. Mejor dicho, quiere que todos le quieran a él, sólo a él. No pretende un “achuchón”, quiere ser un dios rodeado de súbditos. Quiere ser Dios sin amor. Si, como piensa Santo Tomás y decimos todos, la soberbia es madre de todos los pecados, el padre es la envidia, que es la encargada de fecundar a la soberbia. En el asunto ese de la manzana, la verdadera causa del tropezón adánico estuvo en aquello de “seréis ‘como’ Dios”. Eso pretende la envidia: suplantar lo que está por encima de su capacidad de amar, de su voluntad de ser. Y cuando no puede, su esfuerzo se concentra de manera enfermiza en acabar con la excelencia.

Pero el envidiado no tiene que dejarse vencer –Dios no lo hizo, sólo se enfadó un poco–. El envidiado, para ir tirando, para poder soportar el asedio miserable, debe repetirse esa sentencia de tan plural atribución literaria: “ladran, luego cabalgamos”. No va a curar el mal, naturalmente, pero es un buen analgésico para el alma que tan injustamente se ve vapuleada por la maldita envidia de alguien.

Y como he dicho que eres una bella persona, ahora terminaría diciendo que te admiro. Pero no te gusta; según dijiste, lo que tú quieres es que te quieran. Pues bien, la consecuencia de mi admiración es mi cariño.

Besos.

P.S. Al publicar, he echado un ojo a los comentarios (no he podido leerlos todos a fondo por esa dificultad que se llama tiempo) y veo que hay coincidencias notables con el mío. Lo que refuerza mi admiración (yo es que soy “soberbio” y digo que siempre tengo razón –léase esto con teatral ironía–) y justifica que pida disculpas por las reiteraciones.

Mirna dijo...

Cuánta razón tienes, Aurora, y qué bien dicho. Desde que tengo hijos me he dado cuenta de ese lado tan tierno y delicado de la envidia. Pero sólo lo veo en el caso de los niños, la "pelusilla" que decimos.
Pero la envidia chochina, no nos lleva a nada bueno, sino, como tú dices, a estar más pendientes de los pastos ajenos y a perdernos el propio.
Te mando un achuchón "apretao", y bien "apretao".