Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

jueves, 30 de mayo de 2013

El primer baile

Fue en Alcocebre, un lugar de veraneo, en la casa de los Huarte. Emilio Huarte Mendicoa era amigo de mi padre.

Todavía lo recuerdo:  moreno, alto y guapo. Con muchísima clase. Carlista. Y, evidentemente, navarro. Con un sentido del humor impresionante, siempre de guasa. Se había casado con Nelly, de San Sebastián, elegante y también alta. Y, encima, rubia. Tenían unos hijos de edades parecidas a las nuestras. Nos habían invitado.

Y de repente, no sé por qué, pusimos música y comenzó el baile.

No tendría yo más de trece años.  Un poquito de vergüenza, nervios y, sobre todo, una sensación de halago desconocida y francamente agradable. Las piernas temblando y las manos apoyadas en sus hombros sin llegar casi, me llevaba prácticamente en volandas. Todo daba vueltas. 

Fue emocionante.

Toda mujer debería ser invitada a bailar por primera vez por alguien como Emilio Huarte Mendicoa.

5 comentarios:

polita dijo...

Qué bonito, Aurora. Seguro que él también disfrutó mucho de ese momento. Los amigos de los padres pasan a ser, muchas veces, más familia que la propia. Y su recuerdo se convierte en parte esencial de nuestras vidas.

Besotes.

Anónimo dijo...

Comienzo el día bailando contigo. Precioso recuerdo, preciosa entrada. Begoña

Aurora Pimentel dijo...

Gracias, prima, un abrazo.

Hola, Begoña, gracias por tu lectura y... ¿bailas?, pues eso.

dolega dijo...

El primer baile, como el primer amor, nunca se olvida.
Besazo

Aurora Pimentel dijo...

Desde luego que no, Dolega. Bienvenida de nuevo.