Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

jueves, 20 de mayo de 2010

Jazmín y rap, fiesta y esperanza (Por favor, hagamos tres tiendas)


Me acogen los Toi en su casa y me tienen dos días a cuerpo de reina; finos, sonrientes y espléndidos hasta la prodigalidad, como son ellos. Me traen y me llevan, doy la vara como siempre. J. comparte su cuarto generosamente conmigo. El jueves es estupendo con un amigo y sus hijos tras una entrevista de trabajo. El viernes tengo despertar católico, o sea, cuando Dios quiere. La casa de Marga y de Toi es como un vodevil donde entra gente por una puerta y sale por otra, dice uno una cosa, luego otro otra, es divertido. Me pregunto cuándo saldrá la chica ligera de ropa de un armario cualquiera. Comemos en el jardín, hace buen tiempo, aperitivo amplio primero, se está en la gloria. Marga de repente dice “mira, jazmín”, y coge una flor blanca, al parecer la primera. Huele suave y delicado, me encanta, me la guardo, no quiero que se pierda. Luego nos enseñan L. y J. buenas letras de rap, música que yo odiaba cordialmente. Reconozco mi equivocación. En todas partes hay cosas buenas. A veces solo hay que escuchar, poner la oreja. Y que alguien te enseñe, muchísimas gracias. Me baja Toi a Sevilla, le hago un pie agua, en fin.

Por la tarde de Sevilla a Málaga en coche, con R. conduciendo, una pelirroja en la carretera (sin querer me acuerdo de Thelma y Louise, pero no sé quién es Susan Sarandon y quién Geena Davies), en dos horas hablamos de todo prácticamente. “¿Qué es la eternidad? Dos mujeres hablando … o despidiéndose”. Una niña se duerme, claro, somos para dormir a cualquiera, la otra no despega la oreja de lo que contamos. Concluimos que lo único que importa es el amor y que Dios tiene un plan para cada uno, aunque no nos lo cuente, y no hay que preocuparse en exceso, la niña está de acuerdo. Cenamos pescado buenísimo, estamos agotadas, dormimos como piedras tras cantar “los tres cerditos ya están en la cama”. Les ha encantado, es una canción que siempre tiene éxito entre el público infantil. Vamos a la comunión el sábado, lloramos a su tiempo, saco dinero (me acuerdo, ay, del número, que había olvidado de repente, demasiadas contraseñas), nos tomamos un café y nos vamos a la casa de campo, fiesta, fiesta, fiesta, fiesta.

Castillo hinchable, un gran invento, los niños –muchos, ni los cuento- ahí están todo el tiempo. Santiago con cara de bueno, pero no es la comunión, es que es así. Su madre, de verde, muy guapa, otras nos cambiamos, bendito sea el vaquero. Mesas, bancos que ha hecho esa mezcla que es D. de legionario y San José carpintero . Toldos y viento. Me siento con una de las abuelas con la que soy muy zalamera porque le quito su cuarto cuando vengo. Trabajan varios hombres preparando todo fuera, dirige el servidor de los servidores, G., comida para un regimiento. Se me ocurre pedir un platito para las cáscaras de los langostinos. Bueno, no se me ocurre a mí, es la abuela que me dice que lo pida y yo, sumisa como soy siempre, obedezco. Todo perfecto, una semana currando y solo a una que viene de Madrid se le ocurre pedir un platito, un puñetero platito para las cáscaras. Me coge manía G. y yo lo entiendo. “Todo el mundo en Málaga sabe que a mi madre no se le hace caso jamás”.

Conozco al resto de los C., la familia al completo, voy a pedir que me adopten inmediatamente, entre todos seguro que pueden. JC no tendrá problemas jamás con su ego, su hermano mayor, aunque ganase el Príncipe de Asturias o el Cervantes, se seguiría metiendo con él, es una suerte. Lo pasamos en grande, gracia malagueña, planteamos dudas teologales de no te menees al cura que no ha hecho nada para merecer esto, acaba por irse, claro. Algunos somos de la idea que resucitamos con el cuerpo nuestro pero en plan esplendor en la hierba, o sea, en nuestro mejor estado (si alguna vez lo tuvimos, yo ya ni me acuerdo), uno mismo, pero en plan impresionante, el cura no parece estar muy de acuerdo. Hablamos luego de pilates varias mujeres y una recién parida (hace dos semanas) dice que le gustaría probarlo, luego se sube al castillo hinchable y hace piruetas. Honradamente creo que el pilates le sobraría, no doy crédito, del Circo del Sol prácticamente. Luego, entrada ya la noche, empieza a hacer frío, nos traen mantas, nos arrebujamos en ellas, alguien me pone un ron, está muy bueno. Muy bueno. Insisto: muy rico estaba.

Buenos amigos muy buenos. La risa de Dios en Marga, en la familia de Toi y en la de los C.

Esperanza, mucha esperanza. Por favor, hagamos tres tiendas.

(De la cena del club de los poetas vivos -nada de muertos- del pasado miércoles 12 haré referencia a mi manera otro día, ahora me muero de sueño).

7 comentarios:

Anónimo dijo...

hola

lolo dijo...

Menuda "suertuda" eres, Máster. Algo harás tú para que te quieran.
La vida es mejor cuando hay momentos de hacer tres tiendas. Aunque luego bajemos.

Anónimo dijo...

he leido tu libro Fernanda

Jesús Cotta Lobato dijo...

Aurora, ha sido un placer. A veces uno quisiera estar siempre en el Tabor, pero el mundo nos reclama para tareas más duras y bajas. Un beso.

Aurora Pimentel dijo...

hola, seas quien seas ;-), bienvenida o bienvenido.

Lolo, es como una película italiano-española, material para una serie buena de televisión, una comedia costumbrista: la literatura está en la calle, estaba el sábado en la casa de campo y antes en Sevilla. Un abrazo.

Gracias al anónimo que ha leído el libro, o anónima, no sabes LA GRAN ILUSIÓN que me hace que se lea. Muchas gracias.

Cotta, el placer es mío, sí, las tres tiendas (y el ron ;-) están bien, ... pero también lo está preparar clases y no tener ni pajolera idea de por dónde hacer algo. La mezcla es lo bueno, si fuera Tabor siempre estaríamos alelados. Un beso para mis niñas y R.

irene dijo...

Jajaja yo también odiaba a muerte el rap... hasta que una buena amiga me contó una historia sobre una canción de esas canciones. Me dijo que la primera vez que escuchó aquella canción estaba con su novio en el coche. que permaneció en silencio hasta el final. y cuando la canción terminó, ella comenzó a llorar. Por aquellos entonces mi nivel de inglés no era suficiente como para entender lo que el "rapper" decía, y tampoco me molesté en buscar la letra traducida. Varios meses después, casualmente me acordé de aquella canción. y la volví a escuchar. Y esta vez presté atención a la letra.

Y sí, se me saltaron las lágrimas.

Como me encanta mantener el misterio, no diré que canción es. Tal vez otro día.

;)

Un beso,

Ire

Aurora Pimentel dijo...

Irene, muchas gracias, el rap ha sido un descrubimiento, pero he olvidado el nombre del rapero, snacht algo? Tengo que llamar a Toi y preguntárselo...

Tengo la sensación de que algunas canciones son las poesías de hoy, las populares, algunas son muy buenas, otras espantosas, pero el rap que Javier y Lino nos pusieron era impresionante, me encantó.

Beso, student, ay, estoy acabando ya de corregir(os), ya era hora ;-)