Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 14 de marzo de 2010

Mimosas y letargo

13 y 14 de Marzo 2010.
Fin de semana espléndido en Madrid. El sábado tenía la intención de ir a la exposición de Fortuny y Madrazo en el Museo del Traje. Metí a Olimpia en el coche y fui a recoger a N. Esperamos a que bajara y mientras tanto vimos un verderón buscando algo que comer en la mediana. La universitaria estaba hasta los topes, no pudimos aparcar ni ver la exposición por tanto, debía de haber una oposición y por eso tanto coche en fin de semana.

"A esta perra ni se la siente" dice N. Es cierto, se tumba en el coche o en mi casa y no da la lata, la pobre. Tras un año en El Boalo, en plena sierra de Madrid, a las faldas de la Maliciosa, se ha acostumbrado de nuevo a la vida urbana, es una santa. Duerme mucho, a todas horas. Es ya mayor y está entrando en esa especie de letargo de la ancianidad.

Fuimos a la Dehesa de la Villa a tomar el aperitivo como plan alternativo. Varias familias aprovechaban el sol, hay muchas ganas y los niños además en casa se ponen muy pesados. Comimos sesos, el sitio muy agradable, La Paloma se llama, volveré. Me tienta el camarero con callos que yo no sé hacer y que me encantan, aunque mi madre dice que es como si te comes una toalla. Caigo en la tentación y me llevo una ración en un paquete en plan take away castizo.

El domingo igual de sol. Tenía vigilada a la mimosa de Juan Hurtado de Mendoza que comenzaba a brotar, y eso que en donde está ella, sombra casi permanente, todo florece más tarde. Dimos un paseo por San Fernando, el durillo ya abierto, más niños en el parque, los mirlos muy activos y alguna urraca que persigue a los perros a distancia. No sé si es que está criando y los prefiere lejos o es que tiene mal carácter.

Comí con unos familiares en las Tablas, ese Madrid del norte nuevo y recién puesto, una solanera es, ni árboles tiene casi. Pero vi una lavandera en mitad del asfalto. Al volver hacia mi casa en metro a eso de las siete de la tarde, fui a dar con una mimosa en mitad de un descampado, justo al lado de los barracones que, por el momento, hacen de parroquia en este nuevo barrio. Esta mimosa ya toda abierta, espléndida, no como la de mi calle, que va lenta por la falta de calor y de luz, aunque crezca en un jardín cuidado.

10 comentarios:

Olga B. dijo...

Todo despierta, en las solaneras antes y en otras calles después, pero todo está ahí como agazapado, esperando que el sol dé el pistoletazo de salida. Si vieras por Teruel, esas flores blancas de los almendros, todos los años igual: asoman a la primera, nos ponemos contentos y luego llega alguna helada retrasada, -esas heladas negras que hielan la sabia y dejan las plantas como quemadas-, y muchas flores mueren. Pero da igual, salen tantas, salen todos los años. No aprenden. O sí. Porque vivir es eso, salir con entusiasmo y sin lecciones aprendidas. Saludar al sol y a las personas.
Hola, Aurora. Buenas noches, que entro en letargo...
A ver si sueño con plazas soleadas. Me apetece mucho;-)
Bonito texto.

El alegre "opinador" dijo...

¡Ya se acerca la primavera!
Ha sido también un fantástico fin de semana en Sevilla. Preciosas las mimosas. Me encantan con su explosión en amarillo.
Besos.

Máster en Nubes dijo...

Agazapado y zas, salen ;-) Y qué razón tienes, es el entusiasmo, que se entusiasman y salen, hala, todas juntas ... 20000000 o más, como luego las amapolas, ay, de verdad, cómo me gusta eso de la falta de economía y el derroche de las flores, a lo bestia, toítas juntas o por fases ;-)
Y el sol ya lo he encargado para el fin de semana que viene...

Máster en Nubes dijo...

Alegre Opinador, me han dicho un par de amigos que estabais todos preparados, listos... ya, para salir a la calle ;-), después de todo lo que os ha llovido este año... De verdad, qué invierno este más pesado. Y ahora Sevilla estará... de morirse ¿no? Un abrazo

lolo dijo...

Ay ay ay, ay ay ...las mimosas.
Se me desparrama la piel con las mimosas que brotan. Son tantas, tan pequeñas, tan apretadas, tan amarillas, tan ligeras, tan suaves, tan tupidas, tan de todo junto...
No se me olvidan unas de un noviembre...sí, noviembre. No hacen caso de nada. ¿Qué les importa a las mimosas?

annemarie dijo...

Cómo suena la primavera en la voz de Cesaria! Este año incluso yo, que tanto quiero al invierno, siento el alivio de la llegada de la primavera. :)) Flores por todas partes, el mar sosegado por fin. Un abrazo enorme, Master!

Las hojas del roble dijo...

Mimosa entre asfalto: pura poesía.

Máster en Nubes dijo...

Lolo, las mimosas de noviembre ¡yo las he visto también, a su aire, locas!

Annemarie, dedicado a ti iba lo de Cesarea, otro día Pontes o fados, mira que son bonitos los fados y la tristeza esa ;-), un abrazo.

Julio, es que cuando no hay azahar en las calles... pues hacemos lo que podemos, nos las vamos arreglando (mal, pero en fin, se intenta ;-)

annemarie dijo...

Gracias, Master, qué bien se está aquí! Yo soy una enorme fan de Cesária, qué voz, qué letras, qué todo! Tuve un día muy gris (nada que ver con la tristeza de que hablas, que no es propiamente tristeza :)) Llegué ahora a casa, leí tu comentario, y se acabó todo el gris. Un beso!!

Máster en Nubes dijo...

Gracias, Annemarie, sigo sin dar abasto aunque mira que lo intento ;-) Aprenderé de los lirios del campo y eso, de los gorriones, etc.

Un abrazo fuerte, seguimos en contacto ¿eh?