Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

viernes, 2 de octubre de 2009

Grande



Primero fueron los pantalones que de ajustados pasaron a holgados, y de holgados a raperos, con un resultado de graciosa pero realmente impresentable.

Luego fueron faldas y vestidos, se los ponía y desparecía dentro, todo acababa resbalándose.

Grande le venían sus amigos, su familia y, por supuesto, su madre.

Hasta su perra también le venía eso, grande.

El ordenador y el móvil tenían también algo de inabarcables.

¿Para qué demonios es este icono, esta aplicación o función? ¡Quién lo sabe! No me atrevo. ¿Y si doy al botón equivocado, borro un archivo, entro en un lugar desconocido? Ay, no.

Los misterios de las nuevas tecnologías son a veces más insondables que los de Dios nuestro Señor. Los miraba con respeto, con miedo, otras veces con desilusión. Y a menudo con simple desesperación (y cierto cabreo, la verdad): ni la Blackberry Storm vale lo que cuesta, ni ese portátil de HP lo que pesa (un montón).

Había dos posibilidades, o se hacía con un recambio de todo -amigos, familia, madre, perra, móvil, ropa, fe y ordenador-, nuevos y ajustados a su verdadero tamaño, o se sometía a un plan relámpago, lo que llaman de shock, para coger peso y volumen, para ganar, rápido y ya, tallaje.

Todo un poco difícil, complicado, demasiado caro o hasta inhumano, no, no, no.

Y encontró otra solución: es grande como tenía que sentir todo, era eso precisamente, grande.

Que todo le viniera grande. También que le superase por goleada lo que quería escribir o corregir. Que la fe también le cayera grande, siempre un hueco ahí, el espacio, las sombras y la falta de luz.

Que por quienes sentía cariño o amor se le escaparan entre los dedos, aceptando no entenderles de vez en cuando, también llegar a perderles o no tenerles. Al fin y al cabo otro modo de saberles grandes.

Respiró aliviada. Y ya no se agobió.

"Qué bien que todo me venga grande. Mientras los pies sigan midiendo lo mismo, los zapatos siempre constantes."

Y le entró tal alegría que casi se cae del sillón. Grande, siempre grande. Gracias a Dios.

PS: Eso, gracias a muchos.

14 comentarios:

Montse Viver dijo...

Formidable capacidad de introspección la tuya, aún que hables en tercera persona, creo que insistes una y otra vez en tus "supuestos defectos" que conllevan connotaciones de una autoestima, digamos que en constante reajuste.

Ha salido hace poco un nuevo libro sobre este tema del conocido escritor Luis Rojas Marcos Ed. Espasa-Calpe titulado "La autoestima". Rojas Marcos es un autor que habla claro, con rigor, con humor a veces, con conocimiento profundo a través de la pràctica profesional desde hace años en Estados Unidos.
Este sevillano que habla de sí mismo sin rubor de su etapa juvenil difícil en el colegio Portacelli, del que fué más o menos expulsado, es ahora una autoridad en estas materias psiquiàtricas.
Lo estoy leyendo con gusto, y lo recomiendo encarecidamente para quien quiera sentirse a gusto consigo mismo, cosa nada fàcil de conseguir.
Aurora, me encanta tu forma de ser, siempre indagando, estudiando, perfeccionando tu escritura cada dia sin descanso, una doble de Hipatia de Alejandría, inasequible al desaliento...

Un abrazo.

Jesús Cotta Lobato dijo...

Desde luego esa mirada a lo grande es la mejor manera de no deprimirse, sino de mantener la capacidad de asombro y gratitud.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Siempre a tus pies, siempre.

Vas ganando enteros por momentos. Tu facilidad de expresión y desarrollo se ha concentrado en una fluidez extremadamente buena, Aurora.

Fuera de coña y de Caletas.

Me gusta mucho Aurora.

Recibe un abrazo.

Máster en Nubes dijo...

Montse, Rojas Marcos me parece que tiene sentido común y lo que le he leído (La felicidad y creo que otro) me gusta. Gracias por recomendármelo.

Del resto, gracias, pero en fin, no, es más pedestre. O sea, que es hasta cómodo ver que todo queda grande, da como tranquilidad.

Máster en Nubes dijo...

Cotta: tú de esto sabes porque eres, en el mejor de los sentidos. un poco pequeño (pero fauno). Y los jardines grandes en los que a veces nos metemos, joé, que eso, que nos vienen grandes. Y encima son jardines. Pero vamos, que saldremos.

Máster en Nubes dijo...

Javier, te lo agradezco, pero con Mexican Mule creo que es mejor no leer, que todo nos acaba pareciendo estupendo (desde hablar con Dios hasta lo que leemos).

Un abrazo de vuelta, Sir John Caletta o Corto Maltés (oye, lo solté sin pensar mucho y ahora me doy cuenta que te das un aire)

Aurora

lolo dijo...

Sí, es justo eso.

Cuando abres la mano y ves que la arena se escapa: así está bien.

Fíate.

Sinestesia Gastronómica dijo...

Una vez más, gracias por estas reflexiones que siempre grandes o pequeñas son cercanas, certeras... gracias por compartirlas Aurora. Qué buena y tímida sensación sentir la grandeza de las cosas, es cierto que esa comodidad "al sentirnos holgadas" da tranquilidad y alegría por estar dentro de este mundo de cosas grandes.

Un besito,

Raquel

Máster en Nubes dijo...

Si, Lolo, entre las manos porque se va, la arena es así. Gracias por estar ahí.

Raquel, guapa, ¿cómo va todo?, tenemos que hablar, días de mucho curro, lo siento, en fin, eso, que te metes en camisas de once varas y te sobra por todas partes, no sólo es la grandeza de muchas cosas y personas también, que lo es. Pero eso, tranquilidad y buenos alimentos. Un abrazo

Se me ocurre que... dijo...

Enhorabuena.
Narración. Fluidez. Afrenta.

Antonio Rivero dijo...

Esta entrada me ha llegado mucho. Es de aquellas que te llenan y no dejan de vertir luz...

Un abrazo Aurora

Sunsi dijo...

"Qué bien que todo me venga grande. Mientras los pies sigan midiendo lo mismo, los zapatos siempre constantes."

Máter, hija, es una conclusión también grande. La única forma o fórmula para que la tristeza que podría derivarse de la pequeñez o de la consciencia de las limitaciones no anide. La tristeza es espesa. Y, aunque se cuele por todo lo que nos viene grande, no puede quedarse porque resbala y cae al suelo. Y ahí es donde intervienen los zapatos, que ésos sí nos van a la medida, para pisotearla.

Me ha gustado mucho este post. Me gustaría que nunca llevaramos la ropa ajustada...

Besiños, Aurora.

lolo dijo...

Firmado: tus zapatos.

Máster en Nubes dijo...

Gracias, Antonio, un abrazo.

Sunsi, qué razón tienes, con la ropa ajustada nunca ;-), y a nuestras edades menos ja ja.

Lo de la tristeza yo creo que tiene que ver mucho también con el carácter: hay algunos que es que no pueden estar tristes mucho rato, no anida en ellos la tristeza, pasa. No es mérito o circustancias mejores, es sólo su naturaleza.