Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 30 de julio de 2011

Al natural (Antes y después)

Angelines es muy pulcra y ordenada. Después de cada sesión cierra con cuidado los botes de maquillaje y todas las sombras y coloretes que ha utilizado. Luego lava con agua y jabón pinceles, brochas y esas esponjitas azules, tan eficaces para extender bien el maquillaje.

Angelines ama su profesión, la adora. Al cumplir los dieciséis hizo los módulos de estética que desde pequeña tanto le gustaba. Se puso a trabajar rápido en la peluquería de su tía Juana, pasó dos años en una perfumería hasta que cerraron. Alguien se lo sugirió entonces, cuando la crisis comenzaba. Había que reciclarse y ese área estaba en auge, quizás por influencia de los americanos. Hizo un curso especializado y en apenas unas semanas volvió a tener nómina, estaba encantada.

Números especiales del Elle, Telva y Marie Claire por todos lados muestran el antes y el después de muchas bellezas desconocidas o famosas, todas las revistas apiladas en la mesa de su cuarto de estar, muchas caras lavadas que, tras técnica y varias capas, cambian como lo exigen los modernos cánones, transformado el rostro por nuevos relieves o sutiles difuminados.

Angelines sabe que ninguna modelo es igual con o sin maquillaje, ninguna mujer, ningún ser humano. Porque ella también maquilla a los hombres que no muestran ninguna resistencia en su caso, como a veces les pasa a algunas compañeras de televisión, que tienen que explicar el efecto de los focos en el rostro humano para que se dejen hacer. No se puede ir a la tele sin maquillaje, se tiene muy mala cara, se nota todo, los poros, las arrugas, la papada, cualquier defecto se agranda y se hace insoportable. Cubiertos todos por espeso maquillaje para que tanta luz no se nos coma la cara. Hay que reforzar los rasgos para la cámara, al natural quedan desvaídos, ralos, sin carácter.

Angelines es muy educada y siempre habla a los clientes con mucho respeto de Vd., algo hoy raro. Está Vd. muy guapa. Ya verá como las ojeras se le difuminan en un pis-pas. Si no le parece mal, le voy a peinar un poco hacia atrás, para que se le vea mejor la cara. ¿Le gustaría este rosa pálido? Tiene Vd. un pelo precioso, ¿sabe?

A veces sin embargo le cuesta y trabaja en silencio cuando es un niño, un joven o una mujer embarazada. Entonces no le sale su vena habladora, calla.

-Mamá se va al trabajo.

Manuel, de cinco años, tira los brazos para Angelines, suplicando que se quede un rato.

-No puedo, cielo, pero cuando vuelva jugamos.

Angelines lleva siempre a su trabajo una chaqueta de punto irlandesa, esponjosa y agradable. Al llegar abre la sala. Tiene dos personas según le ha informado Eladio, el encargado. De un vistazo sabe ya que para el primero será beige 204 mezclado con arena 33 de Lancaster, nada más como base. Menos es más, especialmente en estos casos.

Y es que Angelines lo tiene fácil a menudo, más de lo que pueda pensarse. Porque tras la agonía, el sufrimiento, la resistencia, el dolor y el miedo, la lucha a veces de años contra la enfermedad , el deterioro o la vejez, el cansancio y los achaques, o la simple sorpresa de una muerte no previsible ni anunciada, el rostro humano se relaja al aceptar lo inevitable y entrar en el gozo de Dios, al entregarse.

Ella ha visto cómo al natural muchos rostros humanos adquieren la extraña belleza de quienes ya están en otra parte, mostrando un antes y después que no se parece a nada. Por eso, Angelines trabaja tras la muerte sin excesivas prisas y con la misma paz que ya tiene el finado. Y, a diferencia de sus compañeras de le tele, sin miedo a los focos celestiales. Ella todo siempre silencioso y suave, revelando lo que hay en quien no está ya, no hace falta cubrir ni disimular la cara para el abrazo del Padre.

-¿Está ya listo?

-Sí, hace rato. Puedes llevártelo.

-Los familiares de Clara Sánchez dijeron que les gustó mucho cómo quedó su madre.

Angelines sonríe. Rara vez suele protestar alguien. Es otra ventaja de su trabajo.

viernes, 29 de julio de 2011

Un hombre en casa o la Black & Decker

Estuvieron unos amigos en casa, 11, el número perfecto. Lo pasamos genial, con el noviastro hacían la docena.

-Tus amigos son muy majos.
-Por supuesto.
-Y muy buena gente.
-Sí, de lo mejor. Tengo la suerte de estar rodeada de personas muy buenas.

Sonrió el noviastro. Aproveché que estaba bajo de defensas tras el halago indirecto. Yo tenía algo en la cabeza.

-Y hay que ver lo que valen, ¿verdad, cielo?
-Sí, tu amigo Jesús se puso a hacer la cena...
-Bueno, varias veces la ha hecho, no veas. Y lo mismo improvisa un arroz chino sin apenas ingredientes que nos fríe unos huevos con patatas para un regimiento y hace una ensalada con un aliño secreto... Es muy dispuesto.
-Sí, es muy dispuesto...

Le cogí la mano entonces, hay que preparar las cosas cuidadosamente.

-Y David ¿qué me dices de David? Ha arreglado la puerta que rozaba el suelo y la barra de una cortina, ha fijado la caja de luces de fuera que se caía y estaba así desde hace meses, ha pasado la barredera de la piscina... Y casi todo ¡sin herramientas!, que me ha dicho que la próxima vez que venga se las trae...
-Sí, sí... Son encantadores, y ellas también, valen mucho... Y te quieren, se nota...

Seguí al acecho.

Nada de orientaciones y direcciones, mucho menos que parezca que mando. Yo en esto tengo que tener cuidado porque me falta entrenamiento. Y puedo dar la impresión al noviastro que tiro al mando y ordeno, según me ha hecho saber recientemente. Y la influencia es más cómoda que el poder o así lo creo.

Suspiré.

-Es que en esta casa hay que hacer muchos arreglos, ya sabes...

Permaneció el noviastro en silencio. Creí que cogía la idea. Pero especifiqué el tema porque es ingeniero y hay que ser muy concreta. (Ya contaré la anécdota de la raqueta y el gira a la derecha, da para otra historia).

Volví a suspirar.

-Por ejemplo, esta puerta...

La puerta es de madera, da al sureste, sufre el sol prácticamente todo el día y hay que lijarla y barnizarla de nuevo. Y mide 3 metros largos de ancho y casi 3 de alto.

Emplée el plural mayestático que suele funcionar seguido de la declaración de incompetencia, también eficaz habitualmente.

-Tendríamos que lijarla, uf, es un trabajo muy pesado, no tengo ni idea de cómo hacerlo.

El noviastro ama Leroy Merlín, se pierde por allí siempre que puede. Es un manitas y tiene paciencia, ambas cosas muy importantes en la vida según voy viendo.

Volvió ayer muy contento a visitarme. Yo venía de Urueña prometiéndomelas muy felices.

-Mira, mira, mira lo que te traigo...

Abrió la caja. Sacó una Black and Decker. Me enseñó cómo funcionaba, las diferentes lijas , cómo se quitan y ponen y el trabajo que hacen en la puerta. Hasta me trajo una alargadera preciosa roja de veinticinco metros porque además hay que lijar y pintar el portón de la calle que es metálico y promete mucho más curro que la puerta.

Yo, ingenua, pensando que el benchmarking o estudio ese que se hace en marketing mostrando a los mejores competidores había funcionado, que era un aliciente.

Mi gozo en un pozo cuando le sugerí lo siguiente.

-Gracias por la Black and Decker, por traértela. ¿No la necesitarás tú en casa?
-Pero hombre, si es nueva, es un regalo que te hago, te la he comprado...

En fin, sin comentarios.

El caso es que le he cogido el gusto. No sé si para las 30 horas que por lo menos costará lijar la puerta y sus recovecos, eso es cierto. Pero crea cierta adicción esto. Todo en esta vida es ponerse. Y yo, hay que decirlo, no me había puesto a nada en esta casa desde que recuerdo.

Hoy pasé por el Bricodepot de Laguna de Duero y no pude evitarlo, me metí dentro.

El noviastro está haciendo de mi una mujer nueva a los cincuenta, bendito sea.

jueves, 28 de julio de 2011

Sal raspando (Los sabores del verano, 1)

Sal gorda en el tomate recién cortado, en la carne a la piedra, en las sardinas. Da gusto notar esa sal áspera que rasca paladar y hasta garganta.

Ahora se ha puesto de moda la sal, diferentes sales. El otro día en "El rincón del labrador", donde tan bien se come -tomate para empezar, lo cultivan allí mismo, en la Santa Espina, y se nota-, nos pusieron una sal de Gales por si queríamos probarla.

Me gusta explorar sabores diferentes, novedades. La de Maldon en lascas o escamas está bien, pero sigo prefiriendo la sal gorda tradicional española en granos.

Los granos se mastican casi, tardan más en fundirse. Lo bueno es notarlos. Sabe mejor todo, y si ya el aceite también raspa un poco, lo notas al bajar por la garganta entre afrutado y amargo, el placer es doble.

El sabor de la sal, de la buena sal, es el primero del verano. Y es un sabor humano, civilizado. Solo las personas salamos.

miércoles, 27 de julio de 2011

Piel (Tacto en verano,1)

Pieles arrugadas de tanto estar en el agua. "Niño, que salgas ya, que te estás quedando morado".

La piel de los ancianos, cada vez más fina, descolgada, más delicada, pecas y manchas que avanzan.

En el verano somos más conscientes de que el tiempo pasa. Niños que de un año a otro crecieron, padres que de repente se hicieron viejos. Nosotros mismos, el tacto cambia.

Nivea hidratando que intenta luchar contra el efecto de la cal que deja la piel como un rinoceronte o un elefante.

La textura más propia del verano, la original, es la de la piel humana, frontera que separa y une, diferencia e iguala.