Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 31 de julio de 2010

El amor del librero (artesanos siempre) ("¿Conocéis el lugar? Urueña", 3)



Conozco primero a Víctor y luego a Miguel Ángel de la librería Alejandría. Aunque realmente entré primero en “El rincón escrito”, están las dos pared con pared en la muralla, en esa calle larga donde también está el Portalón de Mariví de la que escribiré mañana y la Enoteca, hoy también librería.

Confío siempre en el aire que alguien desprende. Me importa poco quién es ese alguien, de dónde viene, en qué cree o su adscripción religiosa o política. Las amistades antiguas o nuevas superan con creces las etiquetas. Con los libreros de Urueña que he conocido me ocurre inmediatamente, me caen bien a la primera. No es un flechazo, es saber que alguien habla un idioma que entiendes. Ves el amor del artesano, del que no se rinde, del que no desespera aunque desespere. Admiro a la gente que tiene un oficio, pero si encima es librero de los de antes, de los de siempre, me quito el sombrero con reverencia.

Me río con la no-vela de Rafael Torres y Mercedes de “El Rincón escrito”, ese objeto que tienen a manera de greguería casi, una palmatoria con una vela imposible, como la quijada de Caín sujetando libros en un ventanuco fuera. Escucho a Rafael contar anécdotas, me vuelvo a reír. Entre lo surrealista y la tierra su librería tiene tesoritos, esos libros de Enid Blyton entre otros muchos que quise en mi infancia y adolescencia. Tienen de segunda mano y de primera, muchos interesantes, así que compro sin darme cuenta. Mercedes tiene los ojos claros y habla despacio, veo que hay libros que las dos queremos. Me llevo entre otros “84, Charing Cross”, una de las novelas que más me gustan y que de tanto como he prestado siempre acabo por perder. Yo vuelvo a leer lo que me gustó, soy menos de novedad y más de lo que ya disfruté, aunque estoy abierta a novedades, por supuesto. Me sucede como en el cine: siempre el blanco y negro pero con el carnet de los cines Renoir de Madrid, atenta a lo que viene.

Miguel Ángel me dice que él busca libros que no se encuentran. Se me ocurre que le voy a pedir que me localice tres sobre María Blanchard que necesito para documentarme, para escribir sobre ella cuando Dios quiera. Por mí sería mañana, pero tengo que acabar otras cosas primero y no quiero abrir más frentes en este momento.

Me llevo de Alejandría entre otros un libro de piel roja con obras de Lajos Zilahy, esa lectura de la juventud de mis padres, como lo fue Zweig mucho antes de que el Acantilado volviera a publicarlo. Leo apasionada “Mendel, el de los libros” de dicho autor en esa editorial que compro en El rincón. Lo empiezo y acabo en una sobremesa larga en Urueña. Admiro mucho el escribir corto y bien de Zwieg, de Roth, de tantos. La novela corta es un formato que echo de menos y que como lectora agradezco. Tengo la sensación además que no hay que empeñarse en escribir novelas largas por mucho que se lleven, salvo que sea lo que te pide la historia. Tengo la sensación de que no hay que empeñarse en que algo sea o no sea a priori, sólo en vivir y en escribir al ritmo que Dios disponga, el que vaya viniendo.

Eva de Almudí también me acoge. Allí también compro pero menos. Me quedé sin presupuesto el miércoles. Estuvo amabilísima ofreciéndome su librería, su casa, lo que fuera, a la espera de poder bajar con G. a Valladolid el jueves.

Sé que volveré a ver a Eva y a hablar de poesía con ella, como con los demás y a los que no conocí, porque hay más librerías y libreros en Urueña y no pude estar en todas. Aunque es conveniente que yo entre en dichos establecimientos sin dinero y sin tarjeta de crédito.

Veo ya en Valladolid en Oletum el libro de Richard Sennet “El artesano” editado por Anagrama. Sé que lo que dice es cierto, como leo en el breve resumen del boletín número 4 de “Librerías con huella”: la motivación básica de un artesano es lograr un trabajo bien hecho por la simple satisfacción de conseguirlo, esa idea de que el trabajo puede ser algo bueno en sí mismo y no sólo un medio de vida.

Libreros de Urueña, Miguel Ángel, Víctor, Mercedes, Rafael, Eva, artesanos siempre, todo un ejemplo. Vender libros es como escribirlos. O quizás es sólo que a mí me lo parece.

Quiero daros las gracias por estar y seguir, por ser artesanos, tener un oficio al que queréis. Yo sé que nos volveremos a ver.

viernes, 30 de julio de 2010

Esperanza Serrano, caligrafista ("¿Conocéis el lugar? Urueña" 2)



“Tienes un nombre muy bonito”. Esperanza sonríe cuando se lo digo.

En el principio fue el verbo, luego la palabra se hizo carne. Pero la letra, el signo, la grafía, o como se le haya ido llamando, ese trazo hecho en piedra, papiro, piel de animal, tela o papel es siempre importante. Es el comienzo de algo.

Empezar haciendo palotes con una plumilla inclinada a unos 30º en el papel es bueno. Enseña. La tinta es nogalina mezclada con agua, creo, una versión más barata que los tinteros.

“Esperanza, no tengo ni humildad ni paciencia, de monje no tengo nada...” le advierto. Ella calla.

En letras grandes, cuidadas, una caligrafía preciosa, haciendo dos círculos, uno dentro del otro, negro y rojo, una doble leyenda cuelga en la pared del centro E-Lea de Urueña donde nos da las clases.

“Nada funciona excepto aquello a lo que entregamos el alma”
“Nada es seguro excepto lo que arriesgamos”

Dos guías para la vida, dos lemas.

Mi sobrino G. hace los palotes perfectos, Lola también. Yo saco la lengua fuera como cuando era pequeña concentrada en el esfuerzo. No me sale. Utilizo la plantilla que nos ha dado Esperanza, pero me lío y estoy trabajando en los cuadrados de caja alta y no en los de caja baja. Me corrige con paciencia.

Alcuino es la asociación que varios han creado y no paran. ¿La caligrafía interesa tanto? Mucho al parecer, y no es raro. Ese mundo que agoniza, que diría Delibes, quiere ser rescatado, mantenido como un tesoro. Pienso que internet y todo lo que conlleva debería convivir con el libro y la escritura a mano de alguna manera. Creo que todo vale y el pasado más que nada. Somos quienes nos precedieron ... ¿Lo somos? Dios quiera que lo seamos de alguna manera.

Hablé con Esperanza de varios temas. Es una mujer pausada, bibliotecaria entre otras muchas cosas que es. Acaba de hacer estudios de psicoanálisis además, qué interesante. Tiene una tienda en Urueña también bajo el mismo nombre que la asociación. Me encanta Esperanza.

Abecedario. Empiezo por las vocales. Las áes me gustan, las óes me cuestan más, son dos trazos, nada de uno solo. El circulito ese que se hace en dos partes que luego se unen es la base de muchas letras: la p, la q, la d, la b… Si el círculo no me sale, mal vamos.
La g está hecha a mala idea. Y yo tengo que poner "Igea", "Igea", "Igea". Aurora Pimentel Igea, siempre me empeño en el segundo apellido. Con el libro de "Fernanda..." me preguntó el editor que si debía figurar el Igea en la portada. Le dije que aunque fuera largo prefería que apareciera. Es el de mi madre, el mío, sin él, sin ella, nada, ni media.

Espero volver a ver a Esperanza, valga la redundancia.

Tras las letras, la caligrafía cuidada y lenta, ya saldrán las palabras, la frase, el párrafo, el capítulo, un cuento, algo. Volver a empezar como si de una niña se tratara. No sé escribir ya nada. Estoy con la o minúscula, insistiendo, a ver si me sale.

Urueña este verano es "el lugar" por antonomasia. Yo sé que lo es para mí, y no porque lo diga Antonio Colinas en su poema, tan bello, o la sólida muralla , la vista hasta los montes leoneses, las librerías de artesano, las casas o los museos. Ni la iglesia, ni el viento desolador o el sol que abrasa ni, sobre todo ese cielo que ocupa la mayor parte de nuestro horizonte siempre, como en las fotografías de Ortiz Echagüe.

La vida transcurre en Castilla en una línea delgada de tierra, escasa, que nos sustenta bien fuerte mientras vivimos, pero es la eternidad la que nos abraza. Castilla, Urueña, tierra y cielo.

PS: Algunas casas, librerías y establecimientos, de Urueña han sido "caligrafiadas". Sus paredes blancas, amarillentas o color hueso muestran el arte de Alcuino. De verdad hay que ir, no hay nada que se le pueda comparar, nada.


miércoles, 21 de julio de 2010

Urueña (1) ¿Conocéis el lugar?



¿Conocéis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?
Creo que es aquí en este espacio
donde se inventa la infinitud de los amarillos;
un espacio en el centro del centro de Castilla
en el que nuestros cuerpos podrían sanar para siempre
y tus ojos y mis ojos
mirasen estos páramos
con piedad absoluta
y en donde hasta el espíritu suele arrodillarse
para hacernos su ofrenda
en rosales de sangre.
En este espacio hay un fuego blanco
en el que viene a expirar esa música
que nos llega de lejos, ¡de tan lejos!

¿Conocéis el lugar donde va a morir
las arias de Händel?

Está aquí, en una tierra con más cielo que tierra,
donde los ruiseñores serenan la alameda
y la alameda serena a los ruiseñores,
y con la emanación
húmeda del tomillo más nocturno,
acude un emjanbre de estrellas
a venerar la última espina de Cristo.

En el lugar donde la luz
llora luz,
y la catedral de los cardos
alza su grito de silencio,
y están solas, muy solas, las vírgenes anunciadas,
y el pueblo amurallado y muerto
asciende vivo sobre un horizonte de lágrimas,
no sé si como un salmo
o como una corona de piedras inciertas.

¿Conoceis el lugar donde van a morir
las arias de Händel?

Está aquí, en el centro del centro de Castilla,
dondo por los linderos morados
se tensa, como un arco, de la luz;
en un espacio en que la nada es todo
y el todo es la nada,
y en el que junio joven viene por los montes
vertiendo de su copa oro líquido.

Es un lugar en el que el espacio y el tiempo
sólo son una hoguera
que arde y que mantiene su combustión
gracias a nuestras vidas (quiero decir:
gracias a nuestras muertes).

La música que más amáis
aquí tiene su tumba.
Es la música que, a través de la respiración de las espigas,
viene a morir en la luz que respiran nuestros pechos.

Antonio Colinas

(Este poema está en la pared de entrada del centro E-lea de Urueña. Voy a dedicar las siguientes entradas a Urueña, Villa del Libro, su gente y rincones. Hoy recomiendo visitar La Taberna del librero )

domingo, 18 de julio de 2010

Business time (algo ligero y fresco, por favor)

Ayer un buen amigo me descubrió al dúo "The flight of Conchords" formado por Bret McKenzie y Jemaine Clement, dos neozelandeses geniales que han actuado primero en Reino Unido y luego en Canadá y Estados Unidos.

Su "Business time" no tiene desperdicio, tanto la versión televisiva como cuando la cantan ellos en directo.

PS: Con el burka seguimos otro día, ¿vale?. Yo creo que no han quedado claras las posiciones y el debate sigue abierto, ejem ;-)