Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Pelmazos, pesadas y plastas 1)

Decía mi padre que toda buena persona es un poco pesada. No lo creo así, pero, en el caso de que fuera cierto, el mundo está lleno de personas que deben de ser buenísimas, porque hay mucho pesado y plasta.

Hace tiempo que pienso en esta entrada, sobre todo porque sé que puedo ser una pelma de narices.

¿Que es ser pelma, pesado o plasta? Creo que la definición es difícil y va más por la descripción del fenómeno, que es variado, tanto como diversos somos.

Hay muchos tipos de pesados. De hecho, creo que, tras ese común denominador de ser todos hijos de Dios, la pesadez, aunque sea en potencia, es lo que más nos hermana: todos los humanos podemos ser pesados a tiempo completo, parcial, a destajo, por temporadas o haciendo horas extras y sin cobrarlas.

Esa es la gran verdad que nos iguala. Me encantaría pensar que hay excepciones, pero sé que no. Mayores, de mediana edad, adolescentes, niños, viudas, mujeres, hombres, divorciados o solteros, chinos o estadounidenses, podemos ser todos pesadísimos, alguna vez al menos, como nos descuidemos más a menudo.

No obstante lo anterior, he descubierto una forma de clasificar a los pesados y pelmas, aunque lo cierto es que una puede caer en todas esas formas, soy consciente.

1. Pesados monotemáticos y/o monocordes. Es el caso de aquel que toma un tema y, sea día o noche, te lo suelta, venga o no venga a cuento. O el de las orejeras o gafas ideológicas, de partido o hasta de nación o país. Y hasta del que tiene un limitado registro emocional o de reacciones: se puede ser también un auténtico pesado en esto.

Con permiso, Zapatero es un pelmazo con la memoria histórica y ese progresismo rancio y de salón -me dan pena mis amigos socialistas-, y el nacionalismo, igual: todo leído tras el mismo y único prisma es de lo más cansino, por Dios.

Hay muchos más, desafortunadamente, Porque la lectura única es algo común: todos los males provienen de la televisión (yo caigo en esto, por ejemplo); la culpa es de los protestantes (mi abuelo era así, le mencionabas a la pérfida Albión y cambiaba la color); el condón como solución o aberración (unos de un lado, que hay que ver que pelmas y simples pueden ser, con ese anuncio de horror, y otros con un no que creo que exige cierto matiz ); EEUU como el malo de la peli (qué fácil tener una cabeza de turco a mano).

Las universidades públicas estaban llenas de pelmazos ideológicos hace veinticinco años, no sé ahora.

Los estudios de género y el feminismo es otro ejemplo de indigesta pesadez, de prisma estrecho tantas veces. Una pena: dicho sin tanta insistencia ni afán totalizador, ganarían en razón y no provocarían el bostezo o el rechazo.

Ni te cuento de la ecología o del amor por la naturaleza que, sacado de madre -que eso es ser pelmazo- puede hacerte aborrecer lo que tanto amas.

Como decía mi tía, tan vasca ella, "he llegado a aborrecer lo que tanto amaba de mi tierra por tanto empacho". Pues a mí, con los animales o la naturaleza, me va a ocurrir lo mismo: los voy a acabar odiando como sigan así.

Y luego están los del odio a muerte o amor incondicional: eres su amigo, o su enemigo, otra versión del pelmazo limitado monotemático o monocorde. Consideran la más leve crítica o el humor como una afrenta imperdonable. El mundo se divide en nosotros y "ellos", habitualmente identificados los primeros como los poseedores de la verdad sin fisuras.

2. Pesados por longitud. Aunque el orden no significa nada, ejemplo de estos son las reuniones de vecinos, las de padres de alumnos, las de departamento de facultad, las de consultoría o de muchas empresas. ¿Hace falta que siempre sean tan largas? Y algunas películas donde siempre sobra media hora. Pero ¿por qué se empeñan en poner media hora más tantas veces?, ¿no hay nadie que le diga al director que ya basta, que no insista? Bendita elipsis, benditos finales abiertos o borrosos. No hace falta rematar ni decirlo todo siempre.

Creo que una de las razones por las que trabajo de free lance es porque sé la cantidad de tiempo que se pierde en reuniones "internas" de trabajo. Por lo menos, esas que me fumo ahora. Y hay otra estrategia: cobrar por horas tiene ventajas. La gente va rapidito porque sabe que, como el taxi, subes el contador y así te dan menos la vara. Siempre que puedo lo hago.

Yo pensaba en mi ingenuidad que los pesados por longitud pertenecían más a ciencias que a letras, tenía un cierto sesgo a favor de las segundas, pero ahora sé que es un prejuicio.

Es cierto que hay ingenieros que necesitan remitirse al Genesis I o II o elaborar "in situ" su pensamiento -tú delante y escuchando- hasta llegar a una conclusión que te podían mandar por correo electrónico más adelante y evitarte 3 horas presenciales. Pero, ¡Dios del Sinaí!, ¡anda que no hay varas de letras con pretensiones que cuentan en 30 folios lo que otros cuentan en 3! (he aquí un ejemplo, lo soy, paradigmático).

Y en otras partes: estoy hasta el gorro de libros escritos por yankees sobre gestión empresarial, autoayuda y un largo etcétera contando algo elemental que cualquiera resumiría en un folio ¡y ellos se forran sacándole jugo y extendiendo la masa con un rodillo de pesadez inaguantable! Serán listos, pero pelmas un rato.

3. Pesados como táctica (o estrategia) de acoso & derribo. Esto es muy común y se junta a veces con el tipo 1, el pesado monotemático y/o monocorde.

Los niños son expertos en esto. Y los adolescentes. Te dan tanto la vara que, al final, para que se callen, les das lo que piden. No está bien, pero es así muchas veces.

Hay pesados y pelmazas que piensan que, a base de repetir 300 veces lo mismo, te lo acabarás creyendo o teniendo la misma visión. Lo cierto es que es así muchas veces. Se repiten las cosas hasta la saciedad, sean sublimes, meros lugares comunes o tópicos infumables, verdades o simples mentiras o visiones parciales. Lo dijo Lenin, pero también se practica en muchos ambientes sin ser conscientes de ello, posiblemente con buenas intenciones.

Ejemplo de esto es también la publicidad que, como todo el mundo sabe, es una auténtica pesadez y lacra de nuestro tiempo basada en la insistencia, esto es, en ser pelma, a ver si así cedes y compras por aburrimiento o convicción. O esas señoritas encantadoras, pero también pesadísimas, que te llaman continuamente para que cambies de operador de móvil, contrates un seguro de vida o médico: otro ejemplo de acoso y derribo por la misma vía.

Y, por hoy, lo dejo. Me quedan otros tipos de pesados. Mañana sigo. Lo sé, soy una pelmaza. Para empezar podía escribir más corto, hay maestros en esto. Me lo han dicho, pero no puedo evitarlo.
Y, para finalizar, el Bolero de Ravel. Me lo ponen y soy capaz de confesar lo que sea. Para que se vea que hay pelmazos en todas partes, la música no iba a ser una excepción.


Discover Maurice Ravel!

De vinos 2) I+D+i


Debo de estar haciendome mayor porque ya no salgo tanto de vinos o copas. Me aturde el ruido y el follón, encuentro que en todos los sitios hay demasiada gente, me quiero sentar y no puedo, y me canso de ir de un sitio a otro.

Resumen: soy una seta y acabo en casa propia o ajena casi siempre. Desde luego que para la copa posterior y en invierno ni lo dudo, nada de estar media hora en la calle con frío y sin decidir a dónde vamos.

La verdad es ya sólo me gusta salir para el aperitivo o si visito una ciudad nueva o estoy haciendo turismo, entonces sí.

Es algo que fascina a nuestros visitantes extranjeros: el acompañamiento de tapas -cada vez más infrecuente, no sé si al sur seguirán o no-, esos bares llenos de porquería por los suelos, todos hablando a voz en grito y, sobre todo, el pago de cada ronda por una sola persona, luego le tocará a otro.

Recuerdo en Canadá la división exacta de lo que cada uno había tomado, un lío, dividiendo hasta el impuesto. Verdaderamente aunque sólo sea por comodidad mejor que paguemos de cada vez uno.

El caso es que, más allá del vino tinto -la cerveza sólo para el verano-, necesito comer siempre mientras bebo, mejor dicho, antes de beber. Si no, me agarro un mareo de no te menees y con solo una copa. Peso poco y en seguida me afecta.

Tapas, pinchos o raciones, aprendo mucho cuando salgo, porque en esto, como en todo, hay renovación. A veces un poco traída por los pelos, pero otras verdaderas maravillas.

Efectivamente, nada se puede comparar a un jamón ibérico fetén al que no hay que añadir ni mezclar con nada, porque como mejor está es solo. Pero hay veces que descubres mezclas estupendas, insólitas o de siempre, especialmente las de dulce con salado, o ingredientes nuevos o pobres para pinchos, hay de todo. Y me encanta probar.

No concibo cocinar siempre lo mismo, me aburro, necesito hacer cosas nuevas y, como los pinchos son, con perdón por la comparación, investigación + desarrollo + innovación -I+D+i- a pequeña escala, me atrevo más con ellos en casa sin arriesgar a una carta todo un primer o segundo plato que luego pueden salir mal. No sería la primera vez.

La verdad es que dar de cenar o de comer sólo de pinchos es más trabajo que hacer los tres platos y se acabó. Al final lleva más tiempo tener 10 cosas distintas que 3. Pero es una solución buena cuando ya no puedes sentar a la gente. También para hacer frente a ese pecado nacional de la impuntualidad: citas a las 9 y la gente llega hasta hora y media tarde, sea por niños, tráfico o fútbol. Mejor que los puntuales puedan ir comiendo y los demás se añadan, los pinchos son una solución estupenda.

Tengo que ir a San Sebastián en breve, si vuelvo a Pamplona ya sé qué hacer, lo mismo a Logroño, otro lugar fantástico para este espionaje industrial mío.

sábado, 13 de diciembre de 2008

La muerte de los animales

Hace tiempo que vengo pensando no sólo en la muerte de los animales, sino en qué pasa con ellos después de muertos.


Tener un perro, un animal que llamamos "doméstico", me hace pensar este tipo de cosas porque les coges mucho cariño. Creo que soy bichera en general. Me encantan los pájaros, los caballos, los gatos también, y me puedo quedar horas mirando animales varios, también un árbol. Pero, además, con los perros que viven contigo, que te acompañan tanto, se desarrolla una relación, no humana, pero relación.

Vaya por delante, y en cualquier caso, que siempre he dicho que un perro no es una persona. Esto, tan elemental, no se vaya a creer la gente que es de cajón. Muchos propietarios de perro te dicen tan campantes que prefieren su perro a una persona. Yo no. Me encanta Olimpia, y antes Pepa, pero prefiero la compañía de personas. Siempre. Por supuesto que si la persona es mala, no la quiero, pero es que estamos hablando de cosas distintas. Para mí un perro no es un "sustituto", o "sustituta", de la compañía humana, ni buena ni mala. Jamás. Un perro es otra categoría, juega en otra liga, por explicarlo de algún modo.

Cuando murió Pepa, recogida de una protectora como Olimpia, lo pasé fatal porque no tenía esperanza. La puse yo la inyección. Lo hice para que no sufriera de un cáncer que le comía la cabeza tras cinco años conmigo. Otros cinco había vivido en la protectora de Segovia, la dejaron abandonada con 5 meses y ahí se pasó media vida. Pedí llevarme a la perra que menos oportunidad de salir tuviera, y me dieron a Pepa. Con Olimpia hice igual, me llevé a la que no quería nadie, una perra ya muy adulta, abandonada al quedarse preñada, otros cinco años de protectora. Soy una mujer con mucha suerte, en los dos casos he tenido las 2 perras mejores que podía tener. Cada una en su estilo.

Pepa era más mía, no veía nada más que mi persona, algo agobiante, pero obedecía más y fue mi primera perra, nunca la olvidaré. Olimpia es mucho más sociable, más cómoda a la hora de estar con personas, pero no me obedece casi, sé que es culpa mía. Eso sí, cae genial, y le encantan los tíos: es algo divertidísimo. En cuanto entra un hombre en casa, allá que va. Debe de ser la voz, el olor, no sé bien. Alberto, Diego, no sois vosotros, de modo individual, es el género masculino lo que le gusta a mi perra.

Pepa se me murió apoyando su cabeza en mí y mirándome mientras se dormía, las dos en la terraza de casa, con Carlos, el veterinario, y mi hermano Paco. Luego no pude dejar que se la llevaran como una basura. La di tierra en un cementerio de perros. Supongo que a mucha gente le parecerá una chorrada, pero es que no podía resistir hacer otra cosa. Mi perra en un basurero ni de broma. Mi trocito de tierra a la tierra de nuevo, lo sé, pero no todo junto y sin diferenciar, ella no.

Este verano en Carnota le pedí a Elisa que me dejara ver cómo mataba a un gallo. Necesitaba verlo. Soy carnivora, necesito comer carne 2 o 3 veces a la semana. Tenía el gallinero cerca de casa y Elisa me enseñó cómo se mata a un gallo que luego nos comimos y estaba estupendo, por cierto. Mentimos a las niñas como bellacas.

Metió al gallo en una especie de embudo metálico boca abajo, saliendo la cabeza, y con un cuchillo lo fue dando tajadas al cuello, no era una de golpe: totalmente en contra de los "modernos" sistemas para matar pollos. El gallo sufrió mucho, lo sé.

Elisa me miraba y me decía "¿Seguro que lo quieres ver?". Hasta el final, Elisa, necesito ver que para que yo me alimente hace falta matar un animal, algo que tiene vida. Este enero me iré a la matanza con Raquel a Badajoz. Hay que vivir con los ojos abiertos.

"Unos cielos nuevos, una tierra nueva".

Que animal viene de anima es que lo da hasta la palabra.

Pienso muchas veces que en el Edén no fuimos carnivoros.

Vuelvo a leer el Génesis, pero también Historia de Adán y Eva de Mark Twain, nada ortodoxo, lo sé, pero siempre me emociona leerlo.

Pecado original, se rompen muchas cosas. Con Dios desde luego, entre nosotros, personas, hermanos, hombres y mujeres también. Con otros seres vivos que no somos "nosotros" creo que también. Puede estar ahí, no sé. El orden original se rompe.

Quizás las consecuencias del pecado fueran también esa quiebra bestial de "tener" que matar a otro ser vivo con un sistema nervioso sensible, que siente, que padece, para comérnoslo. Lo necesitamos. Yo sé que no puedo ser vegetariana, lo sé. Lo tengo muy claro.

Mi perra no tiene libertad ni responsabilidad, no es ni buena ni mala, no es "más" que un animal a la que le hemos puesto un nombre y nos reconoce, un descendiente de lobos. Olimpia no me quiere, no en el sentido en que me quiere un amigo, mi madre. Es otra cosa. Pero es estupenda. No sustitutiva de nada, pero estupenda.

Elisa en Galicia no sabía los nombres de sus perros: todo el día encerrados en 8 metros cuadrados con el fin de que cuando los soltaran, sólo 4 o 5 días al año, se comieran el monte, perros cazadores, ladrando todo el santo día, desesperados. Una faena la costumbre del lugar.

Unos cielos nuevos, una tierra nueva. ¿Viviremos en algo parecido a la tierra?

Porque si es así, no concibo la vida sin animales, sin plantas, sin ríos, sin mar, sin ballenas, sin leones, tampoco sin libélulas, me encantan. Si es tierra tendrá que ser con animales. Y entonces será sin esa quiebra que ahora nos es en gran medida necesaria.

No concibo la vida eterna sin mucha vida, otras vidas, no sólo nuestras vidas.

La vida eterna. Cielos nuevos, tierra nueva, vida nueva. Algo de esperanza tengo. Bueno, mucha, nunca tengo esperanza a medias.

Agus, va por ti, te entiendo perfectamente. Se llora mucho la muerte de un perro y se les echa de menos. Tienes a Olimpia para cuando quieras.

Sean O'Sullivan. Irishman & courtship.

Alquilé la primera casa en Beara a un alemán, Andreas Liess, por internet. Tras un día de viaje recorriendo Francia, pasé la noche en Roscoff y luego cogí el ferry para volver a conducir 6 horas -malas carreteras en el sur de Irlanda-. Llegé agotada a Castletownbere. En media hora Andreas me explicó el funcionamiento de la casa y me dejó sóla en ella.

El cottage estaba a 4 km del pueblo y a diez minutos andando de cualquier otra casa, rodeado de brezo y con un aire de misterio. A veces la soledad que se busca puede pesar un poco y mezclarse con algo que se llama miedo.

Fue uno de esos momentos en que una no se arrepiente, pero sí duda así como unos segundos, 2 o 3, no más, sobre la decisión tomada. Había viajado sin perra y tenía una semana sola por delante antes de que llegaran mis sobrinos.

Así estaba yo, cuando de repente oí que alguien llamaba a la puerta. Pegué un salto del susto, la verdad.

Era Sean.

Un tipo de unos ojos azules claros, calvo, sesentón, vestido como un auténtico pordiosero, llevaba una cuerda por cinturón, cara rojiza, manos de trabajar en el campo, sonrisa irónica: me soltó una parrafada como presentación de la que no entendí absolutamente nada. Cura de humildad para quien pensaba que podía trabajar, escribir, leer y vivir en inglés: qué ingenuidad la mía.

Debí de quedarme como un pasmarote en esa especie de zaguán que tienen en sus casas la gente del norte, así que Sean sin más preámbulos entró directamente como Pedro por su casa y se sentó en la cocina.

No suele fallarme el instinto en estas cosas. Aunque no le había visto en mi vida ni sabía quién era, me pareció todo de lo más normal. Viajar tiene estas cosas, aprendes a vivir con la sorpresa. Le ofrecí un té y hablé algo yo, más que nada porque así podía llevar la conversación y saber de qué iba la cosa. Estaba soltando una parrafada sobre cualquier tontería, como suelo hacer, cuando me interrumpe y me dice:

"Re'you married? Boyfriend?" Creo que fue lo primero que le entendí.

"No, no, no hay nadie". Sonreí un poquito.

Me soltó otra parrafada como si me riñera. De nuevo como si hablase tagalo, no inglés. Pero sí que comprendí la conclusión.

"Bueno, pues si no hay nadie, y no te parece mal, te vendré a cortejar 3 veces por semana a eso de las 3".

Por favor, si es John Ford hace una película con esto. ¡Y yo la estaba viviendo!

Acepté encantada la invitación de Sean que, por cierto, estaba casado. Me lo dijo también, las cosas importantes las suelo entender rápido.

Mandé un sms a mi hermano, me contesta mi tío Paco: cuidadín con los de 65. Mi familia siempre hace risas con estas cosas.

Era todo muy irlandés.

Sean me venía a dar conversación de vez en cuando a casa, era culto, divertido y, también, especial.

Me reñía por algo que había hecho o no había hecho, si me había juntado con las personas no adecuadas o lo que fuera. Me informaba de lo que era" The real Beara (and irish) experience" que incluía que la gente fuera a Misa el domingo aunque no fuera practicante o católica.

Conmigo no tenía problema, pero sí que tuvo alguno con ciertos inquilinos -él alquilaba también dos cottages al lado de su casa- que se negaban a ir a Misa el domingo. Otro día lo cuento.

Sean ejercía, aparte de mi cortejador oficial, de ángel protector. Y al segundo día, no después, me presentó a Ruth, su mujer. Encajamos fenomenal las dos, casi mejor que con él. Y esto él lo llevó un poquito mal.

Ruth, que tenía unos 37 años, era encantadora y fantástica. Sean también lo era, pero a su estilo. Como cortejador no estaba mal, pero como marido no sé muy bien, y además no me gusta valorar maridos ajenos, ni para bien ni para mal.

Católico él, protestante de Belfast ella, las cosas no marcharon bien. Me enteré recientemente, este año, tras 3 de no ir a Castletownbere, a Tir Na Hilan. Me dio mucha pena. Mucha.

Seguiré con Sean y Ruth otro día. Una mina, literaria y vital, como es esa parte de Irlanda. Beara siempre en el corazón.