"Be water, my friend" decía el anuncio con Bruce Lee.
Quizás no haya que ser como agua, que se adapta a cualquier forma.
Pero algo de su fluir nos puede enseñar.
A veces las cosas no fluyen. Quieres ser cálida, amable, tienes ganas de agradar. Pero no llegas a acertar. No estás oportuna, no atinas. Quizás haces daño sin querer. Tampoco refrescas ni provocas una sonrisa.
Es tiempo, como la marea, de retirarse de la orilla. Ahora hacia el mar de nuevo, atrás.
Se estaba bien bordeando esa playa, te atraía tanto. Bien que se lo has hecho saber, ola tras ola, día tras día.
Pero también estás a gusto mar adentro. Al fin y al cabo, eres sólo agua.
Has visto algo más de mundo, una playa grande con sus farallones. Forma parte de su belleza esa soledad de playa sombría, la profundidad melancólica de su fondo marino, abierta al mar y cerrada sobre si misma.
Supongo que cierta insistencia puede a veces ser una digna compañía de la voluntad, la fortaleza y la paciencia, todas ellas importantes para vivir o llamar a una puerta.
Pero, en otras ocasiones, algunas insistencias pueden ser empeño vano. O molestar, lo peor. Y eso, jamás: el undécimo, no molestar.
Creo que, como el agua, hay que sentir el terreno, reconocerlo. Quizás no es el lugar adecuado por el que entrar, pasar o pasearse. O no es el momento oportuno. O son otras aguas las que pueden bordearlo, más fuertes, más sólidas o más brillantes. Tanto da.
Como el agua, tendrás entonces que buscar el hueco, los cauces, por donde fluir de nuevo.
El agua encuentra un sitio siempre. Salta y corre hacia el mar por donde puede, no por donde quiere.
Pero fluye.
Llovió todo el día de ayer.
Lleva lloviendo días, ha nevado mucho también. Empapada está la tierra, ha calado el agua muy adentro. Fluyen ya con fuerza los arroyos en las faldas de La Maliciosa.
Oí cantar al agua esta tarde. Más que va a cantar esta primavera con el deshielo.
Siempre cantando, nunca estancada.
Hacia el mar.
Contenta.

(El Boalo, 4 de febrero 2009)
