Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.
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martes, 7 de octubre de 2008

Chantaje 2, la secuela, o "que viva el amor libre"



Me dice alguien que entra en el blog que escriba no sobre cómo evitar ser chantajeado emocionalmente sino cómo no ser un chantajista.

Me temo que sé más sobre lo primero que sobre lo segundo, por eso escribí lo que escribí.

Paso revista y, de verdad, mira que he metido y meto la pata en mi vida: desde ira, hasta pereza, pasando por soberbia a raudales y todo lo que quieras, pero chantajista no he sido.

Debe de ser que es cosa de gente más fina o inteligente, no sé, lo mío es más a lo bruto, meter la pata hasta el corvejón de una vez o seguido, pero en cambio no me sale ser chantajista, mi naturaleza no da para el chantaje. Voy de frente y mucho más rápido, para el chantaje hay que ser como menos contundente, más fino, más frío posiblemente.

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Any way, voy a intentar explicar cómo evitar ser un chantajista que se resume en tres principios:

1. El chantaje puede ser el arma de los débiles -porque lo son, les gusta el papel o le han tomado gustillo- para "hacer palanquita" temerosos como están de que no les quieran o les quieran menos, también a veces de débiles vampiros.

2. El chantaje supone no tener respeto ni por uno mismo ni por lo demás: ten respeto por ti y verás como no te gusta hacer chantaje ni para que te quieran, ni incluso para que "sean mejores" (olvidate de sacar el mejor tú de quien quieres)

3. El chantaje es siempre limitar la libertad de otro: y si alguien te quiere sin libertad, sorry, no te quiere. Y si quieres sin libertad, es otra cosa... Se llama miedo.

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A ver. El chantaje emocional, moral, es algo más habitual en quienes son débiles o se creen más débiles o van de débiles por la vida. Y tiene que ver también con la falta de respeto a uno mismo y a los demás y la pretensión de limitar la libertad de los demás, a mi entender.

A veces es más propio de niños o de personas mayores, porque de verdad, en muchos sentidos, son más débiles, están más desprotegidos. Hay que entenderlo, quererles, pero no dejarse chantajear porque no es bueno ni para uno ni para ellos: para ellos tampoco, ser un dictador no es bueno ni para un niño ni para un anciano.

Y como los chantajistas, siempre quieren más y más, y te puedes encontrar con historias para no dormir: fulanita, fiscal de profesión, no vive, no duerme, no tiene un puñetero día de asueto, porque su madre que es una señora seguramente encantadora la tiene en un tris y cada vez que se mueve como que la señora se pone peor. "Y ahora te vas, pero es que estoy malísima..."

Otras veces hay expertos en ir de "pobres" por la vida por otra cosa que no tiene que ver con la edad. El tipo o la tipa que siempre da pena y a quien siempre hay que echar una mano: puede ser un hermano que asume ese papel porque sí...o por algunas circunstancias y lo explota a conciencia. Y todo el mundo gira a su alrededor, y él o ella juegan con que como es "el/la pobre" por x, z o y, pues hala.

Hay verdaderos vampiros/as en chupar energía que quitan la paz al más pintado. No estoy hablando de echar una mano una temporada o unos cuantos años, ahora sí y ahora también, faltaría más, pues para eso estamos. Estoy hablando del cómodo papel que algunos asumen de por vida para tener en jaque primero a los padres y luego, si pueden, a los hermanos a base de hacer del afecto familiar una especie de coartada.

El chantaje es el arma en definitiva de los que son débiles, se saben débiles o encuentran que ir de débiles es un camino seguro para hacer su santa voluntad. Si no haces X... es que no me quieres o no te querré: y caemos como moscas... hasta los supuestamente fuertes, toma del frasco.

Más ejemplos. Me atrevo. Jolín, pues en el amor ese por antonomasia, el de boy meets girl. Si es que está chupao. Pon cara de cordera/o degollada/o, da pena a raudales, quiérele/la mucho pero pasarle luego el listado de todo lo que hice por ti... o envuélvele dulcemente con tu canción, hay formas muy variadas.

Dile/a que le/la amas pero piensa que ya te cambiaré bonito/a. Y ponte a ello utilizando "si me quisieras...harías/serías..." completa la frase como quieras tú que sea él/ella.

Hay muchos tipos de chantajes, algunos tan burdos que es que no sé cómo podemos ser tan borricos de no darnos cuenta. Ý por eso algunas veces te encuentras con gente que, sin querer, se ve de la noche a la mañana en una relación, y más que en una relación, que no han querido de verdad.

Lo sé, estar solo puede ser duro, pero ¿realmente a uno le compensa hacer palanca con el cariño/afecto/sexo/ponga Vd. lo que quiera? Yo creo que no, ni por George Clooney. Y si le/la quieres, más a mi favor: quiérele/la libre.

Hierba que está para ti no hay vaca que se la coma, pues eso, por Dios. Que si es para ti, para ti estará, y si no, pues mejor que no sea a base de ponerle en un planito inclinado... sea el tipo de planito que sea.

Chantaje son los planitos inclinados. Ya sé no es cuestión de poner difíciles las cosas a nadie, pero desde luego que no más fáciles y con trampa.

Hay señoras y señores que les da pena, mucha pena, fulanita o fulanito, y total, llevamos ya tanto tiempo saliendo -o tan poco- tanto da, y total, y bueno, yo no estoy muy segura/o de si quiero o no quiero, pero claro, es que él es tan bueno/a, o me ha tratado tan bien, y en fin.

Cierto, puede no haber chantaje en ello, o ser tan sutil, que ni uno se de cuenta. Por eso yo no creo en que hay personas a las que haya que "empujar" a nada, como si ellos o ellas solitas no pudieran saber o decidir si quieren o ni tirarse de cabeza o de plancha a una piscina.

Me parece una soberana majadería y fuente de muchos males. Y creo que es labor de cada cual averiguar si el otro, la otra, se siente y es libre en cada momento.

También hay otros casos, utilizar el encounter en la tercera o cuarta fase para presionar, sin querer quizás, pero embalar al otro hacia..., a ver si así... Hay de todo, como en botica, pero es también una forma de ejercer cierto chantaje o, a lo mejor, de hacerse ilusiones cuando puede no haber realmente nada para ilusionarse. Puede ser duro, pero es así. A veces hay lo que hay, na más. Y no caben sorpresas. Y tampoco pasa nada porque no haya nada, o algo que no es lo que uno querría. Tranquilidad.

A veces, es cierto, no hay chantaje, la vida es como es y sin chantaje a veces uno se lía y mucho.

Pero es posible en otras ocasiones que sí, porque la vida está llena de matices muy finos, de vados que es muy fácil cruzar sin darse cuenta, de delgadas líneas rojas.

Cada vez que oigo "quiero sacar de ti tu mejor tú" -lo siento, Salinas, tú no tienes la culpa- me echo a temblar y me acuerdo de un novio que tuve. Pensaba que yo era un diamante en bruto y como me quería pues me iba a ayudar a pulir dicho diamente. Le dije que sólo lo segundo -lo de bruta- y le di puerta, me costó, porque le quería, pero pude hacerlo.

Otro ejemplo. Hay que tener ciertos arrestos para decirle a un tío "oye, que no vayas a misa por mí, ni por cariño ni por nada, que si no crees, no vayas sólo por darme gusto".

Respeto. Es una cuestión también de respeto.

Sé que la cosa es como muy british para los gustos hispanos y que a nosotros nos va mucho más lo pasional, pero cada vez creo más en el respeto. De verdad. Me doy cuenta que es una palabra importantísima, y más: un concepto fundamental para la convivencia precisamente ahí donde nos podemos tratar peor, en la familia, en el amor, donde el chantaje emocional puede ser más fácil. Estar en familia no significa que nos nos respetemos, al contrario.

El otro día me recordó un cura que en el matrimonio se promete no sólo amar, sino respetar. Ni me había dado cuenta, toma ya, pues debe de ser importante el respeto ¿no?

Quien respeta al otro, a uno mismo, intenta no chantajear. No juega a eso.

No sé mucho de nada, pero sí sé algo. Que o quieres libre o no quieres, que o te quieren libre o no te quieren, quieren a otra, a otro, a un prototipo que no eres tú, a tu mejor tú o lo que sea, pero no soy yo.

Amar sin libertad y sin respeto no es amar, es otra cosa. Puede ser estupendo, no digo que no.

Y al final me ha salido un viva al amor libre, lo sé, no debo de beber a estas horas, y menos Ribera de Duero que me gusta un montón.

sábado, 4 de octubre de 2008

Chantaje



El chantaje nos parece algo propio de "mala gente" que amenaza con revelar un secreto, un mal comportamiento, si no se cede a sus pretensiones. El chantajeado temeroso paga con dinero o de otro modo con tal de que, por ejemplo, no cuenten a su mujer una infidelidad. El que robó, traicionó o corrompió algo o a alguien pagará, callará o hará la vista gorda o un favor con tal de que su pecado no salga a la luz. El chantajista lo tiene cogido.

Pero hay otros chantajes en la vida que en algún momento podemos padecer o practicar. Son los chantajes morales o emocionales que, porque no somos ángeles, pueden tener lugar en la familia, en la amistad y el amor. Los niños, los jóvenes, pueden ser expertos chantajistas. Bien es cierto que no amenazan con contar oscuros secretos, no les hace falta. Lo hacen cuando son pequeños con el llanto -"si sales, lloraré y lloraré y patalearé"- y, también, con algo muy duro, con el "no te querré".

Me dice una amiga que ser padre o madre es estar dispuesto a soportar que un hijo te diga alguna vez que te odia, que no te quiere o, peor, que tú no le quieres, y seguir adelante haciendo lo que tienes que hacer: educarle.

Los padres también pueden chantajear sin querer, sin ser conscientes muchas veces, especialmente cuando, como los niños, son más débiles.

Habitualmente en este tipo de chantajes en la familia, la amistad o el amor, el chantajista es o se siente más débil y amenaza abierta o sutilmente por donde sabe que puede.

"Sí hijo, nada, que no pasa nada, que no vengais, si al fin y al cabo yo estoy sola como siempre...". A veces ni siquiera hace falta la queja verbal, basta con el tono de voz o una mirada triste.

El chantaje emocional, moral, se puede alimentar también por la falta de memoria. O se puede entremezclar con otras cosas.

Bajo la apariencia de servicio, de querer echar una mano, late imperceptible en algunos casos la necesidad de sentirse insustituible, importante, de ser el centro de gravedad o recuperar o mantener algo que tiene que ver con el poder, no con el cariño como pensamos.

El chantaje en familia o en el amor, como cualquier chantaje, no deja de ser un intento de limitar la libertad de las personas.

Es difícil querer y a la vez respetar y amar la libertad del otro, tener la finura de alma y la generosidad, también la inteligencia, de darse uno cuenta cuando se nos puede deslizar un velado chantaje y no querer nada que no sea de una mujer o de un hombre libre.

Al fin y al cabo todos queremos que nos quieran y podemos llegar a creer en la práctica eso de que en el amor y en la guerra todo vale. A veces el temor de que dejen de querernos, o de que no nos quieran o nos quieran menos, es tan fuerte, que posiblemente con buena intención y sin malicia empujamos levemente o con más fuerza al otro.

Son chantajes, pequeños o grandes, que nos pueden enredar o que tendemos al otro en la amistad, en el amor. Dar pena es uno, sacar la lista de reproches, todo lo que hice por ti, el inventario de lo que me sacrifico o me he sacrificado es otro fantástico muy utilizado y eficaz.

Identificar lo que es un chantaje emocional o moral es el primer paso para no caer o salir de él, también para no ser el chantajista o su cómplice.

A veces hay que decir con mucho cariño que alguien puede no tener razón en sus demandas y que es un chantajista. Aunque sea tu madre, tu novio o un amigo. O el de otro.