Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 23 de octubre de 2011

Habemus Papam (Risa inteligente y amable en los aledaños)

Estoy en Valladolid cubriendo la Seminci para Culturamas. Para las crónicas diarias pinchar aquí o aquí los interesados. Lo de ver cine toda una semana –y poder escribir sobre ello- me encanta. Valladolid es parte de la Seminci, como ésta lo es de esta ciudad desde hace ya muchos años, 56 en concreto. Aquí se ve muchísimo cine y hay grandes aficionados, las colas son impresionantes. Los de prensa no tenemos asegurado siempre el pase, así que como no espabiles a veces te quedas sin entrada.

Vi ayer Habemus Papam y me hizo gracia. “Témete lo peor” me dijo alguien. Contesté “No creo que a Moretti, que es inteligente, se le haya ido la mano, no le hace falta… “ Me gustó mucho la película, aunque me chocó la frialdad de mis paisanos, no vi mucho entusiasmo. Quizás algunos esperaban carnaza y no es éste el caso. Como tampoco es una película de apologética de ningún lado.

Trabajar con el humor no es fácil. Hacerlo sin que acabe siendo una sátira o una astracanada (aunque ojalá fueran astracanadas lo que vemos en la tele, pongo por caso) verdadera misión imposible, como demuestran muchas series o películas españolas que se entregan sin recato a lo zafio, feo, malo o al tópico más burdo, cuanto más gorda sea la sal, mejor, un espanto.

Pues bien, Nanni Moretti es italiano, y no por eso está libre de culpa en este campo. Ya sabemos que para personajes pasados de rosca nuestros primos hermanos se sirven solos. Pero a veces, como es el caso del director y actor, se da el caso de una cabeza bien amueblada y de una mirada aguda y burlona que no necesita ser azote de nada. Reconozco que me encantó Caro Diario y luego La habitación del hijo. Iba ya muy predispuesta a ver Habemus Papam.

Esta película no va sobre la iglesia –aunque luego sí, pero no, en fin, no sé cómo explicarlo-. Me parece que utiliza (en el mejor sentido de la palabra, ver más abajo) la elección del Papa y la resistencia del cardenal Melville (evidente guiño a Bartelby, el escribiente) a aceptar el cargo como una coartada para aproximarse a esos extraños seres humanos que dudan ante el poder y la responsabilidad de ejercerlo, que no se creen capaces. Esto llevado al extremo, a lo grande, en el terreno más pantanoso que cabe, olé, el Vaticano. Sobre estos palos se construye esta improbable historia.

El “Preferiría no hacerlo” de Melville hace que se vaya en busca de un psiquiatra, un psicoanalista en concreto, el mismo Moretti interpretando un personaje tronchante. Es difícil andarse por un guión semejante, hace falta mucho tiento o se va de las manos, el equilibrio no es fácil. Hay escenas memorables y otras que lo son menos. En una ocasión se desliza en lo bufonesco: los cardenales cantando “Cambia el mundo” de Sosa, demasiado. Aunque la calificación general sea, con mucho, la de notable muy alto. La conversación del terapeuta con el Papa es genial, la liga de voleybol tiene muchísima ternura. Y ese Papa que no sabe si es actor y está entre perdido y abrumado o el propio psiquiatra, que tampoco se aclara ni mucho, ni poco ni nada, a pesar de tanta palabra, son humanos y a la vez de traca.

En fin, todos están confusos y metidos en una trama donde el aire sopla en las cortinas rojas del balcón del Vaticano sin que nadie salga, el vacío tras el cortinaje, interesante imagen. Dice Moretti ,como su personaje aquí, que es ateo. También ha declarado que es de educación católica y que no reniega de ella. Quizás por eso se sirve de lo que conoce por educación, no por fe, claro. Yo creo que es sobre todo un agnóstico elegante, intelectualmente honrado (soy bienpensada) y muy italiano. Además de listo, que lo es un rato largo.

Dijo el Papa real (Ratzinger, no Melville) en Alemania el mes pasado que un agnóstico o una persona que sufre por los pecados de los cristianos está más cerca de Dios que los fieles rutinarios, aquellos que sólo ven en la Iglesia el boato, sin que su corazón quede tocado por la fe. Me temo que el boato, el exterior, la piel áspera del elefante, quizás la carcasa, es donde se ha detenido Moretti (donde él se puede detener, cada uno se para donde puede y/o quiere), para bien y para mal, aunque tenga mucha gracia y él sea, desde luego, un agnóstico o ateo muy interesante con el que te irías a tomar un par de copas con la seguridad de que habría buena conversación hasta altas horas de la madrugada y de que las risas estarían garantizadas.

Aunque insisto que creo que en este caso Habemus Papam es una simple coartada para hablar del insólito caso de alguien que duda antes de aceptar el poder. Esto en una época donde no sólo los políticos andan sobrados de autoestima y ganas, todos nos podemos creer capaces de lo que se nos ponga por delante. Bueno, quizás simple no sea el adjetivo adecuado para coartada en este caso.

Si no se buscan tres pies al gato –no creo que sea la pretensión del director, francamente- la película es amable - incluso diría que muy amable- hasta en el retrato, por ejemplo, de los cardenales, que, si alguien quisiera ponerse de malas, lo tendría verdaderamente a huevo. Lo digo con mucho respeto, pero con el corazón en la mano. Respecto a otro tipo de consideraciones teológicas o eclesiales no creo que sea ésta la película para buscarlas. Y no está mal mostrar la confusión del propio psiquiatra, me parece francamente honrado.

2 comentarios:

lolo dijo...

Este artículo, porque es un artículo, me ha parecido muy Máster, muy rico. No sé por qué me he acordado de una frase tuya que escribiste hace tiempo hablando de un jardín. Y lo llamabas católico. Eso es lo que me ha parecido este artículo. Cosas que pasan.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Un artículo demasiado largo, y como dices quizás me he metido en un jardín católico o como sea ;-) je je... No gustó la peli ni a los partidarios de Nanni ni a muchos otros, pero a mí me hizo gracia. Un abrazo, Lolo, guapa.