Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

miércoles, 1 de junio de 2011

La comunidad y el alma (Urueña y las amapolas)

Junio entra con frío. Ayer al volver de clase de guión a media noche apenas teníamos 10 grados.

Quiero escribir una entrada sobre la exposición “La comunidad” en DiLab, Urueña. El domingo pasado estuve con Miryam Anllo, con los libreros, Rafael, Mercedes y Víctor, me tomé un vino. Visité antes la tienda Oriente 9, una gozada. Compré por su cumpleaños un recortable a mi sobrino Javier.

Creo que fue García Lorca (¿en la elegía a María Blanchard quizás?) quien dijo que ser poeta es estar a punto de llorar por todas las cosas. Si es así, y no tiene que ver con escribir poesía, creo que lo soy, aunque la depresión, el duelo o las cuestiones hormonales puedan ayudar en este caso. Me emocioné viendo los objetos, las fotografías en blanco y negro de los niños y las historias que componen “La comunidad”, un proyecto de reflejar Urueña de modo participativo porque cada persona ha podido aportar algo.

El espacio que tiene Miryam allí es amplio. Entra la luz por arriba, los techos son altos. La puerta se abre sola si pasas por delante. No hace falta ni llamar ni empujar nada. Hay un vestido de novia colgado, una casa de pájaro extraña, fotos de ahora y de antes y un texto de Luisa Cuerda sobre un erizo-felpudo que me encantó. También Esperanza está con su caligrafía en un plumier. La recuerdo así, cuidada y agradable, amable, delicada, tal y como “sus letras” son. La escritura es el estilo y el estilo es la persona, como lo es también el espacio que cada uno crea o aquello que pone a disposición de quien pase y quiera llevárselo. Si hay que comprar 50 erizos se compran. No se puede vivir desconfiando.

Urueña me atrae. Conserva esa aspereza original de Castilla y el cielo que lo ocupa todo, casas de barro, librerías y personas interesantes con iniciativas variadas, (aquí un ejemplo con los habitantes del Palomar el pasado año). Tienen algo que decir en este mundo que cada vez se me hace más chabacano y romo, más igualitario en su brutalidad y falta de alma. La belleza se esconde y cuesta encontrarla. A veces está, como Miryam y Urueña muestran, en objetos que son un poema, un haiku, narración apenas sugerida, abierta a la mirada. Y el sentido del humor que no falte. Para mí Dámaso con su ramo de flores del campo sería como el Sean Connery de la villa del libro, un galán otoñal y castellano.

“Alma” me dijo mi prima Mariángeles, “es alma lo que hoy falta”. Y es cierto. Hasta los animales tienen alma. Animal viene de ánima. El alma es individual, pero quizás haya una colectiva, un espíritu que flota y que hacemos entre todos.

Echo de menos el alma de las cosas y de las personas como la echo en falta en literatura, también en el cine donde parece abundar lo rápido, superficial y violento, el cliché y el tópico. Por eso la exposición de DiLab me ha gustado tanto. El alma no es perfecta, tiene sus recovecos y sombras. Cada uno tenemos nuestro sótano con bárbaros a los que cuesta reconocer y enfrentarnos. Pero es el espíritu que sopla y anima la materia, es la materia que no nos aplasta porque la habitamos. La hacemos así habitable. Nos hacemos nosotros también habitables. Sin alma estaríamos muertos. ¿Lo estamos?

Campos de amapolas, más bien mares, a la vuelta de mi viaje. La vista se alegra. No se pueden cortar esas flores. Hay que verlas donde nacen.

“La comunidad” estará hasta finales de junio. Vale la pena visitarla y conocer Urueña. Es todo lo contrario a un videoclip de esos musicales, un remanso.

PS: Tenía muchas fotos de "La comunidad" que me dio Miryam en un usb, pero son en un formato que esta máquina no lee, así que ya lo siento, a ver si lo arreglamos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Pensaba que ser poeta es sorprenderse de todas las cosas. Y encontrar la palabra exacta que expresa esa admiración.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Pues puede que también sea eso, anónimo, también me gusta en cualquier caso.

De todas formas es García Lorca quien dice lo del poeta que escribo en esta entrada, me sonaba pero ahora lo he comprobado. Cito literalmente de la elegía a María Blanchard pronunciada en el Ateneo en mil novecientos treinta y pocos...

"Nadie de los que me conocen pueden sospechar esta amistad mía con María Gutiérrez Cueto, porque jamás hablé de ella, y aunque iba conociendo su vida a través de relatos originales, siempre volvía los ojos al otro lado, como distraído, y cantaba un poco porque no está bien que la gente sepa que un poeta es un hombre que está siempre ¡por todas las cosas! a punto de llorar."

Anónimo dijo...

¡Sorprenderse! ¡llorar! o ¿quizá reir? La emoción puede ir envuelta de diversas formas, pero al fin y al cabo, ser poeta es emocionarse ¿no?....
Besos desde Granada
Jorge

polita dijo...

Cómo me gusta Urueña... Y qué bonito tu escrito de hoy. Se nota que allí estás en tu salsa.

Más besotes!!!

Aurora Pimentel Igea dijo...

Anónimo, gracias por tu visita. Estará entre la emoción y la expresión la cosa, aunque realmente no lo tengo claro. Un abrazo y gracias por tu lectura.

Polita, gracias, nos veremos, estoy a gusto en Urueña, las personas son muy interesantes.

María José dijo...

¡Tienes que organizar algo en Urueña, Aurora!
Abrazos,
Mj

Miguel Baquero dijo...

Qué bien escribes, con qué soltura y con cuánta... cuánta... cómo has dicho que se llamaba eso.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Hola, guapa, pues sí, me parece que es el lugar ideal para encuentros del "gremio" literario y otros afines (libreros, editores, ilustradores, blogueros ;-), ¿"community managers" quizás?) A ver si podemos hacer algo.

Miguel, tiene un sentido del humor que si firmaras como anónimo te reconocería en cualquier caso... Puede ser la edad o el cansancio pero yo no encuentro ya no el nombre de las personas sino el de muchas palabras, me paso horas buscando un adjetivo o sustantivo que no encuentro y sé que está en algún lado. Un abrazo, guapo. ¿Qué tal tu escritura?