
Me molesta cada vez más el ruido y el ruido hoy está en todas partes. Y eso que vivo en Ávila.
Desde aquel día en Gaes estoy leyendo sobre el silencio. Pero no me vale leer sólo, necesito practicarlo. Sería un buen propósito para este año, más espacios de silencio y también, y en todo, un tono más bajo.
Hablo demasiado alto. No son los otros los que lo hacen, es mi propia voz interior la que me molesta, un runruneo inaudible para otros pero constante. Pienso demasiado en alto. Creo que debería pensar en voz más baja. Y, probablemente, menos. Quizás no es pensar lo que hago.
Quiero acabar el libro del Cardenal Sarah.
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