Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

sábado, 25 de marzo de 2017

Bach y ronquidos

He cambiado mis hábitos mañaneros sustituyendo informativos o tertulias al levantarme por Radio Clásica. La dieta informativa funciona, realmente no me hace falta escuchar lo mismo día tras día. Porque la sensación era esa, una repetición casi exacta, un vuelve la burra al trigo para no contar nada nuevo.

Tenía la sensación de escuchar siempre lo mismo por unos o por otros, las "noticias" habían perdido su significado. Y lo que era más importante: llegué a sentir una creciente antipatía hacia el tertuliano, el locutor, la cadena de radio, donde no se salvaba nadie.

Me vi como mi padre, que encendía la televisión y decía en cuanto aparecía alguien hablando "Y ese imbécil ¿quién es?". Y eso que mi padre era un hombre afable y simpático. Así que para no acabar odiando, que es poco cristiano, decidí limitar mi exposición diaria a la información radiada, especialmente por la mañana.

Aniversario de Bach, bien, venga, vamos. Pero hablan. De nuevo hablan. Está bien, es necesario hablar, pero... ¿tanto? Yo quiero escuchar un concierto, una cantata, sin interrupciones. Es verdad que hay gente que sabe muchísimo y da gusto escucharles. Soy fan de algunos como Matesanz, pero en estos momentos necesito sólo música. Doy con Radio Bach en la que no hablan, una maravilla, Bach las 24 horas, sin anuncios, sin locutores, solo Bach como una dieta desintoxicante.

Pero de fondo, mientras trabajo y aprovecho las horas en las que mejor me concentro, de 6 a 9 de la mañana, oigo roncar a Gonzalo de fondo y también a su radio. Es una combinación extraña, al principio chocante. Bach tan delicado, solemne, profundo, tan perfecto... y mi marido con ese ruido verdaderamente inhumano, o tan humano, que produce y que se oye desde cualquier punto de la casa salvo que te pongas los cascos.

El caso es que no me molesta. Y parecen acompasarse. Me quedo mirando a los gorriones de la casa de al lado dando sus saltitos en el tejado. Si solo tuviese a Bach o solo tuviese a Gonzalo mi vida sería peor, pero tengo a ambos. Es para dar muchas gracias.


2 comentarios:

Jesús Ares Fondevila dijo...

Bien, muy bien, Osezna, así, trabajando. ¡Qué bien y qué hermosa esta entrada! Gonzalo y Bach, ahí es nada. Ya sabes, decorar la casa puede esperar. Esto, no.

Aurora Pimentel dijo...

Hola, Susiño, sí, el resto puede esperar.