Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Flush


Mercedes y Rafa, los habitantes del Palomar y libreros en Urueña (El rincón escrito), me recomendaron hace tiempo "Flush" de Virginia Woolf. Me hice con la novela de segunda mano a través de  Iberlibros, un ejemplar para mí y otro para Joaquín, el veterinario de Olimpia y Arya. Hay libros que parecen hechos para personas concretas, y éste es uno de ellos.

"Flush" cuenta la vida del perro spaniel del mismo nombre que vivió con Elizabethe Barret, escritora y luego casada con el poeta Robert Browning.  Flush nace en el campo y es regalado a la poeta cuando era Miss, no Mrs., estaba enferma y apenas salía de su cuarto, donde se pasaba todo el tiempo escribiendo. Así que el primer cambio de vida de Flush es habituarse a vivir entre cuatro paredes, con sombras, bustos de escritores griegos, y un ama muy lánguida y que no come apenas. A pesar de semejante encierro Flush acaba adorando a su dueña.

Afortunadamente, a los pocos años entra en escena un caballero que hace que la escritora se anime y empiece a salir de su cuarto, aunque al perro no le acaba de hacer ninguna gracia aquel sujeto y llegue a morderle. Tras  resolver el secuestro de Flush, el poeta se acaba casando con Elizabeth en secreto, todo muy romántico.

Huye la pareja a Italia donde Flush descubre como todo inglés que se precie que el sol y el caos apetecen mucho más que las brumas y el orden londinense. Elizabeth da a luz a un niño, otro competidor al que Flush acaba queriendo porque él es otro modo de ser ella. Vuelven a Londres de visita, y vuelta a Florencia. El final es el de siempre.

Lo mejor de Flush no es lo que pasa, sino lo que el perro siente, el modo en que está escrita esta biografía perruna. Porque es la vida  desde el olor, desde lo más físico que tenemos, a través de las sensaciones y ese afecto y unión singular que un perro establece con quien es su dueño. Y en medio de todo ello, un humor fino y un tanto escéptico. Y esa melancolía que da mirar a los ojos a tu perro sabiendo que conoce muchos de tus recovecos y está destinado, como tú, a la vida y a la muerte, por eso sentimos una mezcla de alegría y tristeza.

4 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Es un verdadero placer volver a leerte, Aurora, y compartir algo de tu exquisita sensibilidad.
Como cuentas en tu entrada anterior, yo también vuelvo a veces en sueños a casa de mis padres, y allí me reconcilio con lo ignoto.
Hasta pronto, espero.

Aurora Pimentel dijo...

Gracias, JM. Ya siento no haber podido leer blogs de amigos ni estar yo en el mío estos más de 2 meses. Gracias por tu visita, te leo de nuevo. Un abrazo y nos vemos, por supuesto...

masteatro dijo...

Es lo único que he leído de Virgina Woolf y creo recordar que lo terminé con lágrimas en los ojos.

Aurora Pimentel dijo...

Qué alegría tu visita, masteatro. El final de Flush que es triste a la vez es tan rápido que casi ni te da tiempo a llorar. Me pareció que se acababa de una manera un poco cortante... quizás como pasa con la vida de algunos animales, que se nos van de un día para otro sin agonías siquiera, silenciosamente... En fin, penita, sí...