Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 13 de junio de 2010

Madrid-Sevilla-Ronda-Madrid (y Baaría y la mosca ¿viva o muerta?)



Viajo a Sevilla, llueve todo el trayecto, pero está precioso el campo. Cómo lo echo de menos. Llego a la ciudad y sigue el agua. La logística es lo mío, si no puede ser militar, porque el ejército no me quiere, que sea de transportes al menos. Como con J. y luego voy a casa de un amigo. Ya no llueve, da gusto pasear tranquilamente. Había reservado hotel, pero al final me insiste y me quedo. Me recuerda I. mi promesa de las estampitas, término sevillano o andaluz, no sé bien, para lo que en Madrid llamamos cromos. Yo, para que termine el álbum ese de más de 600 tipos en camiseta del Mundial, hago lo que sea, 9 sobres le regalo. Me pregunta luego que si vivía cuando los dinosaurios, le aclaro que no soy tan vieja. Después me aconseja que no me ponga las gafas, que estoy muy fea con ellas. De verdad, ¿los niños dicen siempre lo que piensan?

Por la noche he quedado en ir a cenar a casa de A. y J., no les conozco apenas, pero me han invitado, suerte que tengo. Realmente hay mujeres que con la gracia que tienen son capaces de transformar lo que les rodea, es un don siempre envidiable. Encima ceno de muerte. Ay Dios, qué rico está todo. Cocina él estupendamente y su suegra el postre, el tatín de manzana es de reclinatorio. Estoy muy cómoda. Miro de repente de reojo el reloj de J. ¡son ya las 12.30! Lo he pasado tan bien que no me he dado cuenta de la hora. Llego y duermen todos. Duermo también a pierna suelta. Al día siguiente tengo una entrevista de trabajo. Como con otro amigo, su mujer y sus niñas, también mucho y bueno, griego. Hablamos de la envidia, de escribir, de viajes, de la familia, etcétera. Y de nuevo ¿son las 5 ya? Se me pasa el tiempo volando. Me han prometido las niñas un comic para cuando vuelva. A Babe, el cerdito, y los corazones sonrientes que me pintaron los tengo en el corcho junto a horarios, cosas pendientes, etc. Necesitan renovación de alguna manera.

Esa tarde aprovecho para ver la exposición de Antonio del Junco en la estación de San Bernardo, "Paisajes urbanos. Metro de Sevilla" . Ni a él ni a Marga puedo ir a verles, me da pena. Me gustan las fotos de Toi, es un paisaje humano del metro de Sevilla -y alguno no humano- que tiene ese calor de mi amigo. Me parece curioso siempre cómo Toi hace eso hasta con los objetos, no digamos con la personas que fotografía. Siempre hay calidez en las fotos de Antonio del Junco, es su mirada que queda, y da alegría siempre hasta cuando hay tristeza. Lo que no me gusta es lo desangelado, lo frío que parece el metro en realidad cuando viajo en él. Por curiosidad me paseo por unas cuantas estaciones, salgo y entro, explorando, sin ir a ninguna parte realmente. Quizá es que es muy nuevo, pero a mí me parece que un metro tiene que tener gente que toque música, más animación, no todo tan puesto, tan distante, tan grandielocuente, una escala más humana, más cercana o que lo parezca. No sé cómo explicar esto.

Por la noche vamos a ver Baaría de Giuseppe Tornatore y música de Morricone. La película a veces te desespera por desmesurada. Incluso en algún momento se te hace hasta esperpéntica. Te recuerdan algunas escenas a Fellini, otras puntuales a "Novecento" (por cierto, qué mal ha resistido ésta el tiempo). Un "Novecento" hecho desde el desencanto, por supuesto. Bueno, pues a pesar de que a veces te pone a 100 y dices “podías haber sido más medido con esto, te estás pasando un par de pueblos”, tiene momentos memorables, verdaderamente geniales, y al final te traga visualmente y de corazón, de ambas maneras. Te devora la película, te convence: ese sol cegador, los amarillos urbanos, el paisaje rocoso y seco del campo de Sicilia, el trazado de un pueblo que luego crece hasta hacerse una ciudad moderna y horrorosa y, sobre todo, el niño que corre por una calle larga, larga. Es un niño pobre al que se le comen las cabras los libros, luego otro niño con jersey a rayas, también con ojos grandes. Y, casi al final, la peonza que gira sobre sí misma, dando vueltas y más vueltas, y a la que un mudo puso el huso y una mosca viva dentro. Se rompe la peonza por la mitad, se raja de parte a parte por otra que la golpea y, expectante tú con el niño miras qué hay dentro, si la mosca viva que metieron cuando pusieron el huso saldrá ahora o no. Me emocioné en ese momento. Es la vida la peonza, la mosca atrapada viva para meterla en el hueco, luego el huso que la encierra, y tras mucho giros, mucho juego con ella, un choque de otra peonza y la rotura exacta, la sorpresa con que miramos a ver qué ha pasado, qué pasa, qué pasará... ¿vive la mosca o ha muerto? Hablamos mucho José y yo. Más de veinte años de amistad dan para conocerse mucho, contarse y saber también que se puede estar en silencio sin preguntar o contestar.

Voy el viernes a Ronda en autobús, otro viaje perfecto. Vuelvo a “Los jardines de Hielo” primer libro de poemas de José María Moreno Carrascal y accésit del premio de Poesía Fundación Ecoem. Ayer le leí a Jose poemas en alto y le encantaron. Hay algunos, "Ofrenda en la ciudad", "She used to sing the blues", entre otros muchos, el libro es espléndido, que emocionan como la mosca de Baaría ¿viva o no? Lo dejo en suspense. Almuerzo sola, si voy a hablar 4 horas seguidas necesito estar en silencio antes. Doy las clases en el Círculo de Artistas, lo paso fenomenal, conozco a gente interesante. Luego me voy con una alumna a tomar algo y me cuenta una historia impresionante, varias para ser exacta, sin conocerme de nada. La literatura está en la calle, en la gente, en mitad de un río en Mozambique donde se cae un coche y una salva el pellejo contra todo pronóstico, el agua entrando a borbotones, las puertas que no se abren, las ventanas cerradas, mientras que un hombre de veintiocho años tiene un accidente en mitad del campo malagueño teniendo tiempo para llamar por teléfono. Cuando llegaron estaba muerto, sólo una gota de sangre en el oído, el cuerpo intacto.

Vuelvo a Madrid el sábado, llueve otra vez. Ronda me ha gustado mucho, ese tajo que atrae al vacío, los vencejos arriba, nubes corriendo, fresco. He paseado por Sevilla. He tenido tiempo de estar con gente que quiero, no toda, no siempre se puede. Estoy contenta.
(9 - 12 junio de 2010. Escrito en mi cuaderno a la vuelta en tren, mientras jarreaba de nuevo. Pasado al blog en Madrid el domingo 13 anocheciendo).

7 comentarios:

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Aprovechas muy bien el tiempo, Aurora, y pareces incansable.
A ver si te vemos por Cádiz.
Un abrazo.

antonio dijo...

Eso es vida, si señor.
Saludos.

lolo dijo...

Desde luego, una energía envidiable... uy, se me ha escapado.
Fíjate, me intriga más tu cuaderno que la mosca.
Un abrazo, Máster.

Aurora Pimentel dijo...

José Miguel, de incansable nada, con fiebrón por el aire acondicionado de los autobuses y trenes, quieren que nos muramos. Un abrazo. A Cádiz voy en cuanto te descuides, tengo casa en el Puerto de una amiga que me la alquila barato, si pudiera, ay, si pudiera... Iba a escribir yo encantada...

Antonio, gracias, pero el maratón se paga porque en Renfe y Socibus o los Amarillos quieren congelarnos. Voy a emprender un grupo de facebook contra el aire acondicionado a lo burro en los transportes públicos, cines, restaurantes...

Lolo, que no, esta mosca está acabada y mañana 8 horas de clase, y al día siguiente otras 8 de clase y no sé ni cómo lo voy a hacer, ni voz tengo, dolor de cabeza y tiritona, menos mal que tenía algún texto de antes.

masteatro dijo...

Me han recomendado la película de la que hablas. Espero verla sin tardar mucho.

Aurora Pimentel dijo...

Masteatro, esto no es "La familia " de Ettore Escola que es de lo mejor, es otra cosa, a veces un intento fallido, demasiadas cosas, se le va la mano al director, pero pese a todo te emociona. Claro que a mí el cine italiano me apasiona, desde Nani Moretti hasta aquel "Milagro en Milán" con sus pobrecitos buscando el sol en un descampado. Es la mirada que tienen a menudo los italianos lo que me gusta, aunque a veces sean un poco desmesurados.

irene dijo...

Si, los niños son tan sinceros que hay veces que no se dan cuenta de que son crueles. Mi prima le dijo una vez a mi tía que debería ir a "corporación dermmoestética" para "ponerse guapa". Que ricura, ¿verdad?

Un beso,

irene