Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 3 de mayo de 2009

En la ardiente oscuridad




Hace muchos años, a finales de los 60 y principios de los 70, triunfaba Buero Vallejo, autor teatral considerado "rojo" en aquel entonces. Realmente una se pone a pensar lo que en determinados círculos se consideraba rojo y te entra la risa, la verdad.

El caso es que pese a que no eran nada "rojos" mis padres admiraban a Buero, les gustaba mucho y no se perdían un estreno. En mi caso yo creo que no pude ir al teatro con ellos porque era demasiado joven, así que pienso que si vi algo de Buero tuvo que ser en la televisión.

Hoy me ha venido a la cabeza el título de una obra de Buero, "En la ardiente oscuridad". Trataba de ciegos. La ceguera es un tema eterno, lleno de metáforas, ahí está también una obra de Saramago "Ensayo sobre la ceguera", la película "Blindness" dirigida por Meireilles creo que todavía no la han estrenado, pero no estoy segura.

Hoy pensé que porque no viéramos algo no dejaba de existir ese algo.

Que porque no lo experimentáramos en carne propia, porque no lo sintiéramos -con la vista, con cualquier sentido, por dentro, con el corazón, en el alma- ese algo no deja de existir, sea algo físico o espiritual.

Me sorprende sin embargo la terquedad que una a veces puede tener. Una terquedad muy actual y por eso muy infantil. Somos terriblemente infantiles hoy.

"Si yo no lo veo, es que eso probablemente no existe".

"Si yo no lo experimento, es que eso probablemente no es".

Es curioso. Porque además luego no basta con eso: nos podemos empeñar en pensar que son los demás los que no ven, los que están ciegos, engañados, son bobos, se conforman con una mentira o con poco.

Se intenta minimizar su visión, su experiencia, sus sentimientos o su corazón en vez de pensar que quizás es uno el que no ve.

Que a mi no me toque la lotería no significa que no haya loterías. O que las loterías no sean estupendas y fantásticas aunque también es un lío porque tener mucho dinero puede llegar a serlo. Es un triste consuelo, ciertamente humano, pero como de niño chico enfurruñado porque a él no le tocó. "Hala, pues la lotería no existe, así que .... me quedo con los mortadelos" (nota: los mortadelos eran los billetes de pega de Mortadelo y Filemón, no engañaban ni a un chino, pero ahí estaban: para los niños).

Quizás a veces no es el problema del objeto, sino de nuestros ojos, de otros sentidos o de algo todavía más importante. De nuestro alma, del corazón, de nuestra trayectoria vital que puede hacer más difícil ver. Admirar. Desear. Ilusionarse. Y luchar por lo que puede ser verdad, por lo que existe a la vuelta de cualquier esquina. El exceso de actividad y el correr mucho dificulta, creo yo, esa calma que el ver más allá de las apariencias reclama.

Tengo la sensación que para percibir algo hay que haberlo pensado, imaginado antes dentro, en cierta medida poner cabeza. No porque todo eso lo traiga a la vida, a la realidad, sino porque sin todo eso no somos capaces de reconocerlo.

Creo que el problema a veces quizás no es de nuestra vista, sino de reconocer los contornos y poder poner a aquello un nombre, el que sea.

Ciegos somos todos.

Vivimos todos en una oscuridad más o menos ardiente, más o menos constante, rota por luces diversas, todas bastante fugaces, a veces una simple llama.

Ocurre así que más o menos ciegos nos damos todos de bruces con lo real, con la verdad, con cosas estupendas o no tan estupendas y no somos capaces ni de reconocerlas en lo que son, en lo que valen.

Incapaces no en lo sensorial, en lo intelectual, en lo emocional (lo emocional se forja en la cabeza).
Las vemos pero no las reconocemos, pero no por ciegos. Los ciegos son capaces de reconocer al tacto porque tienen mentalmente una representación dentro.

No es por tanto que fallen los sentidos, la vista u otros, sino la cabeza, que es lo que cuesta aplicar, mucho más que el ojo.

De ahí que se hable de ligereza de cascos, que es de cabeza.

Quizás hace falta paciencia para pensar. Y cierta voluntad, temple y trabajo interior, de alma y corazón, no para poder ver sólo, que veremos siempre poco o nada, sino para poder reconocer si llega el caso.

Y si no llega, no pasa nada.

Decir que algo no existe porque uno no lo haya encontrado ni sea capaz de verlo en otros, no cambia ni el dolor ni hace menor la soledad propia.

Sentimentalmente es un triste consuelo, intelectualmente una falacia que se desarma sola.

Eso sí, los placebos sentimentales o intelectuales de la verdad son eso: placebos. Pueden funcionar, pero no son la verdad.

Quizás.
No sé.
Se me ocurre.
La foto es de Nick Kalkounis. Está en la web http://www.metaedge.ca/index.php?showimage=76

sábado, 2 de mayo de 2009

Primas y amigas Y 5) Rasgos comunes


Las mujeres de mi familia, via paterna o materna, comparten unos pocos rasgos, es bastante curioso. Luego he caído que muchas amigas también, quizás no es casualidad. ¿Será cosa de féminas en general? No sé.

1. Mandonas. Para qué vamos a decir lo contrario. Unas mandan más en abierto, y otras de forma más discreta. Y las que mandamos poco o nada -no tenemos a nadie a quién mandar, ni fuera ni dentro de casa- no nos gusta nada que nos manden. No lo podemos resistir. Con todos mis respetos, pero lo de la sumisión de la mujer al hombre yo en mi familia no lo he visto ni por asomo pero ni en la generación de mis abuelos, vamos, nada. Me suena a chino.

2. Currantas dentro y fuera de casa. Podría parecer que hay alguna excepción. Por ejemplo, mi prima Charo, con tendencia a la horizontal. Pero es que yo creo que una cosa es ser activa (o incluso activista) y otra curranta. Charo hace mucho sin aspavientos, otras no paramos y producimos menos. Siento gran admiración por los que hacen sin prisas, la verdad. Se cansan menos y son más eficaces.

3. La casa es importante. A unas les gusta más y a otras menos, pero las casas son importantes. Y "tienen" que funcionar. Luego están las teorías de la colaboración masculina y la biblia en verso, pero lo cierto es que las casas funcionan porque hay una sujeta activa alimentando aquello con constancia, en mi familia al menos. En algunos casos con maridos muy majos que hacen muchas cosas. Pero el alma son ellas, mis primas. Mis amigas. Sin excepción.

4. Creyentes. Con variaciones, tonos e intensidades. Pero que esto es un paso, sólo un paso, más corto o más largo, y que luego nos acogerá Dios nuestro Señor, y que nos nos llevamos de aquí nada que no hayamos dado, lo sabemos todas las primas. Lo creemos. Lo esperamos.

Luego hay diversidad. Las hay más alegres o menos, con más genio o con menos (más con más, la verdad), en general muy lectoras, también bastante cocineras y todas ya en los cuarenta y cincuenta. Y a todas nos importa un rábano la edad, mira, eso sí que lo tenemos en común.

Y se acabó, que ya está bien de primas.

lunes, 27 de abril de 2009

Craic y descanso


Acabó el corto viaje a Dublín ayer.

Pena, penita, pena. Habrá que volver, claro. Es lo bueno de haber dejado el tour literario por pubs para otra ocasión. Tenía que coger el avión y me coincidía con la misa del domingo, lo dejé para la próxima vez. Siempre dejo algo pendiente, porque me descuido, pero también aposta, para tener una, dos o tres buenas razones para volver a los lugares. A las personas y a los libros también.

Lo mejor de Irlanda son los irlandeses, así dicho en general, como si les conociera a todos.

Y luego ya en especial poetas y escritores apasionantes, soy Wildeana a tope, ya sé que suena algo decadente pero me encanta. Wilde, también Yeats y Newman, ¿se permite el eclecticismo, por favor? Vaya retrato de Newman tan bonito en la National Gallery, le han pintado como si estuviese sordo, con esa mano en la oreja de los ancianos. Luego también actores fascinantes, siempre interesantes.

Y hasta esos tipos de pub tan variados, unos pinta de poca cosa, el típico irlandes flaquito, con facha de jockey, mirada burlona y guasa, ligan por el interés que ponen los tíos, y por las risas. La próxima vez quiero ir a las carreras de caballos y a las de galgos, dos aficiones muy irlandesas.

Y luego hay otros tipos más grandes, pinta de estibadores de puerto, ya con esa barriga cervecera -joé qué capacidad para beber tienen estos tipos, los flacos y éstos, todos-.

Y luego más, muchos más, sobre todos esos músicos, vaya pedazo de músicos que tiene este país, guitarra, violín, banjo y esas voces rotas, tan auténticas. tan reales.

Este país es lo que es, real pese a los tópicos, con feos, con viejos, con gordos, con borrachos, con poetas, ese es su atractivo, su realidad, sobre la que se ha construido el tópico. Lo que ofrecen los irlandeses es realidad.

La mezcla de edades y tipos distintos en los pubs donde nunca te sientes fuera de ambiente es de las cosas más agradables a mi entender.

Y lo peor el tiempo.

Pero nada ni nadie es perfecto, y si Irlanda tuviese un tiempo agradable sería uno de esos paraísos terrenales que acaban siendo insoportables.

Gracias a ese tiempo tienen esos jardines verdes y tan inmensos como Phoenix Garden, a ver si la próxima vez lo podemos andar y no mirar desde los cristales de un autobús mientras llueve y llueve.

A pesar del tiempo las irlandesas se acicalan y salen con palabra de honor o tirantitos y sandalias los viernes y sábados por la noche. Te parece encantador aunque pronosticas un alto nivel de cistitis y enfriamientos.

Aprovechamos el sábado para una excursión al castillo de Malahide, al centro de interpretación de la batalla de Boyne y a Howth, llovía y soplaba el viento de lo lindo, pero al llegar a Dublín lucía el sol.

Tomamos una cerveza en el International Pub, caoba a tope con el humillo que se quedó pegado de cuando dejaban fumar. Un pub sin grasilla ni un poco de suciedad no es un pub que se precie a mi entender.

El viernes volvimos al Gogarty, pero el sábado nos retiramos a casa a beber con menos ruido y ya no pintas, sino un vino australiano que no estaba mal.

No, ney, never, no more... que dice una de las canciones más típicas de los pubs, será para mí sí, por supuesto, siempre y alguna vez por favor... quiero volver a Dublín (y recorrer Irlanda del Norte, volver de nuevo a Beara, viajar también a condados de dulce nombre como Mayo y más, mucho más).

Especialmente en tan buena compañia. Pepa es como comenta, directa y divertida, su marido se da un cierto aire al Capitán Hadock pero en joven y sin decir "pedazo de Xhhgg", ambos muy fáciles para convivir. Han soportado que me comiera el bote común (como el doble que ellos, ay) y que les hiciera perderse dos veces en el mismo sitio, eso sí, con mucha seguridad.

Nota: Craic quiere decir juega, diversión, bebiendo habitualmente pero con música también. Y no puedo poner blanco. Pero quiere decir Irlanda ;-)

sábado, 25 de abril de 2009

Oh sister

(Enviado por mi hermano Juan, como estoy de vacaciones, y no he escrito nada, se lo cuelgo y se lo agradezco mucho, claro está)

Un 17 de abril con retraso, nadie es tan puntual como tú, nadie tan rápida y cumplida. Pendiente de todos y cada uno de tus hermanos, que son más de los que dicen los genes. Una vez te retraté:
“Adopto perros, acojo a maltrechos y me gustaría debutar en Broadway”

Lo primero ya es plural, lo segundo consta a cualquiera. Tratándose de ti, no me extrañaría verte cumplir tu deseo cualquier día en un musical. Déjame fabular con el género. Ha de ser algo dificilito. Lo tengo: una historia irlandesa pero de amor y lujo (¿?).

Tu ilusión recuerda a la infancia, un tiempo de bailarines y grandes coreógrafos. Te veo ahora en las nubes, un sitio digno de ti, donde habitas con frecuencia, para qué negarlo, hermana. Suerte que tienes: como bien sabes (a estas alturas lo sabemos todos) la tierra es un elemento áspero y mundano.

También estás en El Boalo, en esa casa por la que habrán desfilado ya las siete tribus de Israel, los descendientes de Sem y los de Cam, los filisteos, los etíopes y los hititas; parados, funcionarios, agnósticos, argentinos, primos, expertos en marketing, profesores, alumnos, funambulistas, cocineros, rentistas, ¿Quién más? Ah sí, transportistas, muchos transportistas. No importa, todos tienen plato en tu mesa, a todos bendices con tu sonrisa.

Tu generosidad no conoce frontera. Ojalá sigas paseando por las nubes largos años y sigas invitándonos a ver las cosas desde las alturas. Tú sola encarnas la palabra más bella: fraternidad.