Hay proyectos que tardan en madurar. Llevo dos años casi documentándome sobre María Blanchard. Me falta hablar con determinadas personas, a ver si puedo. No sé con qué fin, la verdad. Pienso a veces en una novela en dos tiempos, hoy y entonces, otras en un ensayo o en una biografía. Leo, recojo información, tengo una caja de cartón y otro archivo en mi ordenador donde voy dejando documentos e imágenes de cuadros. Y hago listas: frases suyas, personas que trató, cuadros con título y año en que lo pintó, necesito ver las épocas, conocer qué han escrito sobre ella (no puedo hacerme con todos los textos importantes, voy a poco a poco, algunos tienen más de 70 años). También empecé, como Perlado me dijo, con apuntes, notas, esbozos, retazos de lo que voy viendo o leyendo bajo títulos que pongo que van por parejas o por temas o por extraños encabezamientos. Tengo anotaciones mías de ideas, frases, pequeños párrafos inconexos todavía, retalitos parecen.María y Diego Rivera en Goya 27. Aprendiendo con Sotomayor. Aprendiendo con Anglada Camarasa. “La bruja, la bruja”, así le gritaban por ser jorobada por la calle. Profesora en Salamanca por poco tiempo, irrespirable esa España tan bestia. Juan Gris. Lothe. Liptchiz. Fuera Gutierrez Cueto, solo Blanchard. Cubismo humano. Luego distinta, española siempre. Si no fuera por su ternura hubiera sido muy negra. Sus maternidades tan esféricas. Los niños omnipresentes. Y es
a niña de primera comunión rígida, tan real, tan por fuera, luego he descubierto que hay varios cuadros, uno el original, otro la réplica que ella misma hace. “No, no, es mejor la belleza”, contestando cuando le hablaban de su talento. Su vestido de colores, de cuadros, el arreglo extraño. ¿Viajes? Sé que viajó, pero no encuentro documentos. París, frío y hambre, pobreza. El taimado Rosenberg. El rey Gustavo de Suecia. “¿Por qué hacerlo”, la frase del dominico confesor cuando ella quiso dejar la pintura. Acogiendo a su hermana viuda con hijos en París. San Tarsicio, el poema de Claudel. El “Pintaré muchas flores” que dijo a su muerte. Tantísimos cuadros, trabajó incansablemente.No sé qué cómo voy a hacerlo. Pero me lo estoy pasando muy bien. Es una pintora tan buena y una persona tan admirable, que solo aprender sobre ella me basta por el momento. A veces explorando sin saber muy bien por dónde se acaba por encontrar la palanca, el punto de apoyo de un texto, de un personaje, de una historia, el enfoque, el formato. Veremos. Si no, no habré perdido el tiempo.
(La foto es de María Blanchard con Jaqueline Rivière, discípula suya. El cuadro es "Niña del brazalete", 1922-23)