Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Ante


Ante el mal olor la gente no se acerca, les cuesta. Por eso intento ir algo limpia, aunque a veces malamente pueda. Lleva su tiempo llegarse a los baños de Bravo Murillo con otra compañera o bajar hasta Parla a casa de mi hija que me deja ducharme. Tampoco conviene pasarse. No mueve a que nos den algo si olemos mucho a jabón o colonia, un término medio es lo mejor.

Uno de los habituales del barrio totalmente desdentado y calvo, el que pide sentado en la esquina de Cristobal, se rasca continuamente sus partes. Es de los que piropean siempre a las mujeres, sean adolescentes o hasta viejas. Luego les tira besos por el aire, se chisca los dedos en los labios y dice "guapa, guapa, guapa", intenta tocarlas, darles la mano, lo que sea. Es inofensivo, la cabeza ida a ratos y un cartel que, a sus cincuenta y muchos años, pone a veces para dar pena:  "Soy guerfano y de Jaen. No tengo alluda".

Había otra mujer antes por aquí, a jirones toda la ropa mugrienta, que iba empujando un carrito del Día con cachivaches, su ropa y restos de comida. No se le podía hablar y ante ella incluso nosotros debíamos bajar la cabeza, hacer como si no la viéramos y, sobre todo, jamás llegar a mirarla a los ojos. Hasta que un día se la llevaron, no sabemos muy bien quién ni a dónde, tras una pelea con alguien, no era la primera.