Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Liberal



Tengo una larga conversación con una amiga por teléfono. Ni nos conocemos personalmente, pero nos reímos tela marinera.

Está bien esto, con tal de reírme hago bastantes cosas extrañas, pero de esas nunca me arrepiento.

Termina la conversación, "pues habría que legislar quiénes se pueden quejar o no" dice ella.

Reculo por si acaso "Ay, que no, perdona, faltaría más, que se queje todo el mundo. Es una manera de hablar, o de escribir, es que no soporto la queja, es un tema de educación, pero entiendo que la queja es libre, y faltaría más que ese derecho al pataleo, que es el último que se tiene a veces, no se pudiera ejercer".

"Mira, Aurora, me sale la barba de izquierdas y yo legislo. Y voy a poner unas condiciones al respecto:  quién puede y quién no puede quejarse, por qué motivos y a qué horas, todo muy estricto", alega ella.

Nos reímos las dos. No puedo menos que decir "Joe, guapa, pues si a ti te sale la barba legisladora a mi me sale la de dictadora, no sé qué es peor." Es que realmente no lo sé.

Y concluímos las dos que casi lo mejor va a ser encontrarnos en el sensato, o al menos cómodo, liberalismo de dejarle hacer a cada uno lo que le peta y no elaborar conclusiones ni exclusiones ni rápidas ni lentas.

Difícil a veces. Porque el tema no es la teoría o filosofía  política -que algo hay- es que es de elemental convivencia. No es un tema de todo vale, es otra cosa, más de dentro. Y de fuera. No es la puñetera tolerancia, otro concepto habitualmente fatuo (tolerancia solo para algunos), es otra cosa, de verdad.

En algunos casos por educación, tradición y contexto -y sobre todo carácter, esto puede ser lo que más pesa- te sale la vena de mandar a galeras al que se desmande, ese dictador que algunos españoles llevamos dentro y que nos haría gobernar por decreto ley, pensar sólo que tu modo de hacer o de ver es el mejor, pobrecitos los otros que no se enteran. No por fastidiar, de verdad que no, a veces no es siquiera una cuestión de orden -pasas de orden- es otra cosa peor.

En otros, yo sé bien que tampoco cierta izquierda lo tiene mejor: habría que ser buenos, justos y benéficos por imposición legal, desde otro lado. También legislan que da gusto, se pasan, por cierto, la vida haciendo leyes  y mandan a otras galeras a los que no. Y más cosas que me callo porque no quiero crecerme en esta entrada, no me voy a aprovechar.

Nos despedimos las dos.
Hemos acordado que la solución y punto de encuentro es ser "liberal" no en el sentido económico -alto ahí, detente bala- sino de ánimo, de actitud.

Vamos avanzando, creo yo, algo, lento, pero se avanza, con retrocesos y caídas, pero se avanza un poquito.

Viene un amigo hoy  a comer y le dejo que corte el salmón como quiera, "yo lo hago así, pero a lo mejor hay otra manera". Se lo digo con tal guasa que se ríe y corta el salmón a su manera, perfecto por cierto, nos lo acabamos entero, ni las raspas dejamos. Lo hemos marinado, azucar, sal y eneldo antes, 24 horas con peso de un lado, 24 horas con peso del otro,  ha quedado de muerte.

Joé, y luego dicen que los blogs son una pérdida de tiempo. Gracias, prenda.
Vamos a bordar entre tú y yo como Marianita Pineda la bandera. El debate lib-lab, otro día.
Hoy, luna casi llena, se nota por el insomnio, lo tengo comprobado.  

PS: La foto es de Alejandro Schifferstein.