Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

domingo, 10 de junio de 2012

1. Pintadas (La señal de los bárbaros)


El trayecto en tren Madrid – Ávila tiene unas cuantas paradas.  Antes y después de cada estación, se ven algunas tapias. Suelen estar llenas de pintadas. No hay casi valla que se salve, especialmente si acaban de pintarla de blanco. Pero también inundan las pintadas los muretes de ladrillo o los de cemento, y se extienden a veces hasta el mobiliario urbano y a los vagones de trenes operativos o ya abandonados. 

Creo que no hay pueblo que no ofrezca ese estampado abigarrado y habitualmente sucio dando la bienvenida al visitante. 

Nunca he entendido ese afán. De hecho, me enfada.

Me recuerdan algunas pintadas  a esas puertas de cuartos de baño de bares o estaciones de servicio de mala muerte donde alguien, mientras se desahogaba, tuvo que dejar su impronta, palabras o trazos, quizás como parte del esfuerzo fisiológico, otra variante. Te imaginas en ese hueco, habitualmente incómodo, a quien escribió esa vulgaridad, o esa simple bobada, dejando su impronta, su marca. Y posiblemente orgulloso de su hazaña. 


Andando el sábado de Villeguillos a Alcazarén, seguí dando vueltas a las pintadas, una de las 12 señales de los bárbaros que le contaba el otro día a Javier Santamarta en su muro de facebook.

El afán de llenar algo que está en blanco es ancestral, como lo es la necesidad humana de poder expresarse o comunicar con alguien. De decir aquí estoy,  soy, tengo que decir algo, una palabra, mi palabra. ¿Alguien me escucha? ¿Hay alguien ahí a quien le importo algo? Somos a menudo en la medida en que somos para alguien. 

Pero ni el silencio ni el blanco son un vacío que necesite ser llenado. Ambos nos hablan. 

Hacer que la palabra sea alabanza del silencio no es fácil. Como tampoco lo es que una pintada sea alabanza del blanco.

Llevamos todos muy dentro la señal del bárbaro. Hay un tipo de soledad, dura e inhumana, que hace que éste se levante armado con un spray o tecleando. Tras el garabato o la verborrea puede haber un yo que pregunta desesperado si hay alguien. Yo no creo estar a salvo. 

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay transpantojos y dibujos realmente bonitos.
En cambio, esas firmas estúpidas o esos pintarrajeos son un atentado al buen gusto.
Salu2.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Gracias por tu visita, y sí, hay muros pintados con paisajes, o como si el edificio tuviera ventanas o hubiera rejas y son bonitos...

lolo dijo...

Si se han pintado como dibujos pueden mirarse y ser bonitos. Las firmas gigantes, trazas y compañía creo que corresponden a ese grito en el vacío, diferente al que pueda pegar a mis años pero grito, lo mismo.

En los servicios públicos me pregunto en qué postura estaran hechos los garabatos, las fechas e iniciales. Tal vez una afán de permanecer en el tiempo... pero no, cochinada e infracultura.

Aurora Pimentel Igea dijo...

Sí, un grito. Lo de los lavabos es una cochinada, ahora bien, y digo yo, con lo incómodo que suele ser y el reparo que te da tocar nada, ¿cómo es posible que pases más de los minutos estrictamente necesarios para escribir ni tus iniciales? Un abrazo, Lolo... ay el mar...

pajaroloco dijo...

Somos a menudo en la medida que somos para alguien.
Magistral, no?
Enhorabuena, Aurora.

pajaroloco dijo...

Somos a menudo en la medida que somos para alguien.
Magistral, no?
Enhorabuena, Aurora.

Aurora Pimentel Igea dijo...

pajaroloco, aquí estoy, evaluando ;-), acabo de ver tu comentario, quizás es que es eso lo que afirma a veces a las personas, tener testigos cerca de que existieron, personas que dan testimonio de que tú eres de algún modo... Besos