—Ya sé sobre quién voy a escribir. Voy a escribir sobre mi tía Marta, que creo que es una persona sobre la que sé bastante y no hay nada escrito, que yo sepa. Y mira que es interesante mi tía Marta.
Estaba y estoy emocionada.
La verdad es que he pensado que en algo a lo mejor me puedo llegar a parecer a mi tía Marta, y me he sentido menos sola. Y no sólo por eso de parecerme por fin a alguien de la familia, sino porque gracias a ella no estoy aquí abandonada. Que es como me sentía cuando oía hablar a mis padres sobre si yo no puedo quedarme, pues yo tengo mucho trabajo, en fin, el rollo de siempre.
—Tu tía Marta como personaje me parece perfecto, no me podría parecer mejor, la verdad.
La señorita Julia conoce a mi tía Marta porque fueron compañeras de colegio. Han ido al mismo que mi padre, al que vamos mi hermano y yo porque mi padre se empeñó y se puso muy pesado por lo visto. Aunque mi madre prefería que fuéramos a otro, a uno religioso, porque éste es laico, aunque hay un cura, pero no pinta nada, según dice mi padre "afortunadamente". Así que vamos a un cole con cura, pero de los que no mandan.
— El título todavía no lo tengo claro, Julia… —en casa ya le puedo llamar Julia sin el señorita, hay confianza—.
—No pasa nada, ya se te ocurrirá. Lo más importante, y perdona que te lo recuerde, que te veo lanzada, es que tengas una idea de lo que quieres contar, aunque luego lo cambies. O sea, hazte un índice, un guión, con lo que vas a relatar en cada capítulo. Cada uno debería medir más o menos lo mismo de extensión con pequeñas excepciones. También es importante que vayas al grano, porque tienes tendencia a enrollarte a menudo, Elvira.
Pero yo ya no oía casi a la señorita Julia o Julia a secas, estaba totalmente entusiasmada. Recuerdo, eso sí, que me dijo que leyera todo lo que escribiera luego en voz alta, que es la prueba de oro lo de leer en voz alta lo que uno ha escrito. Que así se ven muchas faltas. Que después, si está bien, lo pase al ordenador, y que se lo vaya mandando, que aunque esté ella en Honduras, lo irá viendo cuando pueda y me lo mandará corregido de vuelta.
Es estupenda Julia, es la mejor profe. Y no sólo lo digo porque me haya venido a ver cuando estoy mala con la neumonía, es que de verdad es la profesora que mejor me cae. Mañana voy a ponerme con el índice. Estas páginas son sólo el prólogo o introducción que tienen muchos libros. Casi me estoy alegrando de estar enferma, de tener que quedarme en la cama y solo poder leer y escribir "sin fatigarme", como dijo el doctor a mamá antes de marcharse de viaje.
Lo de "fatigarme" lo digo mucho. Ya me he dado cuenta que lo he escrito dos veces en este cuaderno rojo, ya me he dado cuenta y lo corregiré más adelante. Es que suena a novela, según me ha dicho Julia cuando se lo he contado que se lo dijo el médico a mamá así: "no puede fatigarse". Me ha dicho Julia que algunos escritores empezaron a escribir precisamente porque estaban enfermos y leían y escribían mucho al no poder salir de casa. Que aprovecharon, como yo, una enfermedad para hacerlo.
A Julia le entró la risa luego cuando seguimos con lo de "fatigarse", siempre acaba riéndose con algo. Me dijo que lo de la neumonía es un catarro mal curado, que no pasa nada y que ni me preocupase, que ni que tuviera una tuberculosis, que es una enfermedad que se tenía antes y la gente se moría, y se contagiaba mucho y era un espanto.
Luego me contó otra cosa sobre la ópera y una señora que se moría de tuberculosis, pero me he olvidado porque a mí la ópera no me interesa nada y siempre pienso en la Castafiore cantando, que es un personaje de Tintín que a mi padre le encanta. Y a mí también, dicho sea de paso.
—Lo siento mucho, hija, ya sabes que no puedo dejar a los alumnos tirados, pero vas a estar genial con tu padre y tía Marta.
Mamá se despidió así tras darme un achuchón fuerte bien temprano antes de ayer. Yo hice como si siguiera dormida para que se sintiera peor por marcharse. Lleva dos días mandando mensajitos, la muy pesada. Pero yo ahora estoy muy animada con esto de escribir sobre tía Marta.
Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.
lunes, 20 de abril de 2020
La visita de Julia (Aventuras y desventuras de la tía Marta, 2)

Mamá me había dejado su portátil porque es mejor que el mío y ella se llevó el mío, aunque es una caca. Yo ya estaba enganchada horas y horas pesar de las advertencias de papá antes de irse al trabajo y las de tía Marta para que no pierda tanto el tiempo con bobadas.
Pero a la señorita Julia no hay quien le oculte nada. Y además hay que hacerle caso. Te mira con sus ojos negros así fijamente y es como si te viera por dentro, no puedes engañarla.
—¿Y de qué escribo? —le he preguntado no muy convencida mirando el cuaderno rojo y grande, tan lleno de páginas—.
—No me digas que no tienes temas tú, que te salen veinte historias sin pensar casi, será por imaginación, melona.
La señorita Julia nos llama melones de vez en cuando. Pero es cariñoso, no es para hacer daño.
— Ya, pero es que ahora no es así, estoy muy cansada.
—Pues no te voy a decir yo sobre lo que tienes o no qué escribir, faltaría más a una chica de casi doce años…
—Ya está… —le he dicho muy rápido mirando todos los póster que tengo en el cuarto— voy a escribir la biografía de alguien. Por ejemplo, podría escribir sobre Robert Pattinson, el de la saga Crepúsculo…
No me ha dejado acabar la señorita Julia.
— No es por desanimarte, pero creo que no es una buena idea, ¿sabes? Es un actor sobre el que habrá doscientas biografías en internet, y además no es para que hagas corta y pega, que nos conocemos, sino para que escribas tú lo que a ti te salga. A lo mejor una biografía no, pero sí algo así como unos apuntes de la vida de alguien que tú conozcas bien, algo más cerca, más a tu alcance...
—Apuntes cuando se escribe es como si en vez de pintar un cuadro completo voy primero con el lápiz haciendo pequeños dibujos, tomando notas, como hace papá con su cuaderno de campo, ¿no?, que también los llama apuntes.
Mi padre tiene un cuaderno pequeño lleno de cosas así, a mí me encanta: una ramita, un pájaro, una roca de una montaña que sube con mamá, cosas que él ve, no que imagina, y que llaman su atención y las dibuja en el papel con un lápiz que lleva siempre guardado. Luego a veces las utiliza para algo que pinta aparte, en su estudio de abajo, cuando tiene tiempo y ganas.
—Exactamente, y mejor de alguien cercano, y no por nada, es porque te va a ser más fácil… y así no lo vas a dejar a la primera de cambio.
Uf. La señorita Julia sí que me conoce bien y siempre da en el clavo. Llevo con ella ya muchos años y sabe que comienzo cosas con las que luego no puedo, me canso, y las dejo a la mitad o colgando. Es mi gran problema, la constancia. Y no lo entiendo, porque mi padre y mi madre son los dos súper machacas. Pero yo no he salido a ellos. Y en cambio Jaime sí se parece a mi padre, hasta anda como él. Yo no sé a quién he salido en esta familia, la verdad.
Me quedé pensando sobre quién escribir.
Sobre mi padre prefiero no hacerlo, no vaya a ser que no le guste. Tiene mucho genio y ningún sentido del humor, según opina mi madre. Con mi madre ahora estoy enfadada por dejarme aquí e irse a Grecia con sus estudiantes, así que no voy a escribir sobre ella por lo menos hasta que vuelva de viaje. De Tesa, la cuidadora, que es ecuatoriana, ya escribí mucho en el colegio este año porque su vida es apasionante. Hasta tiros daban en su pueblo y había bandas.
Y entonces se me ha encendido de repente la lucecita esa que se enciende cuando a alguien se le ocurre algo al aparecer la tía Marta con la merienda para Julia y para mí y al pensar a quién he podido yo salir de la familia, que no soy para nada como mis padres. Pero he sido por una vez prudente y me he callado. Sí, además de inconstante soy, encima, una bocazas, pero hoy me he contenido. Mejor que no lo sepa la interesada. Cuando se ha ido y mientras estaba merendando se lo he dicho a la señorita Julia.
Ni campamento ni nada (Aventuras y desventuras de la tía Marta, 1)

—Esta niña tiene una neumonía, no está ni para campamento ni nada.
Así ha empezado este verano de 2010, con la peor noticia que una puede imaginarse casi después de que se mueran tus padres.
Había acabado el colegio el jueves y yo seguía tosiendo, acatarrada y muy cansada. Las notas bien, como todos los años, aunque mi padre siempre pone peros y dice que soy un poco vaga. Como este curso estaba jugando en el equipo de balonmano y hemos quedado subcampeonas, por eso pensó mamá que lo que me pasaba era que se me habían juntado los estudios con el deporte, que había tenido demasiado. Pero no era eso, tenía algo diferente a un catarro mal curado y cansancio.
Me llamo Elvira y tengo casi doce años. Estoy escribiendo porque ahora solo puedo hacer eso y leer, tengo que quedarme en la cama. No me he ido a Estados Unidos al final. Es posible que no vayamos a Mallorca como todos los veranos si no me pongo bien antes. No puedo bañarme en la piscina de abajo, no puedo salir, solo descansar, comer mucho y leer o escribir “sin fatigarse” dijo el doctor Ramón, que es amigo de papá y el que nos ve a mí y a mi hermano.
— Esta niña además está demasiado flaca ¿cómo no me la habéis traído antes?...
Mamá miró al doctor con esa cara de culpabilidad que tan bien le sale.
—Ramón, la niña ya sabes que es delgada como su padre, no sé, no le dimos más importancia, ha comido como una lima hasta hace bien poco. Sólo está desganada desde hace unas semanas, eso es lo que más nos ha preocupado…
Placas, análisis y no sé qué más. Nos pasamos toda la mañana en el hospital donde papá trabaja, aunque él sólo apareció al final y habló con su amigo aparte.
Mamá desesperada, con un viaje a Grecia que tenía con la universidad, papá dijo que él desde luego no podía quedarse todo el día en casa, que tenía la consulta tanto la de la mañana como la de la tarde hasta los topes. Tesa, nuestra cuidadora, se iba de vacaciones a ver a su familia a Ecuador porque en teoría Jaime y yo no íbamos a estar. Yo me iba a Hartforden (Connecticut) cinco semanas, y él a un campamento en Soria catorce días, que es donde se ha ido tan contento. Sólo quedaba tía Marta en Madrid a mano. Así que papá llamó a su hermana y le explicó todo, y luego le pidió el favor, le oí como puso la voz esa de pedir que le sale genial.
—Marta, te necesitamos, ¿podrías tú quedarte al menos con Elvira las dos semanas que Ana va a estar fuera?
Así que vino tía Marta a casa. Se instaló en el cuarto de los invitados donde estuvo hace años y aquí estamos ahora las dos, ella, que es mi madrina, y yo, su ahijada y su sobrina favorita por otra parte, lo cual no es mucho, porque sólo estamos mi hermano, pero algo es algo. Apareció sin su gato, afortunadamente, Chesire se quedó en su casa seguramente protestando.
— Lo que nos falta es un gato en esta casa.
Papá se lo puso claro, no le gustan nada los animales. A mí sí me gustan los perros, pero nada los gatos, me dan mucho asco. Así que vino tía Marta un día antes de que mamá se marchara. Llegó con un traje de esos de flores que le gustan tanto, el pelo recogido por el calor que hace en Madrid con un pasador de cobre muy moderno, las sandalias de colores y las uñas de los pies pintadas, señal de que está enamorada, según dice mi padre. Y debe de tener razón, porque desde que llegó mira el móvil a cada rato, o sea, que seguro que está pendiente de alguien.
Yo estaba empezando a aburrirme el segundo día en la cama a pesar de que tía Marta me hace mucho caso y me cocina cosas que me gustan, cuando hoy por sorpresa ha venido la señorita Julia, que es la mejor profesora del colegio, o al menos la que a mí me gusta más. Se enteró por tía Marta de que estaba mala y antes de irse de vacaciones me hizo una visita y me trajo un cuaderno grande, nuevo, hojas crema y tapas rojas.
La señorita Julia nos lee en voz alta en el colegio, dice que es muy bueno y no sólo para los niños pequeños. Así nos ha leído a Ana María Matute, a Sánchez Ferlosio y a otros muchos autores españoles de cuentos y relatos. Después de leer ella en voz alta se hace un silencio en la clase que nadie nos atrevemos a romper, tan metidos estamos en lo que ella ha contado. Bueno, lo que ella nos ha contado que cuenta el que escribe, claro. No sólo es que son buenas historias, es la entonación que pone y lo que disfruta la señorita Julia con cada frase y con cada palabra.
—He pensado que podías escribir algo mientras estás en la cama en vez de tanto estar pendiente de esas bobadas de las redes sociales… Y a mano, que es otra cosa, nada de ordenador, escribir como se escribía antes, a mano, luego ya lo pasas al ordenador.
miércoles, 18 de marzo de 2020
Del tsunami a la guerra (tenemos una épica, sin pasarnos de frenada, pero épica)
He pasado estos días por todas las fases del duelo sin
habérseme muerto nadie todavía, a Dios gracias digo esto. Me las explicó Catalina
Espino: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Y por muchas de
ellas varias veces en el mismo día desde hace una semana al menos. Es lo que
tiene ser ciclotímica o un perfecto animal de mi tiempo.
![]() |
| Virgen de los Navegantes. Alcázares de Sevilla. La foto está tomada del Blog El Señor del Biombo. |
Ya el domingo 15 de marzo, recién estrenada la alarma y el
aislamiento, me mandaba Estrella Fernández Martos un vídeo suyo con un esbozo
de lo que podría ayudarnos a sobrellevar esto del Covid19 y el confinamiento con
algo de serenidad y cabeza: un tiempo que no puede estar en suspenso aunque lo
esté. No para quienes no tenemos un sueldo del Estado, ni una pensión cada vez
más lejos, ni tampoco trabajamos por cuenta ajena. Ni quizás para otros muchos,
trabajen como sea, que sabemos que la
vida no se detiene aunque la Eternidad nos espere. Tampoco tiene que darse prisa
la Eternidad, eh, tenemos aún algo que hacer aquí (espero).
¡Voy a aprovechar esto, voy a organizarme, venga! El domingo
solo: 24 horas apenas.
Y es que como no estoy atenta en esta era de la distracción
constante, tras el venga-vamos-organízate-piensa
en el ahora … pero también, ay, ay, empieza a pensar ya en el luego- del domingo 15, el lunes 16
fue la bajona propia del autónomo que intuye lo que le espera.
La increíble bajona venía facilitada por las noticias de lo
que muchos hospitales estaban viviendo, la
tristeza de esas muertes de las que no sabemos nada –edad, nombre, etc.-,
el desconsuelo de no poder ni despedirte ni enterrar a tus muertos siquiera. Los muertos por el Covid19 y sus familias
son los grandes ausentes en todos los sentidos, se habla poco o nada de ellos.
Estar en contacto con otros autónomos por teléfono en
algunos momentos no es recomendable. Salvo que uno esté de bajona y el otro se haya venido arriba, que sucede. Entonces
uno ayuda al otro habitualmente. Ya dos autónomos –o individuos- que estén en
el arriba-arriba del ratoncito
mexicano Speedy González es estupendo, somos capaces de sacar lo que sea. Deberíamos
ponernos un signo en las cuentas de twitter, fb y el teléfono para que lo supiéramos: hoy
estoy de bajona y solo puedo hablar con gente que esté arriba; yo hoy arriba y
tú arriba, genial, montamos un catering o lo que sea, etc.
No quiero ni
imaginarme lo que es ser en estos momentos empresario con personas a tu cargo,
con X nóminas a fin de mes. Que sí, que empleado tampoco, soy consciente, pero
empresario me muero. Atentos, porque apuesto
10 contra 1 que van a ser muchas, muchísimas, empresas las que den aquí el do
de pecho si no les ponen muchos palos en las ruedas. Creo en el ingenio humano,
en personas concretas, en los equipos que forman (desde el Sr. Roig hasta el
último reponedor o cajera), todas esas, tantas, que nos están sosteniendo (entre
otras, Mercadona, mi amor por ti será eterno).
El caso es que tras (otra) noche de insomnio de esas que te
despiertas a las 4 sobresaltada y una conversación por DM con un conocido y un
“tranquilo, tranquila, nos ayudaremos mutuamente”, y como la fortuna ayuda a
los audaces (espero) y soy orgullosa sponsor de Disidentia, leí este
interesante artículo de Velarde que me puso las pilas la madrugada del
martes día 17 a las 4.40 am de la mañana exactamente.
Al lío y ya. Esto,
señores, es una guerra. Con una ventaja indudable sobre cualquier otra
guerra: no hay que matar a ningún
semejante afortunadamente, solo a un virus. No me digan que no tiene su trocito
de épica. Y es que no sólo va a haber que matarlo, vamos a tener que sostener a la vez la vida en el mientras y en el luego, esos campos que han podido quedar desatendidos o en su caso arrasados, lo
vamos a ir viendo.
Fue una ventaja leer a Velarde porque mi imagen de todo esto
durante el lunes 16 era la de un tsunami que avanzaba imparable con sus
dos movimientos: lo cubriré todo y me replegaré luego. Lo venía viendo clavados
los pies, sin poder moverme, a cámara lenta.
El terror no sólo era la ola en sí, el parón y el confinamiento,
sino a su retirada tras la cual no sólo van a estar los desaparecidos y los heridos,
sino personas sin empleo, sin poder pagar alquileres, hipotecas, comercios al
garete, empresas que no sé qué será de ellas. Entre las murallas de mi ciudad y fuera de ellas, nacional y
globalmente, vi a mucha gente desolada y sin medios. Sí, el drama me puede, eso también es cierto.
Pero es que en esta ocasión sí es un drama.
Viví todo el martes 16 en esa ola de tsunami solo interrumpida por el Rosario de las 7 pm que
rezamos algunos vía twitter, la Virgen del Carmen nos proteja. Me veía hundida, literalmente.
E, increíble a pesar de mi fe y del potente imaginario católico que manejo (porque
nací en los 60), de ese manto de la
Virgen cubriendo a los navegantes y marineros pobrecicos, ahí todos juntos,
flacos, gordos, guapos y feos, con sus redes, con sus aparejos: como buenamente podemos.
Perdí la paz, lo reconozco, la perdí completamente. Lloré de
miedo, de tristeza, de incertidumbre, y no solo por mí, por mucha gente.
Atención, que lo que cambió mi ánimo a las 4.40 am del día
17 fue el artículo de Velarde y no
la fe que se supone que tengo. Lo cual es para matarme, francamente. Aunque si
lo piensas, la Virgen María ha podido
servirse de quien Ella quiere.
Y es que en ese momento vi que esto es una
guerra y que vamos a ganarla. O vamos a prestar batalla al menos. O mejor
dicho, vi que el enfoque que me puede
servir para estos momentos es justo ese sin pasarnos de frenada, que por el momento comemos 3 veces. No
hace falta dramatizar en exceso (que nos conocemos) y además no conviene.
Ser nieta de legionario y mujer tiene ventajas y ésta es una
de ellas: planteada la batalla, visto
esto como entre él, el virus, y nosotros, todos nosotros, no se trata de suspender la vida mientras la libramos
–la intendencia, siempre la intendencia, soy señora, recuerden -, sino de, con cabeza, enfrentarnos a esta guerra
estableciendo prioridades, sabiendo la estrategia, los cuellos de botella y
esos periodos intermedios que van a ser paz y guerra, guerra y paz, un raro
continuo que Velarde tan bien lo ha escrito en Disidentia.
No será fácil desarrollarla, habrá generales, escuelas o
planteamientos, pero hay gente inteligente y buena. También tengo fe en ellos. Sin
saber mucho de esto, mi sensación es que no parece que esto se pueda “acabar” ni
en quince días ni en dos meses. Tampoco creo que vaya a ser una etapa clara –guerra- y otra luego –posguerra con su paz- así cerradas y definidas
de momento.
Candela Sande ya lo dice aquí,
y casi me pisa el artículo, yo añadiría lo siguiente.
No voy a hablar de “ventajas” u “oportunidades” o de hacer
de la necesidad virtud. Son simplemente otros modos de enfocar esto, de ver que una guerra contra un virus (y
la posguerra consiguiente por el impacto económico que va a suponer todo esto) puede hacernos avanzar en tecnología y en
ciencia. Decía Chesterton que Dios nos pide que nos quietemos el sombrero pero no la cabeza al entrar en la Iglesia. Y con todo, lo más importante para mía, es la penúltima frase del siguiente párrafo.
Todo esto puede,
debe, sacar lo mejor de nosotros, hacernos más humanos, más libres (menos
siervos), más inteligentes (para libertad e inteligencia ver punto 2 siguiente).
Y si eres creyente, santificarnos. Hasta
es seguro que tendremos algún héroe (lo estamos viendo).
No hay tiempo malo,
simplemente éste es nuestro tiempo, año de Gracia 2020.
Casi todos los que vivimos hoy no teníamos realmente una épica. Esto sí es épica, a lo mejor pequeña, pero épica. Nuestros hijos, los que ya son nuestros nietos, van a poder vivir con una épica real y no con los sucedáneos que se les estaban ofreciendo, esas que nos han llevado a una locura colectiva, a no ver ni lo importante ni lo urgente, ni las emergencias reales ni la realidad en definitiva con la biología -para empezar- en ella siempre por delante.
Casi todos los que vivimos hoy no teníamos realmente una épica. Esto sí es épica, a lo mejor pequeña, pero épica. Nuestros hijos, los que ya son nuestros nietos, van a poder vivir con una épica real y no con los sucedáneos que se les estaban ofreciendo, esas que nos han llevado a una locura colectiva, a no ver ni lo importante ni lo urgente, ni las emergencias reales ni la realidad en definitiva con la biología -para empezar- en ella siempre por delante.
1. No puedo ni quiero
pensar lo que esto podría haber supuesto hace veinte o treinta años sin
móviles, sin ordenadores, sin tecnología, sin tantos medios como los que hoy
tenemos. Nuestra capacidad de
supervivencia en todos los sentidos hubiera sido totalmente diferente. Ya,
que sí, también esas mismas pantallas nos sirven para el descontrol emocional y
la manipulación en todo esto, para huir del necesario silencio exterior e
interior, del mirarnos por dentro. Pero hemos tenido, con todo, suerte. Llámalo
Providencia si crees. Agradéceselo al capitalismo y a la libertad de empresa. Hasta
es posible que hagas ambas cosas, se puede. Podemos “vernos”, hablar, ayudarnos
aún a distancia, ver cómo otros lo están haciendo, cómo lo están afrontando, aprender
mucho en definitiva. También podemos hasta demostrarnos que nos queremos cuando
no podemos ni abrazarnos.
Sí, cierto, en un parte del mundo, soy muy consciente. Por eso no deberíamos a echarnos a llorar mucho
tiempo, porque el mundo real también
nos espera. No “nuestro mundo”, no, el mundo de verdad, con toda su pobreza
y sus miserias, con todo su esplendor y su belleza.
2. Esto, y ahí sí “copio” a Candela Sande y a otros que lo
han dicho mil veces mejor, puede ser un
punto de reflexión (de inflexión) importante para muchos ciudadanos. Lo de
ser un poco más libres y más inteligentes.
De repente te
encuentras con la puñetera vida, con la muerte, con problemas serios y no
con (soy una señora y no puedo poner el sustantivo que querría en estos
momentos) briznas de hierba seca mentales que estaban entreteniendo a
generaciones enteras. Y abduciendo a otros que callamos por comodidad porque en Matrix creemos que se vive divinamente.
Se nos abre además ahora un territorio
desconocido en el que tendremos que batallar como todavía no sabemos, que
explorar con mapas nuevos. Es verdaderamente apasionante todo esto con toda la dureza que nos espera, habrá muchas lágrimas y muchas dificultades.
Pero, con todo, yo voy a poner el simbolito de “autónomo” venido
arriba en mi teléfono, en mis redes. Puedes hablar conmigo cuando quieras
porque vamos a salir de esta, vamos a intentarlo con todas nuestras fuerzas. Apretemos los dientes y todoavante.
El
símbolo del cristiano, esa nun, ن, que tantos llevan, esa cruz que Él lleva y con
la que tantas familias e individuos están haciendo frente a esto –con muchas
más preocupaciones que yo, con infinitamente muchas más incertidumbres y
problemas- no me atrevo a ponerla todavía.
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