Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 18 de octubre de 2011

Nadie

Comenzó tras un viaje al volver a casa, un edificio moderno e impersonal de discretos apartamentos anónimos. Algunos de alquiler por meses eran lugares de paso. Allí nadie parecía existir o importar a nadie. El portero siempre ausente, como si no estuviera, perdido en el garaje o en los sótanos, un fantasma casi. Solo de vez en cuando veía a alguna pareja a la que saludaba, a un anciano jubilado y sordo como una tapia, o a una mujer permanentemente enfrascada en una conversación por el móvil. Pero lo habitual era no cruzarse con nadie. No había un alma. Solo la luz fría y blanca que nunca se apagaba iluminando pasillos, escaleras y el portal inmaculado. Alguien limpiaba todos los días y lo hacía meticulosamente, sin que se le viera y en silencio, quizás muy temprano por la mañana.

(El relato completo está en Culturamas, pincha aquí si quieres leerlo)

jueves, 13 de octubre de 2011

War Horse (El alma de un caballo en el West End londinense)

Animal viene de ánima, espíritu de vida, ánimo que mantiene vivo a quien respira y siente.

A mí me parece que uno de los animales que mejor reflejan ese ánima que todos tienen es el caballo. No es que el perro no lo sea, pero su alma es más, ¿cómo lo diría?, dependiente de la nuestra.

El alma de un caballo es claramente suya. Es independiente. A poco que trates a un caballo sabes que es otro ser vivo con su voluntad propia que puede no coincidir con la tuya necesariamente. No te lo camelas con tanta facilidad como a un perro o a la mayoría de los perros. Ves cómo te mira un caballo cuando te acercas, esos ojos como piedras brillantes y alargadas donde te reflejas, sus orejas que se mueven continuamente, todo el cuerpo, grande e imponente, sus dientes, cuando echan la pata adelante, cuando relinchan inquietos o levantan la cola. La sensación de montar un caballo o de que haga algo que tú deseas es de pacto, de alianza a veces. Aunque hay personas que los doblegan. Con un perro el pacto que tenemos está casi garantizado. Con un caballo es diferente.

Pues bien, todo eso que es el cuerpo y el alma de un caballo, unido hasta su muerte como ocurre con nosotros, puede ser representado por un artefacto humano en un escenario. Y ese pacto o ese enfrentamiento, la independencia vital de un caballo, también puede ser reflejado en una historia donde el animal real, vivo, no aparezca.

Fuimos a ver War Horse, la obra de teatro en Londres basada en la novela de Morpurgo, un texto precioso y una puesta en escena emocionante donde los caballos son grandes marionetas accionados por personas. Se mueven, relinchan como ellos, levantan la cola, se encabritan, corren y se pelean, huyen, se enfrentan, etc…. Son definitivamente ellos. Todo está perfecto, hecho con tal arte y excelencia técnica que llegas a olvidarte de que hay personas que los operan.

War Horse trata sobre la historia de un caballo, Joey, nacido en la paz rural de Devon en la segunda década del pasado siglo, al que acaban mandando a la guerra ,y de su dueño, Albert, un joven granjero que le adora y que saldrá en su busca. Joey cruza el frente, pasa al lado alemán, estará en la tierra de nadie, sufrirá.

En la primera guerra mundial se enviaron al frente desde Inglaterra 1 millón de caballos,volvieron 65.000 solamente. Fue la última guerra con caballería, el tanque apareció en escena, pero los animales sirvieron de montura a veces, de tiro para llevar enseres o empujar carros. Y hasta de alimento, se los comieron. “They had no choice”, dice un monumento en Londres dedicado a ellos. War Horse trata sobre la guerra y sus horrores a través de los ojos de un caballo, de lo que siente.

El cuento, escrito para niños, fue un éxito en los ochenta. Se llevó a escena en 2007 en Londres y este año la obra se estrenó en Broadway, el que viene en Toronto. Lo que vimos en Londres es un texto muy bien adaptado al teatro, no era nada fácil, con unos actores excelentes, el apoyo de una compañía de marionetas increíble (la Handspring Puppet Company) y una dirección de arte y una coreografía perfectas. Contamos casi 40 personas en escena. Preciosos los dibujos que hacen de marco a la historia, la música evocadora, muy divertida una oca que es otra marioneta y unos pájaros, alondras en la paz y cuervos en la guerra, también marionetas, volando por el patio de butacas.

War Horse ha sido llevada al cine por Spielberg y será estrenada en diciembre en EEUU y en enero en Reino Unido. El trailer parece indicar una buena película. Será esta vez con caballos reales. Eso que se gana... y eso, también, que se pierde. Con que fuera la mitad de la mitad de la mitad de la obra de teatro que vimos Gonzalo, sus hijos y yo en el West End ya sería buena. Si alguien se acerca a Londres debe verla. De verdad, vale la pena.




miércoles, 5 de octubre de 2011

Copia (Abundancia)

Copia, (de Cornucopia, abundancia), ha llegado a España. No es solo una plataforma de comercio electrónico que proporciona contenidos culturales, libros y revistas, luego música, cine, etc. Es, para empezar, una multiplataforma: puedes acceder desde tu teléfono, tu tableta o tu portátil, no hace falta que tengas un ereader), luego sincronizas y puedes seguir lo que estabas leyendo desde donde estabas...

Permite además la lectura compartida, esto es, discusiones, debates, clubs de lectura, clubs de autores, etc., una gozada.

Y más: anotar, comentar en el propio libro y dejar, o no, que otros vean los comentarios.

Copia es un socio para los editoriales y para los lectores impenitentes, como yo, un lugar donde compartir nuestro amor y opinión sobre libros y autores, comenzar debates, aprender de expertos, abrir nuestros horizontes lectores, saber qué tenemos en común con otros lectores...

Todo esto, por supuesto, graduando a voluntad nuestros niveles de privacidad cuando leemos, algo muy importante (puedo estar interesada en que sepan que leo a Márai pero no a Barbara Cartland...)

En el ámbito educativo, escolar o universitario, Copia es una plataforma ideal que permite interactuar a alumnos y profesores sobre libros, formar grupos privados o públicos, compartir anotaciones y comentarios, etc.


PS: Haz una prueba y verás qué fácil. Hacerte miembros es gratuito, puedes comprar, bajarte libros gratis o puedes leer los que ya tienes en pdf importándolos... Echa un vistazo... www.thecopia.com


domingo, 2 de octubre de 2011

Los jardines verticales

Son el último grito en jardines. Ocupan poco espacio.

El primero que vi fue al lado de La Caixa en Madrid, alto, tupido y vertical. Al otro lado del paseo, el Botánico crecía horizontal y amplio. El otro casi colgante… ¿Serían los de Babilonia así? Me quedé mirando.

He buscado información. Me parecen raros y algo inquietantes. Querría tener uno, pero son caros de instalar. Y en Boecillo tenemos uno de muchos metros de horizontalidad y suelo malo. No hacen falta verticalidades, el espacio sobra. Demasiado espacio a veces.

Bendito y maldito espacio, primero se busca, luego te agobia tanto espacio que mantener cuidándolo.

Necesito acostumbrarme a la soledad de nuevo, aunque sea por horas, por días, cuando no tengo más remedio. Pero no me gusta nada. Ahora la rechazo, no la abrazo ni me sumerjo en ella.

 Cuando encuentras la compañía adecuada, la soledad ni se plantea, no es alternativa, te duele. Se ha roto esa soledad interna que llevas, se ha resquebrajado de arriba abajo. Eres testigo de alguien y alguien lo es tuyo. Tú eres, yo soy, ambos nos vemos.

Te repito cada día tu nombre, tú el mío. Damos testimonio de que alguien vive, es. Hay más, claro: personas, amigos, familia, trabajo, escritura, lecturas, problemas. El paro, la incertidumbre. Pero yo digo tu nombre y tú el mío como nadie humano los pronuncia. Sólo Dios los puede decir más claro.

Llevo cincuenta años sola y creo que sé de lo que hablo. Hay muchas lecciones teóricas de soledad, poses y coartadas pretendidamente vitales. Hasta literarias a veces.

Creo que la soledad es lo que queda cuando nadie te ha encontrado o no encontraste a la persona adecuada. O se fue. O la echaste. O no salió por lo que fuera. Da igual. No es nada agradable, nada. No es esa soledad el silencio interior que necesitamos. Es algo duro y triste: no sentirse querido, quizas no aceptar cuando te aman, no poder resistir que alguien te quiera y acabar por ahuyentarle, o que se haya ido dando un portazo o silenciosamente, sin decir nada. Ese hueco de tan humano no es humano.

A veces la soledad es seguir buscando y quizás negar que lo haces, por miedo o vergüenza, por cansancio. De la soledad, como de la necesidad, podemos hacer  virtud con frases pretendidamente brillantes. Y de un modo tan insistente, tan reiterado, que sabes que es hueca, un castillo de naipies, los soplas y se caen. Es de una ternura desarmante ese esfuerzo.

Jardines verticales, floridos a veces, el verde constante. Requieren poco riego. Parecen fáciles de mantener una vez sembrados. Invaden sin invadir, pese a ocupar poco espacio, como el de La Caixa.