Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 22 de diciembre de 2009

Alegría (quejas retóricas)



La alegría tiene mala prensa. No el ser gracioso o divertido, que es cosa distinta y con mayor aceptación. Se puede ser gracioso y ser un auténtico triste, son cosas distintas. El ser alegre es juzgado a menudo como que no se entera uno, que eres un pedazo de ingenuo o un insensible de campeonato, especialmente hoy, quizá tenga que ver con la esperanza, puede ser.

Es como la Navidad: como digas que te gustan, te suelen caer veinte o treinta voces diciéndote que si el consumo se lo come todo, que si la soledad es más profunda, etcétera. Estoy de acuerdo en las dos afirmaciones, por supuesto. Pero ni lo primero ni lo segundo son impedimento, digo yo, para la alegría de estas fiestas, para la alegría en general, me parece.

Por supuesto que se han convertido las Navidades en un artículo más de consumo, en una ocasión más de mostrar que son las cosas y no las personas las que parecen importar. Pero es que uno no está abocado a vivirlas así si no le da la real gana. No hay obligación de consumir ni de comprar. En la mayoría de las veces como no da el presupuesto, pues eso que te evitas. Con decir no porque sí, o no porque no se puede, basta. ¿O hay que imponer la sobriedad y el no gastar por decreto ley a quien no quiera? No sé. Creo que la cabeza está para decidir, y la libertad es sagrada. Si uno no quiere algo no tiene por qué hacerlo, no hay obligación de consumir sí o sí o sí.

Por supuesto que también son unas fechas en las que se siente mucho más honda la soledad: la ausencia de padres, de amigos, de muchs personas. También otras ausencias o lejanías muy diversas, que se llevan como se puede, habitualmente mal. Pero es que la vida adulta es así. A menudo se vive en cierta carencia de afecto o en una permanente búsqueda de que nos quieran un poquito más, a veces que nos quieran más a nuestro gusto, a nuestra manera a menudo, que no es siempre la de los demás. "Una capacidad muy limitada de querer con una capacidad ilimitada de ser querido" leí el otro día que éramos cada uno. Joé, qué cierto. Pues ya está ¿no?, como le des muchas vueltas, te vuelves del revés. Quizá nos estudiamos mucho y estudiamos mucho a los demás en eso del querer, podría ser.

En fin, que no me gustan nada los agoreros y los tristes. Otra cosa es la melancolía, la tristeza suave y alegre de algunos hombres, de las propias Navidades también, de la vida en general. Que el mundo puede ser una mierda ya lo sabemos. Que hay desastres lejanos y muy cercanos no cabe duda, haría falta estar ciego. Pero que con aguafiestas, quejosos y tristes todo lo anterior no parece mejorar, eso desde luego.

Esa cultura de la queja y del victimismo que se ha instalado en occidente, a menudo entre quienes se supone que tienen cabeza, como una especie de pose o de condición sine qua non para demostrar que eres inteligente o sensible, me tiene hasta la coronilla. Es una queja retórica que se repite. Quienes la emiten viven o han vivido como San Pedro habitualmente y sólo quieren más atención personal, nada más. Es elemental, comprensible a menudo, pero elemental, diría más: es infantil.

Me parece todo respetable, faltaría más, pero tengo la sensación de que a veces aquí quienes no lloran, no maman, y una mano a menudo tampoco acaban por echar. Están demasiado ensimismados con el "yo, yo, yo, qué penita me doy y qué penita quiero dar en particular o en general, hacedme caso, por favor, miradme más.."

No puedo con la con la ingenuidad esa de "We're the world, we're the children", con los finales felices por decreto ley, con la Casa de la Pradera, en fin, con el "too er mundo e güeno", el buenismo, etc. No lo puedo soportar venga del lado de donde venga, que de todo hay.  Se puede hacer poco, bastante poco por los demás, y hasta por uno mismo al final, no por nada, es que somos todos muy limitados.  Pero desde luego también me da una pereza inmensa la retahila cansina de quejas hechas desde el confort: "pobre yo", "pobre, que no hay quien me quiera", "qué feo es el mundo", "qué mala mi vida", etcétera, etcétera.

Vaya morro que nos gastamos a veces, es de impresión. Especialmente porque las quejas no suelen coincidir con los desheredados de la tierra, esos que habitualmente nunca se quejan: no tienen tiempo ni a veces fuerzas, no tienen ni voz. Los que no lloran, y menos en público, son los que a menudo tienen muchas más razones por las que llorar me da por pensar. Aunque quizá estoy equivocada, podría ser. En fin, siento esto que he escrito, es que hay veces que te dan ganas de dar un meneo en general y otras en particular, de verdad.

Quedan 2 días para la Navidad.

PS: La foto es de un cuadro de Alberto Guerrero de la serie Moby Dick. Melancólico pero alegre, se da.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Vida perra X (Solsticio de invierno, sol ya quieto)



Estamos en los días más cortos del año, soy perra y lo siento. Llega el invierno y, como una contradicción, mañana comienza a alargar la luz y  a ser más breve la noche de nuevo.

El sol quieto, solsticio de invierno.

Sábado activo por la mañana. Ella compró temprano y cocinó para los 12 que serán en la Fiesta Grande, la de cada año, ese día extraño para nosotros, los perros. Y, sin embargo, sabemos que algo pasa. Siempre nos cae algún hueso, algún resto. El Creador es también con nosotros bueno.

Sol quieto, cada vez más quieto.

Escribió luego. Y leyó en voz alta no una vez, cuarenta. Imprimió y otra vez leyó. Y luego leyó más, y luego se durmió, y otra vez a escribir y a leer. Salimos después. Ella volvió tarde, necesita olvidarse por un momento, ver gente, reírse para luego quedarse en silencio, acompañada y al mismo tiempo ausente.


Hoy otra vez lo mismo, siguió escribiendo, desayuno de chocolate con churros con los sobrinos, corto  nuestro paseo.

El sol entró a raudales por la ventana, yo dormida en la alfombra muy cerca de ella.

Luego leyó en voz alta. De vez en cuando alguien le llama por teléfono y se cuelga media hora. Vino un amigo a tomar café. Vuelta a  escribir y leer.

El sol estará más quieto en unos días, se parará en el cielo, y todo entrará otra vez en movimiento.

Extiende sus lazos mi ama a través del teléfono, también con la otra máquina de la que sale luz. Teje una red amplia y densa, un círculo extenso. Habla con los vecinos, con los chinos del supermercado, con sus amigos, con su familia, con quien conoce ya y con quien no conoce siquiera. Se acuerda de unos y otros, de los que están cerca y, sobre todo, de quienes están ya lejos. Los tiene en su corazón. Y aprovecha la menor ocasión entre silencio y silencio.

Sol quieto, ama.
Sol muy quieto ya.

Precisamente porque necesita de la soledad y del silencio, busca luego la voz humana y el afecto en palabras y gestos, como los busco yo, su perra. Sociabilidad y apartamiento en extraña combinación: de uno en uno de tanto en tanto, en grupo también, después solas las dos y en silencio.

Por eso nos llevamos bien, nos entendemos,  las dos necesitamos de esos tres tiempos y espacios.

Llega el invierno, más luz a pesar del frío helador, más, como hoy, día  de sol espléndido en Madrid.

Sol quieto, se parará el firmamento, cambiará el universo y todo se hará de nuevo.
Cuarto domingo de Adviento. Faltan cuatro días para la Navidad. Esperando a la Luz con la luz ya del invierno.

PS: Las fotos son de Alejandro Schifferstein, tomadas estos días en los alrededores de Cerceda, creo.

jueves, 17 de diciembre de 2009

De libreros, libros y más (y 2)



Me interesan los cuadernos de notas de Henry James, pero también me cansan un poco ahora que estoy a punto de acabarlos y hasta me rebelan. Este tipo no tenía otra cosa que hacer que escribir, era rico por su casa, viajaba nada más y hacía "vida social". Así ya se puede escribir ¿no? Es broma, pero no lo es, en fin.

Me gustan muchos de sus cuentos, de novelas "Una vuelta a la tuerca" por encima de todos, "Las bostonianas" y "Daisy Miller" entre otros muchos. Y luego "Washington Square", que luego dio lugar a la película "La heredera", estupenda, de William Wyler, con Olivia de Havilland y Montgomery Clift. Ahí se ve un caso de mujer que se vuelve dura al final, de natural no lo era. Es espeluznante la escena final de la película con el advenedizo, Monty, que iba a por el dinero de una rica, eso es verdad, pero que quizá le podía hacer feliz. No está reñido casarse por dinero y hacer la vida agradable al otro al final ¿no? La lluvia mojándole, él llamando a su puerta y ella que no, subiendo al piso de arriba, con esa luz que va iluminando la escalera, poniendo distancia, dejando fuera al otro y a toda la casa en la oscuridad. Ay por Dios, chica, no seas así, ¿no le vas a dar otra oportunidad?

Henry James escribe muy bien. Es distante o pone distancia. Creo que es más bien lo primero, algo que le da elegancia, un rasgo importante, creo: no implicarse al escribir ficción, no juzgar o valorar, y mucho menos, dar moralina, un rasgo que me espanta y que, con las mejores intenciones, casi seguro, se repite desde lados muy distintos, es relativamente frecuente. Los excelentes y que se salen, Dostoweski y Tolstoi, de los que hablé con Ridao y que también me gustan mucho, tienen peso, fibra, pulso moral, pero sin discursito, sin ser obvios o previsibles. Me espanta la previsibilidad y lo ejemplar si no está contado por alguien genial, si lleva recado o mensaje, moraleja. A la vez Henry James es quizá demasiado frío de distante que es, me señala una amiga, M. Es posible que tenga razón. Tanta distancia puede acabar por cansar a veces ¿no? A veces quieres que la gente se manche al escribir, o al vivir también, es igual.

Vuelvo de Sevilla a Madrid y quedo con N., hace mucho tiempo que no hablamos. Nos tomamos un té y una tarta que no se la salta un gitano y luego le digo que estoy buscando, de nuevo, "El diario de Adán y Eva". Me lleva a una pequeña librería, Pérgamo, y me avisa antes de entrar que la dueña, Lourdes, me va a encantar. Así es. Entro y, naturalmente, no tienen el libro de Twain, pero me llevo otro, "Estación de lluvia" de un ecuatoriano que escribe como los ángeles, Javier Vásconez. La librera es tan encantadora, sabe tanto y habla con tanta pasión y amor de los libros, de los autores, que me fío inmediatamente de ella. Me cita a Jane Eyre, y ya quiero abrazarla, es una novela para mí fundamental. Y luego ella me cuenta que lee Macbeth una y otra vez. La llamo siniestra y nos reímos las dos. Me gustan las mujeres siniestras en ese plan, la muerte, el asesinato, algunas maldades de ese tipo, sólo en literatura, claro. Y el humor negro lo que más.

Me podía haber vendido más, pero me saca N. casi literalmente de la librería "¿Tú no estabas buscando el libro de Twain? Pues vamos, que te distraes... " Me hubiera quedado horas escuchando a Lourdes. La culpa la tiene él por presentarme a gente así, tengo que volver. Vamos a Diálogos en Diego de León y tres cuartos de lo mismo, Rocío me dice que no tienen "Diario de Adán y Eva". Tampoco en la Casa del Libro de Gran Vía ni en la de Orense, donde tienen a unos chicos jóvenes que son estupendos y que te ayudan muchísimo siempre.  Allí ya lo encargó al final, parece agotado, me tardarán 10 días, 4 llevaría si lo encargase a Amazon Reino Unido (7 a Amazon EEUU). Da que pensar ¿no?

Encargo también en Gran Vía este lunes otro libro, "El juglar de Nuestra Señora" de Michael Zink, precioso, con uno de sus cuentos felicitaré este año las Navidades. Lo voy a comprar para celebrar que al final no voy a trabajar para el grupo mediático ese tan importante y tan requetetán. Celebro todo, lo que debería celebrar y lo que no, me hace falta el dinero, pero pensándolo desde otro lado, siendo optimista, vamos, menos trabajo significa más tiempo para leer y escribir. Santa paz pues, ya saldrá lo que tenga que salir.

PS: Me llega un sms hoy, ha llegado el libro de Twain a Espasa Calpe de Orense. Mujer de poca fe... no ha sido tanto esperar. Ay, qué bien, qué contenta estoy.

PS2: Hoy, que tuve tiempo de transporte -o sea, de leer- avancé con Vásconez. Estoy pasándomelo fenomenal, es de lo mejor que he leído. Se lo tengo que enviar en cuanto lo acabe a alguien que sé que le va a apasionar, una prosa envolvente, duro, casi brutal, pero un escritor de impresión con un dominio fantástico del castellano. Tiene unas historias que te golpean y te echan hacía atrás, te sientes ko. Esta noche me lo acabo si Dios quiere. Lourdes me dijo que Vásconez se ha quedado sin editor después de una carrera amplia, rica, con mucho publicado, ¿será verdad? No lo puedo creer.

De libreros, libros y más (1)



Hablando el otro día de libros con los Mercuriales, me dice Manolo Haro que el libro de Diario de Adán y Eva de Mark Twain lo ha publicado en España Valdemar, que está en el Club Diógenes. Le agradezco el dato. Yo el libro entero no lo había llegado a leer, sólo fragmentos por internet y en audiolibro. Conocí el texto con la obra de teatro "Esta noche, el diario de Adán y Eva" que Miguel Ángel Solá y su mujer, Blanca Oteyza, pusieron en escena hace unos años y que vi por lo menos tres veces, cada una con personas diferentes. Me emocionaba tanto, que llevé a amigos distintos.

El jueves pasado fui a una librería en Sevilla con un amigo, y zas, encontré "El diario..." y se lo regalé a él, no pude menos. Creo que le puede hacer sonreír. Sorpresa, el libro contiene no sólo "El diario de Adán y el de Eva", sino hasta fragmentos del de Satán. Es apasionante, tan divertido y tan tierno, que me vio mi amigo que lo miraba con ojos golositos tras regalárselo y me aviso "No te lo voy a dejar hasta que lo acabe. Te lo quito de delante que te temo, capaz eres de quedártelo ahora". Tenía razón. Ya estaba pensando cómo birlárselo sin que se diese cuenta.

Compro también en esa librería con un lío de espanto, Beta, creo, sin apenas personal, están desbordados los pobres, los diarios de Henry James que JJP me ha recomendado leer para hacerme idea de cómo trabajaba el escritor, "Cuadernos de notas, 1878 -1911" publicado por Destino. Es apasionante. Me zampo un tercio del libro en tres días y luego estoy agotada de tanta nota y tanto personaje o trama que le "salía" de conocer a gente, de historias reales que le contaban, de lo que observaba. Lo apuntaba casi todo. Era meticuloso, trabajaba mucho antes de escribir, notas sobre todo. Y escribía luego una barbaridad, sin parar, cuentos, novela, crítica, etc.

Entiendo lo que me decía JJP y pienso en el modo mejor de hacerlo. Antes de sentarse a escribir hay que tener mucho de notas, mucho trabajado, mucho escrito de qué quieres hacer en cada capítulo, con cada personaje, la arquitectura del cuento o de la novela, hasta pequeños detalles de diálogos, tramas, subtramas, anécdotas incluso. Luego se cambia, pero a menudo hay un material previo de mucho peso que se hila a veces o se va metiendo, o se descarta. No se tira nada, pero se aparta mucho de lo que se escribe, se deja de lado, en novela, en cuento, en todo. Y antes de escribir se piensa muchísimo y se observa más, el trabajo a veces más duro.

Me acuerdo de ese cuento precioso de Joseph Campbell "Professor Sea Gull" que luego llevaron al cine (El secreto de Joe Gould). Vas en el metro en Madrid y hay historias de patas largas que te asaltan, que piden "cuéntame, cuéntame, cuéntame". El metro es terrible, es el peor lugar para leer porque hay tantas caras a las que puedes mirar, frente a frente, el rato que te toca, claro está que cuando no hay mucho lío, cuando se va sentado. Siempre con el cuaderno en  la mano, ojos y oídos abiertos, curiosidad.