Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

martes, 1 de febrero de 2022

Mandoble y abrazo

Lo hablaba hace unos días con amigos. A mí me gustan tanto los columnistas de, llamémosle, mandoble como los del abrazo. Y los del meneíto. Como me pasa con la literatura o el cine. Va por rachas. O momentos. Voy a explicarlo. 

Nota al margen: salvo lo cursi, creo que me gusta todo y todos. Cursi = impostado. Impostado = petardo. 

Mandoble. O directamente un puñetazo. Esa escritura que te despierta, una arenga a veces, las más un ya está bien, despierta. Otras, una bofetada o un cachetillo de realidad, con eso basta. La realidad, entera o por partes, es incómoda a veces y no gusta nada. La propia mayormente, la de los demás la podemos ver con una claridad meridiana y no nos suele doler (tanto). Luego hay teorías y hay realidades. La buena ficción es realidad siempre.

Como los profetas, que daban en diana, y que no eran el tipo de personas que invitarías a comer a tu casa (por si acaso te cantaban las 40, cómo va a ser malo estar con una mujer que no es la mía, si yo estoy con una que no es la mía y no soy malo),  hay personas que dicen -escriben- verdades muy incómodas. Y eso que escriben es importante porque no se dice, no se cuenta. En algunas ocasiones esas personas son imprescindibles porque son Cassandra. 

Vaya por delante que puedo leer a Bloy, pero no puedo con Houllebecq, me da un repelús de espanto. Y sé que debería leerle, pero me resisto, a ver si este verano. Me pasa con otros, pero habitualmente son los que considero cursis, que son de otro negociado. 

Me ha gustado After Life, y eso que no soporto el lenguaje, pero re-conozco algo ahí. Como me ha pasado como Upright, una maravilla.  Prefiero el nihilismo a los unicornios. Y la desolación y la huida a considerar que aquí no ha pasado nada, circulen, next. Perder a quien es carne de tu carne es literalmente insoportable. La fe está y se la espera, claro, pero ese desgarramiento no te lo quita nadie. Y son desgarramientos. La vida es a menudo desgarrarse. Y te reconoces cuando ves un desgarro. 

El abrazo, el calorcito. Personas que escriben y, como resultado de mucho trabajo (no sale esa literatura sea ficción o no así como así, el mandoble es teóricamente más fácil, la garra -y no digamos la simple puñalada- siempre está tirada), tú sientes que aquello te abraza como una madre. Bueno, como algunas madres. Como algunos padres también. Ves aquello, lo vives si es ficción, pero sin angustia, sin desolación. Si hay dolor -que lo hay, no es La casa de la pradera-, aquello es soportable. Y es tan verdad como la escritura o el cine de mandoble. A veces necesitamos justo eso: un simple abrazo. Con un abrazo a una se le quitan algunos males o los encaja. Y vuelve a casa o se siente en casa. La vida es, afortunadamente, que te abracen. Necesitamos también poder re-conocernos en un abrazo. 

El meneíto. Una de cal y otra de arena. Y como cualquiera que cocine sabe, el meneíto en la cocina es clave. Con la vitro hay que tener cuidado, la rayas. Pero con el fuego vivo (de gas o de leña,  mil veces mejor el fuego vivo siempre), das el meneíto para que aquello ligue sin meter la cuchara, o para que aquello no se pegue. O para que el salteado... salte. 

Uno escribe como es y como sabe. Y también lee y mira como es y como sabe. También se puede escribir y leer como te gustaría ser, pero no eres (no eres de ninguna manera o no eres aún). 

Lo cursi es lo que  más me cuesta . Es atávico, me genera un profundo rechazo (señal inequívoca de que hay una cursi en mí; si aquello que ves te pone nerviosísima, es que lo tienes fijo).  Creerse uno su propio personaje. Y creárselo antes, alimentarlo, engordarlo. Eso es para mí ser un cursi redomado. Que, además, suele acabar siendo devorado por su creación. Ya, grandes escritores lo hicieron o lo hacen, me dicen. Me es igual, son cursis, impostados, o sea: profundamente plastas. 

Leí a Umbral y lo mejor que tiene es Mortal y rosa, donde es lo que es: un padre desgarrado. Todo lo demás para mí son bonitos fuegos artificiales, una figurilla que él se hace, un soberano petardo (Dios me perdone y le tenga a él de su mano).

Pero es que además uno puede acabar no ya como Umbral, mal, sino como Anson, peor. Así que cuidado. 

 



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