Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 29 de marzo de 2021

Sic transit gloria mindundi (18 marzo 2021)

Vivimos en una sociedad que necesita continuos chutes emocionales. Me acuerdo de aquel chiste, "Había entusiasmo, pero no indescriptible". Ojalá. Los mismos que pusieron la peana a una santa hace un par de años, ahora oh, ah, es que es espantosa, y vuelven a ponérsela a otra, a otro. Apago la radio. No quiero oír a nadie. Y la televisión igual. Ayer un tipo se paseaba diciendo que él no quería firmar una moción de censura, que le obligaron, pero que claro... que ahora votaría a la que ha censurado.

Víspera de San José. Por estos días ya se nota la primavera hasta en Ávila. Las yemas de los chopos engordan y se pongan rojas, granates, aunque faltan unas semanas para que abran. Y sí, dependiendo del calor y de las heladas, también se preparan los lirios morados en medio del descampado y que asocio tanto a Semana Santa, aquel jardín casi toscano de Boecillo con todos ellos brotados un 12 de abril.

Hablo con Carmen. El otro día con Ana. Le pido a Gonzalo que me abrace. Una de las cosas más duras de esta pandemia es lo de no tocarse, no ya el beso de cortesía al aire cuando nos saludamos, el abrazarte. Todos necesitamos ánimo, la voz sirve, pero mejor verse de verdad, sin una pantalla. Y el contacto físico, un simple abrazo.  

Pienso en los ancianos a los que no toca nadie, ahí solitos en una residencia, sentados, sin un abrazo desde hace un año. Mientras, leo sobre el método canguro y el piel con piel de los niños prematuros, en fin. 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Sic transit gloria mindundi (17 de marzo 2021)

Me quedo pensando sobre el espanto de la gala de los premios del cine francés, los César, este año. Una mujer como de mi edad (iba a poner "mayor", pero no quiero ofender a nadie) desnuda ensangrentada con dos tampones como pendientes reivindica no sé qué. La imagen es tan desagradable, que no creo que lo que pudiera reivindicar sea ni escuchado ni entendido, repele. 

Hay algo muy perverso en lo feo, en el feísmo, y especialmente perverso cuando somos las mujeres las que lo protagonizamos. Lo peor es la corrupción de lo mejor, no recuerdo bien si es Santo Tomás de Aquino quien lo escribió. Creo que hay algo profundamente antinatural en que una mujer acepte (y mucho menos que quiera) ser mostrada así: espantosamente fea. 

Recuerdo el libro "Erótica y materna" de Migliarese, ese equilibrio para alimentar la parte del yo de una mujer que necesita sentirse querida, deseada, admirada, junto a esa otra parte de nuestro yo que nos pide alimentar a terceros, que algo contigo o en ti crezca, sea. 

Romy Schneider en la primera gala de los premios Cesar
Romy Schneider en la primera gala de los premios Cesar

Algo va muy mal para que nuestro eros quede invisible en esa mujer ensangrentada (o en otras variantes de feísmo tan frecuentes: freakismo, mujeres como muertas de delgadas, o al revés, gordas de espanto, etc.) o cuando el eros se resuelve en esa caricatura de mujeres mirándose eternamente embelesadas y narcisistas hasta el extremo. Algo se va por el sumidero por otro lado cuando nuestra maternidad -que no es sólo la biológica, desde luego- se tapa y se niega de la peor manera, se elimina si molesta. Ese horror de la mujer ensangrentada, muerta o embelesada consigo misma, profundamente pelma, y el aborto son distintas caras de la actual sepultura cultural de la feminidad, de las mujeres. 


Repaso las fotos de los César, de los premios Donatello y de los Oscar y veo que la quiebra estética aparece en los 70. Hasta entonces había como una contención o un algo de aspiración a la belleza, de celebración con y en ella. Y sí, también hasta los 70 no te metían un peñazo de discursos reivindicativos los actores o quien fuera, no te querían concienciar en galas, lo harían en su tiempo libre y no en su trabajo (leí hace tiempo a un actor que decía que todos esos eventos son trabajo y como trabajo había que tomárselos). 

Día de San Patricio hoy y me acuerdo de mis dos largos veranos irlandeses y de Sean, Claire, Ruth y de  mis sobrinos que compartieron conmigo esos días. Dios bendiga Irlanda y San Patricio nos libre a todos de las serpientes. 

Ayer y hoy dos días espléndidos aunque fríos en Ávila. Los herrerillos, los mirlos y un par de jilgueros, buenos pandilleros que son, muy activos, también el petirrojo que nos visita. 

martes, 16 de marzo de 2021

Sic transit gloria mindundi (I) 16 de marzo 2021

La idea del título me la dio Carlos, y antes, de refilón, para el contenido, Rafa, que creo que iba de choteo o con retranca. Unas líneas, nada, ni a dietario o diario llega. Una mirada sobre lo que sucede por dentro y  por fuera. 

"Sic transit gloria mundi" y de fondo una calavera o una naturaleza muerta (yo preferiría viva) con algo, Dios lo quiera, de humor. Si uno se mira por dentro sabe que no se puede fiar mucho de los vaivenes. Desde luego no de los internos, pero ni siquiera de los externos, que menuda temporadita llevamos. De ahí el Sic transit gloria mindundi, no llega a mundo, sino al sujeto.  A ver, que en dos generaciones de nosotros no quedará nada en esta tierra.

Vino ayer Ignacio y anduvimos por Campoazalvaro con la perra. Da gusto verle porque siempre está sereno. Hacía un sol espléndido y no había apenas gente.

Escribí un poco, le di vueltas a un par de temas. Leí otro poco. Luego me puse a cocinar una tarta de obleas experimentando con 3 rellenos. Las obleas esas de barquillero estoy segura que pueden dar de sí, tengo que dar en la tecla. Viendo el otro día a un cocinero que me encanta (porque es alegre y no se toma en serio), Gipsy Chef, me animé a probar. Colgué lo que hice en instagram con mis fracasos -si el relleno es húmedo, por poco que sea, se quedan chiclosas las obleas, ay- y lo que he aprendido. La cocina enseña con equivocaciones y aciertos. 

Hoy hablo con un conocido al que llamo de repente porque me digo que de hoy no pasa (o pasarán 4 años de nuevo). Jubilado ya, me cuenta que no quiere "ser viejo" si eso implica no tener proyectos y quejarse todo el tiempo. Siempre me acuerdo de Lutero y su hombre (¿corazón decía?) curvado sobre sí mismo, la gran tentación que puede aparecer como consuelo. Quedamos en hablar otro día viéndonos por zoom o algo. 

Muere el abuelo de mi futura nuera. Tenía un huerto maravilloso con esos tomates que saben y hasta azafrán, que me trajo un día Elena. Y un merendero del que me habla entusiasmado mi hijo Adrián, como se tiene en muchos pueblos en Valladolid, un lugar para tomar lechazo con la familia y los amigos, esa mesa celestial en lo terreno. 

miércoles, 10 de marzo de 2021

Escuchar

 Lo más difícil. No escuchamos. Te cuentas y te repites tu historia, tu propio relato. 

De ahí el "escucha, oh, Israel" que se repite tanto en la Biblia.