Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 9 de febrero de 2026

De a pocos / Adanismo y nostalgia... católica

En casa por motivos económicos para diario tenemos un vino decente, pero francamente barato. No está mal, pero claro, te traen un vino bueno amigos o familiares y notas la diferencia. Te lo bebes despacio, algunos muy despacio, paladeando, saboreando. 

Qué cosa tan buena es un vino bueno y cuánto agradezco esos regalos. 

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Creo que fue por Jorge Soley como me llegó noticia del libro de Gabrielle Bossis "Él y yo". 

Llevo con él unos cuantos meses. Como el buen vino que nos regalan necesito tomarlo a pequeños sorbitos por lo rico que es, también porque, como esos vinos buenos, si me lo bebo de golpe caigo ko. 

Es impresionante, es ese lenguaje de la alcoba que decía Simone Weil frente al lenguaje de la plaza

Yo quiero aspirar a eso, a tratar a Jesús como ese alma, con ese amor esponsal, delicadísimo. 

Se puede estar casada y querer mucho a tu marido y entender que Jesús nos busca a cada uno con ese amor personal y pide lo mismo: una correspondencia total y enamorada. 

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Acabé el trabajo para la asignatura de Historia de la Iglesia Antigua y Medieval, un comentario de diversos textos sobre la importancia de conocer la historia.

Leí, además, para atinar mejor en el comentario a Sánchez Saus, "Dios, la historia y el hombre. El progreso divino en la historia" y de él pasé a Fco. Contreras Peláez, "El concepto de progreso: de San Agustín a Herder", tan interesante. Y como de oca a oca, de Contreras a San Agustín, ya sin intermediarios. 

Empecé "La ciudad de Dios", pero tenía que entregar ya el trabajo y me liaba: me pasa siempre, una lectura lleva a otra y me lío y no acabo. 

Mis dos conclusiones bobas y ralas tras lecturas tan buenas es que podemos caer en el adanismo católico, ese creernos que con nosotros llegó el culmen de la autenticidad en la práctica de la piedad y la fe o, por el contrario, en la nostalgia, mirar al pasado como un tiempo mejor.

Sí, más conclusiones de las lecturas y el trabajo, claro: qué es el progreso, la Providencia como progreso, la Salvación... En fin, mucho más interesante, ¿qué es el tiempo?, ¿los tiempos?, ¿hay un progreso en la humanidad, en la historia y en qué consiste eso para un creyente?...


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Al adanismo católico tienden, creo, más los jóvenes, así dicho a lo burro, o quienes no tienen recuerdo de aquella fe de sus padres, que se cortaba. No tienen recuerdo porque no practicaban o porque su fe era la de ateos prácticos o algo de costumbre, no de corazón.

El adanismo puede ser también cuestión -un tic, más bien- de algunos conversos que encuentran un mediterráneo (porque es verdad que lo encuentran, claro).

En todo caso, el adanismo es un signo de los tiempos y los católicos no somos ajenos: ese creer que hasta que tal movimiento o tal práctica de piedad llegó la gente tenía una fe de segunda clase, su piedad era impostada, que sólo con tal concilio la Iglesia llegó a enterarse. Que tú eres un católico ya fetén en comparación con ese ("aquel") catolicismo de ¿beatas?, ¿obligado?...  

Esto se respira a menudo, es una ingenuidad, un modo de egocentrismo, tan actual, pero también una lata. 

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Por el contrario, a la nostalgia (y al manotazo a veces indiscriminado a "lo de hoy") tendemos algunas personas entre las que me encuentro. Tengo que luchar con todas mis fuerzas contra ella: soy plenamente consciente de que es, al fin y al cabo, otra bobada, y una trampa. Y no lleva a ninguna parte.  

¿Por qué la nostalgia? ¿Por qué esa idealización del pasado o esas afirmaciones a veces sumarias al valorar "esta época"? 

Como el adanismo a menudo, tiene que ver también  con la propia biografía. Así se lo he contado en el trabajo al profesor (que va a pensar que estoy como una cabra). 

La verdad es que la gran mayoría de las posiciones "intelectuales" (ideas)  tiene que ver con lo vivido uno, así somos... Nuestra fe está hecha no sólo de "lo que pensamos", sino de lo que hemos experimentado que nos lleva a pensar de un modo determinado. 

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El otro día hablando con amigas les contaba que no tengo ni un mal recuerdo de mi infancia. Ni uno. Supongo que los he borrado, porque alguno tendría que tener, tampoco viví entre algodones... ¿o sí?

La infancia es nuestra verdadera patria, creo que la cita es de Rilke. Pero le hago una enmienda: es nuestra verdadera patria cuando esa infancia fue cálida, agradable, rodeada de amor, sin dramas, sin problemas. ¿Los hubo? Los he olvidado.  

Y entonces sucede, a medida que pasan los años, que vas idealizando más y más tu infancia. Y todo lo que perteneció a ella, lo que la rodeó. te parece "mejor". Incluida la fe de tus padres, su ejemplo, su piedad. Y claro, te entra la risa con los adanistas de nueva ola.

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A esto puede sumarse que con los años se puede una sentir "expulsada del mundo" porque profesionalmente cuentas para poco, porque tu opinión o lo que sabes no es "importante", porque te explican como gran descubrimiento desde lo que es el batch cooking al sun drying: aplíquese a todo, libros, "descubrimientos" políticos -los conversos políticos son encantadores, pero a veces son un peñazo-, es igual... Los boomers o quienes sean no se enteraron ni enteran de nada. 

 Y cuando una se siente expulsada la tentación puede ser decir "me bajo"...

Pues eso, que la nostalgia también en el terreno de la fe es un peligro constante y una tentación mala. 

No puedo compararme con la fe de mis padres. No debo. Ni para bien ni para mal. Tampoco en lo que respecta a la Iglesia conviene hacer juicios sumarios ni en un sentido ni en otro...  

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Ser adanista es ser bobo de remate -aunque con la edad, con un poco de cabeza y ver un poco más de mundo suele pasarse-, pero no podemos caer en la idealización del pasado ni en el manotazo indiscriminado. Por eso conocer la historia es importante. Y la historia de la Iglesia apasionante.  

Leyendo el manual de Historia de la Iglesia este verano vi clarísimamente que todo ya ha pasado. 

He titulado mi trabajo con aquella frase de Historia de dos ciudades de Dickens "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos"... Basculamos a veces entre estas dos afirmaciones. 

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"Decid vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores, y los tiempos serán mejores: vosotros sois el tiempo" (Sermones de San Agustín, 8, 8)

Qué paz da estudiar Historia de la Iglesia. Cuantísima, también, esperanza. 

miércoles, 28 de enero de 2026

El pedigrí


Hace ya dos meses que tenemos a Nebraska, chucha donde las haya. La perra más rara que he tenido nunca, con doce años de Protectora —la acogieron con semanas— es normal que sea eso, pelín extraña: no se alegra por las mañanas cuando le abro el cuarto, no busca caricias aunque las va aceptando—, no juega (no sabe jugar, ay).

Paciencia, se hará a nosotros y a la casa. 

Uno de mis hermanos dice que es una perra existencialista. Pues es posible que sea lo que (también) le pase, no digo que no. 

Para superar el existencialismo hace falta alegría, así que le hacemos fiestas, le hablamos, le cantamos; bueno, yo le canto en los paseos y en casa. 

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Me encantan los perros en general. Aunque siempre tengo chuchas, mil leches, mestizas, me chifla todo perro, también, claro, los de pura raza. 

Tenemos unos amigos en Carnota que tienen una perra preciosa, tamaño mediano, marrón oscuro, casi negro, que al sol se hace dorado. Se llama Cata, y es de una raza purísima cuyo nombre, naturalmente, he olvidado. Cata está como una auténtica cabra, agotadora ha sido criarla. También me gustan los Weimar, esa elegancia, ese pelo de terciopelo gris que parece que te has encontrado con todo un príncipe alemán por el barrio. Wie geht es ihnen? 

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Muertos de risa en casa intentando ver "de dónde" puede proceder Nebraska nos hemos inventado un pasado fantástico de un genuino pastor de Picardía (región de Francia y raza de la que yo ignoraba todo) que en un paseo por España vino a dar con una muchacha (perra)... y surgió el amor. Y "surgieron" también Nebraska y sus hermanos (California y Maine, sí, les pusieron esos nombres a los tres los de Huellas, la Protectora de Ávila). 

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Y todas esas tontadas me han venido a la cabeza por ese pedigrí ideológico, familiar o lo que sea que parece que impregna las cabezas de los tontos más tontos... del barrio. 

Uno es hijo de sus padres sin mérito ni tampoco "culpa" alguna por su parte. Quiero decir, que nacemos donde nacemos sin hacer nosotros nada por nuestra parte. Te tocan los que te tocan. Y luego tú haces lo que haces con lo recibido, con lo dado, con tu libertad y tus actos. No estás abocado a repetir los "errores" de tus padres, ni siquiera a andar su (buen) camino. Aunque es cierto que al que mucho se le dio, mucho se le pedirá... 

Pero como hoy hay más bobos que botellines, parece que hay que hacer gala de pedigrí... me es igual, democrático, pobre, más bien pobrista, acorde con el llamémoslo "mainstream". En general se trata de crear un relato.

La cosa viene (ya) de largo. Y los que tenemos muchos años nos acordamos. Fue llegar la democracia y de repente todo el mundo había luchado contra Franco, padecido muchísimo a Franco (que se murió en la cama). Todo el mundo había corrido delante de los grises. Hubo transformaciones geniales, rapidísimas, en menos que canta un gallo se pasó de delegado de Falange a socialista; en fin, hay muchos ejemplos que hoy se han olvidado. 

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Agradecer unos buenos padres es parte de la hidalguía de la que tan bien escribe Enrique García - Máiquez. Si has tenido la suerte de que fueran buenos, generosos, trabajadores, es lo suyo. Pero, como es evidente, no siempre pasa... Y a menudo también "se cubre" con un manto la desnudez de tu propio padre y no la expones ante cualquiera. No es vergüenza, es, creo, otro modo muy alto, finísimo, de hidalguía  (como hicieron los buenos hijos de Noé con su padre). 

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El cuarto mandamiento para mí es uno de los más importantes porque tiene que ver también con la piedad, y la piedad es la base de cualquier civilización que sea eso: civilizada. Pienso mucho sobre la piedad últimamente, no sé qué me pasa. 

Pero una cosa es el cuarto mandamiento y honrar a tus padres vivos... y muertos el mandamiento es constante, como mejor una puede y sabe, y otra generar un relato para quedar bien

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Somos habitualmente chuchillos todos. Quiero decir, que somos una mezcla, como es mi Nebraska. En nuestras familias no hay "pureza de sangre" ideológica ni de nada. ¿Quién no ha tenido un abuelo, un antepasado, lo que sea, liberal, carlista, sindicalista, falangista, comunista, socialista, me es igual? Es posible que predomine un color, el que sea, en el pasado o en la actualidad, pero... ¿quién no ha tenido un tío crápula? 

Jugamos mezclados porque cada uno, cada uno, somos, también, una mezcla, muchas capas. Se puede rezar el rosario diariamente y que te encante el music hall y el llamado teatro de variedades, que le encuentres su gracia... (al rosario y a las variedades). 

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Seguiré informando de si Nebraska aprende a jugar o sigue siendo una perra existencialista. No pasa nada. Se puede ser existencialista sin dar eso, la vara... Todo siempre menos dar la vara.




martes, 14 de octubre de 2025

Tantas alegrías

Anita el año que la acogimos, la foto es de mi hija Marina. 

 La alegría mía del primer día por traerla a casa unos pocos días después de la muerte de Olimpia, ella despistada y mirándonos en el cuarto de estar de hito en hito, "¿Estos señores quiénes son y qué hago yo aquí?", flaquísima, mi hija al verme con ella le dijo a su hermano "La perra que Aurora ha sacado de la Protectora es una galga"...

El caos de los primeros días, se cagó un par de veces, nosotros preocupados por si no se adaptaba. Aquel cocido para cuatro que dejé en la cocina y que se zampó mientras estábamos fuera. Esa otra vez que la dejé en el jardín para evitar tentaciones y me la encontré en el campo de al lado de casa, escapada, toda una atleta saltando el metro y casi ochenta de nuestra valla, no sé cómo no se hizo daño o se rompió algo.  Y aquel día que entró en la cocina y encontró la harina, y aquello cuando volví parecía Breaking Bad, el morro suyo todo blanco. 

También recuerdo su miedo cerval a los hombres jóvenes, algunos recuerdos malos debía de tener. 

Creíamos que era muda hasta que pasados unos meses en Galicia un perro nos ladró desde lejos (nosotros en el coche) y ella contestó un tímido guau desde dentro del coche. Luego ladraba muy poco, un guau breve si alguien llamaba a la puerta y se volvía a meter, cobardona, en su cuarto: guardiana, lo que se dice guardiana, no ha sido... 

Esos saltos impresionantes, las ancas y el pecho puro músculo, acero, "Anita debe de tomar anabolizantes cuando no miramos", decía mi hijo, esa vitalidad siempre, desde que la acogimos, a los cinco años, hasta  los casi dieciséis que ha vivido, sólo un año y medio de deterioro y un mes malo, este último, malo. 

Y su alegría, sobre todo su alegría desbordante cada vez que 

a) Salíamos a dar un paseo

b) Me veía volver a casa

c) Le daba de comer... (y ese caldito que le he dado en sus últimos años, colágeno en vena)

d) Yo cocinaba (y ella en medio, invariablemente, no me he caído porque Dios es grande)

e) Veía a otro perro a lo lejos: no hay perro que no haya jugado con Anita... o al que Anita no le haya dado la lata "juega conmigo, pesado". 

f) Íbamos a la playa, Carrofeito, Carnota, para que se bañase: se ha bañado en ríos, mares y todo tipo de aguas casi para desesperación de Gonzalo (por la salubridad de algunas, claro). 

g) Entraba en mi despacho (ella dormía debajo de mi mesa) y la despertaba cada mañana. Cada mañana era alegre con Anita... ya lo escribí con Olimpia: ningún animal se despierta triste. 

Han sido diez años de alegrías diarias, tantas, tantísimas, que, pese a la pena que tenemos y el, sí, el desamparo que siento, no podemos más que dar gracias por lo buena perra que ha sido y todas las alegrías que nos ha dado.


miércoles, 1 de octubre de 2025

El amor primero

"Escribe el ángel de la Iglesia de Éfeso. Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos, tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate pues de dónde has caído... "

Me quedo pensando ante este texto del Apocalipsis 2, 1-5 estos días, el amor primero, que me viene continuamente al corazón mientras leo a Antonio Pareja Pascual y su "Invisible Pablo" sobre un profesor, un texto al que he llegado tras su libro de poesía, "La hermosa pobreza", y el de "Historias de la pequeña ciudad". Con los tres he disfrutado mucho (gracias a EGM). 

Ese amor primero por Cristo, también por el marido, por la enseñanza, por la catequesis, por todo eso que es respuesta a una llamada... y lo fácil que es que se "olvide" en tantos sentidos, o que quede ensombrecido por el peso de la vida, de las dificultades. A veces sólo es cansancio, hartura, acumulación... Me ha gustado muchísimo "Invisible Pablo" porque me ha recordado ese amor primero que hay que alimentar, que dar calorcito, al que echar pequeños palitos que mantengan el fuego encendido.

Tengo que escribirle al autor agradeciéndole sus libros. 

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Son los últimos días de Anita, no puede más, 16 años casi. Voy organizando las fotos, cuando llegó aquel 19 de diciembre de 2015, que parecía una galga de tan delgadita. Me dieron la perra que ellos quisieron en la Protectora, yo nunca elijo, explico cómo vivo y que me den la perra que ellos crean mejor, ésta vino con cinco años, como me pasó con Pepa y Olimpia, lo mío son las perras de edad "madura".

La veo saltando la valla de nuestra casa (metro y ochenta cm., no sé cómo lo hizo), comiéndose enterito aquel cocido para cuatro que me dejé en la cocina aquellos primeros días. Luego ya bañándose feliz en Carrofeito, andando hasta Brieva, plantada siempre en mitad de la cocina a ver qué caía. 

Han sido sólo este año y el anterior los del deterioro, el no poder subirse ya al coche, poner una rampita y ni con esas, los paseos cada vez más cortos por ese jadeo continuo, pincharla a ver si el dolor se le hacía más soportable.

Me está costando mucho este adiós. Algunas horas parece que está mejor, luego vuelve a jadear agotada, convulsiona con pequeños espasmos, el cuerpo lleno de quistes, no se sostiene en las patas traseras, se resbala y se cae sobre el culo. Sin saber bien qué pasa se me queda mirando, se queda también mirando al infinito a menudo. Duerme agotada luego todo el día después de noches dando vueltas por el dolor. 

Las tres reglas de Anita: estar encima de mí (literalmente), estar a mi lado... o saber dónde estoy. Mi trocito de tierra animada tan querida. 

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Me censura X una foto del retablo del Monasterio de Santo Tomás en Ávila, esa maravilla de Berruguete, también me censura una fabada que hago con lo que me trae Cuca. Me avisan que no pueden ver las fotos, me da la risa. ¿Será el Cristo que corona desnudo arriba del retablo? ¿Y en la fabada la grasilla del cerdo flotando provocativamente?