Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 8 de julio de 2024

Nadie conoce mejor una casa


Sí, todo es muy poético

y muy profundo

desde la mesa de tu despacho

mirando al monte

o a las musarañas

y escribiendo vaguedades.

 

¿Quién dijo qué?,

        ¿y dónde?,

               ¿y cuándo?...

 

Citas, autores, ensayos,

novelas, películas, poemas,

recuerdos, filósofos,

y hasta datos,

intentando armar un texto 

            incierto,

buscando eso: arraigo.

 

Pero yo te digo, boba,  

que quién mejor conoce una casa

metafísica y, por lo tanto,

poéticamente hablando,

es quien desvela 

el espacio y los objetos

de suciedad,

ese polvo que no sabes por dónde ha entrado,

y vuelve luego a velarlos

con la limpieza y el orden,

luz en medio del caos,

y los trae así de nuevo

a su ser exacto.

 

Es decir, dos puntos:

quien limpia esa casa.

 

La casa (del ser) es si es habitable.


Pero Heidegger no debía de pasar el polvo

ni hacer él el cuarto de baño.


Nota: (Dedicado a mi prima Concha, de la que me estoy acordando en este preciso momento de zafarrancho... y de mi santa madre, qepd,  poniendo orden en los armarios) 

domingo, 30 de junio de 2024

Un año. Ignacio en el cuarto de estar de su casa.

Hoy hace justo un año de la muerte de Ignacio. Le echamos de menos. Le echo mucho de menos. Pero estará tan contento, espero rezo, ahí, en la visión beatífica. Y, de vez en cuando (ni vez ni cuando, pero es igual), "acudiendo" en el momento preciso a nuestra misa, la de quienes estamos aquí en la tierra y nos acordamos de él justo cuando el Cielo se abre. 


***

Ignacio y su letra tan clara con todos los errores, una lista, del libro que traduje. Tomándose el tiempo y el cariño para señalármelos. 

Ignacio sentado en el sillón machacado por la gata,  el que está al lado del ventanal del cuarto de estar de nuestra casa, asediado por Anita, nuestra perra, olisqueándole y él tan paciente. 

Ignacio y esas tejas que nos traía siempre, las que tanto me gustan. Y yo escondiéndolas luego porque Gonzalo se las zampa a una velocidad inimaginable...  Y las pastas de Ignacio aparecían detrás de unas toallas en un armario meses después, y nos las comíamos muertos de risa. Esto varias veces. 

Ignacio y sus largos silencios rotos por alguna pregunta suya para que hablásemos nosotros. Ignacio atentamente escuchando rollos macabeos. 

Ignacio y sus llamadas de teléfono. Y su sonrisa amable y comprensiva. "Voy este lunes, como en vuestra casa..." Y su fino sentido del humor, tan elegante siempre.  

Ignacio y aquel día de febrero, sentado en su sillón de nuestra casa, cuando nos dijo que tenía cáncer.  Y luego el esto parece que funciona, o el ahora me dicen que tal y cual sin darle importancia. Ese año y algo. 

***

Ignacio en el cuarto de estar de su casa, con tanta paz, y aquel jardincito de abajo que elogiamos, era el portero del edificio quien lo cuidaba. 

Ignacio tomando su merienda en el hospital de la mano de uno de su casa, mermelada, "le gusta mucho"... Y le daba una cucharadita y luego otra. 

***

Ignacio, te echamos mucho de menos, te re-cordamos, de pasar por el corazón de nuevo, vaya. 

Estás en el cuarto de estar de la que es tu casa definitiva. No te mudas ya más. Te queremos. 



viernes, 28 de junio de 2024

Solomillo siempre

Hace que no tomo solomillo, de ese del bueno, ni recuerdo. La última vez estaba a 26 euros el kilo, así que debe de hacer ya mucho, muchísimo tiempo. 

***

La cosa viene a cuento porque creo que, si puedes permitírtelo, lo mejor es tomar solomillo. O jamón ibérico del bueno. O tomates de los que saben y están (también) a un precio imposible. 

Pero, "pudiendo", siempre lo mejor, siempre lo auténtico, el sabor ese real de la carne buena, de la fruta real que madura a su tiempo y no en una cámara metida, la pobre... 

Los pobres hacemos lo que podemos. 

***

Hace ya tres años aproximadamente, en primero del Máster de Humanidades en la Francisco de Vitoria, vino el profesor Ángel Barahona a darnos una clase invitado por el profesor Clemente. Fue otro de esos (tantos) momentos "eureka" del Máster. 

Los momentos eureka para mí no son los que descubro qué es el ente móvil -interesante siempre- o en qué consisten los accidentes, la teoría perfecta o menos perfecta de lo que sea, qué lista soy, que lo veo y lo entiendo (y qué bien este profesor que me ha ayudado a entenderlo) ... sino ese momento que algo que se te explica (bien) te apela: lo ves en tu vida, te llama, te sientes mirada por dentro. Es algo experiencial, que te explica o explica mejor el mundo que te rodea. No es algo sólo de fuera, es algo de dentro y fuera, los planos se cruzan. 

***

Ser catequista de niños de primera comunión es de las mejores cosas que me han pasado en mi vida. Lo digo como lo siento. Y una responsabilidad grande. Una hora a la semana, que se queda en 40 minutos reales, durante tres años unos 9 meses, da para lo que da. Le estamos dando vueltas. 

Resumiendo mucho: en primero "damos" el Antiguo Testamento (AT), en segundo, la vida de Cristo, y en tercero, vida moral, sacramentos y la propia misa de modo detallado (aunque luego todo está mezclado, este resumen es muy burdo).

El caso es que mostrar el AT es complejo porque nuestra (la mía para empezar) lectura (mirada) puede ser simplista. Los niños tienen entonces 7 años. La tentación de hacer una tontadita pasa igual con las clases que puedas dar sobre lo que sea a adultos está ahí siempre. 

A veces es que, como adulta y creyente, te faltan hasta las herramientas a ti misma para leer ver, mirar, contemplar y entender de qué va el AT sin Hollywood de por medio o cuentecitos. Verlo y verse, vernos. 

***

Hoy escuché el "especial" Dalroy (1 de 5) con Rubio y Huvelle con Barahona. Y fue otro momento eureka. Espero con muchas ganas los siguientes. El solomillo es de primera. Vamos a ver de qué modo podemos servírselo a los niños, aunque haya quizás que cortárselo porque todavía no manejan bien el cuchillo. O no. 

Quizás es tan bueno el solomillo que tenemos que nos liamos nosotros solos primero. Hay que mirar al solomillo con ojos nuevos. El presupuesto no es problema. El dinero lo tenemos. Y la carne esa tan rica, tan verdad... 




martes, 18 de junio de 2024

La viña y el velo

Las lecturas del Antiguo Testamento estos días pasados han sido bestiales. Cinematográficas algún día, Elías ahí frente a los 450 sacerdotes de Baal, las dos piras, los sacerdotes desesperados porque la suya no ardía, Baal no les hacía caso. Y luego hiriéndose ellos mismos... y la pira con el sacrificio de Elías que va y arde.

Elías y los sacerdotes de Baal. Lucas Cranach el Joven. 
Ayer, de nuevo, otra lectura larga y cinematográfica, esa Jezabel que trama maldades para que se quede con la viña de Nabot su marido, el rey Acab. Pequeño detalle de Acab en la cama enfurruñado como si fuera un niño y sin comer porque Nabot no quiere vender de ninguna manera la viña de sus padres. Y Jezabel que le dice que coma, que ya se encarga ella... Uf, me ha recordado muchísimo a Macbeth. 

La foto es de un viñedo de Hermanos del Villar en Rueda.
Hacen un vino estupendo, Oro de Castilla.
Y son primos segundos míos.

***

El dolor se vuelve más suave, pero no desaparece. Y en misa es cuando notas más alivio y esperanza. Se lo comento a una amiga a quien le pasa igual. Voy a misa por lo que implica, recibimos a Jesús en cuerpo y sangre, pero también porque noto a mis padres y familiares, a tantos amigos queridos.  

Es a partir del Sanctus: sabes entonces que el velo se rasga, que el cielo se abre y estamos ahí la iglesia militante y ellos, esperamos, en el cielo alabando y, a la vez, pudiendo tocarnos casi. Notas sus dedos, sabes que queda menos y que ellos no te soltarán de su mano. 

Don Alejandro siempre nos conmueve con esa petición suya que no olvida en ninguna misa: por quienes nos precedieron, por el don de la fe, gracias a Dios y a ellos estamos aquí. Y es así. 

***

A las nueve de la noche de nuevo estaba. Le pregunté luego su nombre y su edad, doce, con pantalón corto iba, guapo como un sol. Toca el violonchelo y tiene que repasar este verano algunas asignaturas del conservatorio. Seis hermanos tiene. Hincado de rodillas rezando el rosario ante el Santísimo. Cómo no emocionarse. Le di las gracias.