Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.

lunes, 9 de febrero de 2026

De a pocos / Adanismo y nostalgia... católica

En casa por motivos económicos para diario tenemos un vino decente, pero francamente barato. No está mal, pero claro, te traen un vino bueno amigos o familiares y notas la diferencia. Te lo bebes despacio, algunos muy despacio, paladeando, saboreando. 

Qué cosa tan buena es un vino bueno y cuánto agradezco esos regalos. 

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Creo que fue por Jorge Soley como me llegó noticia del libro de Gabrielle Bossis "Él y yo". 

Llevo con él unos cuantos meses. Como el buen vino que nos regalan necesito tomarlo a pequeños sorbitos por lo rico que es, también porque, como esos vinos buenos, si me lo bebo de golpe caigo ko. 

Es impresionante, es ese lenguaje de la alcoba que decía Simone Weil frente al lenguaje de la plaza

Yo quiero aspirar a eso, a tratar a Jesús como ese alma, con ese amor esponsal, delicadísimo. 

Se puede estar casada y querer mucho a tu marido y entender que Jesús nos busca a cada uno con ese amor personal y pide lo mismo: una correspondencia total y enamorada. 

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Acabé el trabajo para la asignatura de Historia de la Iglesia Antigua y Medieval, un comentario de diversos textos sobre la importancia de conocer la historia.

Leí, además, para atinar mejor en el comentario a Sánchez Saus, "Dios, la historia y el hombre. El progreso divino en la historia" y de él pasé a Fco. Contreras Peláez, "El concepto de progreso: de San Agustín a Herder", tan interesante. Y como de oca a oca, de Contreras a San Agustín, ya sin intermediarios. 

Empecé "La ciudad de Dios", pero tenía que entregar ya el trabajo y me liaba: me pasa siempre, una lectura lleva a otra y me lío y no acabo. 

Mis dos conclusiones bobas y ralas tras lecturas tan buenas es que podemos caer en el adanismo católico, ese creernos que con nosotros llegó el culmen de la autenticidad en la práctica de la piedad y la fe o, por el contrario, en la nostalgia, mirar al pasado como un tiempo mejor.

Sí, más conclusiones de las lecturas y el trabajo, claro: qué es el progreso, la Providencia como progreso, la Salvación... En fin, mucho más interesante, ¿qué es el tiempo?, ¿los tiempos?, ¿hay un progreso en la humanidad, en la historia y en qué consiste eso para un creyente?...


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Al adanismo católico tienden, creo, más los jóvenes, así dicho a lo burro, o quienes no tienen recuerdo de aquella fe de sus padres, que se cortaba. No tienen recuerdo porque no practicaban o porque su fe era la de ateos prácticos o algo de costumbre, no de corazón.

El adanismo puede ser también cuestión -un tic, más bien- de algunos conversos que encuentran un mediterráneo (porque es verdad que lo encuentran, claro).

En todo caso, el adanismo es un signo de los tiempos y los católicos no somos ajenos: ese creer que hasta que tal movimiento o tal práctica de piedad llegó la gente tenía una fe de segunda clase, su piedad era impostada, que sólo con tal concilio la Iglesia llegó a enterarse. Que tú eres un católico ya fetén en comparación con ese ("aquel") catolicismo de ¿beatas?, ¿obligado?...  

Esto se respira a menudo, es una ingenuidad, un modo de egocentrismo, tan actual, pero también una lata. 

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Por el contrario, a la nostalgia (y al manotazo a veces indiscriminado a "lo de hoy") tendemos algunas personas entre las que me encuentro. Tengo que luchar con todas mis fuerzas contra ella: soy plenamente consciente de que es, al fin y al cabo, otra bobada, y una trampa. Y no lleva a ninguna parte.  

¿Por qué la nostalgia? ¿Por qué esa idealización del pasado o esas afirmaciones a veces sumarias al valorar "esta época"? 

Como el adanismo a menudo, tiene que ver también  con la propia biografía. Así se lo he contado en el trabajo al profesor (que va a pensar que estoy como una cabra). 

La verdad es que la gran mayoría de las posiciones "intelectuales" (ideas)  tiene que ver con lo vivido uno, así somos... Nuestra fe está hecha no sólo de "lo que pensamos", sino de lo que hemos experimentado que nos lleva a pensar de un modo determinado. 

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El otro día hablando con amigas les contaba que no tengo ni un mal recuerdo de mi infancia. Ni uno. Supongo que los he borrado, porque alguno tendría que tener, tampoco viví entre algodones... ¿o sí?

La infancia es nuestra verdadera patria, creo que la cita es de Rilke. Pero le hago una enmienda: es nuestra verdadera patria cuando esa infancia fue cálida, agradable, rodeada de amor, sin dramas, sin problemas. ¿Los hubo? Los he olvidado.  

Y entonces sucede, a medida que pasan los años, que vas idealizando más y más tu infancia. Y todo lo que perteneció a ella, lo que la rodeó. te parece "mejor". Incluida la fe de tus padres, su ejemplo, su piedad. Y claro, te entra la risa con los adanistas de nueva ola.

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A esto puede sumarse que con los años se puede una sentir "expulsada del mundo" porque profesionalmente cuentas para poco, porque tu opinión o lo que sabes no es "importante", porque te explican como gran descubrimiento desde lo que es el batch cooking al sun drying: aplíquese a todo, libros, "descubrimientos" políticos -los conversos políticos son encantadores, pero a veces son un peñazo-, es igual... Los boomers o quienes sean no se enteraron ni enteran de nada. 

 Y cuando una se siente expulsada la tentación puede ser decir "me bajo"...

Pues eso, que la nostalgia también en el terreno de la fe es un peligro constante y una tentación mala. 

No puedo compararme con la fe de mis padres. No debo. Ni para bien ni para mal. Tampoco en lo que respecta a la Iglesia conviene hacer juicios sumarios ni en un sentido ni en otro...  

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Ser adanista es ser bobo de remate -aunque con la edad, con un poco de cabeza y ver un poco más de mundo suele pasarse-, pero no podemos caer en la idealización del pasado ni en el manotazo indiscriminado. Por eso conocer la historia es importante. Y la historia de la Iglesia apasionante.  

Leyendo el manual de Historia de la Iglesia este verano vi clarísimamente que todo ya ha pasado. 

He titulado mi trabajo con aquella frase de Historia de dos ciudades de Dickens "Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos"... Basculamos a veces entre estas dos afirmaciones. 

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"Decid vosotros que los tiempos son malos, sed vosotros mejores, y los tiempos serán mejores: vosotros sois el tiempo" (Sermones de San Agustín, 8, 8)

Qué paz da estudiar Historia de la Iglesia. Cuantísima, también, esperanza. 

miércoles, 28 de enero de 2026

El pedigrí


Hace ya dos meses que tenemos a Nebraska, chucha donde las haya. La perra más rara que he tenido nunca, con doce años de Protectora —la acogieron con semanas— es normal que sea eso, pelín extraña: no se alegra por las mañanas cuando le abro el cuarto, no busca caricias aunque las va aceptando—, no juega (no sabe jugar, ay).

Paciencia, se hará a nosotros y a la casa. 

Uno de mis hermanos dice que es una perra existencialista. Pues es posible que sea lo que (también) le pase, no digo que no. 

Para superar el existencialismo hace falta alegría, así que le hacemos fiestas, le hablamos, le cantamos; bueno, yo le canto en los paseos y en casa. 

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Me encantan los perros en general. Aunque siempre tengo chuchas, mil leches, mestizas, me chifla todo perro, también, claro, los de pura raza. 

Tenemos unos amigos en Carnota que tienen una perra preciosa, tamaño mediano, marrón oscuro, casi negro, que al sol se hace dorado. Se llama Cata, y es de una raza purísima cuyo nombre, naturalmente, he olvidado. Cata está como una auténtica cabra, agotadora ha sido criarla. También me gustan los Weimar, esa elegancia, ese pelo de terciopelo gris que parece que te has encontrado con todo un príncipe alemán por el barrio. Wie geht es ihnen? 

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Muertos de risa en casa intentando ver "de dónde" puede proceder Nebraska nos hemos inventado un pasado fantástico de un genuino pastor de Picardía (región de Francia y raza de la que yo ignoraba todo) que en un paseo por España vino a dar con una muchacha (perra)... y surgió el amor. Y "surgieron" también Nebraska y sus hermanos (California y Maine, sí, les pusieron esos nombres a los tres los de Huellas, la Protectora de Ávila). 

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Y todas esas tontadas me han venido a la cabeza por ese pedigrí ideológico, familiar o lo que sea que parece que impregna las cabezas de los tontos más tontos... del barrio. 

Uno es hijo de sus padres sin mérito ni tampoco "culpa" alguna por su parte. Quiero decir, que nacemos donde nacemos sin hacer nosotros nada por nuestra parte. Te tocan los que te tocan. Y luego tú haces lo que haces con lo recibido, con lo dado, con tu libertad y tus actos. No estás abocado a repetir los "errores" de tus padres, ni siquiera a andar su (buen) camino. Aunque es cierto que al que mucho se le dio, mucho se le pedirá... 

Pero como hoy hay más bobos que botellines, parece que hay que hacer gala de pedigrí... me es igual, democrático, pobre, más bien pobrista, acorde con el llamémoslo "mainstream". En general se trata de crear un relato.

La cosa viene (ya) de largo. Y los que tenemos muchos años nos acordamos. Fue llegar la democracia y de repente todo el mundo había luchado contra Franco, padecido muchísimo a Franco (que se murió en la cama). Todo el mundo había corrido delante de los grises. Hubo transformaciones geniales, rapidísimas, en menos que canta un gallo se pasó de delegado de Falange a socialista; en fin, hay muchos ejemplos que hoy se han olvidado. 

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Agradecer unos buenos padres es parte de la hidalguía de la que tan bien escribe Enrique García - Máiquez. Si has tenido la suerte de que fueran buenos, generosos, trabajadores, es lo suyo. Pero, como es evidente, no siempre pasa... Y a menudo también "se cubre" con un manto la desnudez de tu propio padre y no la expones ante cualquiera. No es vergüenza, es, creo, otro modo muy alto, finísimo, de hidalguía  (como hicieron los buenos hijos de Noé con su padre). 

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El cuarto mandamiento para mí es uno de los más importantes porque tiene que ver también con la piedad, y la piedad es la base de cualquier civilización que sea eso: civilizada. Pienso mucho sobre la piedad últimamente, no sé qué me pasa. 

Pero una cosa es el cuarto mandamiento y honrar a tus padres vivos... y muertos el mandamiento es constante, como mejor una puede y sabe, y otra generar un relato para quedar bien

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Somos habitualmente chuchillos todos. Quiero decir, que somos una mezcla, como es mi Nebraska. En nuestras familias no hay "pureza de sangre" ideológica ni de nada. ¿Quién no ha tenido un abuelo, un antepasado, lo que sea, liberal, carlista, sindicalista, falangista, comunista, socialista, me es igual? Es posible que predomine un color, el que sea, en el pasado o en la actualidad, pero... ¿quién no ha tenido un tío crápula? 

Jugamos mezclados porque cada uno, cada uno, somos, también, una mezcla, muchas capas. Se puede rezar el rosario diariamente y que te encante el music hall y el llamado teatro de variedades, que le encuentres su gracia... (al rosario y a las variedades). 

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Seguiré informando de si Nebraska aprende a jugar o sigue siendo una perra existencialista. No pasa nada. Se puede ser existencialista sin dar eso, la vara... Todo siempre menos dar la vara.




martes, 14 de octubre de 2025

Tantas alegrías

Anita el año que la acogimos, la foto es de mi hija Marina. 

 La alegría mía del primer día por traerla a casa unos pocos días después de la muerte de Olimpia, ella despistada y mirándonos en el cuarto de estar de hito en hito, "¿Estos señores quiénes son y qué hago yo aquí?", flaquísima, mi hija al verme con ella le dijo a su hermano "La perra que Aurora ha sacado de la Protectora es una galga"...

El caos de los primeros días, se cagó un par de veces, nosotros preocupados por si no se adaptaba. Aquel cocido para cuatro que dejé en la cocina y que se zampó mientras estábamos fuera. Esa otra vez que la dejé en el jardín para evitar tentaciones y me la encontré en el campo de al lado de casa, escapada, toda una atleta saltando el metro y casi ochenta de nuestra valla, no sé cómo no se hizo daño o se rompió algo.  Y aquel día que entró en la cocina y encontró la harina, y aquello cuando volví parecía Breaking Bad, el morro suyo todo blanco. 

También recuerdo su miedo cerval a los hombres jóvenes, algunos recuerdos malos debía de tener. 

Creíamos que era muda hasta que pasados unos meses en Galicia un perro nos ladró desde lejos (nosotros en el coche) y ella contestó un tímido guau desde dentro del coche. Luego ladraba muy poco, un guau breve si alguien llamaba a la puerta y se volvía a meter, cobardona, en su cuarto: guardiana, lo que se dice guardiana, no ha sido... 

Esos saltos impresionantes, las ancas y el pecho puro músculo, acero, "Anita debe de tomar anabolizantes cuando no miramos", decía mi hijo, esa vitalidad siempre, desde que la acogimos, a los cinco años, hasta  los casi dieciséis que ha vivido, sólo un año y medio de deterioro y un mes malo, este último, malo. 

Y su alegría, sobre todo su alegría desbordante cada vez que 

a) Salíamos a dar un paseo

b) Me veía volver a casa

c) Le daba de comer... (y ese caldito que le he dado en sus últimos años, colágeno en vena)

d) Yo cocinaba (y ella en medio, invariablemente, no me he caído porque Dios es grande)

e) Veía a otro perro a lo lejos: no hay perro que no haya jugado con Anita... o al que Anita no le haya dado la lata "juega conmigo, pesado". 

f) Íbamos a la playa, Carrofeito, Carnota, para que se bañase: se ha bañado en ríos, mares y todo tipo de aguas casi para desesperación de Gonzalo (por la salubridad de algunas, claro). 

g) Entraba en mi despacho (ella dormía debajo de mi mesa) y la despertaba cada mañana. Cada mañana era alegre con Anita... ya lo escribí con Olimpia: ningún animal se despierta triste. 

Han sido diez años de alegrías diarias, tantas, tantísimas, que, pese a la pena que tenemos y el, sí, el desamparo que siento, no podemos más que dar gracias por lo buena perra que ha sido y todas las alegrías que nos ha dado.


miércoles, 1 de octubre de 2025

El amor primero

"Escribe el ángel de la Iglesia de Éfeso. Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos, tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate pues de dónde has caído... "

Me quedo pensando ante este texto del Apocalipsis 2, 1-5 estos días, el amor primero, que me viene continuamente al corazón mientras leo a Antonio Pareja Pascual y su "Invisible Pablo" sobre un profesor, un texto al que he llegado tras su libro de poesía, "La hermosa pobreza", y el de "Historias de la pequeña ciudad". Con los tres he disfrutado mucho (gracias a EGM). 

Ese amor primero por Cristo, también por el marido, por la enseñanza, por la catequesis, por todo eso que es respuesta a una llamada... y lo fácil que es que se "olvide" en tantos sentidos, o que quede ensombrecido por el peso de la vida, de las dificultades. A veces sólo es cansancio, hartura, acumulación... Me ha gustado muchísimo "Invisible Pablo" porque me ha recordado ese amor primero que hay que alimentar, que dar calorcito, al que echar pequeños palitos que mantengan el fuego encendido.

Tengo que escribirle al autor agradeciéndole sus libros. 

***


Son los últimos días de Anita, no puede más, 16 años casi. Voy organizando las fotos, cuando llegó aquel 19 de diciembre de 2015, que parecía una galga de tan delgadita. Me dieron la perra que ellos quisieron en la Protectora, yo nunca elijo, explico cómo vivo y que me den la perra que ellos crean mejor, ésta vino con cinco años, como me pasó con Pepa y Olimpia, lo mío son las perras de edad "madura".

La veo saltando la valla de nuestra casa (metro y ochenta cm., no sé cómo lo hizo), comiéndose enterito aquel cocido para cuatro que me dejé en la cocina aquellos primeros días. Luego ya bañándose feliz en Carrofeito, andando hasta Brieva, plantada siempre en mitad de la cocina a ver qué caía. 

Han sido sólo este año y el anterior los del deterioro, el no poder subirse ya al coche, poner una rampita y ni con esas, los paseos cada vez más cortos por ese jadeo continuo, pincharla a ver si el dolor se le hacía más soportable.

Me está costando mucho este adiós. Algunas horas parece que está mejor, luego vuelve a jadear agotada, convulsiona con pequeños espasmos, el cuerpo lleno de quistes, no se sostiene en las patas traseras, se resbala y se cae sobre el culo. Sin saber bien qué pasa se me queda mirando, se queda también mirando al infinito a menudo. Duerme agotada luego todo el día después de noches dando vueltas por el dolor. 

Las tres reglas de Anita: estar encima de mí (literalmente), estar a mi lado... o saber dónde estoy. Mi trocito de tierra animada tan querida. 

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Me censura X una foto del retablo del Monasterio de Santo Tomás en Ávila, esa maravilla de Berruguete, también me censura una fabada que hago con lo que me trae Cuca. Me avisan que no pueden ver las fotos, me da la risa. ¿Será el Cristo que corona desnudo arriba del retablo? ¿Y en la fabada la grasilla del cerdo flotando provocativamente? 






domingo, 7 de septiembre de 2025

"Venid y veréis"

Se acaba casi el verano y ha pasado un poco el tiempo para que se asienten algunas de las cosas que he vivido estos días y escriba sobre ellas. Soy pasional, así que me temo a veces y no me gusta escribir en caliente ni de lo malo (nunca), pero casi tampoco de lo bueno (esto lo rompo puntualmente, aquí no ha sido el caso porque tenía que entregar una traducción y no estaba para "otros textos").

Al lío, que me pierdo. 

Tres visitas he hecho como invitada este verano a tres convivencias de familias que resumo con haber tenido la suerte de los primeros apóstoles... tres Venid y veréis impresionantes por los que estoy muy agradecida, muy contenta. Muy esperanzada. 

La primera, la del Oratorio de Felipe Neri en Navalperal, nos invitó Enrique Santayana. Asistimos a misa un domingo con ellos, impresionante el silencio y el respeto, luego una comida  riquísima diría que pantagruélica, los cocineros se lucieron. Pequeños,  mayores, abuelos, jóvenes, ¿unos 100 eran? Conocí a personas estupendas, había mucha alegría y mucho cariño, se palpaba. Qué gusto esa comunidad que se quiere, qué gusto que los sacerdotes del Oratorio vivan juntos y se apoyen y tengan ese pedazo de comunidad. San Henry Newman y San Felipe estarán contentísimos, estoy segura. 

La segunda, la de mis "ya amigos" de Valencia, Beatriz (y Carlos) y Javier (y Marilys), les conocí en junio pasado, también comí con ellos y con las familias  vinculadas a LC que estaban de convivencia en Burgohondo, creo que menos de cien. Lo mismo: mucho niño, mucho joven, en este caso unas "yurtas" donde dormían los adolescentes me parece total la idea, mucha alegría también. Y muchísima esperanza. ¿Lo más conmovedor? Ver a personas que podían estar llorando sus penas y ahí estaban, conviviendo y seguramente echando de menos muchísimo a quien ya no tienen. 

Y la tercera, la de Málaga, ahí dormí porque estaba muy lejos, era "El familión" de la Diócesis de Getafe, estos con proporciones bíblicas, pasábamos de los trescientos. Vino un tipo genial, divertidísimo, conmovedor, converso... malabarista, pero no un malabarista cualquiera, uno de los buenísimos. Primero el tipo nos "calienta" con los juegos malabares un crack de la pradera, luego nos cuenta su conversión, nos presenta a su mujer y sus cinco hijos, todos haciendo juegos malabares... y yo venga a acordarme de El juglar de Nuestra Señora, porque es que era verlo. Otro impresionante Venid y veréis tuve allí, el tercero: rosario en familia rezado lento y cada uno como puede, misa también juntos, Adoración, muchas risas, aprender (qué maravilla de lectura de "Elogio de las manos"), una sensación de orden flexible y alegre, una logística de impresión... y tantos, tantísimos ejemplos de entrega. No puedo contarlos por cierto pudor que tengo, pero no hay nada que mueva tanto como la entrega, nada, ni el mejor texto, ni la mejor clase, homilía, ponga Vd. lo que quiera, nada. 

¿Qué es eso de Venid y veréis?

Pues esto que sucede también hoy en día... cuando preguntas y te enseñan, y vas y ves donde vive el Maestro. Y te quedas porque está Él. Ahí, en medio, donde la gente se quiere de verdad, donde está la Eucaristía en mitad de nuestras debilidades humanas, defectos, etc. 

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 Lo cuenta San Juan en su evangelio, San Juan Bautista señala a Cristo a Andrés y Juan... 

35 Al día siguiente estaban allí de nuevo Juan y dos de sus discípulos 36 y, fijándose en Jesús que pasaba, dijo:

—Éste es el Cordero de Dios.

37 Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron a Jesús. 38 Se volvió Jesús y, viendo que le seguían, les preguntó:
—¿Qué buscáis?
Ellos le dijeron:
—Rabbí —que significa: «Maestro»—, ¿dónde vives?
39 Les respondió:
—Venid y veréis.
Fueron y vieron dónde vivía, y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.


viernes, 8 de agosto de 2025

Yo te veo

Leo una estupenda entrevista a Rosini en Omnes Magazine. Dice cosas muy interesantes que resuenan. Me recomendó Javier Rihuete sus libros hace tiempo y en la parroquia también me habló alguien de ellos. He leído algunos y me han gustado mucho, me faltan otros. Y releer el de San José, una belleza. 

El caso es que creo que en esa entrevista da en la diana en muchas cosas, pero en una que me toca desde hace tiempo: la necesidad de sentirnos, de sabernos, vistos, reconocidos, el papel que la paternidad juega en esto. La paternidad y la Paternidad (de quien procede toda paternidad), ambas. 

Hace unos días volví a leer también que el matrimonio, aparte de otras cosas, era también sabernos con un testigo de nuestra existencia. Y sí, creo es eso y más, claramente, muchísimas cosas más, con acentos y énfasis diferentes en cada experiencia, y va también por épocas, momentos, etc. 

Pero, previamente, lo de sabernos vistos, reconocidos, es fundamental. Escuchados, claro, ayer lo recordaba A. Pego, pero antes vistos: tú estás ahí, sé que tú existes, sé que eres... . yo (Yo) te veo. Y yo (Yo) sé, también (bestial esto) quién eres: esto último, nuestro nombre verdadero, sólo Dios Padre, por mucho que nos conozcan los de esta tierra, que nos conocen habitualmente bastante, pero desde luego no como el Padre, somos siempre todos misterio por mucho que nos quieran. 

En La famiglia de Ettore Scola, una película que vuelvo a ver a menudo, la escena del pobre niño invisible para el resto, hecho aún como juego, es angustiante. Y lo es porque refleja precisamente eso: necesitamos sabernos vistos, reconocimiento. 

Es cierto que tampoco podemos ser el puñetero centro, el narcisismo y las mujeres (y los hombres) es tema para largo, larguísimo, porque cuando tu yo no se coloca bien por la figura paterna y Paterna -que te ven- nos liamos. Y justo ahí estamos hoy hombres y mujeres  con las modulaciones propias de cada sexo (dos hay) en eso del ego mal colocado...








sábado, 14 de junio de 2025

COMO CIUDAD AMURALLADA - UNA MIRADA SOBRE CECIL Y GILBERT KEITH CHESTERTON

 

COMO CIUDAD AMURALLADA

UNA MIRADA SOBRE CECIL Y GILBERT KEITH CHESTERTON


 

Hace unos meses se publicó en español por Ediciones More el libro que Cecil Chesterton escribió sobre su hermano mayor, Gilbert Keith (G.K. en adelante), una pequeña obra bajo el título de Mi hermano Gilbert (en original en inglés Chesterton, a Criticism).

El texto es interesante por mostrar, para empezar, una visión cercana, significativamente muy libre, sobre (sólo) una parte de la obra del más conocido de los Chesterton. El libro fue escrito en 1908, cuando G.K. estaba aún en la treintena (vivió hasta 1936) y, pese a sus ya impresionantes y prolíficos inicios, tenía aún por delante una trayectoria de abundante escritura de ficción y no ficción, así como de intenso debate público, lo que, lógicamente, queda fuera de Mi hermano Gilbert. El pequeño de los Chesterton falleció en 1918, esta versión española incluye un conmovedor texto de G.K., “Recordando a Cecil”.

Más allá de lo que Cecil pensaba sobre lo que su hermano había escrito hasta el momento, sobre sus posiciones literarias, políticas, y hasta vitales hasta el momento -todo se entremezcla-, estas páginas pueden leerse también bajo la clave de la relación fraternal que ambos tuvieron y que podría iluminarse con lo que G.K. escribió: “nunca nos peleábamos porque siempre discutíamos”.

Unos hermanos que se quisieron

Por resumirlo de algún modo: los Chesterton fueron dos hermanos que se quisieron mucho y que, precisamente por eso - aunque sea aventurar demasiado- pudieron discutir tan bien. Y tanto.

No, desde luego, y como relataron diversas fuentes, sin cierto agotamiento por parte de quienes les rodeaban, hay anécdotas divertidísimas al respecto. Súmese a Hilaire Belloc a los hermanos, como indicaba Emilio Domínguez recientemente, y se tendrá un cuadro aún más exacto del panorama de aquellos jóvenes y sus animadas discusiones que se prolongaban de modo interminable.

Cecil discute con su propio hermano en este mismo texto, disiente de él sin problema. Y todo ello en un tono y un estilo de tratarse -y de quererse, es patente- que puede resonar con fuerza en quien lee, aparte de provocar en la sonrisa y la risa: solemnidades o reverencias entre quienes son hermanos preferiblemente ninguna. Qué soplo de aire tan fresco y qué contraste con las florituras y bombos mutuos que pueden darse en otros lares.

Aprendiendo a discutir con los Chesterton

La propia autobiografía de G.K. Chesterton, la estupenda biografía de Nancy Carpentier sobre la mujer de Chesterton, Frances Blogg, The woman who was Chesterton, la biografía de Maisie Ward, Chesterton, o la de Joseph Pierce sobre G.K., Sabiduría e inocencia, así como Los Chesterton, que escribe Ada Jones (la mujer de Cecil, una vez ya fallecido su marido), dan fe, junto a otros textos y testimonios, de su relación como hermanos.

Los Chesterton fueron un buen ejemplo de ese discutir sin pelearse, de la fraternidad, supuesto valor tan querido por la Modernidad, y ésta desde su puesta en práctica con quien corresponde inicialmente:  tu propio hermano. Y, a partir de ahí, crecer y expandirse, como fue el caso.  ¿Cómo no enlazar todo esto con aquel G.K. polemista discutiendo de modo contundente, y entre otros, con H.G. Wells o Shaw, y capaz, a la vez, de una franca amistad con ellos?

Leer el retrato que G.K. Chesterton hace de Shaw en Herejes o en George Bernard Shaw es conmovedor: fiel a lo que ve e interpreta, ni una sola descalificación de tipo personal, ni un manotazo, pero tampoco otra cosa que lo que ve. Otro botón como muestra: cuenta Nancy Carpentier que a Frances le encantaba que vinieran los Wells a visitarles porque H.G. Wells andaba… y a G.K., su marido, le hacía falta moverse. Así que llegaba el matrimonio Wells a su casa y G.K., con espanto, veía como su amigo lo sacaba a pasear… a rastras. Chesterton miraba a su vez con horror que la Sra. Wells se atreviera a tocar los papeles de su marido sin contemplaciones para ordenarlos y musitaba… “Frances lo hace, pero lo hace con cuidado…”. ¿No resulta todo esto conmovedor si lo ponemos al lado de sus debates?

Cabe aventurar así que G.K. Chesterton iba ya “entrenado de casa” y que en su relación fraternal pudieran encontrarse pistas que expliquen al menos parcialmente por qué fue tan buen defensor de lo que él creía que era la verdad sin paños calientes mientras seguía viendo en «el otro» siempre a alguien. Quererse como hermanos como los Chesterton hicieron, aprender a discutir como ellos -y con ellos y otros en posiciones distantes- puede suponer un sugerente programa.

Fraternidad “en origen”

Dice un proverbio chino que «la sabiduría comienza perdonando al prójimo el ser diferente». Y aunque la máxima es aplicable a toda la familia y sus relaciones -los prójimos más próximos que tenemos-, es en la fraternidad donde adquiere un sentido más amplio, quizás porque es la relación más simétrica de la familia.  Cada hermano constituye ese «otro» de forma muy distinta al «otro» que suponen padre, madre, hijo o cónyuge: no es el otro de la diferencia sexual, no es el otro al que he dado la vida, no es el otro a quien se la debo. Es ese «otro» que simplemente existe frente a mí: tercamente semejante y tercamente diferente.

Siempre se trata de «el otro», y no del ensimismamiento propio o del foco sobre «la cosa» que está fuera de mí, por muy interesante que «la cosa» pueda llegar a ser en un momento determinado. Es fundamentalmente ese «otro» humano lo que más nos sorprende. Y lo hace desde el Génesis -el “he ahí carne de mi carne”, que no es unívocamente sexual-, hasta nuestros días.

Se trata de esa radical extrañeza que provoca «el otro», como contaba el profesor Juan Bautista Fuentes Ortega en el podcast La Taberna de Platón hace unos años, y que nos produce encanto y sorpresa. Y también roce, por supuesto, somos humanos. El roce con «el otro» lo conoce, lo advierte, lo sufre, lo provoca, cualquiera que conviva con una mujer, con un hombre, de veinte, de treinta o de ochenta años. Sin convivir estrechamente también se experimenta: no estamos aislados. Pero quien convive se suele entrenar bien en el roce y nos prepara para vivir en comunidades más amplias.

Amor, conocimiento y libertad

G.K. era cinco años mayor que Cecil, quizás (aventuro) lo suficiente para no haberse pegado entre ellos, esas frecuentes trifulcas físicas de la infancia entre chicos (sin la menor importancia) si las edades no son muy distantes, lo que provoca esa habitual reconvención paterna o materna: “¡dónde se ha visto hermanos que se peguen! Absolutamente falsa, por cierto, sólo hay que acudir al Génesis de nuevo. Las niñas hablan entre ellas, los niños se van dando collejas o variaciones (capones, etc.), una realidad accesible a cualquiera que observe a niños y niñas entre los cinco y los doce años aproximadamente (con puntuales excepciones, es cierto) sean o no hermanos, unas hablan y los otros se cascan.

El amor y el conocimiento se retroalimentan. Gilbert conocía muy bien y quería a Cecil, como ocurría también a la inversa. Porque hay un conocimiento, el más certero, que sólo lo proporciona el quererse. Y pocas personas pueden llegar a conocerte tan bien como los hermanos lo hacen, un marido quizás, un padre, una madre. Pero un hermano te ha visto desde la infancia, en la infancia, y desde la “igualdad” de la fraternidad. Los padres tienen otra mirada, como la tienen los hijos sobre los padres. La mirada de los hermanos es singular siempre sin ser la más acertada o completa (sólo Dios nos ve al completo al amarnos de modo perfecto). Nuestra infancia, nuestra juventud, especialmente si hay una estrecha convivencia, construye fraternidad, nos la enseña desde la base.

Y si leer a G.K. Chesterton es notar siempre la gran libertad con la que escribe -no pretende “quedar bien” con nadie, no engola la voz ni el tono, puede equivocarse, pero es libre siempre-, leer a Cecil aquí es también notar ese aire de libertad: sólo un hermano que quiere a otro puede decirle en público y por escrito “tú no tienes ni idea de esto” o “lo que pasa es que no has leído a Ibsen” – se lo dice literalmente- sin que pase a mayores, una auténtica gozada.

Discutir hasta solo

Ambos hermanos discutían mucho, constantemente. ¿Quién no conoce a hermanos que se quieren con locura y que por razones diversas -no siendo, ¡oh, cielos!, la política siempre “el tema”, sino a veces más una cuestión de diferente carácter o temperamento- se pasan discutiendo media vida?

Esto lo cuenta Maisie Ward. Se van a pasar unos días a la playa Cecil, G.K. y Frances Blogg (la que fue luego la mujer de G.K) en 1899.  Y cogen varias habitaciones en una casa al lado de la playa. Gilbert se va al cuarto de Cecil y se ponen a discutir. Frances estaba en la habitación de al lado. Y los dos hermanos siguen discutiendo. Frances, oyéndolos al otro lado de la pared, pasa horas. Llega un momento en que Frances da unos golpes en la pared y le dice a Cecil a través de ella: “A ver, Cecil, que mandes a la cama a Gilbert.” Se hace el silencio y se oye la voz de Cecil: “No hay nadie aquí.”  Cecil estaba solo en la habitación discutiendo, G.K. se había ido hacía tiempo.

¿Cómo extrañarse de que en un libro sobre la obra de su hermano dedique Cecil varios párrafos a discutir con él cuando no puede contestarle en directo? Se puede interpretar como una sutil, encantadora (e inocente) y fraternal venganza ese tener la última palabra.

Discutir sin egos, engolamientos ni personajes

Tanto este libro, como otros testimonios diferentes, muestran que las discusiones de ambos hermanos Chesterton eran vitales, vitalmente intelectuales o viceversa, pero no de eruditos, por así llamarlos, “a la violeta”. Porque no se trataba de discusiones entre egos narcisistas, para un patio real o imaginario de partidarios o no partidarios, en definitiva, para el yo. Importaba la discusión en sí, no la audiencia que pudiera tenerse en su caso.

Si uno revisa las principales polémicas del G.K. no verá en ellas ni rastro de sermoneo, ni el famoso y tan contemporáneo virtue signaling, ni tampoco ese intento denodado de construirse un “personaje”, algo relativamente frecuente en el ámbito de debates o intercambios de opiniones cuando éstos tienen un carácter público. Si se leen sus rotundos intercambios con quienes defendían posiciones diferentes, no hay rastro de, por así decirlo, postureo por parte de G.K. El sentido del humor está habitualmente presente, como lo está la humanidad sin plegarse al buenismo, que ya había en la época, pero tampoco al juego sucio, al barro.

G.K., como pasaba con Belloch – y con el mismo Cecil- podían ser unos auténticos carneros o leones discutiendo en el sentido de firmes, tenaces, arrolladores o feroces, pero nunca unos cursis al servicio de ellos mismos, al juego de florituras verbales o de supuesto ingenio, ese tener que mostrar qué culto o que listo soy. Su actitud era “mira esta verdad” -no a mí- “mira por qué creo en ella, mira su belleza, mira cómo se nos muestra…”

El temor a la pelea y el silencio que se instala

Es bastante habitual que el temor a caer en la pelea pueda llevarnos a menudo al silencio, a pasar sigilosamente sobre determinados temas. Por la pretendida paz se hacen muchas cosas, buenas y malas. Y esto ocurre en el ámbito fraternal, en el social y políticamente. Es como ese paradigma del elefante en la habitación que nos hace ser -así lo creemos a veces- elegantes, discretos, prudentes… ¿o quizás cobardes?

Porque lo que puede suceder es que no sabemos discutir, no hemos aprendido o lo hemos olvidado. El zasca y el mandoble han sustituido a los argumentos que exigen pensar, razonar y expresarse correctamente. X podría ser un buen ejemplo, como lo son algunos debates y tertulias o el intercambio de artículos periodísticos donde a veces parece que se trata de machacar literalmente a alguien o del lucimiento personal.

En este panorama puede resultar significativo de qué modo el hecho de no tener hermanos podría influir en esto, en ese no saber discutir, por no llevar, precisamente, un buen entrenamiento de casa, con deportividad y hábito.

 Evidentemente el equilibrio no es fácil para no caer ni en la espiral del silencio o la actitud del avestruz, ese conformismo ralo, ni en el encontronazo que puede abrir heridas graves. El buen discutidor, el buen defensor de algo, es siempre un buen asceta, no sólo un profesional de las ideas o de las palabras.

El rastro del niño único que ha sido objeto de una atención desmesurada, sin hermanos que le puedan llevar la contraria, parece evidente en algunas biografías. El narcisismo social que vivimos, el narcisismo intelectual también, podría tener que ver con una sociedad de hijos únicos: se quiere una audiencia, el apoyo o sentirse parte de una “grupete”, no el tonificante aire de un auténtico debate, no la verdad.

Pero, como cualquier persona que convive con alguien sabe, lo peor no son las peleas, por malas que sean éstas. Hay algo igualmente terrible: cuando el silencio se instala, cuando ya no hay nada que decirse entre hermanos, cónyuges o amigos, cuando ya ni nos hablamos.

Como ciudad amurallada

Hay mucho que contar de la infancia y juventud y de la casa donde los Chesterton se criaron. Hay mil anécdotas divertidísimas que explican en parte por qué fue G.K. luego como fue y por qué también Cecil lo fue, un ambiente familiar que recuerda a aquel “Vive como quieras” de Capra. Pero será en otra ocasión.

Tras leer este pequeño librito de Cecil, y tratando de reconstruir con otros textos esa relación entre hermanos, me venía a la cabeza una cita: “el hermano que ayuda a su hermano es como una ciudad amurallada”. Busqué su origen y me encontré con versiones diferentes de Proverbios 18-19. Y todas sirven para el caso.

La primera decía que un hermano ofendido es más irreductible que una plaza fuerte, y los litigios son como cerrojo de ciudadela. Me contaba un sacerdote buen amigo el peso que las peleas entre hermanos suponen, el daño a veces irreparable que dejan, esos también terribles silencios, el no hablarse en temporadas o durante años.  La segunda versión aludía a que los hermanos que se ayudan son como una fortaleza, y los amigos como los cerrojos de una torre. Una nota supuestamente aclaratoria decía “Texto dudoso, el griego es muy diferente: «Un hermano ayudado por su hermano es una plaza fuerte y alta, es fuerte como un muro real». Qué gran imagen de lo que lo que Cecil y G.K. fueron en vida e incluso tras la muerte de Cecil, esa memoria que intentó honrar de muy diversas maneras el mayor de los Chesterton: como una muralla.

Hace años paseando por un cementerio vi una lápida en la que se leía “In God´s own time we shall meet again” (en libérrima traducción “En el tiempo de Dios, -en la Eternidad- nos encontraremos”).

Es un gran deseo el poder encontrarnos en la Eternidad con nuestros hermanos, con nuestros padres y nuestros queridísimos amigos que están ya del otro lado.

Pero mientras tanto, mientras la muerte no sea la que nos separe temporalmente, cabe otro posible lema al hilo de los que los Chesterton nos enseñaron: que en una “buena discusión” (y no en una pelea) como hermanos sepamos encontrarnos.

 (Este artículo salió publicado en El debate -gracias, Jorge Soley-., pero yo lo debí de mandar con muchas comas cambiadas, y eliminadas, un desastre- así que he preferido ponerlo aquí hoy, aniversario de la muerte de GK. El texto realmente fue lo que conté en la presentación del libro de Cecil sobre su hermano que Ediciones More publicó el año pasado, gracias a Pablo Velasco por contar conmigo en esa presentación) 

(Estos días he pensado mucho en esto por la muerte de un hermano de una amiga muy querida y amigo además de uno de mis hermanos. Quererse es importante. Realmente es lo único importante). 

jueves, 1 de mayo de 2025

Nadie enfrente


Lo peor del apagón fue el apagón, desde luego: personas que no pudieron volver a su casa, subir a ella, ancianos en centros de día o residencias con escasa movilidad y otros muchos, muchísimos problemas. Muertes también. Pérdidas económicas personales, de empresas, etc. 

Sí, hubo personas ayudando a otras, calmando a otras, y, en medio del caos, serenidad en la medida en que se podía. Es una buena noticia, desde luego. 

***

Pero otra cosa muy diferente es no caer en la gravedad de un apagón nacional, algo inédito y muy, muy serio. 

Si esto no sirve para que reaccionemos del desastre que tenemos, mal vamos. Bueno, es que vamos mal, a qué decir otra cosa.

Y el hecho, comprobable estos días, como han dicho ya muchos, el problema, es que "no hay nadie enfrente". En diversos sentidos, desde luego, nadie enfrente. 

***

El caldito "buenista" no es que provenga de la, llamémosla, izquierda woke o lo que sea, no. Es que ha permeado en toda la sociedad. Y en las más altas cabezas. 

La tentación de hacer poesía del apagón es evidente. Que no digo yo que la poesía no sea "buena", que me encanta, pero es que es una trampa saducea. Y lo que necesitamos es épica. Y ni siquiera: simple sentido común.

Que un país se quede en completo negro es algo grave, gravísimo. 

Tú historia, personal o poética, importa poco. El que importa es el de enfrente. 

Lamento enormemente que alguien no tenga 5 minutos para leer tranquilamente o escribir versos o mirar a su marido, a su mujer o al vecino. 

Un apagón nacional no es una oportunidad, es un desastre, no cabe vender su "poética", salvo que seas un egoísta, un lelo o estés en un mundo aparte por encima del resto. 

Un poquito de cabeza. La misma que tiene un tipo de a pie que sufrió las consecuencias: desde vacas sin ordeñar hasta gente durmiendo en la calle. 

No pido mucho a los medios, a los intelectuales, pido algo que se supone que deberían tener en vez de mirarse el ombligo, ya sé que cuesta.




martes, 15 de abril de 2025

Quitar de en medio

 


"Quitar de en medio" es el lema en nuestra casa cuando tras una buena comilona con invitados los táper (o fiambreras en español) se acumulan en la nevera. Es difícil calcular y suele sobrar siempre algo que no podemos congelar.

"Quitar de en medio" suena también a cosa de la mafia, lo que nos hace muchísima gracia a Gonzalo y a mí. 

Cada vez que acabamos con una tarta, los restos de carne de un asado o esa ensalada antes de que se ponga mala nos sentimos un poco como un par de gánsteres echando un cadáver al río Hudson. 

 "Nadie volverá a saber más de Freddy MacNamara / lomo de cerdo, hoy acabamos definitivamente con él"... 

"Se nos resistió un poco Anthony el largo / flan de bollo, ha durado en la nevera un par de días"... 

En fin, da para una novela negra con toques culinarios, no es mala idea, no. 



lunes, 7 de abril de 2025

De la emoción al desencanto


Me emociono porque veo que ha salido una novela sobre la Parabere, la marquesa que no era tal, yo, que tan fan que soy de los libros de recetas y de cocina, y de ella también, todo un personaje. 

Sus libros los vi en casa de mis padres y, como el de la sección femenina, o el famoso 1080 de Simone Ortega, y más tarde aquellas fichas de Telva, son el origen de mi pequeña biblioteca de "cocinera".

"La cocina nos une", lema de Canal Cocina, es también el mío. Hasta que nos separa, ay. 

***

Es infumable. 

Mal escrito, pretencioso, diálogos (y situaciones) imposibles, modos de hablar tanto de la "alta sociedad" como de los que no eran "alta sociedad" que no hay quien se los crea a poco que hayas leído a otros. Tópicos, lugares comunes, "mirada" desde el hoy a un mundo que no es que no comprendan, es que ni huelen ni saben describirlo o contarlo, todo pasado por la denominada memoria histórica -faltaría menos-, un auténtico petardo. 

El libro es tan malo que parece escrito por un personaje de televisión (quiero decir, por los negros que se los escriben): la clásica novela mala como de pegar a un padre "dirigida" -siento decir esto, pero es que es así- a un público mayoritariamente femenino que devora bodrios... Sí, es todo un segmento de mercado al parecer muy rentable. 

No doy crédito: ¿cómo es posible que fuera finalista de un conocido premio?, ¿cómo es posible que una editorial que yo consideraba buena, prestigiosa, haya publicado semejante texto?

No voy a escribir la reseña para el sitio donde pedí escribirla emocionada (y sin conocimiento de causa). Pero aquí sí que lo cuento, por si acaso. 

Eliminé mi tuit del inicial descubrimiento entusiasta del libro para que la gente no cayera (como yo). 

Todo esto me pasa por emocionarme. 

***

"Va por la segunda edición" me dice un buen amigo... Lo creo. 

lunes, 17 de marzo de 2025

El afecto


El afecto, que se sienta y que se note, sin miedo. No hace falta conmociones sentimentales, desde luego, pero el modo de mirar o de escuchar a los demás, el propio tono de voz, a veces dicen más que lo que uno dice o escribe.  

Hay personas que quizás pasan por momentos muy duros y se entumecen. O es un entumecimiento producto de años, de fríos diversos superpuestos. O de una enfermedad. Y como a menudo no conocemos las circunstancias  personales, más vale pensar que puede ser eso. Pero es devastador verlo en quien esperas calor, acogimiento, ánimo, aliento. 

No sé qué hacer. ¿Sirve decirlo con calma... y, precisamente, cariño? ¿Y a quién? 

***

Podría escribir sobre lo que me gusta de Chesterton, que es mucho. Pero me río sola pensando que a veces sería más rápido la vía "negativa": eso que Chesterton no tiene y que yo agradezco tanto.

Pomposidad.

Solemnidad. 

Cursilería. 

Ego. 

Macarrismo.

Se puede ser contundente, debatir con fiereza, y mantener la elegancia y, sobre todo, la afabilidad. 

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Cultivar el afecto siempre. 



jueves, 6 de marzo de 2025

Me gusta cuando titubeas...




Tener algunas ideas claras está fenomenal, explicarlas, defenderlas con firmeza. La vida, por ejemplo. 

Pero en otros muchos casos a mí me da, curioso, confianza cuando escucho a alguien que titubea antes de decir algo. Que se para y trata de encontrar la palabra justa o matizar el argumento. 

Alguien que habla siempre de corrido, como si fuera (perdón por esto) un periodista o un tertuliano me da un yuyu que no puedo. Me fío cero. 

Mis mejores profesores han sido (y son) en cierto modo lentos. 

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X no es un lugar de debate salvo excepciones. Hay mucho aventado y mucho oe oe. Y también personas que necesitan siempre ser el constante centro. El ego muere unas horas después que nosotros. Y todos tenemos el nuestro (y no, no es peor el ego de un profesor universitario o "intelestual" que el de una ama de casa, pongo por caso). 

Los fans, los hooligans, el efecto "manada", los de "a mi señor con razón y sin ella" por un lado, y, por otro, ese "a ver quien lo tiene más grande" (al cerebro me refiero) juegan pésimas pasadas.

Los zascas y mandobles a mí me parece que no convencen ni persuaden a nadie de nada. Eso sí, alimentan el ego. 

A veces sólo hay que esperar un poco. 

Me gusta la gente que une, que trata de unir, y que no "gana" nada con ello. 

***
Me gustan también esas amistades construidas lentamente -de nuevo tempo lento- cuando no hay interés -a quién me presentas, de quién eres amigo, a quién "conoces"- de por medio, ningún grupito, ningún "bando" al que pertenecer: personas con historias detrás que merecen ser escuchadas, afinidades diversas producidas por el entusiasmo compartido por un libro, una flor, una receta o por el campo de Soria, de Jaén o de donde sea. Por DM,  escuchando nuestras voces a veces, y, si se puede, presencialmente, estamos hechos para vernos. 

Me lo ha dicho hoy alguien sensato: "nos sonreímos... y luego intercambiamos opiniones". Tengo amigos buenos. 

jueves, 27 de febrero de 2025

Lo necesario e imprescindible, los caminos y el adanismo


Me puede. Puede conmigo todo el panorama que tenemos. Y no puede ser ni por mi alma ni por mi cuerpo. Habrá que acudir al Espíritu Santo, aquí oraciones, algunas las desconocía, vendrá la ayuda a raudales. 

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En la misma línea, aunque diferente. Discuto con una persona encantadora que me insiste sin conocerme. Y le tengo que decir que, por favor, no me insista más

A mí todo me parece estupendo. Lo digo de corazón. Son riquezas de la Iglesia, carismas, dones como los de profecía o lenguas, como los que sean, todos importantes. 

Pero lo imprescindible y necesario creo yo que son los sacramentos -confesión y Eucaristía-, oración, intentar cumplir los diez mandamientos y practicar las obras de misericordia corporales (7) y espirituales (7), todas las que se puedan, caridad ardiente. Y el amor a la Virgen, confiar en María, intercesora siempre.

***

A eso anterior -lo imprescindible, lo necesario-  uno, personalmente, "añade" lo que buenamente ve y puede. Que la confesión sea frecuente. Tener dirección espiritual, que siempre ayuda, esa persona que te orienta y que puede o no ser el mismo confesor. Que la misa sea diaria, porque sin Eucaristía no podemos. Y, por lo mismo, Adoración, toda la que se pueda. La oración de Alabanza, que es algo "nuevo" y que puede ayudar a algunas personas, a mí desde luego. "Demuestra que eres madre", Rosario diario. Estudiar lo que amas, esos tesoros inmensos, porque con la cabeza también se puede servir al prójimo y a Dios. 

Para otros es (además a veces) la coronilla de la Misericordia, la comunidad Z, irse todos juntos en verano, un curso de Sagrada Biblia, etc. 

Afortunadamente hay mucho y variado. Todo está bien. Todo es respetable. Todo... mientras lo imprescindible y necesario esté...

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Un retiro de Emaús (que mira que habré escrito encantada yo esas cartas que te piden para amigos que los hacen) no es un imprescindible para un católico. Y, vaya por delante, que me parece de muerte que los haya. Muchos amigos y no amigos se han acercado a Dios a través de ellos. Ole, gracias, Espíritu Santo, siempre. Eres Tú quien lo haces, Tú. 

Pero uno, una, lo piensa, lo medita, y no te cuento si se trata, como era el caso, de "insistir" a un tercero. La conciencia propia y ajena es un lugar sagrado, a ver si lo entendemos: sa gra do. "De momento no lo veo" creo yo que es una respuesta razonable.

***

Cuando una es ya de por sí ¨"sentimental", cuando las emociones las tiene a flor de piel, una puede creer que a ella no le hace falta añadir de momento más sentimiento. Y al contrario igual: si el sujeto es un ser masculino que no "cuenta" ni media, si ya la Alabanza no le "llega", no le conmueve, si todo lo que sea "contar en público" le repele, quizás puede no ser lo más apropiado. Sin cerrarse, simplemente un "Mira, esto no lo veo de momento". 

Por la misa dominical -imprescindible, necesaria- uno "se empeña", también por recibir a Cristo en gracia,  por la confesión, por las obras de misericordia, por la devoción a la Virgen. Pero no por caminos concretos, por modos específicos, que pueden ayudar a unos y a otros no, salir rebotados, lo que sea. Siendo buenos, útiles herramientas, hay caminos que no son para todo el mundo. Y  no pasa nada. 

***

Viva Hakuna. Viva el Opus Dei, los Neocatecumenales, la Acpd, RC, CyL, me es igual. Tengo amigos, familiares, gente a la que quiero muchísimo y gente que me puede caer mal, así somos (yo, no ellos), no pasa nada.  

No seré yo quien ponga el más mínimo pero a ninguna institución cuando veo milagros diarios y personas que me han acercado y me acercan a Cristo continuamente con su ejemplo, personas de todos los anteriores "whatever" (movimientos, iniciativas, llámalo zeta). 

Cada uno tiene su camino, también su tempo y tiempos, por favor, respetémoslo, respetémonos.

Y hay católicos "marca blanca" que hacen lo que pueden. Son dignos de respeto también. 

***

Y no pensemos, algo que puede colársenos a veces, que hasta que "Z" (rellene Vd. con lo que quiera) llegó a la Iglesia, los católicos no eran tan auténticos como ahora somos. 

Que aquel era un catolicismo "peor" que el "nuestro"...  Que tu padre, tu madre, tu abuela, tu prima la del pueblo, no rezaban "de verdad", no creían "verdaderamente", no tuvieron un encuentro con Cristo como el que hoy "tenemos" en... Que hoy somos "mejores" que antaño... 

No es decirlo abiertamente, claro, hay aun cierta consciencia o vergüenza torera al menos. Pero se puede llegar a pensar. 

Un poquito menos de adanismo entre los propios católicos nos vendría estupendamente. Ser un poco menos bobitos, vaya. Ni pelearnos entre nosotros -que vaya espectáculo damos a veces- ni pensar que somos mejores que quienes nos precedieron.  


miércoles, 26 de febrero de 2025

Sin "cuentos" no nos queda nada

Vienen unos amigos con sus hijos a comer a casa. Me quedo bastante impresionada de que un niño de 7 años conozca palabras que considero extrañas. 

Lo tengo comprobado: a los niños a los que se les cuentan historias, a los que se les lee en voz alta, los niños "criados" rodeados de mundos simbólicos de calados diversos, miran y escuchan... y hablan de un modo diferente. Posiblemente piensan también de modo diferente. 

***

Hace más de doce años seguía yo a una bloguera madre de trillizos que leía cada noche un rato a sus hijos en voz alta. Esa hora, decía ella, era absolutamente sagrada. Ya podía caerse Roma, la casa, tener ella que hacer lo que fuera, daba igual: leer cada noche unos minutos en voz alta era innegociable. 

***

Lo hablamos entre varias personas. Una, no la única, pero sí de las más más importantes, dificultades en catequesis infantil...  es esa ausencia previa y paralela de narración, de cuentos, de padres que hayan perdido 5 minutos contando a los niños una historia, leyéndola en voz alta o armándola ellos solos en el instante. Una historia que puede ser inventada donde ellos (lo niños) pueden ser los protagonistas velados o incluso no velados, eso les encanta. Una historia donde permitir(se) el juego de narrar y narrar-se. Contar también la historia de tus abuelos, de tus propios padres -cómo conocí a vuestra madre-, de inventar también: los niños saben distinguir los diferentes planos que te mueres, no son idiotas. 

Sin haber "recibido" universos simbólicos, sin estar "entrenado" en ellos, los niños no tienen nada o muy poco. Bueno, sí, tienen un móvil y, perdón, el puñetero instante. Y una grandísima ansiedad. Y déficit de atención a manta. Y no ser capaces de escuchar ni de ver ni de mirar 2 minutos algo ni de estarse quietos. Y un mundo pobrísimo por dentro, una sed muy grande.  Y esto es una injusticia para ellos. Sin historias somos nada. 



lunes, 24 de febrero de 2025

De Manuel Halcón y Fernando Villalón a las santas de Zurbarán

Ya se intuye la primavera, es el piar del verdecillo y esa barbita de hierba que le crece al campo o a los cultivos de la Moraña. Pero nos queda aún algo de frío en Ávila. Vamos atrasados cinco o seis semanas, seis si es Badajoz -veo en X las fotos del campo pacense, esa finca tan bonita y tan cuidada, la Escribana- o cuatro si miramos a Madrid. 

Las alegrías del campo, las que contaba (aquellas "cosas del campo") Muñoz Rojas y tantos, ahora las vuelvo a leer de la mano de Manuel Halcón y sus "Recuerdos de Fernando Villalón" que compro de segunda mano. No me extraña que Editorial Renacimiento lo volviera a publicar, es una maravilla de texto, Halcón escribía como los ángeles. Y yo he tenido que "reabrir" mi cuaderno de vocabulario, ese donde apunto nuevas palabras antiguas

No hay persona que sepa de campo que no te enseñe palabras. Lo sabía Delibes y lo saben muchos otros, si perdemos el campo, perdemos palabras. Y pasaremos hambre, hambres, en todos los sentidos. 

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Qué tipo Fernando Villalón y otros que retrata Halcón, el bandido Pernales, madre mía, es como si lo viera. Y la madre de Fernando. Y tantos. Y ese campo andaluz:  "Los árabes deducían por el sabor y el olor de la tierra la calidad de ella" (pp. 68-69)

"El hombre de campo era tan cruel como el de hoy con los animales, desde niño. Las personas apacibles salían a cazar la perdiz con el reclamo, alegando que era un pretexto para disfrutar del campo y tomar un poco el aire. ¡Como si para salir al campo se necesitase pretexto! ¡Como si no fuese magnífico caminar sencillamente por los senderos acariciando las ramas, sin troncharlas, registrándole las faldas al olivo o a la cepa para curiosearles el fruto! Alzar la vista y seguir el curso de las aves conociéndolas por el vuelo. Distinguir el trigo de la cebada. Pisar la blanda hierba, que no muere a nuestro paso. ¡Pasar, en fin, sin hacer daño!! (p. 71)

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Investigo sobre la elegancia. Sobre cursilería. Sobre cosas que me interesan, que me llaman la atención. Doy la lata a varios amigos porque siempre pienso mejor con alguien al lado aunque estén a distancia.

Sin duda hay, había -es una intuición sólo-, una elegancia innata española, sí, española, hoy barrida por... ¿la televisión -la televisión cursiliza todo lo que toca, a todo aquel que toca casi...-,  horteradas, dinero, mejor dicho, dinero que hay que gastar y enseñar? Lo estoy investigando.

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Que la palabra cursi nazca en un determinado momento, que sea netamente española, significa algo. No es ser snob, que es anglo, ni lo kitch

Lo cursi surge como reacción en el XIX. Pero desde los años 70 del siglo pasado a nuestros días es una auténtica invasión, tengo la sensación de que todo acaba siendo cursi, hasta lo más sagrado... ¿Y por qué es así? 

Esto es lo que llevo preguntándome ya hace años. Aquí mismo lo resolví con tontadas que se me ocurren de vez en cuando. 

Pero ahora, señores, he estudiado un Máster en Humanidades, estoy muy crecida y "pretendo" a mis 63 años encontrar "una explicación", que, ¡horror!, también "pretendo" dar (estoy como el alcalde de "Bienvenido Mr. Marshall").

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Lo que uno es, lo que uno está llamado a ser, ese nombre verdadero como el tercer nombre de los gatos de Eliot, ese que Dios sólo conoce y sabe, ajeno a modas, a apariencias, a "reputaciones" (petardos, la reputación es una bobada y una trampa saducea), yo creo que tiene que ver con la elegancia...  Por ahí debe de andar(le). 

***

Ese otro libro tan bonito y tan sencillo, "Alta costura", de Florence Delay, explicando los cuadros de las Santas de Zurbarán. Martirios espantosos, sufrimientos, sangre, violencia, pero ellas como vestidas por Balenciaga: preparadas para entrar al Cielo con sus mejores galas. Es la Gracia.  


domingo, 9 de febrero de 2025

Todo el mundo quiere ser nosotros

Hace unos años, cuando escuché al profesor Ángel Barahona explicar a René Girard (gracias a la generosidad del profesor Clemente López González, que le cedió una de sus clases de Historia cultural de Occidente en el Máster), tuve uno de esos momentos que podemos llamar "eureka". 

Lo he escrito ya antes, me repito, pero es que aquella explicación del deseo mimético es verse uno y entenderse mejor. 

Es una conversión diaria esto. No es que lo veas y ya. Es algo que hay que hacer cada día y a cada momento. Porque a veces está muy metido por dentro. 

***

A mí los deseos me parecen fundamentales. Por eso, todo lo zen o la cosa budista me parecen un poco de camelo. Creo que las personas tenemos deseos, pasiones, y que jugar a la cosa de vamos a hacernos como el agua me parece una trampa saducea. Me fío cero. 

La pobreza de San Francisco no una cosa de negación budista, es otra cosa muy diferente. Por amor al Maestro, por parecerse a él, renuncia a los bienes materiales y abraza a la hermana pobreza. No por falta de pasión, sino por una pasión mucho más fuerte. 

***

¿Tú qué quieres? 

¿Qué es lo que realmente deseas de verdad si te miras por dentro? 

No lo que te dicen que "tienes" que querer... una carrera, dinero, reputación, estar en la pomada, en fin, lo que sea —.

Esto en lo grande... y en lo diario, en lo pequeño, a cada momento. 

Y, de repente, te das cuenta que lo que tú quieres realmente, yo qué sé, es compartir conversación y mesa. Intentar que te salgan las migas como le salían a tu abuela.  Ir andando a Brieva con una amiga. Ser útil. Tener tiempo, ese lujo impresionante porque es el más escaso de todos. Irte al cielo y poder estar para siempre con Dios y con quienes quieres y te han querido. 

***

Creo que vivimos una de las mayores uniformizaciones de la historia, un modo evidente de violencia. No se permite la menor disidencia. Es que ni por dentro se puede admitir lo que uno quiere de verdad. Lo veo con amigas jóvenes y mayores. 

Resulta que todos no te cuento el "todas", el deseo mimético es clave en el feminismo y en parte de sus consecuencias tenemos que querer lo mismo, ser ese o esa, ser como ese o como esa. No ya tener eso o aquello que tal o cual tienen, no, acaba siendo desear ser otro. 

Es aquella frase lapidaria de Miranda en la película ""El diablo viste de Prada", "Todo el mundo quiere esto, todo el mundo quiere ser como nosotros". 

O aquel despacho como otros 200 despachitos iguales al final de "Armas de mujer". 

Hay muchos ejemplos.

Desde que descubrí a Girard y vi el rastro del deseo mimético en mi vida creo que soy más consciente. Y lucho para que no me pueda.