Bitácora de Aurora Pimentel Igea. Crónicas de la vida diaria, lecturas y cine, campo y lo que pasa. Relatos y cuentos de vez en cuando.
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martes, 16 de diciembre de 2008

Pesados, pelmazas y plastas. Final y 3)

Más ejemplos de los pesados del tipo maniáticos, los de la clase 5.



El orden. Hay gente histérica con esto hasta extremos patológicos. Excepto que tengan niños y dejan de "poder" ser maniáticos. Y es que es casi imposible ser un maniático del orden con niños por la casa: se acaba cediendo por acoso y derribo de los pelmas enanos (ver 3). Pero, como se viva solo, tienes bastantes más papeletas para acabar como Nicholson o peor.

Sea orden material, sea orden vital, mucho más peligroso el último, dónde va a parar.

Conozco una gran variedad de gente, de todos los colores, que coloca en apartados a las personas, los tiempos y las cosas, y no deja que se salgan de donde están, no vaya a ser que les compliquen la vida.

¿Qué harían fuera del orden establecido, sea el que sea? A lo mejor pensarían o harían algo diferente. ¡Qué miedo!

Son pelmas, son pesados, no cambiarán un jueves por la tarde que toca gimnasio por una copa a destiempo. O no aceptarán una visita "inoportuna" o algo que se salga de sus esquemas: y pueden hacer la vida imposible o muy difícil a los demás, a ellos mismos también.

De nuevo: vivir solo o tener "el mando" único de lo que sea -incluso el de la televisión- te puede hacer así. Hay que tener cuidado y aceptar la sorpresa como parte de la vida. Porque no tenemos nada bajo nuestro control, absolutamente nada ni a nadie tampoco. Ni siquiera sobre nuestra vida.

Y es que el pesado peor es el "freak" controlador. Hay muchos.

Hay mujeres, también hombres, obsesionados con el control. En nosotras se une la necesidad psicológica de seguridad, que puede llegar a rayar lo patológico, con el reinado tradicional que tenemos en el hogar: pensar que sólo nosotras hacemos las cosas "como hay que hacerlas", perseguir a los demás porque no las hacen y luego nunca estar contentas por cómo las hacen.

Podemos llegar a ser unas pelmas de espanto, regañonas y permanentemente insatisfechas, y ellos también: la necesidad de control sobre las circustancias, los demás, y hasta las pretensiones de control excesivo sobre uno mismo a veces, revelan una personalidad poco estable, además de ser un pelma.

Corta Drácula, que llevo escapulario: fuera, fuera, ni en pintura ser controladora.

Por favor, que me lo digan, que me horroriza y se cae en ello con suma facilidad.

6. Pesados aburridos. Aburres hasta las ovejas es un dicho muy ilustrativo. Estos pesados se combinan con el 1, 2, 3, 4 y 5 (los monotemáticos o monoregistro; los pesados en longitud; los del acoso y derribo; los yoistas; y los maniáticos).

Porque, al final, ser pesado en cualquier modalidad es provocar el cansancio, el tedio, el bostezo o incluso las ganas de salir corriendo del personal por cualquiera de las modalidades ya descritas.

Sí, también se puede ser pesado aburrido sin nada de lo anterior, por simple previsibilidad o falta de ... ¿apertura de mente, miras, flexibilidad?

Asumo que todos en nuestra vida somos así en algún momento, nos puede la seguridad, queremos cierta rutina o la necesitamos para poder pisar un suelo que creemos firme. O simplemente somos muy limitados, esa es la verdad.

Pienso también que podemos llegar a ser aburridos para las personas que nos conocen bien, ya nos tienen muy vistos, la convivencia es así. Y San Pedro sería un pelmazo para su mujer casi seguro. No hablo de suegras y parientes políticos porque es un tópico.

Me acuerdo de mi padre, que era todo menos pesado. Pero nos resistíamos a que nos contara un chiste, ya nos los sabíamos, se los habíamos oído casi todos.

El otro día sorprendí a mi sobrina con la misma reacción ante su padre que yo tuve ante el mío. "No te hagas el gracioso, papá".

Nadie es profeta en su tierra.

Es hasta bueno que nos consideren pesados en nuestras familias, porque lo somos de alguna manera. Y que nos lo digan nos frena de serlo más casi seguro.

Podemos concluir así con el deseo de que todo pesado sea algo bueno, por lo que nos toca.

Todos los humanos podemos ser pesados a tiempo completo, parcial, a destajo, por temporadas o haciendo horas extras y sin cobrarlas.

Sólo Dios no es pesado, nada pesado. Es un consuelo el que no lo sea, pero sobre todo que nos quiere así: pesados, cada uno en su estilo. Deus caritas est.

Había pensado en acabar con bacalao, música pelma e insistente donde las haya, pero he decidido que hay que tener piedad y que bastante han hecho con leer a esta pelma hasta el final. Gracias. Diane Krall es todo menos pelma, casi como Dios. Hasta que sea número 1 de los 40 principales: la odiaremos. Sólo Dios no sacia.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Pelmazos, pesadas y plastas. 2)

Sigamos con los tipos de pesados.


4. Los "yoistas". Este es tipo de pelma más común casi. Es fácil caer. "Yo quiero", "opino", "a mí me pasa", "soy", "pues a mí, en el año 75....": desde el niño de 3 años, que es muy rico, pero habitualmente un yoista, y además un pelma de acoso y derribo (ver tipo 3), hasta el adolescente, que es cierto que tiene que afirmarse, pero que sólo piensa en si mismo. Hasta otros muchos que acaban siempre hablando de si mismos, remitiendo todo a su persona.

El yoismo pelma atraviesa todas las edades, clases sociales y laborales, pero se ceba en las edades adultas en algunos "intelectuales" y gentes del pensar, yoistas un poco más sofisticados que el niño de 3 años. Se alimenta así a menudo este yoismo de un exceso de escucha de la voz interior, fundamental e importante sí, pero a veces cansina, aunque se exprese de cine. Especialmente cuando se expresa bien.

En coaching, que puede ser también una pesadez, pero que tiene cosas valiosas, te enseñan la diferencia entre escuchar a nivel I, nivel II y nivel III, algo que tiene mucho que ver con el pelma yoista.

Escuchar a nivel I. Oyes lo que te dicen, pero estás pensando siempre en qué vas a decir tú y no escuchas realmente lo que dice el otro, tan entretenido estás en elaborar tu respuesta, en poder aportar -a veces hasta con buenas intenciones- algo o "completar" lo que el otro dice. Tienes "tu" agenda. Es el caso del yoista.

Escuchar a nivel II. Escuchas, e incluso estás atento para hacer preguntas al otro para entenderle mejor, no "pillarle" o "matizar" lo que el otro dice. Le atiendes de verdad, no tienes "tu" agenda, sino que estás en lo que el otro dice, el foco ya no es tu juicio, tú.

Escuchar a nivel III. Es la escucha global que intenta captar todo lo no verbal, que también dice mucho. Has cerrado de momento tu "yo qué pienso sobre esto" para entender -y acoger- al otro, que no sólo se expresa en lo que dice, sino en cómo lo dice, el tono, su lenguaje corporal, sus reacciones.

Pues bien, el mundo está lleno de yoistas que permanecen toda su vida en el nivel I de escucha y que te sueltan su rollo, "su" agenda, cada dos por tres. A veces es una agenda que ni siquiera es la suya: la han oído tanto que no saben realmente ni qué piensan ellos. Y se convierten en meros transmisores y correctores de estilo: una locura.

Es cierto que, por ejemplo, un blog dificulta algo la escucha a nivel II, hace casi imposible la III y puede ser un útil alimento de la I: pero no sólo como "autor", sino como comentarista también. Es el caso de algún troll: joe, qué resistencia tienen algunos, son más pesados que una vaca en brazos.

El pelma yoista asola las empresas, la universidad y muchos otros ámbitos -"mi visión", "mi solución", "mi tesis"- especialmente en el contexto español, tan malo para los equipos y tan proclive al dictador que llevamos dentro, junto a ese ácrata que también somos cada español. Pedimos para nosotros una libertad que no permitimos a los demás, hay terror a que lo que dice el otro nos haga sombra, en el fondo es un problema de inseguridad y tantas veces de envidia.

El pelmazo humano se junta así al individualista español que puede ser un auténtico rollazo. "Yo too lo llevo dentro": el complejo Lola Flores. Existe en todas partes, pero, en el fondo, es un simple pelma, sea cátedro o director de marketing, autor de bitácora o compulsivo lector y guardian de la ortodoxia o de los puntos sobre las íes, no vaya a ser que nos nos enteremos.

5. Maniáticos pelmas. La película de Nicholson, "Mejor imposible", muestra bien cómo se puede ser así. Somos más maniáticos con la edad, creo. Y si vivimos solos es más fácil serlo. Por eso, es muy importante tener amigos, niños alrededor, adolescentes y gente que te frene en tus manías, sean las que sean. Que se rían de ti, te desordenen, te llamen a destiempo y pasen de tu orden, tu visión y tu mundo.

Las manías pueden ser muy variadas y hasta tontas, pequeñas, nimias. Cada uno tiene las suyas. Puede ser madrugar o, al revés, tomarse como una ofensa que alguien se levante a las 7. A mí me horroriza que alguien más esté en la cocina, otros no resisten que las copas se pongan así y no asá. Dios es misericordioso y hace que nos queramos a pesar de nuestras manías: es una prueba irrefutable de su existencia y bondad, como cuando no nos manda un rayo justiciero cuando cantamos de pena en Misa. Habría que cantar como Joe Coker, pero esto es también una manía: no soportar que se cante mal.

Pelmazos, pesadas y plastas 1)

Decía mi padre que toda buena persona es un poco pesada. No lo creo así, pero, en el caso de que fuera cierto, el mundo está lleno de personas que deben de ser buenísimas, porque hay mucho pesado y plasta.

Hace tiempo que pienso en esta entrada, sobre todo porque sé que puedo ser una pelma de narices.

¿Que es ser pelma, pesado o plasta? Creo que la definición es difícil y va más por la descripción del fenómeno, que es variado, tanto como diversos somos.

Hay muchos tipos de pesados. De hecho, creo que, tras ese común denominador de ser todos hijos de Dios, la pesadez, aunque sea en potencia, es lo que más nos hermana: todos los humanos podemos ser pesados a tiempo completo, parcial, a destajo, por temporadas o haciendo horas extras y sin cobrarlas.

Esa es la gran verdad que nos iguala. Me encantaría pensar que hay excepciones, pero sé que no. Mayores, de mediana edad, adolescentes, niños, viudas, mujeres, hombres, divorciados o solteros, chinos o estadounidenses, podemos ser todos pesadísimos, alguna vez al menos, como nos descuidemos más a menudo.

No obstante lo anterior, he descubierto una forma de clasificar a los pesados y pelmas, aunque lo cierto es que una puede caer en todas esas formas, soy consciente.

1. Pesados monotemáticos y/o monocordes. Es el caso de aquel que toma un tema y, sea día o noche, te lo suelta, venga o no venga a cuento. O el de las orejeras o gafas ideológicas, de partido o hasta de nación o país. Y hasta del que tiene un limitado registro emocional o de reacciones: se puede ser también un auténtico pesado en esto.

Con permiso, Zapatero es un pelmazo con la memoria histórica y ese progresismo rancio y de salón -me dan pena mis amigos socialistas-, y el nacionalismo, igual: todo leído tras el mismo y único prisma es de lo más cansino, por Dios.

Hay muchos más, desafortunadamente, Porque la lectura única es algo común: todos los males provienen de la televisión (yo caigo en esto, por ejemplo); la culpa es de los protestantes (mi abuelo era así, le mencionabas a la pérfida Albión y cambiaba la color); el condón como solución o aberración (unos de un lado, que hay que ver que pelmas y simples pueden ser, con ese anuncio de horror, y otros con un no que creo que exige cierto matiz ); EEUU como el malo de la peli (qué fácil tener una cabeza de turco a mano).

Las universidades públicas estaban llenas de pelmazos ideológicos hace veinticinco años, no sé ahora.

Los estudios de género y el feminismo es otro ejemplo de indigesta pesadez, de prisma estrecho tantas veces. Una pena: dicho sin tanta insistencia ni afán totalizador, ganarían en razón y no provocarían el bostezo o el rechazo.

Ni te cuento de la ecología o del amor por la naturaleza que, sacado de madre -que eso es ser pelmazo- puede hacerte aborrecer lo que tanto amas.

Como decía mi tía, tan vasca ella, "he llegado a aborrecer lo que tanto amaba de mi tierra por tanto empacho". Pues a mí, con los animales o la naturaleza, me va a ocurrir lo mismo: los voy a acabar odiando como sigan así.

Y luego están los del odio a muerte o amor incondicional: eres su amigo, o su enemigo, otra versión del pelmazo limitado monotemático o monocorde. Consideran la más leve crítica o el humor como una afrenta imperdonable. El mundo se divide en nosotros y "ellos", habitualmente identificados los primeros como los poseedores de la verdad sin fisuras.

2. Pesados por longitud. Aunque el orden no significa nada, ejemplo de estos son las reuniones de vecinos, las de padres de alumnos, las de departamento de facultad, las de consultoría o de muchas empresas. ¿Hace falta que siempre sean tan largas? Y algunas películas donde siempre sobra media hora. Pero ¿por qué se empeñan en poner media hora más tantas veces?, ¿no hay nadie que le diga al director que ya basta, que no insista? Bendita elipsis, benditos finales abiertos o borrosos. No hace falta rematar ni decirlo todo siempre.

Creo que una de las razones por las que trabajo de free lance es porque sé la cantidad de tiempo que se pierde en reuniones "internas" de trabajo. Por lo menos, esas que me fumo ahora. Y hay otra estrategia: cobrar por horas tiene ventajas. La gente va rapidito porque sabe que, como el taxi, subes el contador y así te dan menos la vara. Siempre que puedo lo hago.

Yo pensaba en mi ingenuidad que los pesados por longitud pertenecían más a ciencias que a letras, tenía un cierto sesgo a favor de las segundas, pero ahora sé que es un prejuicio.

Es cierto que hay ingenieros que necesitan remitirse al Genesis I o II o elaborar "in situ" su pensamiento -tú delante y escuchando- hasta llegar a una conclusión que te podían mandar por correo electrónico más adelante y evitarte 3 horas presenciales. Pero, ¡Dios del Sinaí!, ¡anda que no hay varas de letras con pretensiones que cuentan en 30 folios lo que otros cuentan en 3! (he aquí un ejemplo, lo soy, paradigmático).

Y en otras partes: estoy hasta el gorro de libros escritos por yankees sobre gestión empresarial, autoayuda y un largo etcétera contando algo elemental que cualquiera resumiría en un folio ¡y ellos se forran sacándole jugo y extendiendo la masa con un rodillo de pesadez inaguantable! Serán listos, pero pelmas un rato.

3. Pesados como táctica (o estrategia) de acoso & derribo. Esto es muy común y se junta a veces con el tipo 1, el pesado monotemático y/o monocorde.

Los niños son expertos en esto. Y los adolescentes. Te dan tanto la vara que, al final, para que se callen, les das lo que piden. No está bien, pero es así muchas veces.

Hay pesados y pelmazas que piensan que, a base de repetir 300 veces lo mismo, te lo acabarás creyendo o teniendo la misma visión. Lo cierto es que es así muchas veces. Se repiten las cosas hasta la saciedad, sean sublimes, meros lugares comunes o tópicos infumables, verdades o simples mentiras o visiones parciales. Lo dijo Lenin, pero también se practica en muchos ambientes sin ser conscientes de ello, posiblemente con buenas intenciones.

Ejemplo de esto es también la publicidad que, como todo el mundo sabe, es una auténtica pesadez y lacra de nuestro tiempo basada en la insistencia, esto es, en ser pelma, a ver si así cedes y compras por aburrimiento o convicción. O esas señoritas encantadoras, pero también pesadísimas, que te llaman continuamente para que cambies de operador de móvil, contrates un seguro de vida o médico: otro ejemplo de acoso y derribo por la misma vía.

Y, por hoy, lo dejo. Me quedan otros tipos de pesados. Mañana sigo. Lo sé, soy una pelmaza. Para empezar podía escribir más corto, hay maestros en esto. Me lo han dicho, pero no puedo evitarlo.
Y, para finalizar, el Bolero de Ravel. Me lo ponen y soy capaz de confesar lo que sea. Para que se vea que hay pelmazos en todas partes, la música no iba a ser una excepción.


Discover Maurice Ravel!